domingo, 15 de julio de 2018

Hablando de libros con María Ángeles Lonardi


María Ángeles Lonardi. Larroque, Entre Ríos, Argentina, 1970. Es Poeta, Escritora y Profesora. Desde el año 2002 está radicada en Almería España.
Posee numerosos Premios literarios. Integra varias Antologías a ambos lados del Atlántico. Ha participado en Reci­tales Poéticos, Encuentros de Escritores Nacionales e Internacionales, en varias Jornadas Literarias organizadas por la Diputación de Almería. Ha cola­borado en Presentaciones de otros autores y es Jurado de los Concursos de Cuentos Interculturales.
Libros de poemas publicados: Amores (1997), Entre calamidades y milagros (2005), Cuatro poetas, que incluye su libro El jardín azul, publicado por IEA (2014) y Poemas para leer a deshoras, Letra Impar (2017).
Es miembro del Departamento de Arte y Literatura del Instituto de Estudios Almerienses, miembro del Centro Andaluz de las Letras e integrante del Circuito Ronda andaluza.
Es miembro del Movimiento Poetas del Mundo, miembro de REMES Red Mundial de Escritores, Miembro del Movimiento Humanismo solidario, Además, colabora con la Asociación Cultural Celia Viñas y desde el 2015 es integrante del colectivo Poetas del Sur.
Una entrevista de Francisco Javier Illán Vivas.

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Pregunta.- Poemas para leer a deshoras es el cuarto poemario de María Ángeles Lonardi, una argentina afincada en Almería desde 2002.

Respuesta.- Sí, es correcto, es el cuarto libro. Es un libro muy especial porque, más allá de las diez presentaciones que ha tenido, lo he llevado por varias Bibliotecas de toda la provincia  de Almería y de Granada, al Hemiciclo de la Facultad de Letras de la Universidad de Murcia, a las Ferias del Libro de Granada, Málaga y  Almería, a dos Bibliotecas de Argentina, dos presentaciones en Argentina, varios recitales poéticos... más allá de todo eso, sigue dándome satisfacciones increíbles, por ejemplo, que lo lean estudiantes de español en Japón. Además, este libro está muy bien arropado con un prólogo del poeta granadino Pedro Enriquez, el epílogo de Pilar Quirosa y las palabras finales de Francisco Vargas.

Tiene más de 100 páginas y 88 poemas, como 88 teclas tiene un piano. Y hago referencia al piano porque considero que la poesía y la música siempre van de la mano.



P.- Dice Francisco Vargas que buscas, en este nuevo poemario, un punto de apoyo ante los interrogantes vitales de cada día.

R.- Creo que, lo que quiere decir es que me baso en los interrogantes de cada día, en lo cotidiano para elaborar una conclusión y expresar la importancia vital que tienen las cosas en nuestra vida.
Es importante tener un punto de apoyo para lograr el conocimiento. Ese punto de apoyo refuerza el mensaje y sostiene como una columna vertebral el trasfondo de cada poema y del libro, en mi caso.



P.- En tu lenguaje poético utilizas una forma directa y clara para dirigirte al lector, lo que nos ha parecido un acierto, pues desde el primer momento él sabe lo que deseas transmitirle.

R.- Sí, claro. Es fundamental transmitir el mensaje y deliberadamente he buscado un lenguaje directo y claro para que el lector interprete el mensaje y no se pierda en palabras innecesarias.

Mi poesía tiene mucho simbolismo pero cuido de no abusar con las metáforas, precisamente para que el lector no se pierda en florituras. Citando a Javier Lostalé (madrileño, crítico y poeta español) escribió en la Revista La Galla Ciencia: «La poesía es lo que nos une a lo esencial. Significa también despojamiento. Por eso uno, cuando va escribiendo a lo largo del tiempo, cada vez va escribiendo poemas más despojados, menos retóricos, en donde sobran algunos adjetivos que no tengan sentido. Es escribir buscando la médula de todo». «La poesía es el nombrar más exacto». Y para eso, hay que utilizar un lenguaje directo y claro.



P.- Divides tu poemario en siete partes. No podemos decir que independientes, sino que cumplimentan unas a otras tu filosofía poética.

R.- Pensando siempre en facilitar la lectura, he intentado ponerme en la piel del lector y desde la empatía, he buscado cumplir con todas las expectativas. Las partes agrupan poemas de una temática pero se interrelacionan entre ellos, porque en definitiva hablamos de la vida, de las cosas cotidianas de la vida, de los problemas de hoy en día, de las mujeres, de la naturaleza, de aquí y de allá, de filosofía y de la vida…



P.- Poemas comprometidos con la naturaleza, con los paisajes que has vivido, con tu el tiempo que te ha tocado vivir, sin olvidar tu condición de mujer.

R.- Desde luego. Considero que el poeta de hoy en día tiene que asumir su responsabilidad con el tiempo y la realidad, la problemática que le toca vivir, un poeta que no es capaz de asumir esa responsabilidad no merece llamarse poeta.

Yo soy comprometida y no tengo miedo a llamar cada cosa por su nombre. Mi poesía es vital, inconformista. Mi poesía es verdad. Por eso quien me lee se identifica y hace suyo el poema con cierta facilidad. Y con respecto a la Mujer, en este libro tiene un lugar muy destacado. La protagonista es una mujer y ella es valiente, denuncia, grita, siente, piensa y sueña.

Esa mujer soy yo y todas las que en mi habitan. Y soy muy feliz de ser Mujer.



P.- Y nos escribes también sobre la cotidianeidad y sobre lo cotidiano.

R.- Son las cosas que nos rodean las que nos determinan como personas. Son cosas que no son solo cosas, son objetos que en mi libro cobran vida. Esto me valió la comparación con la poesía de la experiencia o la otra sentimentalidad como dice Rosario Guarino en la crítica publicada en la Revista LGC 6/2 /2018: «Pero Lonardi tiene la habilidad para mostrar las cosas desde otra perspectiva, dotándolas de alma, algo que nos recuerda al poeta granadino Luis García Montero, hijo predilecto de Andalucía, en particular en su poemario Una forma de resistencia (Razones para no tirar las cosas). Alfaguara 2012.» Y sí, en mis poemas las cosas cobran vida. Utilizo la personificación y convierto a las cosas cotidianas en protagonistas.



