domingo, 13 de abril de 2008

Frank Quasar y los lobos que aullan a la luna


frankquasar.jpg
Una entrevista de Cyberto Webmaster.
Publicada inicialmente en Anika entre Libros
Frank Quasar es un tipo peculiar. Dice que es tímido pero siempre está en el centro de todos los fregados; nervioso pero no se le nota en nada, excepto que siempre habla muy deprisa; modesto pero está aquí porque ha escrito una novela... como si pudiera hacerlo cualquiera. “Los Lobos de la Luna”, publicada por la pequeña editorial independiente Vision Net, está empezando a alcanzar cierta notoriedad en círculos especializados a pesar de su mala distribución. Ignoro qué ocurrirá en el futuro, pero yo de mayor quiero ser tan tímido, nervioso y modesto como Frank.
Personalmente le conozco desde hace años y le debo muchos favores así que no pude negarme a hacerle esta entrevista exclusiva para Ciberanika.com cuando me lo pidió con la amabilidad que le caracteriza. ¡Frank puede ser muy persuasivo cuando le retuerce el brazo a alguien!

P. ¿Por qué quieres ser famoso?
¿Esa es tu primera pregunta? ¡Pues sí que empezamos bien!

P.- Si querías una entrevista seria habérselo pedido a un periodista y no a un hacker, tío.
—Vale, vale. No-quiero-ser-famoso. Por eso firmé “Los Lobos” con pseudónimo.

P.- Entonces, ¿no lo hiciste porque te avergonzabas de ella?
— ¡No! Estoy muy contento de cómo quedó… aunque espero mejorar en el futuro. Tengo que pulir algunos defectos de estilo, manejar más recursos narrativos…

P.- No te enrolles. ¿Por qué la escribiste?
—Básicamente fue un desafío personal, quería ver si era capaz.

P.- No quiero fastidiarte pero ya tienes unos cuantos años, tronco. ¿Tú ves normal meterte en un lío como ese a tu edad?
— ¡Tampoco soy tan viejo! Para mí sí, no reconozco más limitaciones personales que las que me marque la realidad… después de haberlo intentado con todas mis fuerzas. Puede que no tuviera vocación de escritor desde pequeñito, pero siempre he leído mucho, libros, cómics, he visto películas… De niño dibujaba cómics y les contaba historias a mis hermanos, siempre he sido una persona creativa, inquieta. Tengo ideas, algo que contar.

P.- ¿Un mensaje? ¿Como los telepredicadores?
—En absoluto. Nada más lejos de mi intención que dar lecciones, simplemente quiero decir que, además de contar una historia entretenida, mi novela tiene cierta “profundidad”, una reflexión bastante ácida y crítica sobre la sociedad actual.

P.- Explica mejor eso. ¿Cómo puede una historia ser entretenida y al mismo tiempo profunda?
—Fácil. El truco se llama niveles de lectura y se inventó hace siglos. A ver cómo lo explico de forma sencilla: la capa superficial de mi novela es una trama ágil, vibrante y emotiva, fácil de leer, que engancha desde el principio utilizando recursos bien conocidos, suspense, golpes de efecto, giros inesperados… Por debajo, a un segundo nivel, estaría la crítica social y el complejo entramado psicológico que explica en última instancia las acciones de los personajes. Es perfectamente posible leer y disfrutar “Los Lobos de la Luna” atendiendo únicamente a su primer nivel de lectura, diseñé la novela con esa intención.

P.- ¿Por qué tomarse entonces tantas molestias?
—Me gusta complicarme la vida. No, en serio. Realmente era lo que quería contar. “Los Lobos de la Luna” habla de la ambición y el egoísmo, el deseo de triunfar a toda costa… los “valores superiores” de la sociedad que nos ha tocado vivir. Aunque superficialmente narre una historia de crímenes y terror, de lo que hablo en realidad es de lo otro. Y el desenlace final muestra a las claras cual es mi opinión sobre el asunto.

