domingo, 29 de noviembre de 2009

José María López Conesa nos habla de las turbulencias psíquicas de muchos seres humanos


José María López Conesa nace en Molina de Segura en 1945. Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de Murcia, ejerce de profesor en varios institutos de la provincia y es un estudioso del mundo clásico greco-romano y de la Edad de Oro de la literatura española.

Escritor costumbrista, investiga la conducta humana y expone con lenguaje sencillo y expresivo las penas y los gozos del alma humana.

Ha publicado, y se han comentado en Acantilados de Papel: Que se hunda el convento y otros relatos, 2004; Servidor de ustedes & amores bajo la Torre Eiffel, 2005; Atrapada, 2006; Lazos de sangre, 2007; y Preciada soledad, 2008.

Sus relatos han aparecido en diferentes revistas y en la antología Los martes de Luna Llena, 2009.

Turbulencias psíquicas es su última novela publicada.

Una entrevista de Francisco Javier Illán Vivas.
--------------------------------------------------------------------------

Pregunta.- De la novela corta con la que se presentó, a la novela extensa; desde la costumbrista, a indagar en los secretos de la mente. Su bibliografía personal abarca ya muchas de las pautas de la conducta humana.
Respuesta.- Cuando elijo la idea eje de mis novelas, nunca sé hasta dónde puedo llegar. Tampoco me marco taxativamente el número de páginas que van a aparecer. El costumbrismo que empleo va desde la simple observación de las formas humanas de actuar hasta el análisis de la interioridad de los personajes. Para mí el ser humano es un binomio de soma y psique, aunque en ocasiones lo anímico ha sido devorado por la materia. Ahondar en los misterios de la razón del hombre es uno de mis propósitos como escritor. Me sirve de terapia personal y posiblemente ayude a los lectores a detener el ritmo estresante de esta sociedad que nos lleva a una vida anodina e inconsistente.


P.- Usted siempre puebla sus novelas con personajes que podemos encontrar en nuestras propias calles, muchas veces más cercanos de lo que nos gustaría reconocer, como es el caso de Marina.
R.- Es lo que veo. Nadie puede cerrar los ojos a la manifiesta situación por la que atravesamos. La gente se come sus problemas porque al individuo con el nos tropezamos le importa un bledo lo que llevas en tu alforja. No hay frase más necia, por insolidaria, que la que estamos hartos de oir: ese es tu problema. Nos hemos convertido en islas en el proceloso mar de este mundo demasiado ocupado en sacar a flote las penurias de cada uno. Es más, andamos recelosos, mirando de soslayo por si alguien nos quiere quitar lo poco o mucho que poseemos. Es cada día más rao ver gestos de altruísmo. La palabra gratis ha desaparecido. Nos movemos por el “do ut des”. Si no hay nada a cambio no hay trato. Egoísmo puro y duro


P.- Podemos leer en la contraportada de la novela: “... prisioneros de la celeridad imparable de la depresión, como consecuencia del engaño, la infidelidad, la falta de humanidad y el excesivo egoísmo personal. Es un análisis novelado de determinados comportamientos basados en la realidad.” ¿Cree realmente usted que tenemos solución? Me refiero a la Humanidad, ¿tiene solución o esos sentimientos irán en aumento?
R.-De momento, sólo se observan, aunque con lupa, personas que se dan a los demás. Son la excepción. Soy optimista de cara al futuro porque se está tocando techo y debe llegar el tiempo del cambio. Al final, si antes no llega la destrucción total, el hombre dejará de ser lobo para el hombre, como decía Rousseau. Pero para esto creo que pasará mucho tiempo. Para este cambio es necesaria la información y formación dentro del seno familiar y que cada uno, dejando de mirarse en la actuación de desdichados dirigentes sociales y embaucadores que miran sólo para su ombligo, reflexione y saque en consecuencia que el bienestar común debe primar sobre el propio bienestar.


P.- ¿Puede el amor curar los sentimientos negativos?
R.-Hoy día se toma la palabra amor de forma muy ambigua. Ahora bien, el buen amor, el auténtico mueve montañas, cambia actitudes, reafirma valores y, así entendido, sí es capaz de sanar las enfermedades del alma, como es el caso de Marina. Pero, repito, el amor hoy está muy manoseado y carece de los atributos que lo hacen grande. A base de hablar tanto del amor, su esencia se ha visto abocada a otros conceptos que se refieren a egoísmo y hedonismo. El amor bien entendido es el máximo resorte del que podemos echar mano para el cambio de una humanidad que transcurre vertiginosa a la confrontación y al desencanto.


P.- Siendo como es usted un amante del paisaje murciano, de la huerta, ¿por qué escogió Málaga como centro de operaciones para Turbulencias psíquicas?
R.- Málaga es una ciudad encantadora. Guardo de ella gratísimos recuerdos de mi juventud. En su serranía, durante los veranos que estuve haciendo CAOC, o sea, la mili universitaria me sentí abducido por sus paisajes, sus gentes, su clima. Y de eso hace mucho tiempo, pero no lo he olvidado. Como recompensa a tanta admiración situé en Mijas y la capital a mis personajes. Pienso volver a recorrer aquellos hermosos parajes e introducirme, de nuevo, en la frondosidad de sus arboledas, en la encrucijada de sus calles para renovar los compromisos de vida que, en tan maravillosa y preciada soledad, prometí cumplir.


P.- Me agrada el canto que Marina hace de sus recuerdos y de La Arboleja. Pero si hoy en día pasamos por esos lugares, veremos que queda poco verde y mucho cemento y asfalto.
R.-Cuando escribí la novela no quise visitar La Arboleja actual. Plasmé la antigua, como símbolo de la admirada huerta del Segura. Por desgracia, he podido comprobar que de aquel bello rincón no queda sino retazos que están condenados a desaparecer por culpa del cemento. Sólo me satisface el carácter de sus habitantes, la bondad de sus habitantes mayores que conservan la idiosincrasia de sus ancestros huertanos. La Arboleja que describo en la novela pasó a otra vida. Y he querido homenajear con nostalgia a la hermosa huerta murciana. Viene a ser como un nuevo canto del menosprecio de corte y alabanza de aldea.


P.- Al final de la novela hace usted un guiño a su personaje femenino, Marina; ¿o es al propio lector para dejarle en esa duda de que las cosas no son como parecen?
R.- La vida de hoy, la historia de mujeres y hombres actuales puede parecerse, tiene connotaciones con lo que le sucede a Marina. Marinas y Amaros inundan nuestra sociedad . Lo que ocurre es que nadie lleva en la frente, nadie enarbola el lábaro de la angustia. Todo es cuestión de preservar la angustia vital, el desconcierto y las estrecheces materiales y espirituales que nos inundan, ya que, exponerlas a la consideración de los demás sólo nos va a suponer más tragedia, más incomprensión. Hay mucho sufrimiento callado.
La mente trastrocada nos hace ver lo irreal como auténtico. Y cuando nos dedicamos a calibrar y meditar en el maremagnum confuso de nuestra mente atormentada, sólo conseguimos incrementar el dolor hasta la desesperación. Y así, somos capaces de buscar nuestra propia destrucción. ¿Para qué seguir luchando?