P.- Nos agrada tus citas poéticas, de buenos amigos de Acantilados de Papel. Y, como lo has citado, debo preguntártelo: ¿poesía de la experiencia?

R.- Sí, me lo han dicho. Lo dijo hace mucho Miguel Naveros en una entrevista en el Diario La voz de Almería. También hizo referencia a este tema el profesor Antonio Duque Lara que da clases de español en Japón desde hace treinta años y lo volvió a decir Charo Guarino en una crítica literaria muy completa y profunda, que le agradezco infinitamente. No sé si totalmente. También es una poesía existencial, vitalista, inconformista y más. Experiencias y memorias en una vertiginosa interrelación y no olvidemos la imaginación.



P.- Profesora, poeta, escritora, miembro del Departamento de Arte y Literatura del Instituto de Estudios almerienses, miembro del Centro Andaluz de las letras e integrante del Circuito Ronda andaluza; miembro del Movimiento Poetas del mundo, miembro de REMES Red Mundial de Escritores, miembro del Movimiento Humanismo solidario. Además, colabora con la Asociación cultural Celia Viñas y desde el 2015 es integrante del colectivo Poetas del Sur. Dime, ¿cuál es el secreto para poder afrontar tantos frentes?

R.- ¡Uy! Organizarse. Más de veinte años de trabajo en la administración de empresas me han servido para aprender disciplina y orden. La organización vence al tiempo y si te organizas y priorizas, se puede hacer todo. Además, trabajo en mi casa, no descuido mi familia, mis amigos, mis afectos…mi jardín. Soy profesora pero no ejerzo en España por ejemplo y cuando se trata de hacer lo que más te gusta, sacas tiempo de donde sea.



P.- También has sido jurado durante cinco años consecutivos del concurso de cuentos interculturales de Almería. Háblanos de esa experiencia y de en qué consiste ese concurso.

R.- Ah sí, una experiencia maravillosa, gratificante y muy enriquecedora. Es increíble leer cómo escriben niños de primaria, contando sus aventuras en tierras desconocidas o como dan rienda suelta a la imaginación. Tiene tres categorías, primaria, secundaria y general y con muy buen nivel por cierto. La interculturalidad es una temática muy importante a tratar y Almería es una tierra de acogida.



P.- Nos vas a permitir ahora unas preguntas que planteamos a los poetas que entrevistamos por primera vez. ¿Cuándo sabes si un texto es bueno o malo?

R.-  Es muy difícil saberlo porque depende de cada uno. Esto es muy subjetivo. Y depende de la capacidad de autocritica de cada uno. Borges decía que se obligada a publicar para dejar de corregir y a mí me pasa como a Miguel Ángel Buonarotti, siempre me parece que la obra está inacabada…



P.- ¿Cómo agrupa los poemas?

R.- Generalmente, surge un tema, un título y luego agrupo por afinidad a esa temática. Otras veces, busco deliberadamente poemas que tengan que ver con un eje, un hilo conductor.



P.- ¿Es verdad eso que dicen que hay pocas cosas más espantosas que un poeta malo?

R.-  Bueno, un poeta malo es espantoso pero, hay músicos malos y artistas plásticos malos y también son espantosos. Hay de todo en la viña del Señor. Creo que puede ser espantoso y puede ser aun peor. Malo malísimo. Horroroso, esperpéntico, indescriptible... Para mí hay muchas cosas más espantosas que un poeta malo: un político corrupto, un periodista manipulable, un cura pedófilo, el hambre, la guerra, una madre que vende un hijo, un padre que mata un hijo y puedo seguir…



P.: Por supuesto, lo que citas, pero nos referíamos a un aspecto literario. ¿La buena literatura está hecha por gente desobediente?

R.- No siempre. No es bueno generalizar. No me gustan los estereotipos ni las etiquetas. Sí creo que el poeta es rebelde por naturaleza, inconformista, curioso, ambicioso, exigente; pero no todos y no de la misma manera a lo largo de la vida. Por ejemplo, cuando tenemos veinte años, nos comemos el mundo y con cuarenta ya lo miramos de reojo. Con sesenta…no sé, cuando los tenga te contesto.



P.- ¿Usas mucho la papelera de reciclaje?

R.-  No. Desecho poco. Soy de reutilizar mucho jeje (broma)



P.- En un mundo que tiende a leer cada vez menos. ¿Qué piensas cuando lees que el año 2017 se publicaron, según la Agencia del ISBN, 87.292 nuevos títulos?

R.-  Pienso que la gente lee lo que le interesa y que es cada vez más selectiva. Compra libros muchas veces por compromiso, pero no los lee. Es preocupante, pero a la vez es muy bueno porque esto nos obliga a ser más competitivos. Es una carrera de fondo.



P.- Anuradha Roy, la escritora hindú, declaró que escribir es al mismo tiempo un regalo y una opresión. ¿Cómo lo ves?

R.- Un regalo sí. Una opresión puede ser hasta que lo liberas todo. Esto es muy subjetivo. Para mí es una necesidad vital, irrefrenable. Para mi es liberador y placentero. Sufro más cuando toca podar o corregir el poema.



P.- No me resisto a añadir esta reflexión de Francisco Gijón pone en boca de uno de los personajes de su última novela: nadie que es feliz escribe, como tampoco nace el arte de ningún ser pleno.

R.- Respeto mucho la opinión de este señor pero no la comparto para nada. Yo soy feliz y escribo. Además, considero que para escribir un buen poema, cuanto más has vivido, cuánto más plena es tu vida, más bello será ese poema. No creo que el poeta deba ser un triste, amargado ser solitario para escribir una obra de arte. Es más, hay que seguir derribando mitos y estereotipos.
Escribir suele ser catártico y se puede escribir para desahogarse o hacer un duelo o para celebrar y revivir un momento de éxtasis. La mayoría suele escribir a posteriori. Y si eres un ser pleno, tienes una conciencia, una sabiduría que otros no tienen y de allí claro que puede salir arte.



