lunes, 15 de abril de 2019

Hablamos de Due padrone con Belén Pérez Daza

Pregunta.- ¿Due padrone es una comedia de enredos propia del s. XVIII ambientada en un grupo mafioso de la Italia actual?
Respuesta.- Es una comedia de enredos ambientada en la mafia italiana con la estética del Chicago y los gánsteres de los años 40. 


P.- ¿Por qué inspirarse en Carlo Goldoni?
R.- Porque tanto al leer sus obras como al verlas representadas me llenan de buen humor y de entusiasmo, que es lo que a mí me gusta provocar en mis lectores y espectadores.

P.- ¿El tratamiento del idioma –el italiano- de la ambientación puede tener algo de paródico al modo de La venganza de don Mendo, de Muñoz Seca?
R.- Claro que sí y también este italiano macarrónico que utilizo en algunos momentos en el texto tiene raíces del carnaval gaditano, en donde la influencia italiana, sobre todo veneciana, ha estado muy presente: “gaditanizando” expresiones, terminaciones de palabras o reinventándolas para que sonaran al idioma italiano parodiándolo.


P.- ¿Quién es ese muchacho que sirve a dos amos?
R.- Trufa es un chico de la calle que utiliza su ingenio para sobrevivir. Es nuestro pícaro de toda la vida que juega las cartas según le vienen dadas. Y las sabe jugar muy bien porque es capaz de engañar e improvisar a cada dos palabras que dice. Deja bien sentando que nada sabe porque en el orfanato nunca aprendió aunque sus actos reflejan que la vida le ha enseñado más de lo que podría aprender en cualquier escuela. 


P.- Creemos que hay un personaje femenino en esta obra que te gusta especialmente: ¿Cuál y por qué?
R.- Me encanta la Señora Pastrane. Primero porque en la versión original es un personaje masculino y al cambiarlo a femenino podía jugar con ella de diferentes formas, como conciencia y freno del personaje femenino principal y para enredarla en situaciones amorosas-cómicas con el Capo de los Capos, Don Vitorio. Tienen una relación divertida en la que el poderío varonil y peligroso del mafioso se derrite ante la promesa de un momento sensual hasta las últimas consecuencias. 

P.- ¿Vence el amor, la venganza o al final se impone la picaresca?
R.- Soy una romántica. Vence el amor. Aunque también la picaresca tiene sus momentos y bueno, quizás el final sea una venganza… pero mejor se lo dejamos al lector para que lo compruebe.


P.- Si un director o productor te pide llevar la obra a escena ¿Qué necesidades tendría? ¿Es una obra que puede representar tanto una compañía profesional como un grupo aficionado?
R- Creo que no tendría muchas dificultades y está abierta a la creatividad del propio director. Sí, puede ser representada tanto por una compañía profesional como por un grupo aficionado, y es más, también por grupos juveniles. Creo que puede funcionar en todos los ámbitos.

P.- Eres dramaturga en nómina del grupo Orozú Teatro, Premio Max 2013 de las Artes Escénicas. ¿Qué carácter social tiene este grupo de teatro?
R- Es un grupo ligado a la discapacidad visual y forma parte de un movimiento teatral muy extenso, con muchos años trabajando y con profesionales de primer nivel que promociona y subvenciona la ONCE.

P.- ¿Cuántos años llevas en el mundo del teatro y cuáles han sido tus principales logros?
R.- Podría decir que llevo toda la vida en el teatro. Empecé como actriz a los 14 años en grupos de mi ciudad y casi enseguida empecé a escribir textos. Siempre he escrito mis textos para ser representados, y he ido aprendiendo el oficio a base de confrontarlos con el público, quizás eso es algo que también me acercó a Goldoni.
En cuanto a logros puedo decir que de los casi treinta textos teatrales que he escrito, entre teatro para adultos y teatro infantil, han sido estrenadas más de veinticinco obras. Que las puestas en escena de mis obras por parte de Orozú Teatro han sido premiadas en numerosos certámenes, asistiendo en dos ocasiones al Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro: en el 1999 con “Crónicas y Mojigangas” versión libre sobre textos de Shakespeare y en el 2018 con “Don Volpone” versión libre y descarada del Volpone de Ben Jonson.
Hasta hace bien poco no intenté la publicación de mis textos. Era un sueño, que se convirtió en realidad el año pasado con la edición de “En Black” y este año continua el sueño con la publicación de “Due Padrone”.

