domingo, 24 de febrero de 2008

Rafael Ábalos nos cuenta que Hollywood podía llevar su obra al cine

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(El autor, y su obra. Foto: F. J. Illán)
Francisco Javier Illán Vivas.

Rafael Ábalos, 12 de octubre de 1956, Archidona (Málaga), reside en Fuengirola. Abogado, su biografía dice que nada le gusta más que recrear los universos imaginarios que llenaron, y aún llenan su vida, de aventuras y sueños imposibles. Ha publicado Bufo soñador (2000), El visitante del laberinto (2001) y Grimpow (2005), y a partir de ésta novela, su biografía ya forma parte de la historia de la narrativa española. Tuve el placer de conocerle en un céntrico hotel de la ciudad de Murcia, con motivo de la presentación de su nueva novela, Kôt, y muy pronto conectamos, por que él lo hizo todo fácil.

Pregunta: No me resisto a preguntárselo, ¿qué hace un abogado en un sitio como éste?
Continuar una aventura como escritor, que comencé por casualidad hace unos años. Después de entrar en el mágico territorio de la imaginación me resisto a salir de él para regresar a la realidad que durante mucho tiempo he vivido como abogado.

P: Inevitablemente, la siguiente pregunta es casi obligada: ¿qué supuso para Rafael Ábalos el fenómeno Grimpow?
Una gran satisfacción y una sorpresa inesperada por la acogida de la novela en veintiocho países, entre ellos EEUU, Gran Bretaña y Alemania, donde los autores españoles de literatura de aventuras y fantástica hemos tenido muy poco que decir. También me ha permitido afrontar con mucha ilusión y tranquilidad las tres historias de Kôt y los nuevos proyectos en los que ahora estoy implicado.

P. Peter Bart, en un libro, aseguraba que nadie sabe nada (de los éxitos en el cine). ¿Es eso aplicable a la literatura?
Sin duda. No existe ninguna fórmula alquímica que permita asegurar que una obra literaria será un éxito. Si fuera de otro modo cada editorial crearía el suyo en un laboratorio. Lo que sí es cierto, sin embargo, es que hay historias con un gran potencial comercial porque contienen elementos a que las hacen atractivas para las expectativas de gran número de lectores: acción, aventura, misterio, fantasía, y sobre todo capacidad para seducir y atrapar al lector de cualquier edad.

P. Grimpow es, para muchos un libro de literatura juvenil, aunque se planteen cuestiones que interesan a cualquier edad, mejor dicho, a partir de cierta edad.
A eso precisamente me refería. Cuando escribía Grimpow pensaba en contar una historia que tuviera una doble lectura y que permitiera al lector disfrutar de la aventura o desvelar el sentido oculto de la propia trama. Estoy convencido de que la línea divisoria entre la llamada literatura juvenil y adulta está cada vez más diluida, y aún lo estará más en el futuro.

P. Lo más fácil hubiese sido continuar las aventuras de ese personaje, bien como saga, o bien como novelario.
No me interesaba insistir en el personaje de Grimpow porque estaba convencido de que había agotado lo que quería contar sobre él y su aventura. Por el contrario, sentía la necesidad de abordar un nuevo reto personal, una nueva historia, con nuevos escenarios, personajes y tramas, que me sorprendiera a mí mismo, más allá de los logros alcanzados con Grimpow. Pero ahora trabajo en un nuevo proyecto de largo desarrollo, que quizá exija esa continuidad propia de la saga.

P. Kôt, su nueva obra, es una novela de misterio, incluso de terror, con elementos de ciencia ficción, que no olvida el elemento juvenil, ni los ciberjuegos.
Sí, creo que Kôt es una novela compleja, aunque de fácil lectura, en la que quise fusionar todos los elementos que refieres y algunos otros como el thriller, la aventura, el cómic o la novela negra. Además, la estructura triangular de las tramas así lo exigía para que la historia resultara intensa y seductora.

P. Decía en una entrevista que usted, de sentirse como algún personaje literario, se siente más cerca de Tom Sawyer. ¿En qué se parecen Nicholas y Beth- los jóvenes de su novela- al personaje de Twain?.
No creo que haya semejanzas destacables, ni fue mi intención buscarlas. Quizá el personaje de Twain sí esté muy presente en el deseo de Nícholas y Beth por desvelar el misterio de la leyenda escondida de Nueva York. Pero, sobre todo, sí hay un guiño explícito a Tom Sawyer en el amigo muerto en la infancia del detective Aldus Fawler y su pasión por la pesca en el Lago Hurón.

P. Un nombre, Tannhäuser, tiene mucha importancia en la conexión entre los misteriosos sucesos que ocurren en Kôt. No sé si cuando alguien escucha ese nombre recordará al poeta centroeuropeo, pero seguro que sí la película Blade Runner, a aquellas últimas palabras del replicante Roy Batty, antes de morir. ¿Hay un homenaje a esa mítica cinta en el año que cumple el veinticinco aniversario de su estreno?
Kôt ha sido para mí una novela repleta de sorpresas y casualidades imposibles, desde el propio título, el significado del símbolo de las serpientes enfrentadas, la misma leyenda escondida de Nueva York o mi encuentro con Eduardo Punset en el corazón de Manhattan. Admito mi ignoracia pero no sabía que Tannhäuser fuese un nombre que ya existiera. Cuando lo elegí por su sonoridad alemana creía que lo inventaba yo. Otra casualidad imposible, que trasciende mi capacidad de comprensión.