P. Esta pregunta la suelo plantear a casi todos los poetas que entrevisto. En el mundo de las prisas, del iPhone, del cambio climático, que periódicamente sufre pandemias, ¿qué sentido tiene la poesía?

R.- La poesía no pierde su sentido por los avances tecnológicos, los sobrevive, y los sobrevivirá, como ha ido evolucionando y adaptándose, beneficiándose de las novedades y permanecerá en el tiempo porque la poesía es inherente al ser humano y la necesitamos para vivir.

¿Alguien recuerda que comenzamos escribiendo en papel? Yo sigo haciéndolo; usamos la máquina de escribir y el diccionario súper gordo de papel a mano y ahora todo está en el ordenador o en la tablet, o el teléfono.

La poesía es una herramienta imprescindible para luchar contra la ordinariez, contra la mentira, contra la corrupción y la ignorancia. ¿Cómo lo hace? Por medio del lenguaje, de la palabra.



La poesía es ahora más necesaria que nunca porque ayuda a comprender un mundo en permanente cambio que nos obliga, como dice Charles Berstein, a «reinventar nuestras formas y nuestro lenguaje para no perder el contacto con nosotros mismos y con el mundo en que vivimos». La poesía nos convierte en seres capaces de reflexionar sobre la propia experiencia, nos enseña a valorar la precisión del lenguaje como vehículo para trasmitir nuestras ideas y como instrumento para interpretar la percepción de cuanto nos rodea. La poesía nos enseña a transformar un objeto común, porque le concede los atributos de lo asombroso y nos hace mejores seres humanos.

La poesía no busca verdades imperecederas, nos acerca a esa verdad universal que a todos nos pertenece.

«Quien escribe un poema, decía el Nobel ruso, lo escribe sobre todo porque la escritura de versos es un extraordinario acelerador de la conciencia, del pensamiento, de la comprensión del universo». Y eso no nos puede faltar es vital para el ser humano.

Ha de alterar todas las fibras sensibles, ha de avanzar sobre el tiempo real, ha de impulsar novedad y frescura, ha de abrir cauces, ha de abrir interrogantes, ha de hacer pensar. Dice Carlos Alcorta (España 1959)



Dice Raquel Lanseros: «Porque la poesía es una simbiosis perfecta de pensamiento, reflexión, lógica razón más emoción, intuición inconsciente, legado histórico, musicalidad, ritmo.»

A fin de cuentas, las personas somos iguales y no tan diferentes como pensamos y esas necesidades de los otros suelen ser mis mismas necesidades, entonces la poesía se convierte en hilo unificado y te identificas con el poema. Ese es el sentido, comunicar, expresar, hacer pensar, transmitir, y ese sentido no desaparece por mas prisas, o novedades tecnológicas o cambios ambientales que tengamos. El ser es el mismo ser en esencia desde el principio.



P. Escribía Eduardo García que un solo verso feliz puede permanecer durante siglos, mientras toneladas de poemas fallidos se pierden para siempre. ¿No desanima esa realidad al poeta?

R.- ¡Al contrario! El poeta de por sí es inconformista y busca la belleza y eso te hace ser muy competitivo y exigente. Te anima la ilusión y la esperanza de llegar algún día  a ser reconocido. Creo que en el fondo los poetas son ambiciosos y pretenden quedar en la historia y pasar a la posteridad.



P.- No sólo de letras vive el hombre o la mujer. ¿Dónde podemos encontrar a María Ángeles Lonardi en la red? ¿Le dedica mucho tiempo a ella?

R.-  En mi blog: letras-sobre-papel.blogspot.com. es y en Facebook: María Ángeles Lonardi.

Le dedico el tiempo que creo necesario para mantener contacto con posibles lectores, con  afectos, y demás. Socializar es fundamental en la vida. Somos sociables por naturaleza.



P.- Aconséjanos una película.
R.- El ciudadano ilustre 2016. Película Argentina con Oscar Martínez como protagonista.



P.- Una obra de teatro.
R.- La casa de Bernarda Alba, de Federico García Lorca. Volví a verla hace poco representada por una amiga y su grupo de teatro.



P.- Una canción.
R.- Honrar la vida de Eladia Blázquez (cantautora Argentina)



P.- ¿Un libro?
R.-El principito de Saint Exupery.



P.: No hemos querido hablar de nuevos proyectos, no es el momento, ahora estamos con Poemas para leer a deshoras, que nos ha parecido un excelente poemario. Pero, como hemos llegado al final, tú tienes la última palabra.

R.- Proyectos hay muchos. Un par de antologías en las que participo que salen este año y mi próximo poemario que verá la luz en abril de año que viene Soles de nostalgia, también con Letra Impar.

Muchas gracias por esta entrevista. Espero que los lectores puedan conocerme un poco más a partir de ahora y para terminar: ¡Ya no hay excusas!  La poesía se puede leer a todas horas, hay Poemas para leer a deshoras también. Hasta la próxima.



Muchas gracias.

domingo, 1 de julio de 2018

Hablamos de libros con Pilar López Bernués


Pilar López Bernués, Barcelona, 1957, es ya una conocida novelista tanto para los lectores de Acantilados de papel como para el público en general. De larga trayectoria, con más de veinte obras publicadas, gran parte de ellas dedicadas al público juvenil, en las temáticas de misterio e intriga, sobre todo. Pero no sólo eso, además, ha aparecido en antologías, libros colectivos; colabora con blogs y diferentes revistas literarias.
Una entrevista de Francisco Javier Illán Vivas.

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Pregunta.- Nuestra última entrevista, publicada también en estas páginas, fue hace ya más de un lustro. Eso no quiere decir que hayas dejado de escribir, sino que yo dejé de hacer entrevistas. Pero, además de tener varios libros publicados tras Un descubrimiento diabólico, han pasado muchas cosas en tu vida.