lunes, 4 de marzo de 2019

Hablamos de libros con Miguel Ángel de Rus



Miguel Ángel de Rus (Madrid, 1963). Escritor, editor, animador teatral impenitente, presentador y director del programa literario Sexto Continente, de Radio Nacional de España. Su obra literaria, aunque interrumpida o ralentizada por su condición de editor, incluye cuatro novelas, siete libros de relatos, ensayos. Sus relatos han sido recogidos en un gran número de antologías y libros colectivos.

Acaba de publicar 36 maneras de quitarse el sombrero, donde la sátira social es el elemento común de treinta y seis relatos.
Una entrevista de Francisco Javier Illán Vivas.



Pregunta.- Sátira explícita, implacable, así calificada por el académico José María Merino, es ya una tarjeta de presentación que nos invita, sin dilación, a abrir las páginas de su último libro. 

Respuesta.-  La literatura española es en general muy seria y entre realista y naturalista y huye del humor y la sátira porque en España el intelectual debe ser un tipo serio y preferiblemente de voz campanuda. Ya vez que salvo Eduardo Mendoza, no se le perdona a nadie que use el humor, que en los Premio Max de teatro nunca premian una comedia… es un complejo de país que quedó atrasado con respecto a Occidente, Estoy muy agradecido a José María Merino, unos de los autores absolutamente imprescindibles de los últimos 50 años de la literatura española, que afirmara en la presentación que mi obra resucitaba la sátira en España y que era, en resumen, perfecta.  Es una crítica que acaba de publicar afirma “no encontramos en nuestra literatura esa sátira explícita, implacable, que desde la Grecia clásica –Aristófanes o Luciano de Samósata- pasando por Roma encontró en España espacio, desde  el Libro del Buen Amor hasta el esperpento valleinclanesco o Jardiel Poncela y Ramón Gómez de la Serna...” Ponerte en esa lista, aunque seas el más modesto aprendiz de todos esos nombres, es un orgullo y justifica muchos esfuerzos



P.- De todas formas nadie debería extrañarse. En estas mismas páginas comentamos, hace años, Putas de fin de siglo, donde la ironía y la sátira social ya sorprendieron a muchos lectores. (PD: Bastantes años después, la reseña de ese libro sigue siendo la más leída del sitio LCN)

R.-. Putas de fin de siglo fue un libro de sátiras que por alguna razón muchos medios de comunicación consideraron libro erótico cuando era claramente, una sátira de costumbres. Pero mi novela Dinero, mentiras y realismo sucio era por un lado una sátira y por otro lado una crítica de la cultura de masas y de los medios de comunicación; y había sátiras en mis libros de relatos Malditos y Evas. De hecho, al presentar mi libro Donde no llegan los sueños, Joaquín Leguina afirmó que “miguel Ángel de Rus no irá al cielo de la izquierda ni de la derecha, porque su crítica corrosiva llega a todas las ideas y condiciones”. También había relatos satíricos en mi primer libro, Cuentos Irreverentes. Sin duda por una mala influencia de muchas lecturas de clásicos.



P.- Esta forma literaria, propia del siglo de oro de las letras españolas, estaba casi perdida, y nos la ha devuelto a la actualidad. ¿No es usted un quijote luchando contra los molinos erigidos por Zuckerberg? 