P.- ¿Desprecias entonces la parte policíaca y terrorífica de tu novela?
—¡Tampoco es eso, hombre! Si no, no la habría escrito de esa manera. Digamos que a veces me decepciona un poco que, hasta ahora, pocos hayan percibido la complejidad que encierra.

P.- Pero tú mismo has dicho que está muy disimulada.
—Sí, supongo que lo hice demasiado bien.

P.- Hablemos de la historia, he leído en varios sitios que es “una revisitación del mito del hombre-lobo en clave high-tech”. ¿Qué rayos quiere decir eso?
—Una simple frase comercial. Suena bien, ¿eh?

P.- Te estás escaqueando de responder, colega.
—Vaaale. Partí de la idea del hombre-lobo, mi monstruo favorito de siempre, ya sabes, el que se transforma cuando hay luna llena, odia la plata y todo eso. Combiné los elementos clásicos de la licantropía con otros de mi propia cosecha como las drogas de diseño, la fascinación de los jóvenes por el riesgo y la manipulación genética, con objeto de presentar una versión nueva de la leyenda. La verdad es que al final me centré más en la trama detectivesca, pero ésa era mi intención inicial.

P.- Dí algo bueno de tu novela para convencer a un lector reticente.
—Es barata… y tiene una portada chula.

P.- Algo sobre el texto, gracioso.
—Jesús, qué poco sentido del humor... Mmm, es una historia entretenida y emocionante, con muchos giros, falsos culpables, sorpresas… es interesante, engancha. También destacaría la originalidad de mi estilo, podrá gustar o no, pero nadie puede decir que lo he copiado o sigue las modas imperantes.

P.- ¿Y algo malo? ¡Sinceridad, tío!
—Supongo que tendré que mejorar mi estilo literario. Varios críticos y lectores me han señalado que abuso de la adjetivación y fallos similares... ¡Es mi primera novela, la próxima vez lo haré mejor!

P.- ¿Cuánto tiempo te llevó escribir “Los Lobos de la Luna”?
—En total casi dos años. Uno la documentación y preparación previa y otro escribirla. Fue muy duro porque tuve que compaginarlo con mi profesión actual, lo que me obligó a interrumpir el trabajo varias veces; estuve a punto de desistir. Escribir es una labor ardua y solitaria que no termina cuando pones la palabra “fin” en el manuscrito. Conseguir publicarla y la promoción posterior me ha ocupado otro año entero… y no he terminado.

P.- ¿Qué esperas recibir a cambio de tanto esfuerzo?
—Millones, millones a paladas, ja, ja. No, en serio, sé que es muy difícil vivir de la literatura, me sentiría recompensado si la mayoría de lectores que leyera mi novela se lo pasaran bien, les gustara. Eso me daría la posibilidad de publicar otra, llegar a más gente… Quiero escribir novelas comerciales, tener éxito popular, no aspiro a premios literarios ni reconocimientos críticos.

P.- ¿Y lo confiesas así, abiertamente? ¡Vaya morro!
—¿Por qué no? Es la verdad.

P.- O sea, que piensas escribir más...
—Pues sí. En enero empecé a trabajar en mi segunda novela, también de terror; de momento sólo documentándome, haciendo esquemas previos… ese tipo de cosas. Durante algunos meses más continuaré en paralelo la promoción de “Los Lobos”, después me centraré en escribir. Mi único y claro objetivo es mejorar mi opera prima, pulir mis defectos de estilo y construir una historia mejor y más interesante. Si todo va bien, podría estar lista a principios de 2009, ya veremos.

P.- Sólo una última cuestión. La portada de “Los Lobos de la Luna” no es nada habitual. No te ofendas, pero llama la atención una ilustración de tanta calidad y exclusiva en una novela de una editorial tan modesta. ¿Cómo lo conseguiste?
—No tiene ciencia: el dibujante, David Lafuente, es amigo mío.

P.- O sea, que te la hizo por la patilla.
—Xacto, colega, es lo bueno de tener amigos y que te deban favores.

P.- Calla, calla, no me recuerdes lo que me pagas por mantener tu página web…

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