Respuesta.- Bueno, esa obra que mencionas es la cuarta de las seis novelas que componen la saga juvenil Aventureros en Acción editada por Ed. Bruño. Pero aunque tienen en lectura cuatro novelas, más tres que me llevé en su momento porque no les interesaban, parece que desde que Anaya se va comiendo a Bruño no tienen mucho interés en editar alguna de esas cuatro a pesar de que el resto de libros se van reeditando con bastante frecuencia y la que encabeza la serie va por la 18 edición... ¿? ¡Así es el mundo de la creación! Pienso que, probablemente, haré lo que he hecho con esas tres que no les interesaron y forman parte de la misma serie: auto editarlas en formato e-book y en papel a través de Amazon y sus plataformas Createspace y kiendle.

Y, sí, en una década pasan muchas cosas: quedarme sin empleo tras un ERE fraudulento, dar libros fórum en colegios a propuesta de la editorial y, sobre todo, seguir escribiendo. Escribir es para mí algo más que una afición, es una necesidad, especialmente en momentos duros como los que estoy pasando (sabes que acaba de fallecer mi esposo de muerte súbita; bueno, ya hace casi tres meses pero no me hago a la idea). Ante el dolor, la tristeza y ese cúmulo de problemas y papeleos que llegan en momentos tan bajos y embotan la mente, escribir y vivir con la imaginación otros instantes me sirve de terapia.



P.- Una irreparable pérdida para ti, lo sé. Admiro, por eso, tu valor de continuar adelante.
Decir que lo primero que me ha sorprendido de Diario de a bordo (Editorial Amarante, julio de 2017) es tu conocimiento de los términos marinos. Tengo que preguntarte si eres navegante.



R.-Gracias por tus palabras, Paco.
Y respondiendo a la pregunta: No. No he navegado en mi vida (ya me gustaría). Esa novela nació como una novela corta (no más de 130 folios) y hace bastantes años, cuando yo iba buscando un agente literario y encontré una agencia muy interesada en el material que les envié, pero con un problema... (¡cómo no!, ¡si es que lo mío es de chiste!) Bruño ya estaba interesada en el primer libro de la saga (todavía inédito) y justo con esa editorial no se hablaban... Pero, en fin, firmamos un contrato y mi agente me propuso en un momento dado escribir una obra náutica para presentarla al Premio Nostromo, que suele celebrarse anualmente en Barcelona. Yo no tenía ninguna novela de ese tipo pero puse manos a la obra. Mas de conocimientos náuticos, nada de nada... Me documenté en lo que pude y, ya más recientemente, “San Google” me ha servido de chuleta para recabar información de forma puntual (digo “San Google” porque parece ser un santo apócrifo pero que lo encuentra todo (no pretendo ofender a nadie, que es solo un comentario jocoso)).





P.- Conozco el premio Nostromo, un amigo mío lo ganó hace ya unos años. Yo no soy experto en esa terminología, así que confío que rectifiques alguno de mis errores, si los hay. Un pequeño yate que naufraga, quedando varado en un lugar de difícil acceso, en el punto más oriental de la península ibérica, cerca del Cabo de Creus, un promontorio abrupto y rocoso de 672 metros. ¿Por qué ese lugar?

R.- Francisco, los metros de altura que tiene el promontorio no están en la novela, ni yo tengo idea de cuánto mide (imagino que ese dato lo has obtenido indagando sobre el propio Cabo de Creus, de lo que hayas buscado sobre el lugar...; probablemente sí). Mas el barco no naufraga en ese punto exacto, sino en uno próximo pero indeterminado. El entorno del Cabo de Creus es amplio y totalmente rocoso, con espacios abiertos al mar y acantilados de mayor o menor altura, muchos de ellos casi inaccesibles y alejados de las poblaciones más próximas. Si coloqué en un lugar impreciso el punto del naufragio fue porque es un sitio solitario, cercano a la frontera francesa y lindante con el amplio Golfo de León, lo que me permitía abarcar un extenso espacio en el que podía mover el yate sin dar demasiadas coordenadas ni pistas y dejar a mi “prota” a su aire.



P.- Y dentro del yate, el cadáver de una desconocida mujer y, entre muchas otras cosas, su diario.

R.-La historia es surrealista, lo reconozco... ¿Quién haría algo así? Pero “La realidad supera la ficción” y, en este caso, me he tomado la licencia literaria de permitir que la ficción se ajuste a esa premisa, como si el relato fuese auténtico y esa realidad “imposible” se abriera camino... Y escribir en las circunstancias tan extremas en que se desenvuelve la protagonista, me parece que es lo único que podía hacer ella para huir de la soledad, el miedo... y afianzarse a esos recuerdos que, en definitiva, conformaron su vida. Poner por escrito experiencias e instantes, creo que obliga a profundizar, a mirar hacia el interior y hacer examen de conciencia, entre otras muchas cosas.





P.- Me ha gustado la lectura de la trama de la novela mezclada con el diario de Mónica, la mujer encontrada muerta en el yate. Dime, estas cosas, ¿se planifican desde un principio o te encontraste con ello, digámoslo así, cuando comenzaste a escribir Diario de a bordo?

R.-Mira, Paco. Yo soy lo contrario de lo que un escritor debe ser (lo reconozco, y lo confieso). Se supone que uno planifica, llena un borrador, selecciona unos personajes... Pero yo soy incapaz, lo admito. Si tomo notas olvido leerlas, y si las leo no las tengo en cuenta. Comienzo cualquier novela ante un archivo en blanco. Ignoro cómo comenzará y mucho menos cómo acabará. Tampoco sé qué protagonistas o personajes secundarios pondré por ahí... ¡Qué se la va a hacer, soy así de desastre! Escribo a medida que se me enciende la “bombilla” y, claro, semejante improvisación es un mal hábito. En ocasiones me he metido en un lío tan liado que he tenido que deshacer media novela porque me había perdido, hasta el punto de no saber como continuar... Pero no te voy a engañar, he de ser honesta especialmente con mis amigos: Hago lo que no se debe hacer: Improvisar.