P.- Durante este año se ha atrevido usted con la poesía, y personalmente he tenido el placer de escuchar poemas suyos leídos en Radio Sentidos, Argentina.
R.- La vena poética llega a uno cuando se encuentra especialmente sentimental. En los momentos románticos, cuando uno se encuentra inmerso en la serenidad y en los momentos de regocijo o siente que el manantial del amor le llega con el ímpetu de las aguas salvajes no usa la prosa, prefiere el encanto de la poesía. Lo mismo sucede en el encontronazo que se puede sentir a la hora de rozar una tragedia. Yo en la poesía soy muy clásico y reconozco que la sumisión a la rima y la métrica puede obligarte a expresar el sentimiento con menos fuerza y rigor que si se utiliza la poesía moderna que va más al fondo que a la forma, al ropaje externo.


P.- ¿Cómo se siente ahora José María López Conesa? Me refiero ya casi en la jubilación. ¿Tiene más tiempo para escribir?
R.-La jubilación está a punto de llegar. Una inesperada intervención quirúrgica me ha apartado durante unos meses de mi labor profesional, la enseñanza, hasta que pronto me llegue la edad reglamentaria para asociarme a la amplia panda de los socios del dolce farniente. La jubilación, por otro lado, te puede confundir. Como se asume que el tiempo no cuenta, que no hay prisa para nada, se puede caer en la tentación del “mañana lo hago”. Las intenciones planificadas por muchos jubilados nunca se han llevado a cabo y, a poco que te descuides, entras en esa dinámica de inoperancia a la que te puedes acostumbrar siguiendo la tendencia de conducirse por la ley del mínimo esfuerzo. Espero que no sea ese mi camino. De hecho, intento aprovechar el tiempo y dar salida a las fiebres literarias que arden en mi mente. La inacción es mala compañera y yo no quiero ser un viejo jubilado, sólo un jubilado, pero activo.


P.- No tiene usted bitácora, ni página personal, no está en ninguna red social, no interviene en los foros digitales. ¿Cómo lo consigue?
R.- Yo soy un admirador de los espíritus inquietos, como sé que es tu caso. No me duelen prendas para repetir en público lo que te he dicho muchas veces de forma privada. Pero esa tarea, que debe ser ardua, estando siempre en el candelero informático, no la he sabido emplear, quizá, por mi falta de conocimientos o porque sigo fiel a las antiguas maneras del funcionario con manguitos. De verdad, soy un enamorado de la cultura severamente trasnochado. Igual me pongo en marcha y me instalo en la revolucionaria tarea informática. ¡Quién sabe!


P.- ¿En qué trabaja ahora la perseverante pluma de “Azote”?
R.-Tengo eb marcha varias cosas. Una novela, que guardo en el cajón para dentro de poco darle carpetazo. Algo de misterio encierra. Otra que estoy terminando es el “Diario de una joven de los ochenta”. Tierna y romántica. Además tengo que darle forma definitiva a la segunda parte de “Que se hunda el convento”, cuyo título en principio es “Ese tu amor” y que a lo mejor lo cambio. No pierdo el tiempo, como puedes ver, porque, además, sigo haciendo poesía en los momentos tiernos y escribiendo relatos cortos. Hay tarea por hacer. No tengo prisa por nada, no quiero atosigarme, ni marcarme una programación que me agobie, aunque pienso que tengo mucho que escribir, mucho que decir.


P.- Anuradha Roy, la escritora hindú, declaró que escribir es al mismo tiempo un regalo y una opresión. ¿Cómo lo ve usted?
R.- No participo de esa definición. Escribir, cuando destapas la olla, es una necesidad, un prurito que te proporciona cierta satisfacción y te mete en conflictos personales. Exige que abandones muchas cortapisas, muchos tabúes que han jalonado tu existencia. A las cosas hay que llamarlas por su nombre y hay que seguir los pasos que exige el guión. El día que no me encuentre a gusto manchando con rápida grafía los folios y plasmando las ideas que han configurado mi ética personal, lo dejaré todo y me dedicaré a otra cosa: hacer yoga, buscar el graznido del cuco o pasear por las aceras sin rumbo. Eso, si no me da por comprarme una cabra, la caña al hombro con el bolso lleno de mendrugos de pan y tirar para el monte. A veces siento la poderosa llamada de las alturas. Allí se puede gritar, respirar aire puro y triscar con la cabra al lado.


P. Como ha publicado poesía, permítame plantearle esta pregunta que hago a casi todos los poetas que entrevisto. En ese mundo de engaños, de infidelidad, de falta de humanidad y de excesivo egoísmo personal que usted describe en su novela, y al que le añado del cambio climático que amenaza nuestro futuro como especie, de la pandemia de H1N1, ¿qué sentido tiene la poesía?
R.-Es un consuelo. El poeta nunca muere, queda, aunque cambie de estadio, su voz que avisa, amonesta, alienta y anima. Yo, por ejemplo, siempre llevo a mi lado de ángel de la guarda a Quevedo. Lo llevo de la mano para que no se dé de bruces contra los picos de esquina. Me dice que soy buen lazarillo. Me habla con justeza, me recita diatribas contra todo lo que se mueve. Lo pasamos chipén.
La poesía es riqueza, primor, flor perenne que atrae, embelesa y sobrevivirá hasta el final de los tiempos. Me gustaría morir, cuando Dios lo quiera, recitándole a mis seres queridos una oda al amor.


P.: Ya sabe que esta sección se llama Hablando de Libros. ¿Cómo ve usted, o sigue viendo, el futuro de los mismos?
R.-A pesar de los avances, el libro seguirá teniendo perspectivas seguras. Nada relevará ni sustituirá al papel escrito encuadernado. Es una suerte que esto sea así.

Una vez más, ha sido un placer hablar de literatura con usted.

lunes, 16 de noviembre de 2009

Alex Guardiola nos descubre la Sed de la Vieja Raza

Alex con José Miguel Vilar, otro buen amigo de Hablando de libros.


Alejandro Guardiola, Barcelona 1978, ha permanecido la mayor parte de su vida en Zamora. En la actualidad vive y trabaja en Salamanca. Licenciado en Filología inglesa y empresario.

Ha publicado relatos en diferentes sitios de Internet, en revistas digitales como AuroraBitzine y en los libros Tierra de Leyendas V y ¡Jodido lunes! Antología del Rechazo.

Sombras de una Vieja Raza resultó finalista en la tercera edición del Premio Minotauro (año 2006) de Ciencia Ficción y Literatura Fantástica.

