Literaturas Posibles

lunes 16 de noviembre de 2009

Alex Guardiola nos descubre la Sed de la Vieja Raza

Alex con José Miguel Vilar, otro buen amigo de Hablando de libros.


Alejandro Guardiola, Barcelona 1978, ha permanecido la mayor parte de su vida en Zamora. En la actualidad vive y trabaja en Salamanca. Licenciado en Filología inglesa y empresario.

Ha publicado relatos en diferentes sitios de Internet, en revistas digitales como AuroraBitzine y en los libros Tierra de Leyendas V y ¡Jodido lunes! Antología del Rechazo.

Sombras de una Vieja Raza resultó finalista en la tercera edición del Premio Minotauro (año 2006) de Ciencia Ficción y Literatura Fantástica.

Una entrevista de Francisco Javier Illán Vivas.
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Pregunta.- Su primera novela y finalista del premio Minotauro, en su tercera edición. ¿Cómo ocurre algo así?
Respuesta.- Sí, fue una auténtica sorpresa. Pues realmente no estoy muy seguro, me imagino que le gustó a quienes hicieron la selección previa de los manuscritos.


P.- Y sin embargo, el estar escogida entre las finalistas del Premio no le aseguró su publicación por la editorial que organiza el Premio. Aparte de mi opinión sobre los premios literarios, que no viene al caso, sí lo hace esa extraña política del grupo Planeta: publica sólo a los ganadores, en todo caso a los segundos, pero los finalistas lo tienen imposible en cualquier sello de su grupo.
R.- Supongo que eso se debe a políticas editoriales, pues al final de todo, publicar un libro es un negocio. Me imagino que a los responsables de Minotauro no les atraía la idea de publicar una novela de vampiros de un autor desconocido. Según me enteré más tarde por otras fuentes, al parecer, las publicaciones de los finalistas de ediciones anteriores del premio no habían alcanzado las ventas esperadas. También, pienso que se tenía que notar que se trataba de una novela de debut, con sus fallos y defectos, ante unas novelas de unos escritores consagrados en la literatura fantástica como Javier Negrete, que ganó el premio, Rafael Marín, que publicó, y Ángel Torres Quesada.


P.-¿Por qué Vieja Raza? ¿Es anterior a los Humanos?
R.-En realidad la Vieja Raza de la que hablo bastante en el libro, evolucionaría en paralelo con los humanos, desarrollándose de manera coetánea a la humanidad. Y Vieja Raza porque me encontraba un poco aburrido del término vampiro, que no se menciona en toda la novela más que en un par de citas. Esta idea la tomé prestada de El Ansia de Whitley Strieber y creo que funciona.


P.- ¿Quién es Meliot? Y con ello quiero también que respondas, ¿es descendiente del Conde?
R.-Meliot es un muchacho de pueblo, de un pequeño condado en cualquier zona de centroeuropa. Meliot, por otro lado, es un vampiro, que vive en una ciudad occidental que podría estar localizada en Europa. Como ves, cuento la historia de Meliot desde dos puntos de vista, uno cuando aún no es vampiro en el pasado, en la Edad Media, y otro, en la actualidad, cuando el personaje trata de sobrevivir a los peligros de la ciudad y de los suyos.
La respuesta a la segunda pregunta es que, Meliot, no es un descendiente ni familiar del Vlad Tepes histórico ni del Drácula literario de Bram Stoker, no tiene nada que ver.


P.- Un personaje con el que evolucionaremos, a lo largo de la novela, desde su inocencia, optimismo e inmadurez hasta verlo convertido en un hombre- perdón por la palabra- sensato, pero también cínico y terrorífico cuando es preciso.
R.- Sí, lo que más valoro como lector es que el autor de la novela que esté leyendo me muestre los puntos fuertes de los personajes, pero que también me enseñe sus miserias y sus defectos. Es decir, me gusta como amante de la lectura y escritor, que el personaje no sea la personificación del bien absoluto sin ninguna fisura en sus planteamientos. Al contrario, prefiero que mi personaje dude, que se interrogue si está haciendo lo correcto, que sufra, enseñar sus debilidades, al igual que en otros momentos vemos su inteligencia o su frialdad o su cinismo y también el porqué de estos, cómo ha llegado hasta ahí como persona. Me interesan los acontecimientos que han sucedido en su vida para labrar su personalidad actual, pues el Meliot vampiro, no tiene nada que ver con el Meliot inocente que sale de su pueblo en busca de fortuna. Meliot y otros de los protagonistas de la historia, tienen comportamientos que tacharíamos de reprochables o arbitrarios, y también loables y justos. En la misma personalidad de un hombre o de una mujer, cabe encontrar el mayor villano, al mismo tiempo que a la persona más bondadosa y esto, trasladado a la novela me parece fundamental en el desarrollo del carácter de Meliot.


P.- Meliot se define a sí mismo como un ser descastado por los suyos por no aceptar las rígidas normas de una sociedad invisible a la vista de los humanos, oculta, inamovible y olvidada. ¿Puedes contarnos, hasta donde sea posible, cómo se rige y funciona esa sociedad que nosotros desconocemos?
R.-La Vieja Raza es una sociedad compuesta por aristócratas y por los vampiros urbanos, que pueblan las ciudades. La nobleza, estaría formada por varias familias o casas, repartidas por todo el mundo. Funcionaría de manera similar al feudalismo, por medio de lazos de vasallaje y una monarquía electiva, los jefes de cada familia eligen al Jerarca Supremo que gobierna sobre todas las familias. En la práctica, se parece más una mafia internacional que regenta todo tipo de negocios. El conflicto viene cuando diferentes vampiros sin casta ni familia se dedican a establecerse en las ciudades, saciándose de víctimas, convirtiendo a otros, creciendo esta población de vampiros hasta niveles que preocupan a los dirigentes de la Jerarquía, pues escapan a su control. Uno de los conflictos de la novela se desarrolla cuando estos vampiros urbanos, más débiles en cuanto a poder, pero superiores en número se organizan para derrocar el orden establecido, se podría equiparar a la crisis del Antiguo Régimen.


P.- Una de las partes en litigio de los componentes de la Vieja Raza se consideran superiores a los humanos, se ven como depredadores, en la cima de la cadena alimenticia. Creen que pueden cazar cuanto deseen, sin recapacitar que, como los humanos hacen con otros seres de la creación, pueden llevarlos a la extinción.
R.- Sí, para mí, los vampiros son seres depredadores, que no pueden renunciar a su instinto de matar y beber sangre para vivir. No me van los vampiros posmodernos vegetarianos. Una de las contradicciones del protagonista es renunciar temporalmente a esto, tratar de superar la Sed que le angustia por otros medios como la ciencia, por ejemplo. Dejaremos a los lectores que averigüen si lo logra o no.


P.- ¿Y el amor, es imprescindible para una buena historia de vampiros?
R.- No es imprescindible, pero tampoco lo es en una novela policíaca, de aventuras, histórica o de fantasía y sin embargo, se encuentra presente en ese tipo de libros. Da igual el género o la clase de novela que escribamos, es un elemento que está ahí. En las narraciones de vampiros, es posible, que arrastremos cierta tradición de las historias de los autores románticos y victorianos en las que el romance aparece como algo muy común. Los vampiros, aman, en eso no son diferentes a nosotros, pero la cuestión es si ese amor es posible o no. En mi caso, planteo que la relación resulta imposible.


P.- El vampiro, ¿nace o se hace?
R.- Se hace. Según como yo lo veo, otro vampiro debe asesinar y vaciar de sangre al candidato a vampiro, para luego verter la suya en el cuerpo inerte, que le revivirá transcurrido un tiempo, desde horas, hasta días, despertando convertido en un ser por completo diferente.


P.- El mundo de los vampiros ha sido tratado, en poco tiempo, desde todos los posibles ángulos de vista, pero sobre todo tras esa nueva cultura de lo “políticamente correcto” que ha inundado occidente. Sombras de una Vieja Raza, siendo anterior a la explosión demográfica vampírica que inunda la literatura, la TV y el cine, ¿qué aporta al lector?
R.- Pues que no es políticamente correcta como expresas y está orientada a lectores adultos. Los personajes de mi libro son crueles, no se andan con miramientos, consumen sangre y asesinan para vivir. Quien aborde Sombras de una Vieja Raza pensando en vampiros edulcorados y adolescentes, se habrá equivocado de libro. No creo que sea la revolución del género ni que entre en las listas de más vendidos, pero con que a un solo lector le parezca que está bien escrita y que su lectura le resultó entretenida, me conformo.


P.- El narrador de esta historia, escribe al final: “ahora, es tiempo de soñar otra historia o de despertar un nuevo final. El principio no es más que el final de otro comienzo, que se superpone a él. Tan sólo depende del lugar del círculo en el que te encuentres”. ¿Qué otra historia está soñando Alejandro Guardiola, o este final no es más que un nuevo comienzo?
R.- Ese párrafo hace referencia a que el final de cualquier historia, sea cual sea, no es más que el principio de una nueva. Ya porque se trate de una continuación directa de la que acabamos de leer u otra nueva historia. Los personajes de esa línea que termina seguirán su vida dentro de la ficción, solo que el autor no nos la cuenta, nos deja saber solo lo que le interesa que sepamos.
Y la historia que estoy soñando ahora es una novela que no sé si definir como fantasía o ucronía, con un trasfondo histórico, política y unos personajes muy curiosos. Pero a veces la documentación me sobrepasa y otras me cuesta que la trama funcione, así que avanza bastante lenta. También hay varias ideas para diferentes cuentos...
Por el momento, no me planteo una segunda parte de Sombras y lo poco que tengo pensado sobre ella, en el caso de escribirla, es que Meliot no sería uno de los personajes principales. Cuando la terminé me planteé escribir algo diferente.


P.- Permíteme ahora formularte unas preguntas que hago a mis entrevistados. Anuradha Roy, la escritora hindú, declaró que escribir es al mismo tiempo un regalo y una opresión. ¿Cómo lo ves?
R.- Para mí es una actividad placentera, cuando consigo robar tiempo a mi trabajo para desarrollarla. Lo de la opresión quizás por el esfuerzo y el tiempo que hay que invertir para sacar adelante una novela. A mí me cuesta mucho, aunque luego resulta muy satisfactorio ver tu libro en las estanterías de las librerías.


P.: Haruki Murakami dijo una vez que escribir novela es un reto, escribir cuentos un placer, que es la diferencia entre plantar un bosque o plantar un jardín. Usted ha publicado cuentos y novela, ¿qué me dices a esa comparación del japonés?
R.- Relacionado de cierta forma con la anterior pregunta: un relato es menos exigente, tiene un planteamiento sencillo, pocos personajes, la acción no se va a desarrollar más que unas páginas y, en la mayoría de los casos, lo que se cuenta no guarda relación con otros escritos. En cambio, cuando escribes novela tienes que dedicarle tiempo todos los días, por pocas líneas que escribas, necesitas una trama, un esquema de argumento, hay que saber hacia donde vas, las motivaciones de los personajes...
Un relato es algo más fresco e inmediato, en el que se puede improvisar mucho más. A veces, con tener una idea general es suficiente para armar un buen cuento. En la novela todo tiene que estar premeditado, planeado, para que luego cobre sentido y encaje. Si no, el lector notará en determinados puntos que la narración flojea.


P.: Y como esta sección se llama Hablando de Libros, el futuro de los mismos, ¿cómo lo ve el filólogo inglés?
R.- Creo que te refieres a los lectores de libros y a los libros digitales. En mi opinión hay dos factores que pueden acelerar o retrasar la implantación masiva de esta tecnología: una, que bajen los precios de los lectores de libros, que siguen siendo bastante caros; otra, que las grandes casas editoriales apuesten de forma abierta por la distribución de los libros en formato digital y determinar un precio para ello. De todas maneras, para mí, no son formatos excluyentes y me da la impresión de que el libro tradicional todavía convivirá muchos años con el digital. Como todos los cambios en los formatos, lo normal es que se implanten con más lentitud de lo que a las marcas que fabrican los aparatos les gustaría. La gente es conservadora cuando le cambias el vídeo por el DVD, por ejemplo. Y ahora que hay reproductores de DVD en casi todas las casas, tenemos el Blu Ray...
Personalmente, como aficionado a la lectura y comprador de libros, el formato digital es un hallazgo pues supone un ahorro de espacio a tener en cuenta. Aunque mis autores preferidos me los seguiría comprando en papel.