P.- La lectura del diario recae sobre un joven policía. Y significa, para él, un viaje iniciático. Esto es algo que también has tocado en otras obras tuyas. Pero aquí, profundizas en la vida interior de ambos personajes: Daniel, el policía; y Mónica, la fallecida del yate.

R.-Daniel es un joven de 23 años que, aunque se define como pasota porque no desea compromisos importantes hasta pasado un tiempo, siente que su exquisita relación de pareja solo a nivel físico lo va dejando vacío y día a día más confuso y crispado. Acaba aceptando que, tal vez, no es tan cínico como él cree y que necesita algo más de una mujer. A pesar de que a su edad no quiere todavía asumir las responsabilidades que lo aten a una familia, sabe que, en el fondo, aspira a ello. Pero es el diario de Mónica el que obra esa transformación. Siendo un joven veinteañero y todavía angustiado por la ruptura con una pareja anterior, Daniel toma conciencia de lo trágica e imprevisible que puede ser la vida de algunas personas y lo inevitable de la enfermedad y la muerte. Ello le lleva a reflexionar a través de las letras de una moribunda que lo ha perdido todo y, pese a ello, no quiere rendirse sin plantar batalla a la propia existencia, de forma absurda, sí, pero también desafiante.



Y en cuanto a Mónica...: Pienso que una persona al borde de la muerte, sola, triste, asustada y que ha perdido lo que más amaba: una familia, probablemente optará por mirar a su interior, profundizar, reflexionar, examinar sus aciertos y también sus errores, rescatar instantes felices e irrepetibles y tratar de revivirlos para hacerlos suyos, convencida de que nada ni nadie los podrá borrar, cosa que le imprime fuerza. Y, por supuesto, también existe cierto desafío producido por la rabia y la impotencia.





P.- ¿Novela policíaca? ¿Novela negra? ¿Misterio? No soy mucho de catalogar las obras, pero he observado que el público sí lo pregunta.

R.- Pues me pones en un brete, Paco, que a mí etiquetar se me da fatal... Yo diría que aquí hay dos “novelas” en una. Por una parte tenemos una investigación criminal, un cadáver y algunos misterios que se irán resolviendo a medida que se investiga pero especialmente al final, con la ayuda y profesionalidad del inspector encargado del caso. Por otra, existe un diario intimista que nos retrotrae a épocas pretéritas en algunos momentos, identificables para los lectores que vivieron los últimos años de Dictadura y los primeros de Transición, pero que, en el fondo, es el resultado desgarrador de una tragedia y el análisis profundo de toda una vida. Mas algunas confesiones del joven agente que lee esas notas denotan igualmente cierta empatía con el lector, o intento de acercamiento..., desgrana sus sentimientos y los pone sobre la mesa, como pidiendo consejo... ¿? Yo diría que “Diario de a bordo” es una obra intimista y descarnada sustentada por una investigación criminal. ¿Ese género existe? Pues no lo sé, no tengo ni idea.





P.- Me comentabas en Facebook (sí, lo confesamos, tenemos Facebook), que con esta novela has superado cientos de obstáculos. «Millones de obstáculos», para ser exacto.

R.- Mira, Paco, como decía más arriba, la obra nació como una novela corta que presenté al Premio Nostromo a instancias de una agente literaria (no consiguió publicar nada en dos años y rescindimos el contrato cuando venció) Te cuento:

Esa agente literaria (te hablo de hace bastantes años, alrededor del 2000) quiso que me presentara a un Premio náutico. Yo no tenía una obra marítima, sin embargo escribí a destajo ajustándome a las bases, pensé que podría hacerlo. El Premio no lo gané. Pero un hombre (parte del jurado) y al que conocí en el acto de entrega de premios, estaba dispuesto a mover la novela y enviarla a la editorial Juventud (la promotora del Certamen) para que la valorara porque había pasado varias cribas. Pocos días después, no obstante, él falleció y todo quedó en NADA. La envié a la editorial, pero no les interesó.

Tras muchos vaivenes, di con un editor de copago (yo nunca he pagado para publicar, por principios; pero accedí a reunirme con él). Era un hombre mayor, muy atento, que dirigía una editorial familiar pero a modo de hobby, como distracción. Si quiso verme, como confesó, fue porque la novela no solo le gustó sino que le impactó: El viaje de Mónica se inicia en el puerto de Calella y ahí acababa de ahogarse su hijo menor, el que le ayudaba en la editorial. Me aconsejó que trabajase más en el libro, que tenía potencial suficiente para convertirlo en una obra de mayor calado, con más páginas…, y que valía la pena que la presentase a una editorial tradicional porque estaba seguro de que la encontraría si seguía su consejo.

Fui reescribiendo la novela y actualizándola hasta convertir una obra corta, de poco más de 130 páginas, en un libro de más de 500 en formato Word. Pero lo hice poco a poco, mientras escribía la serie juvenil Aventureros en Acción que iba editando Bruño, se vendía en colegios como “libros de lectura trimestral” y suponía que yo me desplazara a I.E.S. de toda España para dar “libros-fórum”.

Luego, volvieron más actualizaciones de DIARIO DE A BORDO, nuevos intentos de buscar editorial… Encontré una, recién creada y que buscaba autores… Me hicieron un contrato, mantuvimos buena relación, hasta me invitaron a alguna presentación, me enviaron un libro para reseñarlo y yo entrevisté al autor. Pero transcurridos dos años no la habían publicado. Seguí esperando, no obstante, confiando que los problemas con una distribuidora que les dejó tirados se solventaran y la novela pudiera publicarse. Mas la espera resultó inútil. La editorial parece ser que no remontó y cayó en quiebra o, por lo menos, parece que cerró.