Una entrevista de Francisco Javier Illán Vivas.
-------------------------------------------------------------------------


Pregunta.- Su primera novela y finalista del premio Minotauro, en su tercera edición. ¿Cómo ocurre algo así?
Respuesta.- Sí, fue una auténtica sorpresa. Pues realmente no estoy muy seguro, me imagino que le gustó a quienes hicieron la selección previa de los manuscritos.


P.- Y sin embargo, el estar escogida entre las finalistas del Premio no le aseguró su publicación por la editorial que organiza el Premio. Aparte de mi opinión sobre los premios literarios, que no viene al caso, sí lo hace esa extraña política del grupo Planeta: publica sólo a los ganadores, en todo caso a los segundos, pero los finalistas lo tienen imposible en cualquier sello de su grupo.
R.- Supongo que eso se debe a políticas editoriales, pues al final de todo, publicar un libro es un negocio. Me imagino que a los responsables de Minotauro no les atraía la idea de publicar una novela de vampiros de un autor desconocido. Según me enteré más tarde por otras fuentes, al parecer, las publicaciones de los finalistas de ediciones anteriores del premio no habían alcanzado las ventas esperadas. También, pienso que se tenía que notar que se trataba de una novela de debut, con sus fallos y defectos, ante unas novelas de unos escritores consagrados en la literatura fantástica como Javier Negrete, que ganó el premio, Rafael Marín, que publicó, y Ángel Torres Quesada.


P.-¿Por qué Vieja Raza? ¿Es anterior a los Humanos?
R.-En realidad la Vieja Raza de la que hablo bastante en el libro, evolucionaría en paralelo con los humanos, desarrollándose de manera coetánea a la humanidad. Y Vieja Raza porque me encontraba un poco aburrido del término vampiro, que no se menciona en toda la novela más que en un par de citas. Esta idea la tomé prestada de El Ansia de Whitley Strieber y creo que funciona.


P.- ¿Quién es Meliot? Y con ello quiero también que respondas, ¿es descendiente del Conde?
R.-Meliot es un muchacho de pueblo, de un pequeño condado en cualquier zona de centroeuropa. Meliot, por otro lado, es un vampiro, que vive en una ciudad occidental que podría estar localizada en Europa. Como ves, cuento la historia de Meliot desde dos puntos de vista, uno cuando aún no es vampiro en el pasado, en la Edad Media, y otro, en la actualidad, cuando el personaje trata de sobrevivir a los peligros de la ciudad y de los suyos.
La respuesta a la segunda pregunta es que, Meliot, no es un descendiente ni familiar del Vlad Tepes histórico ni del Drácula literario de Bram Stoker, no tiene nada que ver.


P.- Un personaje con el que evolucionaremos, a lo largo de la novela, desde su inocencia, optimismo e inmadurez hasta verlo convertido en un hombre- perdón por la palabra- sensato, pero también cínico y terrorífico cuando es preciso.
R.- Sí, lo que más valoro como lector es que el autor de la novela que esté leyendo me muestre los puntos fuertes de los personajes, pero que también me enseñe sus miserias y sus defectos. Es decir, me gusta como amante de la lectura y escritor, que el personaje no sea la personificación del bien absoluto sin ninguna fisura en sus planteamientos. Al contrario, prefiero que mi personaje dude, que se interrogue si está haciendo lo correcto, que sufra, enseñar sus debilidades, al igual que en otros momentos vemos su inteligencia o su frialdad o su cinismo y también el porqué de estos, cómo ha llegado hasta ahí como persona. Me interesan los acontecimientos que han sucedido en su vida para labrar su personalidad actual, pues el Meliot vampiro, no tiene nada que ver con el Meliot inocente que sale de su pueblo en busca de fortuna. Meliot y otros de los protagonistas de la historia, tienen comportamientos que tacharíamos de reprochables o arbitrarios, y también loables y justos. En la misma personalidad de un hombre o de una mujer, cabe encontrar el mayor villano, al mismo tiempo que a la persona más bondadosa y esto, trasladado a la novela me parece fundamental en el desarrollo del carácter de Meliot.


P.- Meliot se define a sí mismo como un ser descastado por los suyos por no aceptar las rígidas normas de una sociedad invisible a la vista de los humanos, oculta, inamovible y olvidada. ¿Puedes contarnos, hasta donde sea posible, cómo se rige y funciona esa sociedad que nosotros desconocemos?
R.-La Vieja Raza es una sociedad compuesta por aristócratas y por los vampiros urbanos, que pueblan las ciudades. La nobleza, estaría formada por varias familias o casas, repartidas por todo el mundo. Funcionaría de manera similar al feudalismo, por medio de lazos de vasallaje y una monarquía electiva, los jefes de cada familia eligen al Jerarca Supremo que gobierna sobre todas las familias. En la práctica, se parece más una mafia internacional que regenta todo tipo de negocios. El conflicto viene cuando diferentes vampiros sin casta ni familia se dedican a establecerse en las ciudades, saciándose de víctimas, convirtiendo a otros, creciendo esta población de vampiros hasta niveles que preocupan a los dirigentes de la Jerarquía, pues escapan a su control. Uno de los conflictos de la novela se desarrolla cuando estos vampiros urbanos, más débiles en cuanto a poder, pero superiores en número se organizan para derrocar el orden establecido, se podría equiparar a la crisis del Antiguo Régimen.


P.- Una de las partes en litigio de los componentes de la Vieja Raza se consideran superiores a los humanos, se ven como depredadores, en la cima de la cadena alimenticia. Creen que pueden cazar cuanto deseen, sin recapacitar que, como los humanos hacen con otros seres de la creación, pueden llevarlos a la extinción.
R.- Sí, para mí, los vampiros son seres depredadores, que no pueden renunciar a su instinto de matar y beber sangre para vivir. No me van los vampiros posmodernos vegetarianos. Una de las contradicciones del protagonista es renunciar temporalmente a esto, tratar de superar la Sed que le angustia por otros medios como la ciencia, por ejemplo. Dejaremos a los lectores que averigüen si lo logra o no.


P.- ¿Y el amor, es imprescindible para una buena historia de vampiros?
R.- No es imprescindible, pero tampoco lo es en una novela policíaca, de aventuras, histórica o de fantasía y sin embargo, se encuentra presente en ese tipo de libros. Da igual el género o la clase de novela que escribamos, es un elemento que está ahí. En las narraciones de vampiros, es posible, que arrastremos cierta tradición de las historias de los autores románticos y victorianos en las que el romance aparece como algo muy común. Los vampiros, aman, en eso no son diferentes a nosotros, pero la cuestión es si ese amor es posible o no. En mi caso, planteo que la relación resulta imposible.


P.- El vampiro, ¿nace o se hace?
R.- Se hace. Según como yo lo veo, otro vampiro debe asesinar y vaciar de sangre al candidato a vampiro, para luego verter la suya en el cuerpo inerte, que le revivirá transcurrido un tiempo, desde horas, hasta días, despertando convertido en un ser por completo diferente.