Sólo me queda agradecerte tu tiempo y el placer de haber charlado contigo.
Gracias a ti, Paco. El placer ha sido mío. Un saludo para los lectores de Hablando de Libros.

lunes 9 de noviembre de 2009

Antonio J. Capel Riera nos descubre la rumba que llegó del frío


Antonio Capel Riera es murciano, aunque no niega la parte de sus raíces asturianas, ni su placer ante un buen caldo, posiblemente por ser nieto de bodeguero. Es especialista en Podología, pie diabético, cirugía y ortopedia del pie, diplomado en enfermería, fue presidente del Ilustre colegio oficial de Enfermería, momento al que mi memoria viaja para recordarle, cuando uno también se dedicaba a determinadas labores que le privaban de tiempo libre.

Le gusta el riesgo: los deportes aéreos: paracaidismo y piloto. Fue vicepresidente de la Federación Aérea de la Región de Murcia. Él nunca olvida sus raíces, en sus apellidos encontraréis a futbolistas conocidos, y puede que por ello su camino profesional le haya llevado hasta colaborar con el Real Murcia.

A raíz de ser finalista en el I concurso de Microrrelatos sobre abogados, convocado por el Consejo General de la Abogacía española, le llevó a escribir con más asiduidad. Fruto de ello, “A sus pies”, publicado por Diego Marín en 2008, su primer libro, con portada de MAN, donde nos presentaba 25 divertidas historias, calificadas como tan reales como la vida misma.

Charlamos con él tras la publicación de su nueva novela, "La rumba que llegó del frío", próxima a aparecer la segunda edición.

Una entrevista de Francisco Javier Illán Vivas.
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Pregunta.- La primera pregunta es casi obligada, ¿qué hace un podólogo como usted en un sitio como éste?
Respuesta.- Compatibilizar mi profesión con mi afición principal, que es la de escribir. Tal como lo hacen tantos otros profesionales, que independiente de su profesión se dedican a escribir cuentos, novelas, guiones de cine, etc.,…para escribir sólo hay que tener ganas, recuerdos o imaginación.


P.- Por que no me negará que de su actividad profesional y personal se podía esperar de todo, incluso la literatura, libros de ensayos, científicos. Pero posiblemente lo menos era un libro de relatos como A sus pies.
R.- Un amigo psiquiatra me dijo que el diván del psicoanalista y del podólogo tienen una cosa en común: la confidencia y la escucha. Grandes escritores son ‘escuchadores’ de sus pacientes, es el caso de Jorge Bucay y algunos más… En casi treinta años de profesión han transitado muchas historias por mi consulta, unas amargas, otras felices o divertidas y otras inconfesables…”A sus pies” relata precisamente parte de ellas.


P.- Si ya sorprendió con el anterior libro, ahora nos presenta una novela, picaresca y sensual: La rumba que llegó del frío.
R.-Bueno, es mi primera novela larga… algunos escritores consagrados jamás han escrito una novela; se han decantado por los relatos, cuentos, ensayos…yo me muevo entre los relatos y la novela; depende mucho el argumento. Valoro si la trama se acomoda a un relato o a una novela.


P.- ¿Cómo surge en la mente del autor una historia como la que nos narra en la presente novela?
R.- De la vida misma, de la misma manera que tengo en mente las próximas que verán la luz si Dios quiere, hay una treintena de historias esperando; sólo es cuestión de tirar del hilo, y que el ovillo se trasforme en un libro.


P.- Me gustaría saber cuánto hay de Antonio Capel en Antonio Ortíz del Castillo.
R.- Nada y mucho; porque Antonio Ortiz del Castillo es un ser humano como cualquiera de nosotros, con problemas, sueños, deseos, ganas de vivir y disfrutar. Por ello, el personaje en sí es una simbiosis de varios individuos.


P.- Supongo que todos esos lugares que cita en Cabo de Palos, Benidorm, etc. existen. A mi me gusta creer que cuando los escritores que tenemos más cercanos, cuando crean personajes como el chef Sebastián, como Juan Martínez, como Capullito de Huelva, están citando a personajes reales o a heterónimos de ellos.
R.- Este tipo de novela, para que seduzca, debe tener lugares y personajes reales; lo demás es pura coincidencia. El lector es quien puede o no identificarse con algún personaje o situación.


P.- Otra curiosidad. ¿Por qué el Hospital General? Normalmente cuando se piensa en médicos, en personal sanitario, viene a la cabeza el hoy llamado Hospital Universitario Virgen de la Arrixaca, la siempre conocida como Ciudad Sanitaria. Y si no es ese, el Morales Meseguer.
R.- En este caso surgió así, pero la historia pudo tener otro escenario, como ser un Colegio Mayor, Centro Universitario, empresa, fábrica o en unos grandes almacenes; donde hay mucha gente trabajando, siempre hay historias rocambolescas, y en este caso fue en cualquier gran hospital.


P.- En esta novela hay un loa a la sangría: desarrolla la fantasía, acrecienta la alegría, hace lúcida la memoria y aleja la melancolía. (Pág. 22)
R.- En efecto, cuando el vino esta por medio aparece la alegría, desinhibición, la despreocupación, la imprevisión, la frescura, la pachorra…


P.- “Previene ataques cardiacos al estimular el sistema cardiovascular, favorece las defensas del organismo, se ha relacionado con el aumento de los anticuerpos, en especial la llamada inmunoglobulina A, lo que protege contra gripes y otras infecciones... Otra ventaja es que alivia los dolores, ya que se libera la hormona de la oxitocina y se elevan también los niveles de las endorfinas... "(Pág. 180). ¿Tan sano y saludable es y se receta tan poco?
R.- Dicen los sexólogos que en España están aumentando los síntomas de inapetencia o desinterés por el sexo y que lo peor es que los jóvenes no incluyen esa actitud entre sus problemas de pareja, porque no lo consideran como tal. Afirman que se sigue hablando mucho de sex, pero no se practica.
Las imágenes sexuales nos inundan: anuncios de televisión cada vez más eróticos, las modas, el cine, la música, la forma de vestirse... y a lo mejor es esa la causa de que la gente se haya acostumbrado a tenerlo tan fácil y a todas horas que no les llama la atención. Es lo que dice un prestigioso sexólogo.
Quizá, la situación tampoco ayude mucho. Son malos tiempos para la lírica, como dice la canción. Si la gente está preocupada porque ve peligrar su estabilidad, el sexo pasa a un segundo plano, se convierte en una vía de escape. Me pregunto cómo es el sexo en las situaciones extremas. ¿Se esfuma? ¿Se mantiene? ¿Se atenúa? ¿Se ausenta?



P.- Interesantes preguntas, motivo de otra extensa entrevista. Por cierto, como cita lo de determinadas gripes, ¿cree que podría proteger contra la H1N1?
R.- Mucha gente sabe que una manera de luchar contra los procesos gripales desde tiempos remotos, ha sido con la ingesta de mezclas calientes de bebidas alcohólicas con frutos y reposo en cama para sudar, en general con buenos resultados. Esta práctica ancestral ha llevado a refranes que reflejan la sabiduría popular: al catarro, con el jarro; el vino en jarro, cura el catarro; a catarro gallego, tajada de vino, o el más indicativo, probablemente oriundo de Entrena (La Rioja), "pal catarro, pluma y jarro". Estos refranes, reflejo de la observación y experiencia popular, están de acuerdo con los hallazgos científicos actuales del efecto beneficioso del consumo moderado de vino tinto contra las infecciones virales. Respecto a la pregunta anterior, ojala protegiese contra ella.


P.- En un mundo donde la hipocresía parece que se abre paso, aunque sea con el nombre de “políticamente correcto”, hay expresiones e ideas en su novela que son, desde luego, muy poco políticamente correctas. (Pág. 19, Pág. 101, y otras). ¿Cree que es posible escribir una novela picaresca, sensual, sin citar a las cosas por su nombre popular?
R.- Bueno, aquí me ciño a lo que dijo en su día Umberto Eco y Luis Sánchez de Movellán de la Riva: El escritor aborda las contradicciones en que se incurre al cambiar algunas palabras por otras políticamente correctas, cita algunos ejemplos grotescos y finaliza con más de un centenar de términos “bonachones para insultar al adversario”.
Lo políticamente correcto es un auténtico movimiento de ideas nacido en la universidad americana, de inspiración liberal y radical y, por lo tanto, de izquierdas, en pro del reconocimiento del multiculturalismo y para reducir algunos de los radicales vicios lingüísticos que establecían líneas de discriminación hacia las minorías. Por eso, se comenzó a decir “blaks” y, después, “afroamericanos”, en vez de “negros”, o “gay” en vez de los múltiples y conocidos apelativos despreciativos reservados a los homosexuales.
Naturalmente, esta campaña en pro de la purificación del lenguaje produjo su propio fundamentalismo, hasta desembocar en los casos más vistosos y ridículos. Como el de algunas feministas que propusieron no decir más “history”, porque, por medio del prefijo “his”, se hacía pensar que la historia fue sólo “de él”, sino “herstory”, historia de ella, ignorando, obviamente, la etimología greco-latina del término, que no implica referencia de género alguna.
Pero la tendencia de lo políticamente correcto asumió también aspectos neoconservadores o francamente reaccionarios. Si se decide llamar a las personas que van en silla de ruedas ya no minusválidos, sino discapaces o “capaces de otra forma”, pero después no se les construye rampas de acceso a los lugares públicos, evidentemente, se obvia hipócritamente la palabra, pero no el problema.
Y lo mismo vale para la sustitución del parado por “el que no hace nada a tiempo indefinido” o el de licenciado por “aquel que se encuentra en transición programada entre cambios de carrera”. ¿Por qué los banqueros, en cambio, no se avergüenzan de su definición y no insisten en ser llamados operadores del sector del ahorro? Si te cambian el nombre es para olvidar que algo no funciona. Sobre estos y otros problemas parecidos se detiene Edoardo Crisafulli en su libro Lo políticamente correcto y la libertad lingüística, donde pone al descubierto todas las contradicciones, los pros y los contras de esta tendencia. Y, a demás, es un libro muy divertido. (…) A fuer de contribuir también y a la suavización de lo políticamente incorrecto y tras haber consultado una serie de diccionarios incluso dialectales, me permito sugerir algunas expresiones a fin de cuentas bonachonas para insultar al adversario. (…)
Luis Sánchez de Movellan dice: Asistimos a un nuevo período de intolerancia. (…)
El origen de lo políticamente correcto coincide con el fracaso de las ideologías de izquierda a la hora de racionalizar la igualdad social. El mundo de la cultura fue su reducto y desde ahí diseñaron la corrección política como un intento e imponer la igualdad social a través de la imposición de un lenguaje no discriminatorio. Es decir, al no lograr cuajar una revolución ideológica – y mucho menos política – el izquierdismo progresista estadounidense inventó una revolución semántica.
La extensión hoy de lo políticamente correcto se ha convertido en una enfermiza ocultación de la realidad a través del lenguaje eufemístico. (…) Ejemplos: flexibilidad de plantillas, por despido barato; atender a un objetivo, bombardeo masivo; daños colaterales por víctimas civiles; interrupción voluntaria del embarazo por aborto… Esta psicología de la autocensura y de la configuración de grupos sociales negativizados corresponde a la cultura protestante. (...) La progresía estadounidense no ha podido desprenderse de una cultura forjada en el puritanismo más atroz capaz de buscar signos sociales de los predestinados a la salvación y los predestinados a la condenación. Los partidarios de la corrección política que se presentan como liberadores de los discriminados, acaban por imponer de forma intolerante su estilo vital e intentan legitimarlo democratizando sus vicios y errores intelectuales. Toda esta jerga de la corrección política es una manifestación, sutil y benigna, de lo que profetizó Tocqueville como modelos de tiranía democrática.
Y el ejemplo más reciente es hablar de “personas de la tercera edad” cuando nos referimos a los ancianos.


P.- ¿Quiénes son Los Pelayos?
R.- Pelayo, es una familia que desde principios de los 90 ganó varios cientos de millones de pesetas en ruletas de todo el mundo. Aplicaron un sencillo sistema de forma metódica, con miembros del equipo (casi todos familiares) que durante semanas tomaban números, mientras otros apostaban posteriormente. El Clan de los Pelayos ganó mucho dinero en el Casino de Madrid, en Barcelona, en Canarias... y en Amsterdam, en otras ciudades europeas y prácticamente en el resto del mundo, incluyendo Las Vegas y Australia. Las ganancias se elevaron a más de 250 millones de pesetas durante tres años a principios de los 90. Los casinos, obviamente, tomaron sus contramedidas cuando descubrieron a los sistemistas, cambiando las ruletas de sitio, de modelo o intercambiando piezas de unas a otras.