Tras nuevos vaivenes, presenté la obra a otro premio literario que resultó fallido. No me extrañó no haber ganado, eso es una lotería, pero sí que no se hubieran interesado por la novela que yo consideraba mi “Opera Prima”. Aquella decepción, no obstante, me ayudó a entender que la trama debía redondearla más y enfocarla desde un ángulo totalmente distinto.

Puse “manos a la obra” de inmediato. Pero…:

¡Se me estropeó el ordenador, una avería importante que me dejó más de un mes, creo que casi dos, sin ordenata! Hubo que cambiar la placa base, luego el teclado y hasta el disco duro... Iban dando tumbos sin encontrar la avería (se me había caído un café sobre el teclado e hizo un estropicio de cuidado). Perdí muchas cosas y demasiado tiempo. Cuando, por fin, recuperé el “trasto” y pude rescatar el documento, lo revisé y actualicé de nuevo, haciendo algunos cambios y dándole ese enfoque diferente, especialmente en la resolución final. 

Entonces, cuando di por buena la novela, la envié a varias editoriales… Durante meses me topé con TODO lo imaginable y más…: Auténticas mafias que viven a costa de los sueños de los demás y de la vulnerabilidad de cualquier ser creativo que depende de la decisión de terceras personas. Descubrí que existen editoriales que se anuncian como tradicionales pero que, en realidad, van pidiendo dinero y actúan como una de copago o directamente de pago por parte del autor, de forma encubierta muchas veces; son empresas interesadas exclusivamente en hacer negocio, aunque sea de manera fraudulenta, y lo que menos les importa es lo que publican; tanto da que sea basura porque ellas se van cubriendo las espaldas y su trabajo consiste únicamente en captar a incautos dispuestos a ir pagando.

Dejando atrás esas que pedían dinero por publicar, me topé con lo habitual: Las que me emplazaban a presentarme al Premio anual, las que ni siquiera respondían, otras que “ya tenían completa la programación y no aceptaban más originales...” y un largo etc.

Entre esa maraña de editoriales había contactado con Ed. Amarante. Parecía una editorial pequeña pero tradicional (nada de copago) y el trato me pareció muy amigable y bastante serio. Les interesó la novela,  me hicieron un contrato… y quedamos que les enviaría el libro en formato Word puesto que el enviado para lectura estaba en PDF y necesitaban poder editarlo.

Y eso hice. Pero… El documento Word que había pasado de ordenador en ordenador, fue modificado y vuelto a modificar en diferentes editores de texto, aumentado y/o reducido…, había acumulado tanta basura informática que no pasaba por el programa de edición que utiliza la editorial. A simple vista, incluso al imprimir, el archivo parecía estar bien, pero al pasarlo por aquel programa el texto resultaba prácticamente ilegible… Solo tenía dos opciones, con el contrato ya firmado: Olvidarme de la novela o reescribirla LETRA A LETRA. Nada de “cortar-pegar” porque la basura invisible pero real se habría trasladado al nuevo documento…

Vale, escribí letra a letra más de 500 páginas en Word (aunque una vez editadas son algunas menos). Y lo hice bastante deprisa (en poco más de un mes y porque, de paso, la fui retocando y hasta aumentó un poco de tamaño). Temía que la editorial se volviera atrás si la hacía esperar mucho y, con lo que me costó encontrar una, estaba decidida a no perderla. Pero ahí no quedó la cosa…

La editorial Amarante tenía prevista una presentación en Barcelona, mas yo no tengo conocidos suficientes dispuestos a acudir al acto, los editores están en Salamanca y deberían desplazarse... Aquello apuntaba a un fiasco, de modo que quedamos en que me apuntarían en la librería de Barcelona con la que trabajan en las presentaciones para firmar en Sant Jordi y, mientras, moverían el libro de cara a las Navidades… Se prestaron a enviar ejemplares de lectura a algunas webs que les indicara y dispuestas a reseñarla, y eso hice con dos… Sin embargo, los tiempos no son paralelos en ocasiones, y cuando se depende de terceras personas resultan difíciles de ajustar. Es lógico, cada cual trabaja a su ritmo y eso no lo critico, al contrario, agradezco el interés por leer y reseñar. Pero en función del tiempo transcurrido, que aparezcan fichas y/o comentarios o que no los haya afecta a la comercialización de las obras, no nos engañemos. Perdida la campaña de Navidad, me llegó algo terrible: La muerte súbita de mi esposo en febrero, cuando volvíamos un sábado de hacer la compra. Se desplomó en la terraza de nuestra casa, con las bolsas en la mano... Vinieron sanitarios, Mossos, Policía Local y hasta un helicóptero, porque vivimos en una urbanización, pero no hubo nada que hacer... Y hasta debo sentirme agradecida porque al día siguiente yo tenía que ir a Valencia a dar Libros-fórum, de modo que de haberme ausentado me lo habría encontrado muerto al llegar a casa... Avisé a Bruño para que cancelara los billetes y el hotel y puse en conocimiento de Ed. Amarante lo que había porque en aquellos momentos no sabía si esas firmas previstas para Sant Jordi las podría llevar a cabo. No sabía cómo iría todo, ni si podría desplazarme a Barcelona cuando aparte del shock me aguardaba un infierno de papeleo y graves problemas que, a día de hoy, todavía me mantienen en ascuas.

El editor fue muy amable. Me dijo que no me preocupara por el libro ni por Sant Jordi. Y eso intenté hacer. En aquel momento, aquel era el menos importante de todos los temas que tenía que resolver. Como era previsible, no obstante, no firmé nada en Sant Jordi, me quedé en casa.

Y, si no me he dejado nada, ese es el camino de PEDRUSCOS que ha recorrido DIARIO DE A BORDO.



P.- Increíble que consiguieses llegar a buen puerto. Con ese trabajo titánico que nos cuentas, me atrevo a preguntarte. ¿Cuándo sabe si un texto es bueno o malo?