R.- Ahora no sólo hay que luchar contra los molinos de Zuckerberg, Larry Page, Sergey Brin, Soros, Angela Merkel o el imperio norteamericano que impone su terror en todo el planeta, sino contra la multitud, convertida en censora con mucho gusto, principales difusores –al mismo tiempo que víctimas- del capitalismo salvaje, del liberalismo de los Chicago Boys. La sátira es necesaria para recordar a las mentes lúcidas que están adormecidas y que hay que luchar contra el fin de la Historia, porque si no lo hacemos nosotros lo harán otros. Y eso, provocando sonrisas y risas en cada relato.



P.- A lo largo de tus 36 maneras…, el lector reirá muchas veces, a mí me ha pasado, incluso en esos esperpénticos pasajes que tanto me han recordado a Valle Inclán.

R.-. José María Merino incidió mucho en esa raigambre Vallinclanesca de mi obra, pero él diferenciaba ambas obras, afirmando que la suya es de carácter histórico y que la mía es la esencia pura de la sátira, un retrato descarnado del momento presente, la mejor forma de que alguien cuando lea sobre nuestra época, sepa cómo fuimos. Es cierto, Valle Inclán en algunas de sus obras deja la esencia del alma hispana, de males atávicos, que serán eternos. Y yo en 36 maneras de quitarse el sombrero hago un retrato divertido ycrítico de nuestra época y de sus modas de pensamiento más risibles.





P.- Ya lo avisa en presentación: «los personajes y hechos que aparecen en este libro son completamente ficticios». Pero,  dígame, ¿son personajes ficticios Soros, Solana, Obama, Allen, Proust y tantos otros cuyos nombres no recuerdas? Pero si el lector va a saber inmediatamente a quien se refiere... 

R.- Esa introducción está destinada al juez, que sepa que hay sólo animus jocandi, ni animus injuriando ni animus doli. Lo aviso para que no quepan dudas. Y esos personajes que aparecen tienen el mismo nombre que los populares, pero no son ellos en persona, sino lo que representan; son ellos como personajes, no como seres de carne y hueso. Es como si utilizas una marioneta y le pones su nombre, los palos no los recibe el individuo, sino la marioneta. Cuando los cito es con todo el respeto, aunque lo que piense sea muchísimo peor de lo que escribo.



P.- Supongo que, gracias a la constancia que deja por escrito sobre que «los textos reunidos en este libro están creados con animus jocandi, jamás con animus injuriandi o animus doli», ha evitado tener que recorrer –esposado- los juzgados de Madrid. 

R.- Mientras no hagas chistes de gitanos en la televisión, o del macho alfalfa y su churri, o de la familia real, no hay peligro. En España la inmensa mayoría de la gente circunscribe su (in)cultura a la tele. Escribir algo en un libro es la mejor manera de dejarlo en secreto.





P.- Los textos que contiene la obra convierten al lector en protagonista anónimo y víctima inocente de todos esos que apunta, me refiero a los que mueven los hilos, en Democracias intervenidas, como parece que las considera a todas. Pero, una duda, ¿sólo las occidentales o también las orientales? 

R.-  En Extraña noche en Linares había alguna victima de la Primavera Árabe y en un libro de relatos que estoy preparando, hay víctimas y victimarios de esa otra parte del mundo. Pero 36 maneras de quitarse el sombrero trata de nosotros, Occidente, y nuestra época.





P.- Luis Alberto de Cuenca, que es un gourmet de la buena literatura, nos recomendó su libro diciendo que es tremendamente ligero. Y esa ligereza, para él, es un elogio, una cualidad superior.  

R.-. Luis Alberto de Cuenca siempre ha sido extremadamente amable con mi obra, ha presentado varios de mis libros, y recomendó encarecidamente 36 maneras de quitarse el sombrero nada más leerlo. Su apoyo y el de José María Merino, que ha dicho maravillas del libro; o el de Carlos Augusto Casas, que afirmó en “Público” que “Miguel Ángel de Rus muestra con sátira acerada el lado más risible de los intelectuales, los políticos, la gente de bien, los verdaderos poderosos y todas las creencias que la sociedad ha acabado por aceptar. De Rus mezcla la crónica negra con el humor negro y la sátira con maestría”; o el de Pedro Pujante que escribió que “36 Maneras de quitarse el sombrero es un libro de nuestro tiempo, que arremete contra todo y contra todos pero con la sutileza y la inteligencia de un Wilde a la española. Encontrará el lector en esta gavilla de cuentos mucho humor y sarcasmo pero también un culto inusitado por la belleza y la cultura”, o el tuyo, hace que este libro lleve el mejor apoyo posible, el de los mejores lectores.