P.- Aún siendo una novela picaresca, como hemos citado anteriormente, relata usted una situación tan real como la vida misma: la conversación entre Antonio Ortíz y el director de la entidad de ahorro cercana a la Catedral de Murcia: y no nos queda otra que dar la patada a la banqueta. (Pág. 320)
R.- Así es; son las conversaciones diarias que se oyen en cualquier café. Existe mucha gente “ahorcada” de por vida por la crisis económica. Muchos ha perdido sus viviendas, incluso han desahuciado a los avaladores por no poder responder al que garantizó en su momento. Algunos son jubilados que los han echado a la calle por avalar al hijo…esa es la “patada a la banqueta”. La banca carece de sentimientos…vendiendo esa desgracia al mejor postor, que casi siempre es un inmisericorde ricachón…


P.- No puedo evitar preguntarle: ¿es posible modelar la incertidumbre?
R.- Esa es una pregunta para un erudito en Matemáticas; por lo que yo sé, sí que se puede, pero es una tarea muy compleja a base de fórmulas; pero en su día Einstein ya “modeló” con su Teoría de la Relatividad.


P.- Permítame ahora unas preguntas más generales. ¿Cuándo escribe usted? Se lo pregunto por que tengo entendido que su agenda profesional está comprometida con un par de meses, vamos, como si fuese ese chiringuito de la sierra de Antas.
R.- Gracias a Dios así es; tengo pacientes de tres generaciones. Atiendo mi agenda profesional en un horario determinado y el tiempo restante lo dedico a lo que me gusta, lo que me divierte, escribir, por ejemplo.


P.- ¿Usa mucho la papelera? Se lo pregunto por que en una anterior entrevista Blanca Andreu nos decía que publicar un libro al año a toda costa para estar en el candelero va en detrimento de la obra, que ella usa mucho la papelera: hay que pensárselo mucho para poner en el papel algo que merezca la pena ser leído.
R.- Yo no pretendo estar en el candelero a toda costa, y tampoco me preocupa en pensar mucho en lo que hay que poner en el papel. Yo escribo para mi, por placer y repito la frase de la escritora Patricia Haightsmith, que dice: “al escribir un libro, a la primera persona a la que deberías complacer es a ti mismo. Si eres capaz de divertirte durante el tiempo que te lleve escribir el libro, más adelante también divertirás a los editores y a los lectores”


P.- Anuradha Roy, la escritora hindú, declaró que escribir es al mismo tiempo un regalo y una opresión. ¿Cómo lo ve usted?
R.- Muy claro, tanto que me siento identificado con esa expresión… por la gran responsabilidad que encierra.


P.: Haruki Murakami dijo una vez que escribir novela es un reto, escribir cuentos un placer, que es la diferencia entre plantar un bosque o plantar un jardín. ¿Cómo lo ve Antonio J. Capel Riera?
R.- Puede que sea más trabajoso hacer una novela por lo extenso, pero si se tiene en la cabeza la idea clara, se convierte en un juego divertido; el cuento requiere más concentración, y también cuesta lo suyo.


P.: Y como esta sección se llama Hablando de Libros, el futuro de los mismos, ¿cómo lo ve el podólogo?
R.- Los medíos de comunicación dicen que se lee más por la crisis, y algo debe haber de cierto. Yo recuerdo que el gran tenor canario Kraus dijo que en la extinta Unión Soviética, la miseria la mitigaban con cultura; y yo lo comprobé al realizar un viaje a la fría Siberia; en las esquinas, en bares, recepcionistas, etc…estaban casi todo el día inclinados con las manos tapadas por el frio; y lo que estaban haciendo era leer viejos libros desgastados, que los cuidaban con mimo. Mitigaban su desconsuelo con la cultura.


Ha sido un placer charlar con usted sobre La rumba que llegó del frío. Muchas gracias.

domingo 1 de noviembre de 2009

Eloy Sánchez Rosillo nos enseña a Oír la luz


Eloy Sánchez Rosillo (Murcia, 1948) es profesor de literatura española en la universidad de su ciudad natal. Ha publicado siete libros de poemas: Maneras de estar solo (Madrid, 1978), con el que ganó el premio Adonais, Páginas de un diario (Barcelona, 1981), Elegías (Madrid, 1984), Autorretratos (Barcelona, 1989), La vida (Barcelona, 1996), La certeza (Barcelona, 2005), que obtuvo el Premio Nacional de la Crítica, y Oír la luz (Barcelona, 2008). En 2004 se publicó La cosas como fueron. Poesía completa (1974-2003), recopilación de los cinco primeros títulos mencionados, corregidos y en edición definitiva. Todos ellos pueden encontrarse en Tusquets Editores.

Le entrevistamos por Oír la luz, su último poemario, relativamente reciente todavía, pues salió hace ahora justamente un año.

Una entrevista de Francisco Javier Illán Vivas.

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Pregunta: Lo primero que deseo preguntarle al autor del libro es si comparte que Oír la luz es una celebración de la vida, muy lejana ya de aquella angustia por el transcurso del tiempo que desprendían sus primeros libros.
Respuesta: Todo lo vivo cambia con el tiempo. Mi poesía, a la par que el hombre que la ha escrito, ha ido evolucionando a lo largo de treinta y cinco años, aunque sin saltos ni cambios bruscos, es decir, de manera natural y sin artificiosas transformaciones repentinas. Oír la luz es desde luego un libro en el que se respira una atmósfera rendidamente celebrativa, pero también pueden encontrarse en sus páginas de vez en cuando poem
as de tono elegíaco, pues la vida no es en todo momento del mismo color y tampoco tienen por qué serlo los libros. Siempre ha habido en mis obras una mezcla de elegía y de celebración, si bien la proporción en Oír la luz de elementos celebrativos es bastante más acusada que en otras ocasiones. La vida me ha llevado en los últimos tiempos por unos caminos esperanzados, que son los que, si uno tiene suerte, descubre y comienza a recorrer a partir de cierta edad. En la juventud se tiende más a una cierta desconfianza del mundo, a discrepar del tiempo y de la realidad. Luego, tal vez comenzamos a comprender ciertas cosas. Disiento un tanto de ti, sin embargo, cuando afirmas que en mis primeros libros había como un enfrentamiento angustioso con el tiempo. Yo no he sido nunca un hombre ni un poeta angustiado. La elegía no es angustia o negra desesperanza, sino suave tristeza, melancolía.


P: Este libro último, de entre los que tú has publicado, es el que más poemas contiene.
R: Sí, más del doble que otros libros míos. No es esto algo que yo me propusiera o premeditara, claro está. Muchas veces he dicho que los libros son como ellos quieren ser y que se hacen a sí mismos. Me limité en este caso, como siempre, a recibir lo que me iba llegando y a aceptarlo como finalmente llegó a ser, aunque colaborando siempre con entusiasmo y esfuerzo con el libro, ayudándole con todas mis ganas a ser así.


P: ¿Es la vida un “misterio absoluto”, como se lee en un verso de tu libro?
R: Desde luego, y cada vez la siento más de esta manera. Lo que sucede es que el hábito que tenemos de ese misterio embota nuestra capacidad de percibirlo como tal, y damos en pensar que la vida es algo plano y sin ninguna trastienda. Sólo cuando somos capaces de quitarnos las anteojeras de la costumbre nos damos cuenta del hondo misterio que hay en todo, incluso en las cosas más simples de la cotidianidad. Anoche, por ejemplo, iba yo por la playa y estuve contemplando despacio el reflejo móvil, cabrilleante, de la luna en el agua. ¿Es que ese reflejo, además de ser tan bello, no es un misterio?


P: El verso citado en la pregunta anterior procede del poema titulado “Porque nada termina”, dedicado a Ramón Gaya. En él también se afirma que “A cierta edad, un hombre no se engaña / y sabe lo que ha sido en su existencia / de veras decisivo”, que me parecen unos versos bellísimos. ¿Es ése uno de los misterios absolutos de la vida; es decir, que tenga que transcurrir el tiempo para que podamos descubrir lo que para nosotros ha sido importante?
R: El tiempo enseña y aclara, nos proporciona la perspectiva adecuada para considerar el pasado. Desde la altura de la edad valoramos más adecuadamente cada cosa de nuestro existir. Al hacer esta valoración es como si completáramos y termináramos de vivir lo que cuando estaba sucediendo vivimos un tanto inconscientemente y sin saber qué importancia iba a tener en el conjunto de nuestra vida.


P: ¿Es la alegría la verdad más absoluta?
R: Sí, es como la espuma del existir. En la vida de todo ser humano hay siempre dolor y alegría (en cantidades no del todo proporcionales, pero casi). Sin el contraste del dolor no sabríamos de la felicidad. El dolor es, pues, necesario, y si logramos superarlo nos prepara para conocer y valorar la alegría. El hombre aspira, desde luego, a la felicidad y sabe que en ella o en la búsqueda de ella es donde puede encontrar las verdades por las que merece la pena vivir.


P.- En Oír la luz hay muchos poemas que recuerdan la infancia del autor, sobre todo en el transcurso de aquellos veranos que jamás terminaban. ¿Por qué ahora los veranos no son tan interminables, cuando el cambio climático al que estamos sometiendo al planeta los hace verdaderamente más largos?
R: Los veranos a los que te refieres no tenían en realidad nada que ver con el tiempo (ni, por supuesto, con el clima). El mundo edénico del niño es un universo sin tiempo, en el que las cosas son, pero no transcurren, por eso aquellos veranos eran la eternidad (y son ahora la añoranza de la eternidad en el hombre que recuerda su infancia).


P: ¿Es posible, en este verano de 2009, oír la luz?
R: Hay que intentar oír la luz todos los días. Si no la escuchamos nunca padeceremos la sordera peor, que es la de estar muertos. Todo lo que en la vida es vida verdadera es también oír la luz, y no metafóricamente, sino de verdad. Esto lo saben bien los niños, aunque no se molesten en hablar de algo tan evidente; también lo saben los adultos que conservan algo de su pureza originaria.


P: Lo que creo ya imposible es sentir ese “silencio universal, profundo, / y una calma tan grande como nuestro deseo / de que no acabe nunca esta quietud”.
R: El ruido (procedente del entorno o de nuestro propio interior) es para mí una de las cosas más insoportables. Nos impide el diálogo con nosotros mismos y con el mundo. No es fácil encontrarlo, pero hay que intentar como sea llegar a él, pues de lo contrario se hace difícil o imposible cualquier asunto relacionado con el espíritu.

P: ¿Qué tiene el Puerto de Mazarrón, lugar en el veraneas, que no tengan otros lugares?
R: Toda esta bahía (desde la que, por cierto, estoy respondiendo al cuestionario que me enviaste) debió de ser un lugar bellísimo en otro tiempo. Hoy, urbanísticamente, es un disparate más de los que se fueron cometiendo en España en los años de la especulación salvaje del ladrillo. Hay que hacer abstracción de muchas cosas para borrar todo lo que en este sitio sobra y quedarse sólo con el mar, el cielo y el cerco de montañas volcánicas que ciñen la costa. Hace veinte años que vengo aquí (y no sólo en verano; también a veces en pleno invierno), y he de decir que, a pesar de los destrozos a los que me he referido, ha sido siempre para mí un lugar mágico. Desde La vida en adelante, prácticamente toda mi obra poética la he ido escribiendo en Puerto de Mazarrón. Consigo retirarme por completo del mundo en estos lugares y, sobre todo en los últimos cinco años, he tenido la suerte de escribir en el hondo sosiego que aquí me rodea muchos poemas en breves períodos de gran concentración. En la ciudad, después, los voy corrigiendo despacio. Los poemas, aquí, se escriben milagrosamente, sin esfuerzo ninguno, como en un sueño. Pero no lo digas mucho por ahí, no vaya a ser que a todos los poetas se les ocurra comprarse un apartamento en Puerto de Mazarrón y se ponga esto imposible.