R.- Los mejores para opinar son los lectores, que son los que tienen la última palabra. Pero sí es cierto que, hasta el momento, considero que Diario de a bordo es lo mejor que he escrito. También es verdad lo que me dijo mi hijo: «Este libro gustará mucho a algunos y nada a otros». Probablemente por esa mezcla de novela intimista y policiaca difícil de catalogar.
Y sobre lo de llegar a buen puerto...: Soy cabezota y obstinada, lo reconozco. Pero si algo tengo claro es que cuando uno cae tiene dos opciones: quedarse en el suelo o levantarse, ¡no queda otra opción!





P.- ¿Usas mucho la papelera? Esta pregunta era un clásico en mi etapa anterior de entrevistador, y quiero mantenerla. Verás, en una ocasión Blanca Andreu me decía que publicar un libro al año a toda costa- quien lo haga, por supuesto- para estar en el candelero va en detrimento de la obra, que ella usa mucho la papelera: hay que pensárselo mucho para poner en el papel algo que merezca la pena ser leído.

R.-Pues yo no suelo usar la papelera, Paco, lo guardo todo excepto lo que he ido perdiendo por no tener copias de seguridad (desastre que soy). Pero no, no tiro nada, lo que sí hago es irlo revisando y, con la perspectiva del tiempo, se pueden ver y modificar muchos errores. En otras palabras: No dar nada por perdido y actualizarlo, porque una trama se puede rescatar, darle la vuelta y lograr una buena obra. Eso me recuerda que tengo bastantes novelas en ese estado, pendientes de revisión y, si no encuentro editorial, a un paso de que las suba a Amazon. Prefiero que se quedan ahí cuando yo me vaya antes que dejarlas en un cajón y acaben en la basura. Pero entiendo que si un autor se compromete (o cree necesario) escribir un libro al año, es posible que pierda calidad. Las prisas nunca son buenas (o eso dicen).






P.- Anuradha Roy, la escritora hindú, declaró que escribir es al mismo tiempo un regalo y una opresión. Con todo lo que nos has contado, no me resisto, ¿cómo lo ves tú?

R.-Pues le doy la razón. Para mí es un regalo poder poner en marcha la imaginación y convivir con mis personajes (porque lo hago, me meto en las historias, charlo con ellos...). Pero luego llega la tortura de buscar editorial (al menos para mí, que soy tan poco comercial que no le vendería una estufa a un esquimal ni con descuento). Y si se quiere estar en la élite, por supuesto que entra la prisa y la desazón, especialmente porque se publica mucho en España pero se publicitan pocos libros. Si no se tiene un agente literario, se es “famosillo” o se es un escritor ya consagrado, la desazón desmoraliza; corrompe, quizá, la creación literaria porque entran las prisas y oprime la propia impotencia puesto que estar en el “candelero” no depende del propio autor.





P.: ¿La buena literatura está hecha por gente desobediente?

R.-Pues no lo sé, Paco, supongo que hay de todo, no me gusta generalizar ni etiquetar. Lo que sí es cierto es que mucha literatura mala se convierte en best-seller porque tiene detrás mucha publicidad. Yo he leído libros que me han impresionado de autores desconocidos y best-sellers que no he podido terminar, incluidas obras premiadas con mucho bombo-platillo y dinero a raudales... Supongo que eso depende del gusto y preferencias de cada uno. “Para gustos los colores”.



Pero, bueno, como yo soy “desobediente” suelo pasar de novedades y leer lo que me llama la atención, se publicite o no. Y lo mismo hago al escribir: Escribo lo que me gusta, sea comercial o no.



P.: No me resisto a plantearte esta reflexión de Haruki Murakami, ya que has publicado ambos géneros: él comentó que escribir novela es un reto, escribir cuentos un placer, que es la diferencia entre plantar un bosque o plantar un jardín. ¿Cómo lo ve Pilar López?

R.-Pues yo solo puedo hablar por mí, Paco... Lo mío es la novela, sin duda. Me meto en las historias, como decía más arriba, charlo con los personajes, “vivo” con ellos si van a escalar, por ejemplo, y hasta soy capaz (no te rías) de escribir unas líneas más cuando me dispongo a cerrar el ordenador si los he dejado colgados en una pared en medio de una tormenta... ¡Ja, ja, ja...! Suelo decirme algo así como “No seas mala, llévalos al refugio o a un punto protegido antes que dejarlos ahí tirados hasta que retomes el libro”.



Los cuentos y relatos cortos no me atraen especialmente, aunque tengo bastantes. Pero son el resultado de un impulso concreto y rápido, algo que se me pasa por la cabeza en un momento dado y creo que podré explicar en pocas palabras. Pero admito que les concedo escasa importancia. O no exactamente eso...; lo que ocurre es que con un límite de páginas no me siento a gusto, no me desenvuelvo bien, no consigo explicar todo lo que querría y esa acotación me molesta. Prefiero tener “campo abierto” y por eso me decanto por la novela.





P.- No sólo de letras vive la mujer. ¿Dónde podemos encontrar a Pilar López Bernués en la red? ¿Le dedica mucho tiempo a ella?

R.-Bueno, estoy en Facebook, en un muro “para todo” en el que me doy “tortazos” con algunas personas; primero por ser antitaurina y animalista y ahora por... (vamos a dejarlo estar). Allí también cuelgo vídeos, especialmente de animales, y dejo mis opiniones sobre temas de actualidad, políticos... Y tengo una página: “Leyendo a Pilar López Bernués” dedicada a la literatura y que debo ir actualizando porque la tengo algo descuidada.







Me di de alta en Twitter, pero admito que no entro nunca. 