P.- Y, como no podía ser de otra forma, que diría alguno de los personajes, la transgresión política y sexual están tan presentes que, en algunos relatos, casi se confunde, se solapan, son lo mismo. 

R.- La moral, la ética del amor y la sexualidad ha cambiado tanto en el último medio siglo que da mucho juego para la sátira, porque somos todos muy modernos, pero la inmensa mayoría está muy descolocada ante el cambio de modas de pensamiento.





P.- Pasemos a otra sección de la entrevista. Y esto se lo pregunto al escritor, no al editor. ¿Cuándo sabe si un texto que ha escrito es bueno o malo?

R.-  Siempre lo leen varios escritores antes de publicarlo y me marcan todos mi errores; después pasa el filtro de Vera (como le sucedía a Nabokov), que me filtra. Siempre les pido la mayor dureza. Hay textos que quedan en el camino, otros que experimentan un gran cambio. Nunca sé si lo que he escrito es bueno, y por eso pido la máxima dureza a quienes me leen, para arreglar cuanto sea necesario. Creo que ese ejercicio de masoquismo es buena para todos los escritores.



P.- ¿Usa mucho la papelera? Se lo pregunto porque en una anterior entrevista Blanca Andreu nos decía que publicar un libro al año a toda costa para estar en el candelero va en detrimento de la obra, que ella usa mucho la papelera: hay que pensárselo mucho para poner en el papel algo que merezca la pena ser leído.  

R.- La inmensa mayoría de lo que he escrito está en papeleras.



P.- Ha publicado cuatro novelas, y muchos relatos. Haruki Murakami dijo que escribir una novela es un reto, escribir un cuento es un placer, que es la diferencia entre plantar un bosque o plantar un jardín. ¿Le parece que es así?

R.-  Una novela es un amor a largo plazo; y un relato, una pasión breve y contundente. No puedes saber lo que te dejará más huella. Es mi imaginario literario se mezclan Boris Vian, Edmond Rostand, Chejov, Villiers de L’Isle Adam, Choderlos de Laclos o Potocki; lo que es lo mismo, relato, novela, cuento, teatro…





P.- Si, como dijo Cristina Fernández Cubas, «el cuento es algo misterioso y titánico, que va siempre más allá de la extensión que tiene». ¿Cómo acotamos esa gigantez del cuento?

R.-  El cuento es valioso por todas las ideas que te sugiere, por los mundos que te incita a crear a ti como autor. El cuento lo continuas tú después de leerlo.  Hay una novelita breve que es casi un cuento, La Metamorfosis de Kafka, que a mí me ha llevado a imaginar mucho más que la mayoría de las novelas. O el relato el Lobo-hombre, de Boris Vian, una obra que me ha llevado a escribir muchos textos que aún tengo guardados, porque presenta unas implicaciones literarias casi infinitas. Cualquier cuento de Potocki de los que aparecen en El Manuscrito encontrado en Zaragoza es más valioso que la mayoría de novelas que he leído.





P.- ¿Cuál es la diferencia entre un relato y una novela corta? ¿Se lo plantea cuando prepara un libro, por ejemplo, el suyo de Novelas reunidas? ¿Tienen unos límites por arriba o por abajo alguna de estas formas narrativas?

R.-  Mi nouvelle más breve tiene unas 60 páginas, y posee la consistencia interna necesaria para ser una novela. Tengo cuentos de hasta 30 páginas. Se diferencian en que los cuentos te dejan un camino a seguir por tu cuenta, y que las novelas, aunque tengan una final abierto, ya te han contado lo que debías saber.