P: Comentabas en una entrevista que leí hace un tiempo que en los últimos años eras un poeta más lento. Pero no lo parece así si tenemos en cuenta tus publicaciones últimas. Sólo hay tres años entre La certeza y Oír la luz, mientras que entre éste y La vida pasaron nueve.
R: No sé si estará bien recogido en la entrevista a que te refieres lo que quise decir. Yo no he sido nunca un poeta de mucho escribir ni de ponerme a trabajar todos los días. Pero aún así, al principio publicaba mis libros con regularidad aceptable. Luego me fui ralentizando y, sí, llevas razón: entre La vida y La certeza casi me eternicé. Pero como te he dicho antes, en los últimos cinco años me ha ocurrido algo que nunca me había pasado y que no sé si me volverá a suceder, que es el escribir muchos poemas en períodos muy cortos (de uno o dos meses a lo sumo). En unas cuantas tacadas de estas he escrito mis últimos libros publicados y otro que tengo muy avanzado. Estas breves temporadas a las que me refiero han sido para mí los momentos más intensos e inolvidables de mi vida de creador, un regalo del cielo, y no me cabe en el pecho la gratitud cuando hablo de ellos.


P: ¿No corre un grave peligro el poeta, el escritor en general, de perder a sus seres queridos cuando decide emprender ese viaje azaroso que debe llevar a cabo en busca de “extrañas maravillas que nadie ha visto antes”, como dices en un verso de tu libro.
R: Si las personas que están en el círculo íntimo del escritor entienden y valoran su labor no existe ese riesgo. No hay más remedio que apartarse. El escribir no es una tarea que pueda realizarse en equipo o tomándose unas cervezas por ahí con los amigos. Es preciso hacer completamente solo el viaje al que te refieres. Sin mucha soledad no hay creador que valga.


P: ¿Usas mucho la papelera? Te lo pregunto porque Blanca Andreu, en una entrevista para la revista Ágora, nos decía que publicar un libro al año a toda costa para estar en candelero va en detrimento de la obra.
R: Sí, la utilizo, pero, más que la papelera usual, lo verdaderamente importante (e incluso ecológico, pues ahorra mucho papel) es usar una papelera que cada escritor debe llevar dentro de sí. Mientras que no tengamos una emoción verdadera en todo nuestro ser y una necesidad imperiosa de expresarla no hay ni siquiera que coger el bolígrafo. Sólo debemos escribir cuando no podamos no hacerlo, es decir, cuando es el poema mismo el que manda, el que se presenta ante ti y comienza a decirse a sí mismo, valiéndose del poeta como hilo conductor para llegar al papel.


P: Haruki Murakami dijo una vez que escribir novela es un reto y escribir cuentos un placer, que es la diferencia que hay entre plantar un bosque o plantar un jardín. ¿Qué es entonces escribir poesía?
R: A mí, con permiso de Murakami, me parece que todo es lo mismo, e igual de milagroso y difícil todo. Un cuento, una novela, un poema, un cuadro, una sonata, si son verdaderos, son exactamente la misma cosa, vienen del mismo sitio y van al mismo lugar, aunque utilicen distintos caminos y medios diversos. Todo lo que no está traspasado de poesía (en el sentido griego del término) no vale para nada ni tiene que ver con la creación auténtica. La poesía y cada una de las otras formas artísticas son siempre el resultado del asombro del ser humano ante el mundo y del deseo vehemente y puro de expresar de una u otra forma las emociones que tal asombro le produce. Todo lo demás son jueguecitos o simples ganas de hablar.


P: Esta pregunta la suelo plantear a casi todos los poetas que entrevisto. En el mundo de las prisas, del iPhone, del cambio climático, de la pandemia por H1N1, ¿qué sentido tiene la poesía?
R: El de siempre: dar alegría, emoción y consuelo al corazón del hombre. Nadie puede vivir ni un solo día sin algo de poesía. Esa poesía no escrita, pero que está en el corazón de todos los seres humanos, es la que da verdadero sentido a la poesía escrita, la que hace que el buen poema escrito sea algo importante y memorable, patrimonio común de todos los hombres, en el que todos nos deleitamos y nos reconocemos, y no una mera ocurrencia o un pasatiempo.


P: Y como esta sección se llama “Hablando de Libros”, ¿cómo ve el futuro de los mismos el profesor de literatura española que tú también eres?
R: Como ha ocurrido en el pasado, el libro se irá adecuando en el futuro a las circunstancias de cada momento. Qué más da que un poema, una novela o lo que sea lleguen a nuestras manos en un papiro, en un pergamino, en un papel o en una pantalla electrónica. Cada época tiene su manera de entender el libro, que ha ido evolucionando constantemente desde sus orígenes; no creo que pese sobre él ninguna amenaza importante.


Ha sido un enorme placer charlar contigo. Muchas gracias.

domingo 25 de octubre de 2009

Joaquín Marías Corbalán Corbalán nos desvela los secretos de su estación de silencios


Joaquín Marías Corbalán Corbalán, Alguazas, 1952, chofer de profesión, Ha publicado Donde duermen las palabras, 2005. Cuenta que descubrió la poesía por casualidad, o ella le descubrió a él, cuando un libro le cayó sobre la cabeza mientras buscaba otro. Fue un poemario de Antonio Machado y, desde entonces, no ha podido dejarla.

Le entrevistamos por su último poemario, La estación de los silencios.

Una entrevista de Francisco Javier Illán Vivas
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Pregunta.- Cuando comenté su anterior libro, Donde duermen las palabras, no existía la sección Hablando de libros, y no tuve ocasión de que nos hablase de ese “accidente casero” que le hizo encontrarse con la poesía. Háblenos ahora de él.
Respuesta.- Ciertamente fue así. El armario donde guardaban algunos viejos libros en casa de mis padres, era demasiado alto para mis diez años. Alzándome sobre los pies, intenté alcanzar a Poe con las puntas de los dedos, pero allí estaba don Antonio Machado para impedirlo de una manera muy peculiar, cayendo sobre mi cabeza, afortunadamente para mí no fue el Quijote.
Pensé que aquel atrevido desconocido, quería ser leído antes que don Edgar ¿tendría algo importante que decirme?
Nunca hago oídos sordos a los susurros del destino.


P.- Hay poetas que publican un libro al año, otros incluso varios al año, pero usted es un poeta tranquilo. Han pasado varios años desde su anterior poemario al que nos ocupa, La estación de los silencios.
R.- Yo soy conductor de transporte internacional. Este trabajo deja poco tiempo para las aficiones y relaciones sociales.
Tengo varios poemarios terminados, los dejo madurar antes de publicarlos.


P. Un libro que tiene mucho de usted, de su familia, de sus amigos. Y donde se atreve con aspectos muy personales. Sirva como ejemplo el poema Te desnudas.
R.- Algunas personas me dicen que se sienten identificadas con mis poemas.
No escribo sobre temas concretos, pero la mayoría de ellos están inspirados en vivencias propias, en lo que me cuentan y en el discurrir cotidiano.
Basta sentarse en la terraza de cualquier bar y mirar pasar la vida, dejarse arrastrar por esa corriente que no para. Las historias acuden solas, sin llamarlas.
Ciertamente algunos poemas son muy personales, pero no por ello extraños o lejanos a los demás.
En cierta ocasión, una señora me pregunto:
-¿De donde sacas todas esas historias?
Le contesté.
-Las busco en el interior de mi mismo, cada uno de nosotros llevamos dentro toda una biblioteca repleta de historias. Solo hay que saber… Contarlas.


P. Me gustaría que nos hablase de los silencios y de las soledades, tan presentes en su poesía.
R.-La poesía es un fiel reflejo del alma de quien la escribe, es el cántico interior que se expande al exterior; que no quiere estar oculto en un mundo paralelo.
Para mi, es en definitiva, la llamada del subconsciente, el lenguaje místico de los iniciados. La otra verdad que surge como un manantial incontenible.
Quizás por mi tendencia a la soledad, tal vez por la naturaleza de mi trabajo de forzados silencios, estas dos… Vamos a llamarles maneras de ser, a fuerza de ser cotidianas crean hábito. Es por eso que son mis compañeras de viaje y salen tanto a relucir en mi poesía, soledad y silencio.
Decía don Antonio Machado, “el hombre que habla solo, aspira algún día ha hablar con Dios”.
Pienso que todos deberíamos algún día practicar su gracia, es una buena medicina para el alma, los místicos de todos los tiempos lo hicieron.


P.- ¿Cómo es el proceso creativo de Joaquín Marías? ¿Cuándo y dónde escribe?
R.-Buena pregunta. Puedo estar una hora frente a un papel en blanco y no escribir nada, otras veces voy conduciendo y aparece la caprichosa musa.

Suelo hacerlo al atardecer, si es en el camión, busco un lugar tranquilo, a ser posible con árboles o cerca de algún río, o en mi despacho, siempre al declinar la tarde.
Enciendo una vela, me hipnotiza su mansa llama, prefiero los días de lluvia, me motivan, me dejo seducir por su dulce monotonía. Otoño es la estación sublime, especialmente el mágico Septiembre, me envuelve con su melancolía, evoca quietud, languidez, el final de una etapa. Septiembre, divide mi alma en mil jirones que se expanden y atrapan a los sueños que huyen a su refugio de invierno.
Tengo un libro de narrativa y estoy terminando otro de historias fantásticas, con ellos no necesito este ambiente, escribo sin más.
Para hacer poesía necesito estar bien conmigo mismo, preciso de este estado emocional. Recreo un ambiente anímico y solitario. Es el pacto inviolable con la musa.


P. Suelo repetir una pregunta a todos los poetas que entrevisto. Usted nos dice en su libro que necesitamos la poesía, tanto como la risa o la música. La necesitamos, para asegurarnos de que aún no hemos perdido del todo nuestras alas, de que aún es posible volar. ¿De verdad lo siente así en un mundo amenazado de muerte por el cambio climático, sumergido en una crisis económica que ha echado del mercado laboral a más de cuatro millones de personas sólo en España, donde se talan las selvas vírgenes para plantar biocombustibles en vez de alimento para los seres humanos? ¿De verdad tiene sentido la poesía en el mundo actual?
R.- Voy a arriesgarme a que me tache de incauto o visionario al decirle lo que sigue. En todas las religiones que han existido a lo largo de todos los tiempos, ni una sola de todas ellas, deja de hablar de fe y de esperanza.
Por mucho mal que el hombre haga al planeta y al hombre mismo, jamás podrá acabar con la fe y la esperanza. En el campo de exterminio nazi de Auschwitz en Polonia, un judío le dijo al alemán que iba a matarle:
-Podrás acabar con mi cuerpo, pero mi fe sobrevivirá con mi alma.
Las alas a las que aludo, son esa fe. Y la esperanza… Volar hacia un mundo mejor. Tenga por seguro que todos volaremos, aun a nuestro pesar.
No estamos solos en el universo, sería absurdo, somos los hermanos pequeños y estamos haciendo trastadas. El gran Padre Azul no permitirá que sus hijos pequeños destruyan su creación, ya han jugado lo suficiente. El tiempo ha llegado.
Esto es la poesía, la lengua mística de los iniciados de la que le hablaba antes.


P.: Esta también es una pregunta ya clásica en mis entrevistas. El conocido escritor japonés Haruki Murakami dijo que escribir novela es un reto, escribir cuentos un placer, que es la diferencia entre plantar un bosque o plantar un jardín. ¿Qué es entonces escribir poesía?
R.- Una pregunta complicada de contestar con palabras. ¿Qué expresa una mirada, que es el amor, y el instinto?
Escribir poesía es una necesidad. Es poner con letras en un papel la parte visible de lo invisible, expresar por escrito lo que sientes oliendo una flor. Es dibujar el alma de un niño, darle un beso al viento que no ves. Es escuchar la canción del silencio, descifrar el secreto de la noche, es… Descubrir la luz en los ojos de un anciano, dormir sobre una nube y no caerte, es pasear bajo la lluvia sin mojarte. Es crear vida donde hay muerte, aislarte del tiempo, hacerte invisible.


P.: Y como esta sección se llama Hablando de Libros, el futuro de los mismos, ¿cómo lo ve?
R.- El cine, cuenta una historia con personajes ya definidos, con paisajes ya creados, sin dejar lugar a nuestra imaginación, acota la posibilidad de que improvisemos. Todo está hecho.
El libro digital es cómodo y practico, eso si, pero además de la imaginación y el sentido de la vista, jamás sentirás el placer de tenerlo entre las manos y sentarte a leerlo debajo de un árbol del jardín. La dulce sensación de acariciar sus tapas, de oler sus páginas, de pasar las hojas que quizás alguien pasó antes que tú, en otro momento y con que sensaciones, poner caras propias a los personajes, recrear colores y escenas, paisajes y momentos. Introducirte dentro del mundo que imaginó su autor.
Nuestros antepasados, guardaban sus recuerdos y sus historias junto con sus secretos en ellos.
Los libros son sagrados, mágicos, están hechos de algo vivo, papel-madera-árbol.
No desaparecerán, nos acompañan desde que el hombre aprendió a escribir.