P.- El mundo de los vampiros ha sido tratado, en poco tiempo, desde todos los posibles ángulos de vista, pero sobre todo tras esa nueva cultura de lo “políticamente correcto” que ha inundado occidente. Sombras de una Vieja Raza, siendo anterior a la explosión demográfica vampírica que inunda la literatura, la TV y el cine, ¿qué aporta al lector?
R.- Pues que no es políticamente correcta como expresas y está orientada a lectores adultos. Los personajes de mi libro son crueles, no se andan con miramientos, consumen sangre y asesinan para vivir. Quien aborde Sombras de una Vieja Raza pensando en vampiros edulcorados y adolescentes, se habrá equivocado de libro. No creo que sea la revolución del género ni que entre en las listas de más vendidos, pero con que a un solo lector le parezca que está bien escrita y que su lectura le resultó entretenida, me conformo.


P.- El narrador de esta historia, escribe al final: “ahora, es tiempo de soñar otra historia o de despertar un nuevo final. El principio no es más que el final de otro comienzo, que se superpone a él. Tan sólo depende del lugar del círculo en el que te encuentres”. ¿Qué otra historia está soñando Alejandro Guardiola, o este final no es más que un nuevo comienzo?
R.- Ese párrafo hace referencia a que el final de cualquier historia, sea cual sea, no es más que el principio de una nueva. Ya porque se trate de una continuación directa de la que acabamos de leer u otra nueva historia. Los personajes de esa línea que termina seguirán su vida dentro de la ficción, solo que el autor no nos la cuenta, nos deja saber solo lo que le interesa que sepamos.
Y la historia que estoy soñando ahora es una novela que no sé si definir como fantasía o ucronía, con un trasfondo histórico, política y unos personajes muy curiosos. Pero a veces la documentación me sobrepasa y otras me cuesta que la trama funcione, así que avanza bastante lenta. También hay varias ideas para diferentes cuentos...
Por el momento, no me planteo una segunda parte de Sombras y lo poco que tengo pensado sobre ella, en el caso de escribirla, es que Meliot no sería uno de los personajes principales. Cuando la terminé me planteé escribir algo diferente.


P.- Permíteme ahora formularte unas preguntas que hago a mis entrevistados. Anuradha Roy, la escritora hindú, declaró que escribir es al mismo tiempo un regalo y una opresión. ¿Cómo lo ves?
R.- Para mí es una actividad placentera, cuando consigo robar tiempo a mi trabajo para desarrollarla. Lo de la opresión quizás por el esfuerzo y el tiempo que hay que invertir para sacar adelante una novela. A mí me cuesta mucho, aunque luego resulta muy satisfactorio ver tu libro en las estanterías de las librerías.


P.: Haruki Murakami dijo una vez que escribir novela es un reto, escribir cuentos un placer, que es la diferencia entre plantar un bosque o plantar un jardín. Usted ha publicado cuentos y novela, ¿qué me dices a esa comparación del japonés?
R.- Relacionado de cierta forma con la anterior pregunta: un relato es menos exigente, tiene un planteamiento sencillo, pocos personajes, la acción no se va a desarrollar más que unas páginas y, en la mayoría de los casos, lo que se cuenta no guarda relación con otros escritos. En cambio, cuando escribes novela tienes que dedicarle tiempo todos los días, por pocas líneas que escribas, necesitas una trama, un esquema de argumento, hay que saber hacia donde vas, las motivaciones de los personajes...
Un relato es algo más fresco e inmediato, en el que se puede improvisar mucho más. A veces, con tener una idea general es suficiente para armar un buen cuento. En la novela todo tiene que estar premeditado, planeado, para que luego cobre sentido y encaje. Si no, el lector notará en determinados puntos que la narración flojea.


P.: Y como esta sección se llama Hablando de Libros, el futuro de los mismos, ¿cómo lo ve el filólogo inglés?
R.- Creo que te refieres a los lectores de libros y a los libros digitales. En mi opinión hay dos factores que pueden acelerar o retrasar la implantación masiva de esta tecnología: una, que bajen los precios de los lectores de libros, que siguen siendo bastante caros; otra, que las grandes casas editoriales apuesten de forma abierta por la distribución de los libros en formato digital y determinar un precio para ello. De todas maneras, para mí, no son formatos excluyentes y me da la impresión de que el libro tradicional todavía convivirá muchos años con el digital. Como todos los cambios en los formatos, lo normal es que se implanten con más lentitud de lo que a las marcas que fabrican los aparatos les gustaría. La gente es conservadora cuando le cambias el vídeo por el DVD, por ejemplo. Y ahora que hay reproductores de DVD en casi todas las casas, tenemos el Blu Ray...
Personalmente, como aficionado a la lectura y comprador de libros, el formato digital es un hallazgo pues supone un ahorro de espacio a tener en cuenta. Aunque mis autores preferidos me los seguiría comprando en papel.


Sólo me queda agradecerte tu tiempo y el placer de haber charlado contigo.
Gracias a ti, Paco. El placer ha sido mío. Un saludo para los lectores de Hablando de Libros.

lunes, 9 de noviembre de 2009

Antonio J. Capel Riera nos descubre la rumba que llegó del frío


Antonio Capel Riera es murciano, aunque no niega la parte de sus raíces asturianas, ni su placer ante un buen caldo, posiblemente por ser nieto de bodeguero. Es especialista en Podología, pie diabético, cirugía y ortopedia del pie, diplomado en enfermería, fue presidente del Ilustre colegio oficial de Enfermería, momento al que mi memoria viaja para recordarle, cuando uno también se dedicaba a determinadas labores que le privaban de tiempo libre.

Le gusta el riesgo: los deportes aéreos: paracaidismo y piloto. Fue vicepresidente de la Federación Aérea de la Región de Murcia. Él nunca olvida sus raíces, en sus apellidos encontraréis a futbolistas conocidos, y puede que por ello su camino profesional le haya llevado hasta colaborar con el Real Murcia.

A raíz de ser finalista en el I concurso de Microrrelatos sobre abogados, convocado por el Consejo General de la Abogacía española, le llevó a escribir con más asiduidad. Fruto de ello, “A sus pies”, publicado por Diego Marín en 2008, su primer libro, con portada de MAN, donde nos presentaba 25 divertidas historias, calificadas como tan reales como la vida misma.

Charlamos con él tras la publicación de su nueva novela, "La rumba que llegó del frío", próxima a aparecer la segunda edición.

Una entrevista de Francisco Javier Illán Vivas.
--------------------------------------------------------------------------


Pregunta.- La primera pregunta es casi obligada, ¿qué hace un podólogo como usted en un sitio como éste?
Respuesta.- Compatibilizar mi profesión con mi afición principal, que es la de escribir. Tal como lo hacen tantos otros profesionales, que independiente de su profesión se dedican a escribir cuentos, novelas, guiones de cine, etc.,…para escribir sólo hay que tener ganas, recuerdos o imaginación.