P.: ¿La buena literatura está hecha por gente desobediente? Permítame en este caso decirlo de otra forma: ¿La buena literatura está hecha por gente irreverente?

R.- He citado en esta conversación unas cuentas obras maestras de la literatura que creo que en su día fueron muy molestas. Lolita de Nsbokov, es un ejemplo de novela prohibida y perseguida. Luces de Bohemia sólo se estrena cuarenta años después de escribirse, y no en España, sino en Francia. Si la sensibilidad media acepta con gusto y sin sentirse ofendida una obra, puedes pensar que no tendrá largo aliento. Creo.





P.- Un entrevistado me contestó en una ocasión que nadie que es feliz escribe, como tampoco nace el arte de ningún ser pleno.

R.- Toda creación viene de la constancia de que hay algo más que no entendemos, que se nos escapa, que hay una diferencias entre el ser, el poder ser y el deber ser. La capacidad de comprender la propia vida nos hace trascendentes de algún modo, y esa trascendencia a quién más incita es al autor.



P.- Esta pregunta puede que deba respondérmela tanto el editor como el autor. En un mundo que tiende a leer cada vez menos. ¿Qué siente cuando lee que el año 2017 se publicaron, según la Agencia del ISBN, 87.292 nuevos títulos?

R.- Como mucho llegarán a un número significativo de lectores una décima parte de esos libros, y ese exceso hará que resulte casi imposible en el futuro saber qué hubo de valioso en nuestra época. La creación cultural es en sí algo elitista y el exceso populista de creer que todo lo escrito es publicable hará que sea compejo encontrar lo más elevado del pensamiento de nuestra época, porque sólo se conoce lo que mueven las grandes industrias culturales, que en su inmensa mayoría es deleznable.



P.- No sólo de letras vive el hombre o la mujer. ¿Dónde podemos encontrar a Miguel Ángel de Rus en la red? ¿Le dedica mucho tiempo?

R.-  En www.miguelangelderus.es ahí pueden encontrar todos mis libros y muchos relatos que pueden leerse antes de comprar el libro. En la web de RTVE pueden encontrarse mis charlas con muchos de los escritores más nutritivos de la época http://www.rtve.es/alacarta/audios/sexto-continente/



P.- Aconséjenos una película. 

R.- Amanece que no es poco; Ninette y un señor de Murcia; Bienvenido Mister Marshall; Senderos de gloria; El gran dictador; Ojos negros; Sostiene Pereira; Cinema Paradiso; Calle Mayor; La última noche de Boris Grushenk, Los hermanos Marx en Casablanca; Irma la dulce



P.- Una obra de teatro. 

R.- La visita de la vieja dama; Luces de Bohemia; El Álbum familiar; Enrique IV; El jardín de los cerezos; Tartufo; Cyrano de Bergerac; Ninette y un señor de Murcia; Tres sombreros de Copa; la versión de Manuscrito encontrado en Zaragoza de Nievas; El Pez gordo… tengo que dejarme docenas de títulos.



P.- Y una canción o un tema musical.

R.- El Réquiem de Mozart (y la manita de Süssmayr). Qué cosas…



P.- Y como hemos visto que no es capaz de aconsejarnos una única cosa, ¿lo es con un libro? 

R.- He propuesto muchos en esta conversación, cualquiera de ellos, o todos. Y los míos, si son ustedes tan amables. O cómprenlos y déjenselos de regalo a sus nietos, por si a ellos les gustan.



Ha sido un placer, muchas gracias, Miguel Ángel.


domingo, 3 de febrero de 2019

Hablamos de libros con Francisco Javier Illán Vivas


1.          


Entrevista a Francisco Javier Illán Vivas sobre su última novela, «Versos envenenados». Una entrevista de Clemen Corbalán, diciembre de 2018.
  