Muchas gracias.

domingo 18 de octubre de 2009

Francisco Gijón nos cuenta los secretos de Nicea


Francisco Gijón, Madrid 1973, es historiador y reside actualmente en Cartagena.

Antes de dedicarse por completo a la escritura ha desempeñado multitud de oficios, pero con la creación de El secreto de Nicea ha aunado sus tres grandes pasiones: la literatura, la historia y los viajes.

Una entrevista de Francisco Javier Illán Vivas.
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Pregunta.- El secreto de Nicea es la primera novela de Francisco Gijón (no descubriremos quien se esconde tras ese heterónimo) historiador madrileño que reside en Cartagena. Tal vez por eso la primera pregunta deba ser ¿qué hace un historiador en un sitio como este?
Respuesta.- Cartagena es una de las ciudades más antiguas del Mundo, de las pocas que quedan que conservan su pasado. Tiene siete colinas, al igual que Roma, tiene mar, buen clima…. Y lo que es más importante: soy cartagenero de adopción. Aquí es donde trabaja mi mujer que, como decía Ortega y Gasset, “es la labradora de mi alma”. Ella es de Cartagena.


P.- Situemos al lector, ¿qué es Nicea o dónde se encuentra?
R.- Actualmente creo que se llama Iznik y está en Turquía. En los tiempos del Concilio a que hace referencia la novela era una importante ciudad de Asia Menor muy próxima a Constantinopla, capital del Imperio Romano de Oriente.


P.- Lo primero que deseo decirle, y que hablemos sobre ello, es que su novela, sobre todo en lo referente a las Cartas de Atilio, me ha parecido un hermoso canto a la juventud (Pág. 66), al paso del tiempo (Pág. 50 y 61, por ejemplo), al amor (bellísimo fragmento en la página 66), con momentos de verdadera poesía que he ido subrayando a lo largo del texto.
R.- Muchas gracias. Es que Lucio Atilio es una persona muy sensible que no deja de reflexionar sobre todo aquello que hace que merezca la pena estar en este mundo. Supongo que todos nosotros tenemos nuestras nostalgias sobre tiempos pasados, la niñez especialmente, y, conforme vamos cumpliendo canas, reflexionamos sobre la juventud perdida… ¿perdida?. ¿Es la juventud algo que se pierde?. Tal vez no. Pero fíjate que en el fondo Atilio, tan nostálgico él, vive el momento y lo disfruta. Huye del dolor, sí, pero no para retroceder sino para avanzar hacia el futuro. En el fondo es como un niño: los niños no tienen pasado ni futuro, por eso gozan del presente. Pero la edad trae nostalgias inevitables…


P.- Además, en esas cartas conoceremos muchas de las vicisitudes de los reinados de Augusto, Tiberio y Calígua, con personajes secundarios muy destacados, como Livia, Sejano, Herodes Antipas, Poncio Pilato...
R.- La idea original era reflejar cómo era la vida política de la alta sociedad europea de la época. En el siglo I estamos por primera vez ante un mundo globalizado que gira en torno al Mediterráneo, comparte la misma moneda, el mismo idioma, las mismas leyes… pero también los mismos problemas: inflación, paro, inmigración ilegal, luchas por el poder… ¿Cómo eran estas personas y cómo se relacionaban entre ellas?. Por eso la narración es tan coral.


P.- Dígame, ¿tenía Augusto un andar de pies abiertos, como un pato con canilleras, los hombros caídos... pareciendo un ganso junto a Livia?
R.- Pues según cuenta Suetonio parece que sí. Era un tipo un poco tosco y, como diríamos hoy, muy campechano. Un tío simpático en su madurez pero un trepa en su juventud. No era amigo del despilfarro ni de los grandes lujos, se emborrachaba como cualquier otro y su hobby era cultivar su propio huerto en el palacio y cuidar de sus plantitas de jardín. No era nada viajero y siempre que pudo se escaqueó de cumplir con sus obligaciones como militar (a pesar de haber participado activamente en las Guerras Cántabras, lo cierto es que delegó en sus generales y él se pasó más de la mitad del tiempo en un balneario de los Pirineos mientras su hijastro Tiberio se moría de frío en Asturias).
Livia en cambio procedía de una familia de las que hoy diríamos “de rancio abolengo”, y eso se notaba en sus maneras, tenía clase sin duda, y ella lo sabía y se lo dejaba claro a todo el mundo (incluido su marido).
De todos modos, los andares de Augusto también podían ser fruto de su mala salud. Tal vez tenía artrosis, reuma o problemas de espalda, tan comunes en la época.


P.- ¿Y Livia? ¿Realmente era tan malísima como usted la describe, sobre todo en la página 88, esa cruel conversación mientras envenena a su esposo, Augusto?
R.- Bueno, yo siempre parto de la idea de que cuando alguien se convierte en poderoso es porque algo malo habrá hecho en su vida. La política no conoce hombres buenos (es un hecho histórico y podría ponerte ejemplos de casi cualquier siglo: en el origen de todas las fortunas siempre encontraremos cosas que nos harán temblar). Livia era ante todo ambiciosa y muy consciente de su estirpe. Los escritores de la época, incluidos los afectos, la describen así. Todos tenemos en la mente la Livia del “Yo, Claudio” de Robert Graves, que no es sino un plagio maravilloso de la “Vida de los doce Césares” de Suetonio. Para saber si era o no así tenemos que olvidarnos de las fuentes y, haciendo uso de la historiografía, rebuscar entre los indicios: durante el ejercicio de su vida pública tuvo una serie de comportamientos que dejan poco lugar a cualquier duda. Además está el curioso hecho de las muertes de todos los herederos de Augusto por enfermedad, accidente o envenenamiento… hasta que el heredero fue su hijo natural. Entonces ya se dejaron de morir todos (menos Augusto) y la familia Julio-Claudia gozó de unos años de buena salud que le dieron cierta estabilidad al Imperio, todo hay que decirlo.


P.- Sobre Herodías, Atilio dice que es de esas mujeres que no dudan ni por un instante en utilizar sus encantos para causar todo el daño posible a los hombres que las rodean.
R.- ¿Qué otra cosa podía hacer?. En el “Color Púrpura” hay una frase que me llegó al alma; decía así: “Eres mujer, negra y fea… ¿qué esperas conseguir?”. Terrible, ¿verdad?. En un mundo de hombres, hecho por hombres y gestionado por hombres, la que quería tener poder más le valía ser atractiva. Mujeres inteligentes siempre han abundado (más que los hombres), pero ellas han sido muy conscientes de que para “influir” debían primero ocupar el lecho adecuado. Ya lo decía Mika Waltari en “Sinué el Egipcio”: “los hombres siempre pensáis mucho, pero siempre acabáis decidiendo con esa minúscula cosa que os cuelga ahí abajo”. Personalmente opino que Herodías era una mujer fascinante, a la altura de Livia o de Cleopatra, pero la Historia no la ha recordado igual por motivos obvios. Afortunadamente quiero pensar que esa época ha pasado y que ahora las mujeres ya empiezan a ocupar el lugar que nunca deberían haber perdido (porque el origen de la civilización está en el matriarcado y no en el patriarcado, no lo olvidemos).


P.- ¿Octavio, cuando todavía no era nadie, se la chupaba a Julio César? ¿Así ascendió a las altas jerarquía del gobierno de Roma?
R.- Je, je. Bueno, aquí entramos en el escabroso terreno de las opiniones historiográficas. Lo cierto es que Octaviano (Augusto) era sobrino de Julio César por parte de hermana. Julio lo adoptó y le dio su cognomen (en aquella época podías adoptar a cualquiera, incluso a alguien mayor que tú, convertirlo en tu hijo y, por extensión, en tu heredero) y, tras darle el apellido, lo declaró su sucesor (para disgusto de Marco Antonio, al que casi le da un patatús). Pero es que Octaviano no era tampoco hijo natural de su padre biológico, sino adoptado a su vez. Dicho de otro modo: que no sabemos a ciencia cierta de donde sale este hombre en realidad. En cuestión de árboles genealógicos es más seguro andarse por las ramas que atenerse a las raíces, y eso fue lo que él hizo meticulosamente.
Cuando al final de su vida escribió sus memorias, idealizó tanto sobre sus orígenes que llegó a afirmar que era fruto del amor de su madre virgen con un dios (¿Júpiter?) que, en forma de serpiente, había yacido enroscado a ella durante toda una noche. Ahí nació la idea de recurrir a la madre virginal para glorificar todavía más a los personajes a los que se quería idealizar.
Ningún historiador ha dado hasta la fecha un referente claro sobre el origen de este señor ni ha encontrado justificación lógica para que César lo prefiriese a él antes que a Marco Antonio para sucederle, como esperaba todo el mundo. Lo que sí sabemos (y está muy documentado) es que Julio César, además de inteligente, valiente e intelectual, era un pillín que se lo pasaba en grande (“el marido de todas las mujeres y la mujer de todos los maridos”, que decía el poeta). Que Augusto hubiese sido un amante de César no es ningún disparate (aunque no lo sabemos) y, si comparamos la edad de uno y otro, cuadra bastante. Pero vaya usted a saber, la envidia es muy mala.


P.- Las citadas Cartas de Atilio tienen también importantes mensajes, que pueden ser muy actuales, no sólo por el contenido en la página 58 y que destaco en mi comentario sobre su novela, sino por este, de la página 199: el hombre sin principios encontrará siempre que la primera idea que se le ocurra se le subirá a la cabeza como el vino a un abstemio.
R.- Los tiempos cambian, pero las personas somos las mismas. El ser humano moderno tiene 35.000 años. Los dos mil últimos no son nada en comparación. Piensa que la historia no la escriben quienes vencen, sino que quienes vencen en la historia son los que se cuidan muy mucho de borrar lo que no les interesa. La Humanidad ha ido avanzando conforme la voluntad ha ido venciendo al miedo, por eso la Historia ha consistido siempre en dos pasos hacia delante y uno hacia atrás y nos ha costado tanto desde la Antigüedad Clásica llegar a los Derechos del Hombre o a la igualdad de la mujer. Somos lentos, muy lentos como especie, para lo inteligentes que creemos ser.


P.- ¿Sólo el hombre libre es dichoso y solo es libre quien nada espera y nada teme? (Pág. 254).
R.- Totalmente de acuerdo. La libertad es un hecho intelectual, no depende de la riqueza ni del poder. ¿Qué es la riqueza?: nada si no se gasta y aún menos si se malgasta. Opino que el hombre más peligroso es aquel que tiene miedo y que la ignorancia es la peor de las enfermedades. He conocido pocos hombres libres, pero muy dichosos todos ellos… y ninguno era un ignorante.


P.- No me resigno a preguntarle, ¿cuánto de Atilio hay en Francisco Gijón?
R.- Je, je, je. ¡Ay que ver…!. Francisco Gijón también es un personaje a su manera. Todos somos personajes. Pero con el corazón en la mano te diré que Atilio y yo tenemos en común la nostalgia de “un mundo todavía intacto, cuando todo era nuevo y el cielo reciente y cada cual vivía en una casa en el centro de un huerto sin vallar” (pag. 37). El ser humano ha complicado mucho la vida, se ha vuelto soberbio y… vacío. Atilio es un señor que ha conocido gente de todo tipo, alguna importantísima, pero que no renuncia a su esencia. En ese sentido yo soy igual y creo que en el postrer momento (última página de la novela) mis reflexiones no irían muy desencaminadas de las suyas. Al menos aspiro a eso.


P.- Intercalados entre las lecturas que el Emperador Claudio, ¿o debería decir el Príncipe Claudio?, hace de las cartas de su amigo Lucio Atilio Cretense, hay momentos históricos, que se inician con el encuentro entre Constantino y su cuñado Licinio, siempre alrededor de las Cartas. Al final de la novela, usted nos cuenta, en una extensa nota de autor, los pormenores de todos esos momentos históricos. Pero, ¿se sintió realmente Constantino un elegido?
R.- Total y absolutamente. No un elegido, sino EL ELEGIDO. Y actuó como tal, vaya que si lo hizo. En cuanto a la primera pregunta, tenemos la tendencia a llamar “emperadores” a los “príncipes”. En realidad el imperium era una especie de permiso senatorial que les daban a los príncipes para que gestionasen a sus anchas los dominios de Roma. Se trataba de una monarquía encubierta, disfrazada de república. Fíjate que Tiberio rechazó el título de emperador y se quedó con el mucho más republicano de Príncipe (primun inter pares, o sea, el primero de los iguales, el senador máximo por así decir).