P.- Por que no me negará que de su actividad profesional y personal se podía esperar de todo, incluso la literatura, libros de ensayos, científicos. Pero posiblemente lo menos era un libro de relatos como A sus pies.
R.- Un amigo psiquiatra me dijo que el diván del psicoanalista y del podólogo tienen una cosa en común: la confidencia y la escucha. Grandes escritores son ‘escuchadores’ de sus pacientes, es el caso de Jorge Bucay y algunos más… En casi treinta años de profesión han transitado muchas historias por mi consulta, unas amargas, otras felices o divertidas y otras inconfesables…”A sus pies” relata precisamente parte de ellas.


P.- Si ya sorprendió con el anterior libro, ahora nos presenta una novela, picaresca y sensual: La rumba que llegó del frío.
R.-Bueno, es mi primera novela larga… algunos escritores consagrados jamás han escrito una novela; se han decantado por los relatos, cuentos, ensayos…yo me muevo entre los relatos y la novela; depende mucho el argumento. Valoro si la trama se acomoda a un relato o a una novela.


P.- ¿Cómo surge en la mente del autor una historia como la que nos narra en la presente novela?
R.- De la vida misma, de la misma manera que tengo en mente las próximas que verán la luz si Dios quiere, hay una treintena de historias esperando; sólo es cuestión de tirar del hilo, y que el ovillo se trasforme en un libro.


P.- Me gustaría saber cuánto hay de Antonio Capel en Antonio Ortíz del Castillo.
R.- Nada y mucho; porque Antonio Ortiz del Castillo es un ser humano como cualquiera de nosotros, con problemas, sueños, deseos, ganas de vivir y disfrutar. Por ello, el personaje en sí es una simbiosis de varios individuos.


P.- Supongo que todos esos lugares que cita en Cabo de Palos, Benidorm, etc. existen. A mi me gusta creer que cuando los escritores que tenemos más cercanos, cuando crean personajes como el chef Sebastián, como Juan Martínez, como Capullito de Huelva, están citando a personajes reales o a heterónimos de ellos.
R.- Este tipo de novela, para que seduzca, debe tener lugares y personajes reales; lo demás es pura coincidencia. El lector es quien puede o no identificarse con algún personaje o situación.


P.- Otra curiosidad. ¿Por qué el Hospital General? Normalmente cuando se piensa en médicos, en personal sanitario, viene a la cabeza el hoy llamado Hospital Universitario Virgen de la Arrixaca, la siempre conocida como Ciudad Sanitaria. Y si no es ese, el Morales Meseguer.
R.- En este caso surgió así, pero la historia pudo tener otro escenario, como ser un Colegio Mayor, Centro Universitario, empresa, fábrica o en unos grandes almacenes; donde hay mucha gente trabajando, siempre hay historias rocambolescas, y en este caso fue en cualquier gran hospital.


P.- En esta novela hay un loa a la sangría: desarrolla la fantasía, acrecienta la alegría, hace lúcida la memoria y aleja la melancolía. (Pág. 22)
R.- En efecto, cuando el vino esta por medio aparece la alegría, desinhibición, la despreocupación, la imprevisión, la frescura, la pachorra…


P.- “Previene ataques cardiacos al estimular el sistema cardiovascular, favorece las defensas del organismo, se ha relacionado con el aumento de los anticuerpos, en especial la llamada inmunoglobulina A, lo que protege contra gripes y otras infecciones... Otra ventaja es que alivia los dolores, ya que se libera la hormona de la oxitocina y se elevan también los niveles de las endorfinas... "(Pág. 180). ¿Tan sano y saludable es y se receta tan poco?
R.- Dicen los sexólogos que en España están aumentando los síntomas de inapetencia o desinterés por el sexo y que lo peor es que los jóvenes no incluyen esa actitud entre sus problemas de pareja, porque no lo consideran como tal. Afirman que se sigue hablando mucho de sex, pero no se practica.
Las imágenes sexuales nos inundan: anuncios de televisión cada vez más eróticos, las modas, el cine, la música, la forma de vestirse... y a lo mejor es esa la causa de que la gente se haya acostumbrado a tenerlo tan fácil y a todas horas que no les llama la atención. Es lo que dice un prestigioso sexólogo.
Quizá, la situación tampoco ayude mucho. Son malos tiempos para la lírica, como dice la canción. Si la gente está preocupada porque ve peligrar su estabilidad, el sexo pasa a un segundo plano, se convierte en una vía de escape. Me pregunto cómo es el sexo en las situaciones extremas. ¿Se esfuma? ¿Se mantiene? ¿Se atenúa? ¿Se ausenta?



P.- Interesantes preguntas, motivo de otra extensa entrevista. Por cierto, como cita lo de determinadas gripes, ¿cree que podría proteger contra la H1N1?
R.- Mucha gente sabe que una manera de luchar contra los procesos gripales desde tiempos remotos, ha sido con la ingesta de mezclas calientes de bebidas alcohólicas con frutos y reposo en cama para sudar, en general con buenos resultados. Esta práctica ancestral ha llevado a refranes que reflejan la sabiduría popular: al catarro, con el jarro; el vino en jarro, cura el catarro; a catarro gallego, tajada de vino, o el más indicativo, probablemente oriundo de Entrena (La Rioja), "pal catarro, pluma y jarro". Estos refranes, reflejo de la observación y experiencia popular, están de acuerdo con los hallazgos científicos actuales del efecto beneficioso del consumo moderado de vino tinto contra las infecciones virales. Respecto a la pregunta anterior, ojala protegiese contra ella.