P. Desconozco el trabajo de documentación que una novela como ésta puede requerir del autor. Usted cita algo de ello, casi de pasada, en los agradecimientos. Pero dígame, pues desde que he leído Kôt me siento intrigado, ¿cuánto hay de real y cuanto de ciencia ficción en lo que se relata en el capítulo 15, los monstruos de la mente, sobre los transplantes de tan vital miembro?
Uno de los atractivos que para mí tenía abordar el tema del cerebro humano y de los avances científicos era crear en el lector una cierta sensación de desasosiego e incertidumbre por lo sorprendente de los experimentos científicos que se relatan en la novela, especialmente respecto del trasplante del cerebro humano. Y aunque es cierto que tal hazaña de la ciencia, tal vez perversa o monstruosa no se ha logrado con éxito, los datos de la novela sobre algunas de esas investigaciones son ciertos, y apuntan a que, en un futuro no muy lejano, los misterios del cerebro dejarán de ser un asunto de ciencia ficción para entrar en el de la ciencia cotidiana.

P. Leyendo su novela, con ese sorprendente final con puntos suspensivos, parece que la humanidad está a punto, si no lo ha conseguido ya, de superar el mito de Frankenstein.
Aún no, por fortuna para la propia humanidad, pero el suprahumano, en un sentido positivo del concepto evolutivo de la especie humana no esta muy lejos. Que sea éticamente admisible es precisamente el dilema que plantea el final de Kôt, para que sea el lector quien finalice la historia con su propia interpretación de lo ocurrido.

P. ¿Por qué ambientó esta novela de misterio, de mitos antiguos, relacionados con Europa, en Nueva York?
Quería encontrar un espacio que fuese universal y Nueva York es la capital del Mundo. Allí están la Estatua de la Libertad y Naciones Unidas, y allí confluyen todas las lenguas, todas las razas y todas las culturas, destruyendo el mito de la Torre de Babel, a pesar de que los hombres elevaron gigantescos rascacielos que desafiaron al cielo. Además, la arquitectura de Nueva York, con preciosas reproducciones medievales, me permitía jugar con esa referencia al pasado, el presente y el futuro. No podría haber ambientado Kôt en ninguna otra ciudad del planeta.

P. Siempre he afirmado que miles de lectores no pueden equivocarse. Albert Camus lo definió de la siguiente forma: los que escriben con claridad tienen lectores; los que escriben oscuramente tienen comentaristas. Para quien lo ha conseguido, ¿dónde está la clave del éxito?
Un bestseller es la consecuencia de la combinación adecuada de altas dosis de credibilidad, incertidumbre, seducción y apasionamiento, mezcladas con una pócima de fortuna inexplicable, capaz de perturbar el ánimo de quien se decide a saborear sus primeras páginas.

P. ¿Kôt rompe lo que usted denomina la ficticia barreta de la literatura juvenil?
Al menos ése fue mi deseo mientras la escribía, fusionar elementos propios de la llamada literatura juvenil con ingredientes de la literatura adulta: el thriller, la novela negra, la ciencia ficción, el misterio histórico, de manera que fuese una historia para cualquier lector con independencia de su edad. Estoy convencido de que los jóvenes son cada vez más adultos y los adultos desean sentirse jóvenes.

P. Hace breves fechas recibió un fax de una productora de Hollywood para llevar Grimpow al cine.
Sí, una gran productora internacional se ilusionó con la posibilidad de llevar Grimpow a la gran pantalla, aunque finalmente desistieron del proyecto por complejidades técnicas y de guión. No obstante, otras productoras de Hollywood están estudiando la novela con bastante interés. Continuará…?

P. ¿No le obligará esta nueva situación a replantearse la continuidad de las aventuras de Grimpow? ¿O seguirá fusionando géneros? ¿En qué está ahora Rafael Ábalos?
No, en ningún caso. Me interesa más seguir indagando en mí mismo y buscar nuevas historias que me sorprendan y entusiasmen. En eso estoy trabajando actualmente, en una historia sobre la imaginación y la fantasía.

P. Y como esta sección se llama Hablando de libros, el futuro de ellos ¿cómo lo ve el hombre de leyes?
Creo que el libro seguirá existiendo mientras haya nuevas historias que contar y lectores deseosos de descubrirlas. El formato del futuro, sin embargo, puede ser incierto, aunque quizá proporcione unas posibilidades para el escritor hasta ahora inexploradas. Es un tema que, como creador, me interesa especialmente, y confío en que la transformación no convierta al libro en un objeto de museo.

Muchas gracias.
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