P.- Hace pocos meses leí la novela histórica de mi amigo Jesús Caudevilla, sobre el Papa Pedro Martínez de Luna, Benedicto XIII. ¿Hay en su novela un acto de reivindicación de este personaje: “hasta cuatro pontífices ha tenido simultáneamente la cristiandad por culpa de la obcecación política de quienes gobiernan Europa... Pero yo era el único de todos ellos elegido en un cónclave legal por cardenales legítimos”?
R.- Bueno. Yo tengo la suerte de venir de una familia agnóstica, por lo que he tenido la posibilidad de adentrarme en la historia de la Iglesia Católica desde un punto de vista muy objetivo y distante. Lo cierto es que el Papa Luna fue el último legítimamente elegido por los cardenales. Aunque la costumbre se recuperó después, los siguientes papas ya venían pervertidos por una previa selección política. Según yo lo veo, Pedro Martínez de Luna fue el último Papa genuino. Para más información te recomiendo la novela “El Papa del Mar” de Vicente Blasco Ibáñez.


P.- Pone usted en boca de Pío VII estas palabras que me gustaría comentase, si es posible: lo que darían los padres dominicos por estar en mi lugar ahora mismo (Pág. 146).
R.- Los dominicos conformaban el grueso de la Inquisición. Aunque hay mucha leyenda negra sobre esta organización y sería farragoso entrar en detalles, si mal no recuerdo el fragmento al que te refieres es cuando Pío VII está a punto de tirar a la chimenea encendida unos papeles y quemarlos para siempre. La historia de la Iglesia es la historia de los libros y documentos que ha ido quemando (u ocultando) a lo largo de dieciséis siglos. También es la historia de los que ha ido falsificando, como la Donación de Constantino.


P.- ¿Fue Jesús de Nazaret un agente al servicio de Herodes Antipas?
R.- La verdad es que cuando tuve que documentarme sobre Jesús era tan ignorante sobre el personaje (jamás me había interesado lo más mínimo) que hasta dudaba de su existencia (sólo hay un testimonio contemporáneo que lo menciona, una obra del emperador Claudio, que hace referencia a “los disturbios de los seguidores judíos de un tal Jrestos”. Tras mucho indagar me incliné a pensar que Jesús fue un personaje histórico de verdad, pero ni idea de qué papel había jugado en realidad: nadie lo sabe en realidad. Lo de que fuese agente al servicio de Antipas no lo creo en absoluto. Si embargo sí que pienso que estaba más relacionado con los judíos egipcios que con los de lo que muy pronto se llamaría Palestina y me atrevo a opinar que su muerte perjudicó a los Antipas, por eso no quisieron tomar partido en su linchamiento.


P.- Para terminar con el libro, un par de preguntas más, extraídas de su Nota del Autor: incluye en esta novela un guiño irónico, una sátira sobre la literatura que tanto ha proliferado últimamente acerca de exagerados y oscuros secretos ocultos tras la opaca cortina del Vaticano. Y en concreto, lo hace narrando un encuentro en la Capilla Sixtina entre Juan Pablo I, Juan Pablo II y Benedicto XVI, en aquellos momentos, siendo los dos últimos cardenales.
R.- Sí, una coña marinera (y de las gordas) para los amantes de las “teorías de la conspiración” y un guiño para quienes están ya un poco hartos de leer novelas históricas mal documentadas, que se sirven de datos sesgados para hacerle un cacao mental y cultural al lector que no se merece.


P.- La otra es esta: el objetivo de El secreto de Nicea es entretener. Recuerdo un texto de Lin Carter que reivindicaba la única finalidad de entretener en una determinada clase de literatura, y fue criticado por sus colegas como que era hasta cierto punto inmoral que la literatura tuviese ese objetivo.
R.- ¿Ah sí?. Bueno, te contesto con una anécdota que le pasó a mi tío tatarabuelo, el Nobel Jacinto Benavente. Cierto día alguien que no le conocía le preguntó en un tren si le gustaba leer y llegó incluso a recomendarle un libro suyo y él contestó que, cuando quería leer una novela, la escribía. Personalmente yo no me termino un libro que no me entretiene. Si además me aporta algo, lo disfruto mucho. Pero si es un rollo… pues lo dejo; no pasa nada. No creo que la literatura sea un tótem y, aunque hay mucho dandismo en este mundillo, a mí no me da vergüenza admitir que de la indiscutible obra maestra (según los entendidos) ULISES, de James Joyce, no pasé de la página 15. Yo no le puedo discutir el mérito porque no la he soportado y confío ciegamente en gente que sabe muchísimo más que yo… pero para mí resultaba infumable, ¿qué hago?. Se volverá a intentar. Yo no creo que haya que escribir con un fin determinado más allá del entretenimiento, lo que sí que pienso es que hay obras que son literatura y otras que no lo son; pero sobre todo, que nadie está obligado a leerse algo que no le esté gustando. Si alguien se ofende por mi comentario es porque piensa que la novela tiene cierta altura literaria y le estaré muy agradecido por su opinión, que no es que no comparta, sino que no me incumbe.


P.- ¿En qué trabaja ahora la pluma de Francisco Gijón?
R.- Ahora mismo tengo en boxes una novela sobre Napoleón durante su exilio en Santa Elena (sin fecha de publicación para España por el momento) y ayer mismo terminé otra sobre la inauguración del Coliseo en tiempos de Domiciano, o sea de gladiadores, con mucha sangre, mucho bicho y mucha garra (cobre todo garra). Mientras vemos a quién le interesa seguiré con una que tengo a medias sobre el emperador Tiberio.


P.- Anuradha Roy, la escritora hindú, declaró que escribir es al mismo tiempo un regalo y una opresión. Su personaje, Lucio Atilio, dice: nadie que es feliz escribe, como tampoco nace el arte de ningún ser pleno. ¿Así lo ve usted?
R.- Pues la verdad es que no. Para mi es un hobby, una evasión, una necesidad. No escribo por obligación. Soy inmensamente feliz escribiendo y disfruto mucho. Y de opresión nada. Escribir para mí, además de una cosa inevitable, es una mezcla de constancia y técnica, pero a la vez es uno de los pocos oficios que te tiene que gustar mucho para poder hacerlo como es debido.


P.: Haruki Murakami dijo una vez que escribir novela es un reto, escribir cuentos un placer, que es la diferencia entre plantar un bosque o plantar un jardín. ¿Cómo lo ve Francisco Gijón?
R.- Cortázar hizo grandes bosques con sus pequeños jardines, ¿no crees?


P.: Y como esta sección se llama Hablando de Libros, el futuro de los mismos, ¿cómo lo ve el historiador?
R.- A los libros les veo mucho futuro. Creo que los que tienen que estar preocupados son los editores, porque les va a pasar lo mismo que a los de las discográficas y puede que a la vuelta de unos años cada autor tenga su página web y cobre un par de euros por descarga y punto pelota. El truco para que no se pasen las copias sería que cada libro esté dedicado personalmente a su comprador y que el precio sea razonable. Y es que la solución de todas las cosas en esta vida pasa siempre por lo razonable y está supeditado al progreso.



Muchas gracias, ha sido un auténtico placer leer El secreto de Nicea.
Gracias a ti, a mandar.

domingo 11 de octubre de 2009

Rosa Campos Gómez y su relación con la poesía y la pintura


Rosa Campos Gómez nació en Calasparra, pueblo donde se cimentaron sus dos vocaciones: la pintura y la escritura. Vive en Cieza, ciudad en la que desde hace dos extensas décadas le va ofreciendo los mejores materiales para dar forma a estos oficios vocacionales.

Ha publicado el libro de cuentos Tres historias, 2000; trabajos periodísticos de ámbito regional y local y en revistas culturales. También ha publicado trabajos de investigación en arte en varias revistas y catálogos.

Francisco Javier Illán Vivas la entrevista por De luz y de sombra.
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Pregunta.- Usted nació en Calasparra, lugar donde ha manifestado que se cimentaron sus dos vocaciones, la pintura y la escritura; y desde hace más de veinte años vive en Cieza, un lugar idóneo para desarrollarlas.
Respuesta.- Soy de Calasparra, pueblo en el que nací y viví hasta los veintiún años. La hermosa geografía del entorno, los colores del paisaje rural y urbano, así como las ricas tonalidades humanas de su gente me marcaron, me indujeron a la comunicación y empecé a adquirir la costumbre de hacerlo desde el lenguaje escrito y plástico.
En el ambiente familiar era habitual la literatura oral y esta transmisión de acontecimientos lejanos, de leyendas y poesías populares, de canciones, fue fundamental; a través de ella me hice una voraz “lectora auditiva”. Más tarde, la escuela y las buenas maestras que tuve me enseñaron de manera importante, e, indirectamente, a través de sus valoraciones sobre mis trabajos escritos y de dibujo, me indujeron a pensar que lo que hacía podía tener algún valor. Posteriormente se fueron sumando circunstancias adecuadas. Desde los catorce a los veinte años escribí bastante y leí bastante más.
Con tal bagaje vocacional me vine a vivir a Cieza, donde era accesible recibir mucho de lo que necesitaba para desarrollar estas aficiones. Aquí mi trabajo en la pintura ganó terreno, con él llegó el oficio, pero no tardó mucho la escritura en volver a ocupar su espacio, ahora creo que los mantengo en equilibrio.
Me considero una persona con suerte por vivir en dos pueblos murcianos excepcionales. Aquí, la calidad humana de las personas que he conocido, la inquietud cultural en muchos campos y su belleza geográfica hacen de Cieza una gran ciudad. Siento que también es mi pueblo.



P.- Nada más iniciar su libro, De luz y de sombra, nos manifiesta: “cuando escribo, pinto. Cuando pinto, escribo”. Esas palabras me recuerdan las de Horacio: ut pictura pöesis, es decir, un poema es como un cuadro.
R.-Poner en palabras un sentimiento, poner en imágenes lo que se siente. Comunicar en lenguajes que requieren del pensamiento, de la imaginación y de la intuición, es decir de la conexión de mundos interiores entre emisor y receptor. Sí, en este aspecto se puede decir que un poema es como un cuadro.
Pero, volvamos a la cita de Horacio que tuvo un interesante recorrido. Él quería que los poetas crearan como los pintores, que la literatura fuese como una pintura con palabras. La Academia francesa, en el siglo XVIII, entendió esta frase en sentido contrario creyendo que era la pintura la que debía buscar la equiparación con la poesía porque en ésta se daba la expresión clara, la razón que contenía las pasiones. El pensamiento francés era muy importante en toda Europa por lo que fue muy fácil que esta idea se propagara. La poesía, considerada más racional, era la que aportaba el modelo a seguir por la pintura. Sería con Lessing, poeta y pensador de la Ilustración alemana, con quien esto daría un giro importante para las Bellas Artes, viene a decir que la pintura y la poesía pertenecen a dos ámbitos diferenciados y autónomos. Hace una división en dos bloques: Las artes del tiempo y lo invisible (poesía, música y danza) y Las artes del espacio y lo visible ( arquitectura, escultura y pintura).
Son diferentes en procedimientos y en manifestación, eso está claro, no obstante reitero lo dicho, son dos lenguajes que manan de una misma fuente y van en busca de un mismo destino, la comunicación.


P.- Este libro fue editado en mayo de 2005, y formó parte de un Proyecto Siembra. Háblenos de él.
R.- La siembra es algo que requiere de la mano humana y de la naturaleza, es fácil tomarla como alegoría para muchas cosas y en especial para la cultura. Guardo recuerdos de la siembra del arroz, así como de su repostura; de estas dos primeras fases del cultivo del cereal se puede extraer este significado: al igual que se siembra un tallo de almajara en el lugar que la semilla quedó sin germinar la primera vez en la tabla de tierra, se puede seguir el mismo proceso en muchos aspectos de la vida (siempre hay nuevos tiempos, nada está perdido). Creo que la cultura, el conocimiento, son eso, una plantación con renovadas oportunidades de crecer en humanidad. La escritura y la pintura son los terrenos donde puedo sembrar para dar lo mejor de mí, para compartir desde mi parcela. A través de este enfoque, Siembra se convierte en un proyecto que busca el encuentro cultural con el otro, procurando que haya hondura y sencillez en mis palabras escritas. En la pintura busco la comunicación a través de la mirada. Además hay otra parte anexa que es la colaboración con asociaciones que trabajan por la dignidad de los más desfavorecidos; esta colaboración no tiene mayor importancia, está en la línea que mantienen muchas personas anónimas o conocidas y que se basa en contribuir con una parte de su economía a apoyar a entidades que se mueven por la justicia de quienes sufren la injusticia que entre todos generamos o permitimos. En este proyecto va también implícito un componente que considero esencial como es la conciencia ecológica.