 En tu biografía aparecen novelas «negras» y también poemarios, lo cual pone de manifiesto tu interés por ambas aficiones literarias, en apariencia contradictorias. ¿Ha sido el título Versos envenenados un intento de aunar estos dos extremos?

Para ser exactos, en mi bibliografía aparece una novela negra, la última que me han publicado, a diciembre de 2018. Y es, en efecto, aunque no pretendía serlo, un homenaje a la poesía y a los poetas que han influido en mi vida como lector. También es, en gran medida, un homenaje y reconocimiento a todos los poetas cercanos, en gran parte murcianos, que he tenido el placer de leer y de conocer en estos años.



Y el acierto de la novela, si tenemos en cuenta que ha sido la segunda más vendida durante 2018 de la editorial M.A.R. Editor, ha sido, precisamente, ese: trama policíaca y poesía. Poemas que envenenan mortalmente.



2.             Sin embargo, los poemas y textos de canciones que aparecen a lo largo del libro parecen no tener nada que ver con el desenlace, sino servir más bien como medio de unir a los personajes, ¿o tiene alguna intención oculta esta desconexión aparente, como la de despistar un poco al lector al relacionarlos con el título?

Pues en este aspecto discrepo contigo, si me lo permites. Los textos de las tres canciones que aparecen en la novela (Epitaph, de King Crimson; Welcome to my world, de Elvis Presley; y Nosotros, de Los Panchos) están tan incardinados en la trama de la novela que, si los quitásemos, algunos pasajes no se entenderían; más aún, en las diferentes presentaciones de la novela he insistido en un caso específico: el poema de Gabriela Mistral, La abandonada, en el sentido de que afirmo, si me lo permites, que ella lo escribió para que yo lo reprodujese en un momento clave de la trama de Versos envenenados.



3.      Pues me dejas intrigada, ¿podrías explicar un poco la razón de ese vínculo con el poema de Gabriela Mistral?

Pues que entre ese poema de Gabriela Mistral y yo ha existido una conexión, a través del tiempo, que ha permanecido latente, para que en Versos envenenados se le rindiese homenaje a algo que ella escribió y que ahora, en 2018, debía volver a la actualidad. Y eso es lo que siento con otros poemas que aparecen en el libro, así como con los textos de las canciones. No me cabe la menor duda de que se escribieron para que yo los trajese a la actualidad en esta novela.



4.      Como muy bien se aclara en la nota final, la novela no sigue un orden cronológico.

Bueno, en realidad he preferido lo lógico a lo cronológico, ya que se narran recuerdos de algunos personajes, que se citan y que puede no aparezcan a lo largo de la obra, de manera que no lo hacen cronológicamente, sino que van relatando al escritor lo que recuerdan, avanzando o retrocediendo en el tiempo, hasta que toda la narración se completa; entonces, el lector comprende la verdadera cronología.



5.      Has escogido el escenario de Murcia, muy familiar para nosotros y muy tranquilo, para, digamos, sacar la parte oscura, lo cual acentúa el contraste que se nota en toda la novela. Pero Isco Vivas ¿por alguna razón?

En esta novela he querido disfrutar escribiendo sobre los paisajes que conozco, citando a las personas que conozco, la literatura que he leído, los restaurantes a los que he acudido, etc., como un director de cine busca los exteriores donde se va a desarrollar su película; eso he querido hacer con Versos envenenados. Y he acercado al lector a lugares que, en muchas ocasiones, tiene tan próximos que ni siquiera repara en ellos.

También he tenido que buscar esos exteriores en lugares insospechados, que se conocerán, sobre todo, en mi próxima novela, Asesinato en San Pedro del Pinatar, que va creciendo día a día.



¿Por qué el nombre de Isco Vivas, el personaje masculino principal? Mira, tenía claro que se iba a apellidar Vivas, pues me gusta su sonoridad. Y lo de Isco fue gracias a los amigos y amigas de Facebook, los cuales una mañana, en respuesta a una pregunta que les planteé en mi muro, me propusieron más de veintitantas veces que le llamase así.