Tengo una página web, con mis libros, artículos, reseñas... :





Otro blog está inoperativo, pero conservo su contenido: http://plbernues.blogspot.com.es/



En FB entro de vez en cuando, no a diario. Y la página y el blog... ¡depende! Tengo que ir actualizando las páginas, lo sé, pero últimamente voy al ralentí, agobiada por lo que se me ha venido encima. Lamentablemente, la “burrrocracia” no se detiene y, cuando la mente está todavía confundida, resulta demoledora. Salgo de casa, muchos días, como si caminara sobre almohadones, con la mente embotada, sin ser totalmente consciente de dónde estoy; y eso crea mucha indefensión y vulnerabilidad porque me asusta hasta cruzar la calle. Lo peor es que ya he superado lo importante, mi marido se fue y lo hizo de la mejor forma posible para él, sin darse cuenta, y me alegro por él. Pero esa maraña de problemas, papeles, llamadas, temas a resolver, gestiones... Todo eso es lo que hunde realmente cuando ya se ha asimilado una pérdida... Pero me estoy yendo por los Cerros de Úbeda, solo lo anoto porque es una realidad: en momentos críticos, la burocracia consigue anular al más pintado.





P.- Conmigo no vas darte tortazos, nos conocemos desde hace muchos años. Ahora permítenos unas preguntas breves. Primero, aconséjanos una película.

R.-Paco... Yo tampoco me doy tortazos con nadie, muy especialmente con las personas a las que aprecio (más bien los recibo, ja, ja...) Pero como decía Hemingway «No discutas sobre política ni religión». En mi opinión esa frase es muy sabia. Son temas en los que nadie cambiará de opinión pero que desatan pasiones y enfrentamientos.



Y sobre tu pregunta... ¡Bufff! Yo no soy nada entendida en el tema, prefiero leer a ver una peli... Pues no sé, se me viene a la mente Siete años en el Tíbet.





P.- Una obra de teatro.

R.- No me atrevo a señalar alguna, hace “siglos” que no piso un teatro. Y no porque no me guste, eso es consecuencia de vivir en una urbanización, tener que desplazarse en coche, encontrar aparcamiento..., y preferir quedarse en el sofá un sábado o domingo por la tarde, no nos engañemos.



Nuestro hijo nos regaló las pasadas navidades entradas para ir al teatro y esa es la última vez que fui (fuimos), para ver a David Malo; pero era un monólogo, no exactamente una obra teatral, y no recuerdo el título.





P.- Y una canción.

R.- Amor particular de Lluís Llach. Y si me permites otra: Paraules d’amor, de Serrat.





P.- ¿Un libro?

R.- No me atrevo a aconsejar acerca de libros. Me lo suelen preguntar los chavales cuando doy libros-fórum... Pero pienso que los gustos son muy particulares. Lo que me guste a mí no tiene por qué gustar a otra persona, y viceversa. Todos los lectores tenemos un género que nos gusta, o alguno que nos desagrada... Considero que leer ha de ser un ejercicio lúdico, atractivo, que nos atraiga y que nos permita pasar unas horas agradables. En líneas generales, no obstante, aconsejaría cualquier libro que nos enriquezca, nos distraiga, nos atrape y nos permita crecer como seres humanos. Pero eso depende de cada persona. Les suelo decir a los estudiantes de los fórums, especialmente a los que confiesan que no les gusta leer, que, tal vez, es porque no han encontrado todavía un género o autor que les guste, pero que cuando lo encuentren y se aficionen a leer, se harán a sí mismos (no a los padres ni profesores sino a sí mismos) un regalo inestimable para toda su vida; entre otras cosas porque nunca tendrán motivos para decir que están aburridos.







P.: Como ves no te he preguntado qué estás escribiendo ahora, ni por proyectos futuros. Ahora, estamos con Diario de a bordo. Pero, si quieres, puedes contarnos proyectos futuros. Por cierto, ya hace mucho tiempo que no vienes por Murcia a presentar tus libros.

R.- Bueno, pues estoy escribiendo una novela (para adultos) que, al igual que “Diario de a bordo” inicié hace algunos años y fui tomando y retomando. Ahora llevo escritas unas 400 páginas pero estoy volviendo atrás. En la situación en la que estoy, no suelo escribir a diario (de hecho he retomado la novela Los últimos días de Sara hace solo unos días). Y me temo que será otra obra difícil de clasificar: Terror psicológico, acoso, investigación criminal, intimista... En ello estoy.



He estado varias veces en Murcia, Paco, efectivamente. Lo que ocurre es que dependo de los promotores. Me recogen en el hotel y me llevan a dar charlas, luego de nuevo al hotel o al tren de vuelta a casa. Y también es cierto que los libros-fórum han pegado un bajón desde que Ed. Bruño ha quedado bajo la supervisión de Anaya... (Son temas empresariales, supongo. Ambas editoriales las compró una más grande, pero las dos publican lo mismo: libros de lectura y de texto. Y parece que se hace visible esa cita: “El pez grande se come al pequeño”). Ya hace un par de años que no voy por Murcia y, de hecho, apenas me desplazo últimamente (es lo que hay).



Por cierto, la última novela de la serie juvenil El enigma de la Rosa Negra está ambientada en el Mar Menor. La idea surgió porque en los viajes por España algunos chavales me decían (con razón) que siempre llevaba a los “protas” a los Pirineos, de modo que decidí dar un giro. Lo peor es que esa novela me la recortaron tanto antes de publicarla, y de hacerlo con prisas, que no me acaba de gustar como ha quedado porque hay una trama complicada, con fórmulas matemáticas y detalles que han quedado algo... ¿? Eso me pasa por permitir que me retocaran la novela para hacerla más corta (mea culpa). No me volverá a pasar. He decidido que si Bruño (o quien sea) quiere acortar una novela juvenil (ya se sabe que los chicos si ven 200-300 páginas se agobian) la recortaré yo. Y es que en ese caso concreto me cambiaron hasta los protagonistas y hube de retocar un montón de cosas (yo y la ilustradora, porque en ese cambio de protagonistas, colocaron dos hombres y dos mujeres cuando en realidad eran una mujer y tres hombres). En fin, no me enrollo más.





Muchas gracias.

Muchas gracias a ti, Francisco Javier, Paco, por esta extensa e interesante entrevista y por haber leído y reseñado Diario de a bordo. En momentos bajos, cualquier detalle, como éste de que hayas pensado en mí para una entrevista, permite subir la moral. Gracias por todo y un fuerte abrazo.