P.- Anteriormente, usted había publicado Tres historias, un libro de literatura infantil, que ya mostraba su solidaridad con ONG´s, en este caso, fue con la Asociación Amigos del Pueblo Saharaui.
R.- La economía de esta asociación a la que pertenezco, en Cieza, estaba sin fondos por esa época y era necesario realizar algunas acciones para ayudar a este pueblo. Por mi parte decidí colaborar con Tres historias. Este libro reúne tres cuentos, uno de ellos fue escrito y representado para y por los alumnos del colegio al que iban mis hijos, y salió bastante bien, lo cual me dio el respaldo necesario para publicarlo. Los comentarios posteriores tanto de niños como de mayores acerca del contenido de los cuentos generaron en mí la suficiente confianza para seguir editando, así, años más tarde saldría De luz y de sombra. He de decir que si bien me habían publicado bastantes trabajos (el primero, en 1979, fue un poema en La verdad, en un apartado titulado “Jóvenes poetas”), esto de sacar a la luz un libro, por pequeño que fuera, era diferente. Supuso correr un riesgo al que ahora estoy muy agradecida.


P.- Volvamos a su libro. Treinta y tres poemas, muchos de ellos muy personales, y un relato final, dedicado a su tierra natal.
R.- Reúne poemas pertenecientes a distintas etapas de mi vida que contienen de alguna manera los conceptos de luz y de sombra, esta última entendida como la que se genera de forma natural en las cosas. Son la destilación unas veces de experiencias, otras de situaciones imaginadas, también de cuestiones sociales que me inquietan.
Se destaca la luz de un objeto por la sombra que ese objeto proyecta en sí mismo y en el espacio donde se ubica; si sólo contáramos con uno de los dos aspectos nos cegaríamos o nos sumiríamos en la oscuridad, con lo que una visión clara de él no sería posible. Sucede en los asuntos del ánimo igual que en las cosas materiales, son aspectos inseparables que nos hacen pisar tierra unas veces para mejorar, otras para reírnos y siempre para valorar la luz, que es el foco central que nos atrae y que permite identificar con más nitidez. Esto también lo podemos observar en la pintura occidental donde la sombra, con sus distintas formas de aplicarla, juega un papel imprescindible para alcanzar ese volumen que nos indica la tercera dimensión de una figura.

Soluna, el relato sobre Calasparra, es como un boceto en palabras y creo, al menos era mi intención cuando surgió, que tiene la espontaneidad que confiere esta faceta del dibujo. El hecho de vivir fuera del pueblo en el que nací y me crié hace que viva con más intensidad la memoria de aquellos años. Reúne algunos recuerdos a primera vista. No es la primera vez que escribo sobre ello, lo hice en varias ocasiones en las colaboraciones que realicé entre los años 1998-2000 en SER-Cieza. Algún día entraré en ellos más extensamente ya que todavía quedan temas sobre los que deseo escribir.


P.- Incluye un extenso poema, que usted titula “Poemas de la mujer alada”, que tengo entendido escribió pensando en la mujer actual.
R.- Así es, en él hablo de un tipo de mujer actual que está creciendo en número. Es la que ha escogido tener alas para volar al espacio que cree mejor para ella en todos los aspectos de la vida que estima como convenientes. Son las mujeres que tropiezan con las dificultades de unos roles sociales impuestos y de una manera de reaccionar prefijada y que, no obstante, han andado los pasos necesarios para seguir ejercitando la actividad de esas alas que han pretendido invalidarles de una u otra manera. No ven al hombre como enemigo, sino como compañero en la tarea de buscar las vías adecuadas de convivencia.
Poemas de la mujer alada es una historia que tiene una estructura singular, dividida en capítulos, como una novela con ritmo poético muy corta, pero que deja espacio a partir del primer verso de cada uno de ellos, para que los lectores, si les apetece, introduzcan su creación particular.
Las mujeres aman la vida, tienen una alta capacidad para comprender y por eso saben perdonar, también levantar la voz cuando hay que hacerlo. Eligen sentir sus emociones, no las asignadas, aunque para ello tengan que restaurar cada vez que sea preciso sus útiles para volar, para seguir su camino.


P.- La portada del libro es de María Antonia Zamorano, al igual que las ilustraciones interiores. Tengo que confesarle que me parecen muy apropiadas al mensaje de cada poema. ¿Cómo llegan a conectar poeta e ilustradora para conseguir ese maridaje?
R.- María Antonia Zamorano es una pintora y escultora ciezana que vive en Madrid, nos conocemos desde hace muchos años. Hemos dialogado sobre cuestiones de interés común y compartimos en muchos aspectos una visión semejante, esto allanó el camino, pero lo importante es que cuando leyó el contenido de De luz y de sombra pasó a ser una lectora que hizo suyo lo que tenía delante. Se puede decir que los dibujos son una interpretación personal del texto que ha sabido expresar muy bien.


P.- Háblenos de su proceso creativo. ¿Cuándo escribe? ¿Qué tiempo dedica a escribir cada día? ¿Dónde lo hace?
R.- Escribo cuando puedo, que no es siempre que quiero. Escribo en el “papel” de la mente (esto sí es a diario y bastante a menudo) más que en el papel material (hay días que se ve el trabajo y otros que está ausente).
Suelo hacerlo en una mesa camilla con bolígrafo y folio, aunque ahora también uso el ordenador y me está siendo fácil acostumbrarse a él.


P.- Para el último trimestre del año esperamos un nuevo libro suyo, donde regresa a la literatura juvenil. ¿Cómo se titulará y qué puede contarnos de él?
R.- Llevará por título Las estrellas concéntricas e irá ilustrado con unos dibujos que he realizado para el tema. Espero que dentro de poco esté en la calle y que podamos comentar más extensamente sobre su contenido. Me gustaría que su lectura llegara a niños y jóvenes de todas las edades. Lo cierto es que he disfrutado haciéndolo y hay ilusión puesta en él.


P.- Literatura juvenil, cuento, poesía, ¿dónde se encuentra más a gusto Rosa Campos Gómez?
R.-Escribir para niños y adolescentes es introducirme de nuevo en aquellos años y actualizarlos, e incluir algo que he aprendido con el tiempo y que puede servir; es cultivar un terreno fresco y agradable por el que me gusta andar. En el cuento hay que seguir un tiempo más medido, te impulsa a combinar varias claves para conseguir un relato que en poco espacio confiera interés; es un terreno que estimula. En la poesía tengo tendencia a abstraerme, su tierra es la que ella quiere y yo me siento bien aquí, dejándome guiar.


P.: Las próximas dos preguntas suelo formulárselas a todos mis entrevistados. Haruki Murakami dijo una vez que escribir novela es un reto, escribir cuentos un placer, que es la diferencia entre plantar un bosque o plantar un jardín. ¿Qué es entonces escribir poesía?
R.- Es dar salida a un mundo emotivo plagado de símbolos que va más allá de lo que podemos expresar ordinariamente. Por seguir con el símil vegetal, creo que es como poseer la capacidad de asombro al mirar la fruta y las flores, saber y sentir que ahí está lo producido, que envuelve el ánimo sin indagar previamente en el porqué del proceso. Y esto es tan válido para quien la escribe como para quien la lee.


P. En el mundo de las prisas, del Blu-Ray, del iPhone, del cambio climático, de un mundo amenazado por una gripe sobre la cual las autoridades sanitarias anuncian miles de muertes sin apenas ruborizarse... ¿qué sentido tiene la poesía?
R.- La poesía es sentimiento a través de la palabra, induce a sentir en el ahora de su lectura. Creo que es un poderoso antídoto contra la adversidad. Su lenguaje es tan hondo que es capaz de penetrar en el interior del ser humano para unir ese algo que hay dentro de cada uno de nosotros que es noble y común.
Luis García Montero en la conferencia que dio hace dos años en el Museo Siyâsa de Cieza habló de la necesidad de esta literatura para remover las conciencias. Lo comparto.
La vida de Marcos Ana (al que escuché en la presentación de sus memorias en el Club Atalaya de Cieza) puede ser un buen referente del sentido que tiene escribir poesía, es un poeta que estuvo casi veintitrés años preso en las cárceles franquistas, allí leyó a otros poetas (creció con ellos), organizó tertulias literarias (extendió este crecimiento) y escribió poesía (por y con todas estas circunstancias se hizo poeta). Sus versos fueron difundidos y editados por otros.
Este hombre que perdió a sus padres de brutal manera, así como sus mejores años (lo encarcelaron cuando contaba diecinueve), en sus memorias tituladas Decidme cómo es un árbol, habla sobre la necesidad de no guardar rencor, de crear un mundo solidario donde todo ser humano viva con dignidad. Es la visión conciliadora de un poeta.
Es importante reseñar todo lo que la actitud de este hombre ha generado: desde La Universidad de Granada se ha lanzado su propuesta de candidatura para el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia 2009, el pleno del Ayuntamiento de Granada (PP, PSOE e IU) ha dado su apoyo, a ellos se están sumando un gran número de instituciones y de personas que de manera individual votan a través de la red en la página habilitada para recoger firmas. La lectura que se puede hacer de todo esto es que la poesía está viva y que incluso es capaz de buscar encuentro político, campo, por otro lado, en el que estamos acostumbrados a ver mucho desencuentro.
La poesía emana de lo que está vivo, es sustancia, y por lo tanto es capaz de convivir y de sobrevivir ante lo que le echen.


P. Escribía Eduardo García que un solo verso feliz puede permanecer durante siglos, mientras toneladas de poemas fallidos se pierden para siempre. ¿No desanima esa realidad al poeta?
R.- Creo que se escribe lo que se necesita o lo que se intuye como válido en un momento determinado, el pensamiento de una vida larga no cabe en ese presente. Más tarde los mismos autores pueden y deben hacer criba, pero el acierto literario lo indicará el tiempo, es decir, el calado en la sensibilidad de los futuros receptores. Está bien que el tiempo, con sus lectores, trabaje, y es justo dejar que así sea.


P.: Y como esta sección se llama Hablando de Libros, el futuro de los mismos, ¿cómo lo ve la pintora?
R.- Un libro es un objeto que encierra mundos visibles para la imaginación, con solo ver su cuerpo ya presagiamos lo que nos puede deparar. Tiene la cualidad de acompañarnos en espacios que no necesiten de energía eléctrica y de ser leídos en la postura que nos sea más cómoda. Es generador de estética además de ética. Tiene vida futura, así lo creo.
La tecnología, por otra parte, nos depara excelentes propuestas que pueden convivir perfectamente con el libro en formato tradicional.


Ha sido un placer charlar con usted.
Un placer compartido. Gracias.

sábado 3 de octubre de 2009

Fulgencio Martínez, un león en busca de su gacela


Fulgencio Martínez (Murcia, 1960) es docente y escritor. Licenciado en filosofía y letras por la Universidad Autónoma de Madrid (UAM). Es autor de los libros de poesía: "Trisagio", "La docta ignorancia", "La baraja de Andrés Acedo" y "Nueve para Alfeo". Fue incluido en la "Antología de Poesía Nueva", seleccionada por Luis Rosales y Hugo Gutiérrez (Vega, 1981). En "Cosas que quedaron a la sombra"( 2006), recogió, a modo de antología ficticia, los libros de poesía no publicados con anterioridad a "León busca gacela. Poemas de séptimo alba (2002-2008)" (Renacimiento, 2009).

Fundó y dirige la revista literaria Ágora y la asociación cultural Taller de Arte Gramático.

Una entrevista de Francisco Javier Illán Vivas.

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Pregunta.- Fulgencio Martínez, Séptimo Alba, Alfeo, Andrés Acedo… Dígame, ¿con quien estoy hablando en este momento?
Respuesta.- Todos esos tipos son lo que yo llamo ortónimos míos, es decir, perspectivas, rostros de un ser innominado que desconozco. Mi verdadero centro existencial, al cual trato de llegar con la poesía, se expresa a través de ellos, por la secreta voz de un ontónimo que aún no sé cómo se llama, ni quién es. En la vida civil, en la cual transcurre esta entrevista, adopto el nombre de Fulgencio Martínez, quien te habla ahora.