P.- En un mundo donde la hipocresía parece que se abre paso, aunque sea con el nombre de “políticamente correcto”, hay expresiones e ideas en su novela que son, desde luego, muy poco políticamente correctas. (Pág. 19, Pág. 101, y otras). ¿Cree que es posible escribir una novela picaresca, sensual, sin citar a las cosas por su nombre popular?
R.- Bueno, aquí me ciño a lo que dijo en su día Umberto Eco y Luis Sánchez de Movellán de la Riva: El escritor aborda las contradicciones en que se incurre al cambiar algunas palabras por otras políticamente correctas, cita algunos ejemplos grotescos y finaliza con más de un centenar de términos “bonachones para insultar al adversario”.
Lo políticamente correcto es un auténtico movimiento de ideas nacido en la universidad americana, de inspiración liberal y radical y, por lo tanto, de izquierdas, en pro del reconocimiento del multiculturalismo y para reducir algunos de los radicales vicios lingüísticos que establecían líneas de discriminación hacia las minorías. Por eso, se comenzó a decir “blaks” y, después, “afroamericanos”, en vez de “negros”, o “gay” en vez de los múltiples y conocidos apelativos despreciativos reservados a los homosexuales.
Naturalmente, esta campaña en pro de la purificación del lenguaje produjo su propio fundamentalismo, hasta desembocar en los casos más vistosos y ridículos. Como el de algunas feministas que propusieron no decir más “history”, porque, por medio del prefijo “his”, se hacía pensar que la historia fue sólo “de él”, sino “herstory”, historia de ella, ignorando, obviamente, la etimología greco-latina del término, que no implica referencia de género alguna.
Pero la tendencia de lo políticamente correcto asumió también aspectos neoconservadores o francamente reaccionarios. Si se decide llamar a las personas que van en silla de ruedas ya no minusválidos, sino discapaces o “capaces de otra forma”, pero después no se les construye rampas de acceso a los lugares públicos, evidentemente, se obvia hipócritamente la palabra, pero no el problema.
Y lo mismo vale para la sustitución del parado por “el que no hace nada a tiempo indefinido” o el de licenciado por “aquel que se encuentra en transición programada entre cambios de carrera”. ¿Por qué los banqueros, en cambio, no se avergüenzan de su definición y no insisten en ser llamados operadores del sector del ahorro? Si te cambian el nombre es para olvidar que algo no funciona. Sobre estos y otros problemas parecidos se detiene Edoardo Crisafulli en su libro Lo políticamente correcto y la libertad lingüística, donde pone al descubierto todas las contradicciones, los pros y los contras de esta tendencia. Y, a demás, es un libro muy divertido. (…) A fuer de contribuir también y a la suavización de lo políticamente incorrecto y tras haber consultado una serie de diccionarios incluso dialectales, me permito sugerir algunas expresiones a fin de cuentas bonachonas para insultar al adversario. (…)
Luis Sánchez de Movellan dice: Asistimos a un nuevo período de intolerancia. (…)
El origen de lo políticamente correcto coincide con el fracaso de las ideologías de izquierda a la hora de racionalizar la igualdad social. El mundo de la cultura fue su reducto y desde ahí diseñaron la corrección política como un intento e imponer la igualdad social a través de la imposición de un lenguaje no discriminatorio. Es decir, al no lograr cuajar una revolución ideológica – y mucho menos política – el izquierdismo progresista estadounidense inventó una revolución semántica.
La extensión hoy de lo políticamente correcto se ha convertido en una enfermiza ocultación de la realidad a través del lenguaje eufemístico. (…) Ejemplos: flexibilidad de plantillas, por despido barato; atender a un objetivo, bombardeo masivo; daños colaterales por víctimas civiles; interrupción voluntaria del embarazo por aborto… Esta psicología de la autocensura y de la configuración de grupos sociales negativizados corresponde a la cultura protestante. (...) La progresía estadounidense no ha podido desprenderse de una cultura forjada en el puritanismo más atroz capaz de buscar signos sociales de los predestinados a la salvación y los predestinados a la condenación. Los partidarios de la corrección política que se presentan como liberadores de los discriminados, acaban por imponer de forma intolerante su estilo vital e intentan legitimarlo democratizando sus vicios y errores intelectuales. Toda esta jerga de la corrección política es una manifestación, sutil y benigna, de lo que profetizó Tocqueville como modelos de tiranía democrática.
Y el ejemplo más reciente es hablar de “personas de la tercera edad” cuando nos referimos a los ancianos.


P.- ¿Quiénes son Los Pelayos?
R.- Pelayo, es una familia que desde principios de los 90 ganó varios cientos de millones de pesetas en ruletas de todo el mundo. Aplicaron un sencillo sistema de forma metódica, con miembros del equipo (casi todos familiares) que durante semanas tomaban números, mientras otros apostaban posteriormente. El Clan de los Pelayos ganó mucho dinero en el Casino de Madrid, en Barcelona, en Canarias... y en Amsterdam, en otras ciudades europeas y prácticamente en el resto del mundo, incluyendo Las Vegas y Australia. Las ganancias se elevaron a más de 250 millones de pesetas durante tres años a principios de los 90. Los casinos, obviamente, tomaron sus contramedidas cuando descubrieron a los sistemistas, cambiando las ruletas de sitio, de modelo o intercambiando piezas de unas a otras.


P.- Aún siendo una novela picaresca, como hemos citado anteriormente, relata usted una situación tan real como la vida misma: la conversación entre Antonio Ortíz y el director de la entidad de ahorro cercana a la Catedral de Murcia: y no nos queda otra que dar la patada a la banqueta. (Pág. 320)
R.- Así es; son las conversaciones diarias que se oyen en cualquier café. Existe mucha gente “ahorcada” de por vida por la crisis económica. Muchos ha perdido sus viviendas, incluso han desahuciado a los avaladores por no poder responder al que garantizó en su momento. Algunos son jubilados que los han echado a la calle por avalar al hijo…esa es la “patada a la banqueta”. La banca carece de sentimientos…vendiendo esa desgracia al mejor postor, que casi siempre es un inmisericorde ricachón…


P.- No puedo evitar preguntarle: ¿es posible modelar la incertidumbre?
R.- Esa es una pregunta para un erudito en Matemáticas; por lo que yo sé, sí que se puede, pero es una tarea muy compleja a base de fórmulas; pero en su día Einstein ya “modeló” con su Teoría de la Relatividad.


P.- Permítame ahora unas preguntas más generales. ¿Cuándo escribe usted? Se lo pregunto por que tengo entendido que su agenda profesional está comprometida con un par de meses, vamos, como si fuese ese chiringuito de la sierra de Antas.
R.- Gracias a Dios así es; tengo pacientes de tres generaciones. Atiendo mi agenda profesional en un horario determinado y el tiempo restante lo dedico a lo que me gusta, lo que me divierte, escribir, por ejemplo.


P.- ¿Usa mucho la papelera? Se lo pregunto por que en una anterior entrevista Blanca Andreu nos decía que publicar un libro al año a toda costa para estar en el candelero va en detrimento de la obra, que ella usa mucho la papelera: hay que pensárselo mucho para poner en el papel algo que merezca la pena ser leído.
R.- Yo no pretendo estar en el candelero a toda costa, y tampoco me preocupa en pensar mucho en lo que hay que poner en el papel. Yo escribo para mi, por placer y repito la frase de la escritora Patricia Haightsmith, que dice: “al escribir un libro, a la primera persona a la que deberías complacer es a ti mismo. Si eres capaz de divertirte durante el tiempo que te lleve escribir el libro, más adelante también divertirás a los editores y a los lectores”


P.- Anuradha Roy, la escritora hindú, declaró que escribir es al mismo tiempo un regalo y una opresión. ¿Cómo lo ve usted?
R.- Muy claro, tanto que me siento identificado con esa expresión… por la gran responsabilidad que encierra.


P.: Haruki Murakami dijo una vez que escribir novela es un reto, escribir cuentos un placer, que es la diferencia entre plantar un bosque o plantar un jardín. ¿Cómo lo ve Antonio J. Capel Riera?
R.- Puede que sea más trabajoso hacer una novela por lo extenso, pero si se tiene en la cabeza la idea clara, se convierte en un juego divertido; el cuento requiere más concentración, y también cuesta lo suyo.