6.     ¿Tenías una idea del argumento al empezar a escribir la novela, o te centraste en una situación determinada y, a partir de ahí, fuiste desarrollando la trama?

La novela tiene su punto de arranque en un encuentro fortuito con un grupo que estaba practicando cruising en la pasarela de madera que une la Curva de la Culebra con la playa de la Torre Derribada, en San Pedro del Pinatar.



Ahora que ya ha pasado el año 2018, puedo decir que Versos envenenados tendrá continuación, pues quedan algunos flecos que resolver; en ellos, el encuentro cruising de ese punto del Parque Regional de las Salinas de San Pedro tiene una importancia vital.



7.      ¿Los poemas que escribe Carlos en la novela son tuyos, y la carta de Un hombre desnudo?

En la novela hay un par de poemas bastante malos, que no tienen cita de autor. En efecto, son míos. ¿Que por qué así? Pues porque no es entendible que Carlos, que jamás ha escrito un poema, pueda hacerlo por primera vez y sea de una calidad para ganar el premio nacional de poesía. Todos hemos escrito poemas en nuestra juventud, como cantaba Mari Trini, pero no se puede pensar que ese primer poema será merecedor de pasar a la historia de la poesía.



Un hombre desnudo es un texto mío, un relato que escribí hace años para el portal Escritores en la sombra y que fue elegido por los integrantes del foro como relato del año 2008. Como el sitio cerró, he querido traerlo a la actualidad, recuperarlo, y homenajearlo, si quieres, incluyéndolo en Versos envenenados.



8.     ¿Qué te aporta escribir literatura en cada género? Es decir: en poesía, novela, etc.

Son momentos diferentes de cada día, de cada hora, si quieres. Como la música. Sigo tocando el saxo y la trompeta, aunque menos que hace un año y pico, es cierto; y otras veces me siento ante el ordenador y me pongo a escribir, o cojo un lápiz e intento plasmar algunos versos… Todo aporta un grano de arena creativa al placer de vivir en un lugar tan paradisíaco como San Pedro del Pinatar.



9.     ¿Te consideras un Illán de primera, o un Ángel González de segunda?

Los lectores no van a saber las sonrisas que me ha provocado esta pregunta, pues me retrotrae a hace unos años, cuando nos conocimos; y a aquella pregunta de Ángel González: « ¿Para qué quieres ser un Ángel González de segunda, si puedes ser un Illán Vivas de primera?» No sabría decirte… Creo que soy un Illán Vivas de segunda, y ya no sé si tendré tiempo de llegar a serlo de primera.



10.  Bueno, ser un Illán Vivas ya es ser único, ¿no te parece? ¿Alguno de los libros que has escrito, sea de prosa o de poesía, significa algo especial para ti o te trae recuerdos, buenos o malos, que lo diferencie del resto?

Ya sabes lo que suelo decir en estos casos: todos escribimos sobre quien nos precedió. No sé quién fue el primer escritor totalmente original, supongo que alguno de las cavernas. A partir de él, todos los demás hemos ido escribiendo sobre los cimientos de quienes nos precedieron, de lo que hemos leído, de lo que hemos aprendido leyendo.



Si es así a nivel general, pues imagina a nivel particular. Para mí son especiales casi todos, respuesta que también han dado ya muchos escritores. No soy original tampoco en eso. Pero si debo destacar algún libro te diré que, en poesía, A mi manera; y en novela, la saga de La cólera de Nébulos, en la que estuve inmerso durante unos veinte años. Además, podrás observar que en mis diferentes novelas o poemarios suelo hacer referencia a mis libros anteriores.



11.    Sí, la verdad es que esas menciones ayudan al lector a centrarse en tu estilo. Y además de escritor y crítico literario eres editor, ¿qué nos contarías de esta faceta? ¿Sientes que trabajar en la edición de libros te ha aportado experiencia a la hora de escribir tu propia obra?