P.- ¿Cómo se ponen de acuerdo usted y sus heterónimos para escoger los poemas que deben formar un libro?
R.- Quiero aclarar algo que he tenido claro desde el principio de mi escritura: aunque, por comodidad, desde Pessoa los críticos llaman heterónimos a todo tipo de despersonalizaciones y desdoblamientos del yo poético, ha habido otros casos que para mí son más magistrales, como los complementarios de Antonio Machado, mi maestro. En mi caso, no son heterónimos,
sino ortónimos: no, porque, como he dicho, son perspectivas de un único caso existencial, no tienen una biografía ni una experiencia propia (a diferencia de los heterónimos de Pessoa); por tanto, responden más a los complementarios machadianos, creados en torno a la reflexión sobre la esencial heterogeneidad del ser y la necesidad de comunicación.
Contestando ahora a tu pregunta: a la hora de recoger la poesía de esas voces diferentes, intento que haya en la obra una polifonía bajo la base de un contraste de tonos y un hilo de desarrollo dinámico. A veces, como en “Cosas que quedaron en la sombra”, de un mismo motivo dan versiones distintas dos voces (Alfeo y Alba); también, dentro de la misma voz, hay una evolución psicológica, de tono y temática (caso de Acedo, por ejemplo, desde la amargura cínica a la ironía más templada). De todos modos, las voces no son “puras”, están mutuamente contaminadas; como ocurre en la vida misma. Acedo es la fuente, aunque, como en un poemario inédito que tengo (“Hospital, gozo y laurel”), Séptimo Alba le dispute esa prioridad, y este autor llegue, incluso, de forma casi despectiva, a llamar “heterónimos” a los otros. Así, en el poema “Dedicatoria”:

No he escrito tu nombre
en la dedicatoria de estos poemas
pues, de hacerlo, parecería
que todos mis heterónimos
son tus enamorados,
y estaría celoso.

Dedica este libro Séptimo Alba
a una horquilla del pelo
de su musa anónima.


Como comprenderás, a veces, tengo que restringir un poemario a un solo “autor”. Así en mi último libro: León busca gacela.


P.- Cosas que quedaron en la sombra, en 2006, fue una antología ficticia; León busca gacela, 2009, una antología real. Esto que he leído en la contraportada de su último poemario me lo debe explicar.
R.- Llamé a “Cosas” antología ficticia, sí. Antología ficticia, porque el libro es lo más parecido a una selección de poemas... de libros que no han sido publicados... y que tampoco existen ni han sido escritos como tales libros, o no hay constancia de ello... y de autores que tampoco son reales. En un tour de force, intenté hacer de toda esa ficción una libro unitario y plural y sobre todo, verdadero. Es mi mejor libro, hasta ahora.
En cuanto a “León busca...” no es una antología en absoluto. Es, en todo caso, una dilogía: presenta dos caras del mismo autor, Alba: en una rebelde e intimista, y en otra, desilusionado y, paradójicamente, abierto, incluso poeta cívico-social. La ironía no puede ser más hiriente.


P.- Séptimo Alba desea que su obra esté comprometida con el futuro de la humanidad y del planeta, esta casa que vamos destruyendo sin remedio cada día.

R.- Esta reflexión de Alba apareció ya en el libro “Cosas”, en la sección, en prosa poética, “Presente perfecto”. Luego, la recojo en la poética de Séptimo Alba, que cierra el libro al que venimos refiriéndonos. Me importa aclarar una cosa: las condiciones del mundo actual, a finales de la primera década de siglo XXI, no son las mismas que las que había en torno a la época de la poesía social de los 50 y 60. Más que esos poetas me interesa, incluso, la poesía cívica del siglo XIX, a pesar de distanciarme, de un Quintana, por ejemplo, el concepto lírico. Hoy, pues, la poesía preocupada, comprometida con la justicia y con el futuro, no parte de las mismas premisas y presupuestos, ni ideológicos ni estéticos, de todo lo que hasta hoy se ha llamado poesía cívica o social. ¿Cuáles son esos presupuestos? Diré sólo algunos, decisivos: no hay una verdad, en que la crítica se apoye; ni siquiera una utopía: hay sólo un anhelo,
si quieres llamarlo platónico, de justicia, no para un país (nada de poesía patriótica) ni para una clase social (nada de poesía de partido), y no sólo para los seres humanos actuales, sino para los venideros y para la vida del planeta, víctimas éste de la codicia y el nihilismo de la economía de presa global.


P.- Estos versos: Vienen en cayucos, en galeones, en pateras, en balsas/ como en la America´s Cup de los pobres/…. O estos otros: ya no hay islas desiertas/ sino un litoral y un bosque/ urbanizado, ruidoso; ladrillo/ y campos de tiro y campos de golf, son versos de quien, además de afirmarlo, se compromete.
R.- El compromiso es ético y estético, en mi caso. Esto último no es lo menos difícil.


P.- En el mundo de las prisas, del calentamiento global, de una pandemia que anuncia miles de muertos como lo más natural del mundo, ¿es el compromiso el sentido de la poesía?
R.- Hoy la poesía (al menos, la poesía española, que es la que conozco) está en un laberinto, un laberinto de burbujas de jabón. Mira, ¿tú conoces a algún poeta que lea a César Vallejo? Te dirán: qué premio ha ganado ése; y si, acaso, reviviese y ganase un premio importante, entonces, bueno, se leería su nombre. Quiero decir que vivimos una época de silencio. A pesar de que, casi tanto como hacen los del mundillo del teatro, los poetas se premian entre sí, todos los días de cobro. Nadie lee en serio a nadie. Nadie critica a nadie, en serio. Nadie dice: esto es una mierda, aunque huela bien. En fin,
que a ningún poeta hoy le preocupa la suerte de que lo expulsen de la República. Están, pseudocantores, bien avenidos en su papel de comparseros. Un síntoma: profusión de poemas dedicados, por unos poetas a otros... hasta la náusea... dedicación a modo de guiño o pasaporte con que reconocerse y subir en la capillita.
El compromiso ha de ser, primero, con la autenticidad.


P.- Camino de retorno a la melancolía,/ escribimos la oda de una victoria/ moral, fácil contento para el poeta,/ dura piedra de angustia para el hombre. Dígame, ante el cambio climático, ¿existe la victoria moral?
R.- La poesía, en el mejor de los casos, sólo es una victoria moral. Por desgracia. Pero no es baladí ese logro: el logro de la lucidez, de la autenticidad, el no dejarnos adormecer por las mentiras que se pasan por verdades, el no contentarnos con las etiquetas, que se saldan como esencias; y en fin, el que no nos duerman con cuentos, como dijo León Felipe. Ahora bien, el poeta siente, más íntimo, la inconformidad, la angustia de estar dando pasos en círculo y de perderse en un tiempo sin plenitud.


P.- Francisco Javier Díez de Revenga dijo, respecto a su poesía, que usted fustiga y satiriza el presente.
R.- Es cierto, pero junto a la sátira hay también denuncia. No amo la poesía meramente satírica, que no compromete, y que se hace sólo desde una pretendida superioridad moral.


P.- Pero antes de alcanzar esa fase, la primera parte de León busca gacela, está cargada de nostalgia.
R.- Sí, es la nostalgia de la adolescencia, en que se es intolerante con lo basto y feo del mundo, con los propios defectos y que, como Antígona, creemos que hay un derecho natural a la justicia y
a la felicidad. Curiosamente, cuando se pasa al tiempo real, que llamo “Tiempo de intolerancia”, los papeles están cambiados: ahora el mundo es el intolerante, el que no acepta que seas sino como él quiere cambiarte, no tú mismo; en fin, un tiempo donde hay que negociar. Las “ilusiones” (palabra clave en mi poesía, que recoge ecos de Gil Albert y de Leopaldi), las ilusiones hay que inventarlas, y la nostalgia convertirla en bastón de zahorí, o en bastón de Max Estrella para aporrear conciencias. Importa seguir buscando la gacela: de la poesía, de la justicia, de la verdad de cada uno y la contraria.


P.- Dígame, ¿Cuáles son sus, o vuestras fuentes, vuestros maestros?
R.- ¿Qué es fuente? Todo lo que nos influye o incita a crear, o aquello de donde parte nuestro reconocimiento como creadores....Me gustaría hablar de aquellas fuentes que son compañeros en la misma búsqueda y que así pueden entrar, sin hacer ruido, en diálogo con nosotros. En mi caso, como he dicho antes, Andrés Acedo es la fuente. Es mi “hortónimo” con h. Mi huerto o jardín más íntimo. Maestro de mí, amaestrador de esta (o aquella) fiera. Y citaré, luego, a otros ilustres ilusos
que se sueñan maestros de este ignorante: Venancio Iglesias, Francisco de Quevedo, Pedro Salinas, Antonio Machado, T.S.Eliot, Luis Cernuda, y por encima de todos ellos, la Vox Populi.


P.- ¿Qué ocupa ahora su tiempo creativo?
R.- En pulir una colección de relatos, que escribí hace ya años, y que quisiera publicar este curso.


P.- Fulgencio Martínez es, además de poeta, director de la revista de creación literaria Ágora, papeles de arte gramático, con quince números publicados y otros tantos años de vida.
R.- Ágora es casi un milagro. Es una revista independiente (de instituciones, grupos, editoriales, etc) y se mantiene económicamente por un filo de credulidad. Nació con el propósito de no ser pasto de una capillita, lo que lo llamo: no ser una revista de aprisco, de rebañito: de esas hechas por unos amiguetes para medrar entre y con otros amiguetes. No sólo ha estado, y está abierta a todas las voces de calidad, sino a todos los géneros literarios que encuentran en la poesía su entronque.
La revista hoy pasa por una etapa de ajustes y de redefinición de tareas, pues, aunque se mantiene su vocación de revista de papel, busca otros soportes para abrirse a una mayor difusión.


P.- Revista que desde hace dos años tiene su versión digital. ¿Qué representan las nuevas tecnologías en un campo como el de las revistas literarias?
R.- En principio, una difusión más abierta, incluso inmediato. Pero no deja de tener su lado “estúpido” o ciego el soporte digital. La poesía, que es un hecho de habla, y sólo después es pintura, tuvo que vérsela con el soporte libro y acomodarse a lo visual, sin perder su esencia de habla, de sonido. De alguna forma, acostumbró al ojo lector a pensar, a ser paciente, a valorar y admirar.
Pero ahora, con el medio digital, el ojo vago, rápido, otra vez campea por sus anchas. Y, sobre todo, el ojo espía, el ojo cotilla, el ojo H, el ojo envidioso, el pio-ojo.
En serio, ahora: estamos muy lejos aún de saber en qué parará todo esto de la “literatura digital”.
Se necesitará un tiempo largo de cultura, de selección y adaptación del nuevo lector digital, y esa selección sólo lo harán los contenidos, han de ser éstos -no los medios- los que tengan protagonismo. Por otra parte, como siempre ha sido en la cultura.


P.: Tengo especial interés en conocer su opinión a una pregunta que, últimamente, vengo formulando a mis entrevistados. Verá, el japonés Haruki Murakami dijo que escribir una novela es un reto, escribir cuentos un placer, que es la diferencia entre plantar un bosque o plantar un jardín. Entonces, ¿qué debe ser escribir poesía?
R.- Yo apenas entiendo el lenguaje florido, oriental. Me pasa lo mismo que con el haikú: lo veo como una superficie muy tersa, demasiado, que querrá decir algo, pero qué... no sé. El poeta ha de entrar en el jardín, en esa tersa superficie, y mancharlo, y hacerlo vivo, no sólo pintura, hacerlo viviente, de tres o más dimensiones. Poesía es plantar dudas. Desde un punto de vista que no sea gratuitamente magnitud, extensión creciente, o en todo caso decreciente, hasta llegar al cero, al punto: la poesía sería plantar un punto.


P.: Esta veterana sección de mi bitácora y de vegamediapress.com se llama Hablando de Libros, el futuro de los mismos, ¿cómo lo ve el profesor de literatura?
R.- La comunicación será siempre una búsqueda individual, y los libros, por tanto, serían siempre necesarios. Yo, como profesor, hasta he leído alguno. Tan importante, o más que los libros, es la memoria. Recuerdo el lugar, el momento, la hora y el color del aire que queda asociado con cada libro que leí en mis años de adolescencia y juventud.


Muchas gracias.