P.: Y como esta sección se llama Hablando de Libros, el futuro de los mismos, ¿cómo lo ve el podólogo?
R.- Los medíos de comunicación dicen que se lee más por la crisis, y algo debe haber de cierto. Yo recuerdo que el gran tenor canario Kraus dijo que en la extinta Unión Soviética, la miseria la mitigaban con cultura; y yo lo comprobé al realizar un viaje a la fría Siberia; en las esquinas, en bares, recepcionistas, etc…estaban casi todo el día inclinados con las manos tapadas por el frio; y lo que estaban haciendo era leer viejos libros desgastados, que los cuidaban con mimo. Mitigaban su desconsuelo con la cultura.


Ha sido un placer charlar con usted sobre La rumba que llegó del frío. Muchas gracias.

domingo, 1 de noviembre de 2009

Eloy Sánchez Rosillo nos enseña a Oír la luz


Eloy Sánchez Rosillo (Murcia, 1948) es profesor de literatura española en la universidad de su ciudad natal. Ha publicado siete libros de poemas: Maneras de estar solo (Madrid, 1978), con el que ganó el premio Adonais, Páginas de un diario (Barcelona, 1981), Elegías (Madrid, 1984), Autorretratos (Barcelona, 1989), La vida (Barcelona, 1996), La certeza (Barcelona, 2005), que obtuvo el Premio Nacional de la Crítica, y Oír la luz (Barcelona, 2008). En 2004 se publicó La cosas como fueron. Poesía completa (1974-2003), recopilación de los cinco primeros títulos mencionados, corregidos y en edición definitiva. Todos ellos pueden encontrarse en Tusquets Editores.

Le entrevistamos por Oír la luz, su último poemario, relativamente reciente todavía, pues salió hace ahora justamente un año.

Una entrevista de Francisco Javier Illán Vivas.

--------------------------------------------------------------------------

Pregunta: Lo primero que deseo preguntarle al autor del libro es si comparte que Oír la luz es una celebración de la vida, muy lejana ya de aquella angustia por el transcurso del tiempo que desprendían sus primeros libros.
Respuesta: Todo lo vivo cambia con el tiempo. Mi poesía, a la par que el hombre que la ha escrito, ha ido evolucionando a lo largo de treinta y cinco años, aunque sin saltos ni cambios bruscos, es decir, de manera natural y sin artificiosas transformaciones repentinas. Oír la luz es desde luego un libro en el que se respira una atmósfera rendidamente celebrativa, pero también pueden encontrarse en sus páginas de vez en cuando poem
as de tono elegíaco, pues la vida no es en todo momento del mismo color y tampoco tienen por qué serlo los libros. Siempre ha habido en mis obras una mezcla de elegía y de celebración, si bien la proporción en Oír la luz de elementos celebrativos es bastante más acusada que en otras ocasiones. La vida me ha llevado en los últimos tiempos por unos caminos esperanzados, que son los que, si uno tiene suerte, descubre y comienza a recorrer a partir de cierta edad. En la juventud se tiende más a una cierta desconfianza del mundo, a discrepar del tiempo y de la realidad. Luego, tal vez comenzamos a comprender ciertas cosas. Disiento un tanto de ti, sin embargo, cuando afirmas que en mis primeros libros había como un enfrentamiento angustioso con el tiempo. Yo no he sido nunca un hombre ni un poeta angustiado. La elegía no es angustia o negra desesperanza, sino suave tristeza, melancolía.


P: Este libro último, de entre los que tú has publicado, es el que más poemas contiene.
R: Sí, más del doble que otros libros míos. No es esto algo que yo me propusiera o premeditara, claro está. Muchas veces he dicho que los libros son como ellos quieren ser y que se hacen a sí mismos. Me limité en este caso, como siempre, a recibir lo que me iba llegando y a aceptarlo como finalmente llegó a ser, aunque colaborando siempre con entusiasmo y esfuerzo con el libro, ayudándole con todas mis ganas a ser así.


P: ¿Es la vida un “misterio absoluto”, como se lee en un verso de tu libro?
R: Desde luego, y cada vez la siento más de esta manera. Lo que sucede es que el hábito que tenemos de ese misterio embota nuestra capacidad de percibirlo como tal, y damos en pensar que la vida es algo plano y sin ninguna trastienda. Sólo cuando somos capaces de quitarnos las anteojeras de la costumbre nos damos cuenta del hondo misterio que hay en todo, incluso en las cosas más simples de la cotidianidad. Anoche, por ejemplo, iba yo por la playa y estuve contemplando despacio el reflejo móvil, cabrilleante, de la luna en el agua. ¿Es que ese reflejo, además de ser tan bello, no es un misterio?


P: El verso citado en la pregunta anterior procede del poema titulado “Porque nada termina”, dedicado a Ramón Gaya. En él también se afirma que “A cierta edad, un hombre no se engaña / y sabe lo que ha sido en su existencia / de veras decisivo”, que me parecen unos versos bellísimos. ¿Es ése uno de los misterios absolutos de la vida; es decir, que tenga que transcurrir el tiempo para que podamos descubrir lo que para nosotros ha sido importante?
R: El tiempo enseña y aclara, nos proporciona la perspectiva adecuada para considerar el pasado. Desde la altura de la edad valoramos más adecuadamente cada cosa de nuestro existir. Al hacer esta valoración es como si completáramos y termináramos de vivir lo que cuando estaba sucediendo vivimos un tanto inconscientemente y sin saber qué importancia iba a tener en el conjunto de nuestra vida.


P: ¿Es la alegría la verdad más absoluta?
R: Sí, es como la espuma del existir. En la vida de todo ser humano hay siempre dolor y alegría (en cantidades no del todo proporcionales, pero casi). Sin el contraste del dolor no sabríamos de la felicidad. El dolor es, pues, necesario, y si logramos superarlo nos prepara para conocer y valorar la alegría. El hombre aspira, desde luego, a la felicidad y sabe que en ella o en la búsqueda de ella es donde puede encontrar las verdades por las que merece la pena vivir.


P.- En Oír la luz hay muchos poemas que recuerdan la infancia del autor, sobre todo en el transcurso de aquellos veranos que jamás terminaban. ¿Por qué ahora los veranos no son tan interminables, cuando el cambio climático al que estamos sometiendo al planeta los hace verdaderamente más largos?
R: Los veranos a los que te refieres no tenían en realidad nada que ver con el tiempo (ni, por supuesto, con el clima). El mundo edénico del niño es un universo sin tiempo, en el que las cosas son, pero no transcurren, por eso aquellos veranos eran la eternidad (y son ahora la añoranza de la eternidad en el hombre que recuerda su infancia).


P: ¿Es posible, en este verano de 2009, oír la luz?
R: Hay que intentar oír la luz todos los días. Si no la escuchamos nunca padeceremos la sordera peor, que es la de estar muertos. Todo lo que en la vida es vida verdadera es también oír la luz, y no metafóricamente, sino de verdad. Esto lo saben bien los niños, aunque no se molesten en hablar de algo tan evidente; también lo saben los adultos que conservan algo de su pureza originaria.