He sido editor adjunto gracias a Antonio Galera Gracia, una persona importantísima en mi vida literaria de los últimos años a la que estoy enormemente agradecido, como lo estarán cientos de autores y autoras a los que ha apoyado desinteresadamente para que publicasen su primera obra; un hombre que merecería ser reconocido por su corporación municipal, como se ha hecho con otros de muchísimo menos mérito.



Para mí ha sido positivo ayudar a bastantes escritores a publicar su primer libro y facilitar el camino a otros para que continúen su carrera literaria. Me siento muy satisfecho de ese aspecto de mi actividad, aunque en uno o dos casos me he llevado sorpresas muy negativas que no esperaba.



Y a nivel nacional, he sido editor literario un par de veces; experiencias en las que he tenido el placer de tratar con la obra de más de veinte autores.



12.   ¿Escribes para dar algún mensaje, transmitir tu idea del mundo, por placer o impulso, para desahogar preocupaciones, o un poco de todo?



Escribo, como decía José María Arguedas, por terapeútica, pero sin dejar de pensar en que podría ser leído. Creo que la gran mayoría de los escritores lo vemos, lo sentimos así. Yo, como muchos, he dicho en algún momento que escribo para mí. Pero no es cierto: escribimos para que nos lean; y, posiblemente, casi todos, también por esa sensación terapéutica de la que hablaba Arguedas.



Y en esa acción de escribir vamos dejando parte de nosotros en el texto: nuestros ideales, nuestras ilusiones, nuestras desilusiones. Escribimos también sobre lo que vivimos o hemos vivido. Y, en muchísimas ocasiones, sobre lo que nos gustaría haber vivido.



Luego sí, hay un poco de todo.





13.   Sí, otra cuestión de la que hablamos en aquella conversación, ¿verdad? Muy buena la frase de Arguedas. Yo diría que escribimos para nosotros aunque, en el esfuerzo que hacemos de terapéutica, como dices, es como si diésemos luz a alguna verdad que queremos compartir. Al fin y al cabo, como humanos, somos sociales, ¿dirías lo mismo?



Lo diría. Nadie escribe para él mismo, para que no lo lean. Mira, en este momento, no me viene otro ejemplo a la cabeza que el de Salinger, quien, tras escribir y publicar El guardián entre el centeno, ya no quiso volver a publicar nada, a pesar de que siguió escribiendo enfermizamente hasta su muerte.



14.   Supongo que ha seguido escribiendo más por terapéutica, pero pensando que no podía superar su primera obra, o aportar algo nuevo al lector. Me ha dicho un pajarillo que escribes a mano, ¿qué nos cuentas de esto?

Más que un pajarillo, te lo habrá dicho un cuervo negro, como el de Poe. En efecto, escribo a mano y con lápiz los poemas. Soy muy maniático en eso. La poesía siempre a mano, y a lápiz. No consigo escribir un poema a bolígrafo, o en el ordenador, salvo que sea para pasarlo ya en su versión casi definitiva, para guardarlo o imprimirlo.



Es más, los cuentos los suelo escribir también a mano, pero con bolígrafo.



15. Las manías de los escritores, junto al perfeccionismo, ¿verdad? Y para terminar esta entrevista personal, otro recuerdo de aquella fructífera conversación: ¿sigues dándote esas curas de humildad que me comentaste?                                 
Por supuesto. Por eso viajo a menudo a Madrid, o asisto a recitales de poesía y de narrativa de autores relevantes, para situarme en cada momento donde me encuentro y que siempre habrá muchos mejores que yo. No olvides que nací y he vivido muchos años en Molina de Segura, donde una asociación, la misma que se aprovecha de todas las prebendas del Ayuntamiento local, ayudada por el servicio de cultura municipal, tiene entre sus filas a escritores y escritoras que se creen han ganado varias veces el premio Nobel de literatura y eso hace que los demás tengamos que ser humildes y reconocer que nunca podremos ganar, como ellos, más de una vez el citado premio Nobel. (Espero se entienda el sarcasmo).