P: Lo que creo ya imposible es sentir ese “silencio universal, profundo, / y una calma tan grande como nuestro deseo / de que no acabe nunca esta quietud”.
R: El ruido (procedente del entorno o de nuestro propio interior) es para mí una de las cosas más insoportables. Nos impide el diálogo con nosotros mismos y con el mundo. No es fácil encontrarlo, pero hay que intentar como sea llegar a él, pues de lo contrario se hace difícil o imposible cualquier asunto relacionado con el espíritu.

P: ¿Qué tiene el Puerto de Mazarrón, lugar en el veraneas, que no tengan otros lugares?
R: Toda esta bahía (desde la que, por cierto, estoy respondiendo al cuestionario que me enviaste) debió de ser un lugar bellísimo en otro tiempo. Hoy, urbanísticamente, es un disparate más de los que se fueron cometiendo en España en los años de la especulación salvaje del ladrillo. Hay que hacer abstracción de muchas cosas para borrar todo lo que en este sitio sobra y quedarse sólo con el mar, el cielo y el cerco de montañas volcánicas que ciñen la costa. Hace veinte años que vengo aquí (y no sólo en verano; también a veces en pleno invierno), y he de decir que, a pesar de los destrozos a los que me he referido, ha sido siempre para mí un lugar mágico. Desde La vida en adelante, prácticamente toda mi obra poética la he ido escribiendo en Puerto de Mazarrón. Consigo retirarme por completo del mundo en estos lugares y, sobre todo en los últimos cinco años, he tenido la suerte de escribir en el hondo sosiego que aquí me rodea muchos poemas en breves períodos de gran concentración. En la ciudad, después, los voy corrigiendo despacio. Los poemas, aquí, se escriben milagrosamente, sin esfuerzo ninguno, como en un sueño. Pero no lo digas mucho por ahí, no vaya a ser que a todos los poetas se les ocurra comprarse un apartamento en Puerto de Mazarrón y se ponga esto imposible.


P: Comentabas en una entrevista que leí hace un tiempo que en los últimos años eras un poeta más lento. Pero no lo parece así si tenemos en cuenta tus publicaciones últimas. Sólo hay tres años entre La certeza y Oír la luz, mientras que entre éste y La vida pasaron nueve.
R: No sé si estará bien recogido en la entrevista a que te refieres lo que quise decir. Yo no he sido nunca un poeta de mucho escribir ni de ponerme a trabajar todos los días. Pero aún así, al principio publicaba mis libros con regularidad aceptable. Luego me fui ralentizando y, sí, llevas razón: entre La vida y La certeza casi me eternicé. Pero como te he dicho antes, en los últimos cinco años me ha ocurrido algo que nunca me había pasado y que no sé si me volverá a suceder, que es el escribir muchos poemas en períodos muy cortos (de uno o dos meses a lo sumo). En unas cuantas tacadas de estas he escrito mis últimos libros publicados y otro que tengo muy avanzado. Estas breves temporadas a las que me refiero han sido para mí los momentos más intensos e inolvidables de mi vida de creador, un regalo del cielo, y no me cabe en el pecho la gratitud cuando hablo de ellos.


P: ¿No corre un grave peligro el poeta, el escritor en general, de perder a sus seres queridos cuando decide emprender ese viaje azaroso que debe llevar a cabo en busca de “extrañas maravillas que nadie ha visto antes”, como dices en un verso de tu libro.
R: Si las personas que están en el círculo íntimo del escritor entienden y valoran su labor no existe ese riesgo. No hay más remedio que apartarse. El escribir no es una tarea que pueda realizarse en equipo o tomándose unas cervezas por ahí con los amigos. Es preciso hacer completamente solo el viaje al que te refieres. Sin mucha soledad no hay creador que valga.


P: ¿Usas mucho la papelera? Te lo pregunto porque Blanca Andreu, en una entrevista para la revista Ágora, nos decía que publicar un libro al año a toda costa para estar en candelero va en detrimento de la obra.
R: Sí, la utilizo, pero, más que la papelera usual, lo verdaderamente importante (e incluso ecológico, pues ahorra mucho papel) es usar una papelera que cada escritor debe llevar dentro de sí. Mientras que no tengamos una emoción verdadera en todo nuestro ser y una necesidad imperiosa de expresarla no hay ni siquiera que coger el bolígrafo. Sólo debemos escribir cuando no podamos no hacerlo, es decir, cuando es el poema mismo el que manda, el que se presenta ante ti y comienza a decirse a sí mismo, valiéndose del poeta como hilo conductor para llegar al papel.


P: Haruki Murakami dijo una vez que escribir novela es un reto y escribir cuentos un placer, que es la diferencia que hay entre plantar un bosque o plantar un jardín. ¿Qué es entonces escribir poesía?
R: A mí, con permiso de Murakami, me parece que todo es lo mismo, e igual de milagroso y difícil todo. Un cuento, una novela, un poema, un cuadro, una sonata, si son verdaderos, son exactamente la misma cosa, vienen del mismo sitio y van al mismo lugar, aunque utilicen distintos caminos y medios diversos. Todo lo que no está traspasado de poesía (en el sentido griego del término) no vale para nada ni tiene que ver con la creación auténtica. La poesía y cada una de las otras formas artísticas son siempre el resultado del asombro del ser humano ante el mundo y del deseo vehemente y puro de expresar de una u otra forma las emociones que tal asombro le produce. Todo lo demás son jueguecitos o simples ganas de hablar.


P: Esta pregunta la suelo plantear a casi todos los poetas que entrevisto. En el mundo de las prisas, del iPhone, del cambio climático, de la pandemia por H1N1, ¿qué sentido tiene la poesía?
R: El de siempre: dar alegría, emoción y consuelo al corazón del hombre. Nadie puede vivir ni un solo día sin algo de poesía. Esa poesía no escrita, pero que está en el corazón de todos los seres humanos, es la que da verdadero sentido a la poesía escrita, la que hace que el buen poema escrito sea algo importante y memorable, patrimonio común de todos los hombres, en el que todos nos deleitamos y nos reconocemos, y no una mera ocurrencia o un pasatiempo.


P: Y como esta sección se llama “Hablando de Libros”, ¿cómo ve el futuro de los mismos el profesor de literatura española que tú también eres?
R: Como ha ocurrido en el pasado, el libro se irá adecuando en el futuro a las circunstancias de cada momento. Qué más da que un poema, una novela o lo que sea lleguen a nuestras manos en un papiro, en un pergamino, en un papel o en una pantalla electrónica. Cada época tiene su manera de entender el libro, que ha ido evolucionando constantemente desde sus orígenes; no creo que pese sobre él ninguna amenaza importante.


Ha sido un enorme placer charlar contigo. Muchas gracias.