
Manuel Moyano, Córdoba, 1963. Reside desde 1991 en Molina de Segura. Es autor de los libros de relatos El amigo de Kafka y El oro celeste, y de la novela La coartada del diablo. También ha dado a la imprenta el volumen misceláneo La memoria de la especie, así como una serie de obras que participan de la narrativa, el ensayo antropológico y el libro de viajes: Dietario mágico, Galería de apátridas y El lobo de periago.
Sus relatos, que transitan por la frontera entre lo realista y lo fantástico, han sido acogidos en diversas antologías, como Fábula rosa, Macondo boca arriba, Ficción Sur y Cuento, luego existo.
El pasado 23 de abril, El experimento Wolberg fue galardonado con el premio Libro Murciano del Año.
Una entrevista de Francisco Javier Illán Vivas
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Pregunta.- Cuando preparaba las líneas superiores, de su biografía, iba a escribir que El experimento Wolberg es su última obra, pero a primeros de marzo presentó otra, de relatos hiperbreves. ¿Se siente a gusto Manuel Moyano en las distancias literarias cortas?
Creo que escribir por puro placer es incompatible con las distancias largas. Escribir un relato, más aún un microrrelato, es algo equiparable a dibujar bocetos sobre un papel: algo divertido; si el resultado no nos gusta, se tira a la papelera y ya está: no hemos invertido demasiado tiempo en ello. Escribir una novela, por el contrario, equivale a pintar un gran lienzo, lo cual requiere planificación, tiempo y esfuerzo, y te somete a momentos de incertidumbre, alternados con algún que otro destello de euforia. Es decir, que la novela –al menos para mí– no es una distancia en la que me sienta muy cómodo. A la vez, dar por terminada una novela puede ser más satisfactorio, siempre que el resultado no haya quedado demasiado lejos de nuestras expectativas.
P.- A sus últimos relatos, incluso a la novela que ya comentamos en su momento, La coartada del diablo, se les ha puesto la etiqueta de fronterizos entre lo fantástico y lo real. Yo he encontrado que, partiendo de hechos más o menos imposibles o improbables, los va llevando hacia lo más común, aunque sea lo más inesperado, como ocurre en el relato El día de los dones.
Como lector y como escritor, el género fantástico es con el que más disfruto. Hablo del género fantástico en sentido estricto, que es distinto de la literatura maravillosa o de la ciencia ficción, y cuya característica principal reside, precisamente, en la introducción de un elemento anómalo en un entorno común. El cuento “El día de los dones” quizá no quede estrictamente enclavado en el género, ya que linda con lo onírico. Ciertamente, la idea de partida no es por entero original: hay antecedentes en el cuento “El puente sobre el río del Búho”, de Ambrose Bierce, y en la película “La escalera de Jacob”, de Adrian Lyne. Sin revelar la trama, diré que en la revisión que he hecho le he dado una vuelta de tuerca a la historia original, permitiendo que el protagonista goce de ciertos dones que anhelaba.
P.- ¿Realmente hay siempre gente dispuesta a creerse las explicaciones más inverosímiles?
No me cabe duda. Pese al galopante materialismo que –según proclaman los más agoreros– nos rodea por todas partes en la sociedad actual, la gente necesita algo de magia en sus vidas: necesitamos que todo esto tenga un sentido y, si no se lo encontramos, pues nos lo inventamos. Por eso, ni las religiones ni las creencias más o menos lindantes con el ocultismo han perdido preponderancia en nuestros días. Tal vez, incluso, hayan prosperado.
P.- El relato La bestia en su guarida me ha parecido tan cercano, con tanta verosimilitud que es imposible que ocurra. ¿Cómo surgen ideas que lleven a escribir un relato como el que le comento?
Aunque no siempre, normalmente trato de construir un relato a partir de una idea básica (o de una “tesis”, diríamos en plan pedante). “La bestia en su guarida” surge de un renglón que tenía anotado en mi cuaderno de apuntes, donde decía algo así como: “Un hombre se obsesiona con el vaticinio de que lo van a matar, hasta conseguir que ese vaticinio se cumpla”. Más tarde, descubrí que existe un término para esto: “profecía autocumplida”. En fin: esa idea estaba ahí larvada, hasta que encontré la ambientación y el tono para contarla, que en este caso me vino de los cuentos de Rafael Balanzá, autor de Crímenes triviales; de ahí que le haya dedicado esta pieza.
P.- Encadenándolo con lo anterior, es admirable su capacidad de despertar en el lector lo que Tolkien llamaba “fe secundaria” (o fe literaria), en el sentido de que crea en que lo que está ocurriendo dentro del relato es verdad, que, si bien es común a los siete relatos de este libro, lo aplico especialmente a Corsini contrariado.
Conseguir esto debe ser el propósito de todo escritor, y no conseguirlo es, de algún modo, haber fracasado. No conocía ese término atribuido a Tolkien, pero entre los anglosajones hay una expresión que viene a significar lo mismo, y que es suspension of disbelief, es decir, lo que podríamos traducir como “suspensión de incredulidad”. Se trata de que el lector deje a un lado la incredulidad, olvide que está descodificando signos impresos sobre una hoja, salidos de la mente de algún señor (o señora), y se zambulla en la historia. En el cine es más fácil conseguirlo, porque el realizador puede incidir sobre todos los sentidos del espectador (y, de hecho, a veces salimos de una película todavía inmersos en ella). Mucho más meritorio y, por tanto, más difícil, es conseguirlo en literatura.
P.- Ya que he citado al profesor Tolkien, El experimento Wolberg es un ejemplo de su habilidad para despertar lo que podríamos llamar un sentido de realidad, una marca de verosimilitud primaria, de credibilidad real en el relato. 
Bueno, creo que he respondido a esta pregunta con la anterior, pero añadiré la importancia de incorporar detalles circunstanciales, elementos científicos, hechos históricos reales y otros instrumentos que permitan envolver todo en una atmósfera de credibilidad; que parezca que los hechos contados, si no ocurrieron realmente, al menos pudieron haber ocurrido. Por supuesto, hay que eliminar, minimizar o enmascarar todo aquello que pueda resultar inverosímil.
P.- Entre las muchas frases que he subrayado mientras leía los siete relatos, hay una que me viene a la memoria ahora mismo: un problema no existe si no se admite su existencia, muy apropiada para describir la reacción de gran parte de la humanidad ante el cambio climático que amenaza con acabar con la naturaleza que con tanto cariño nos ha descrito usted en libros de viajes.
No sé si esa especie de lema me lo he inventado o lo he leído en alguna parte, pero es algo que incluso nos puede resultar útil en la vida privada; al menos, para suprimir aquellos problemas que percibimos como tales pero que, realmente, no lo son. Otra cosa es hablar del cambio climático, que es algo mucho más serio, aunque no soy demasiado catastrofista: creo que la humanidad sabrá ir regulando sus actividades antes de que el planeta colapse.
P.- Siete relatos, como hemos venido diciendo, sobre la condición humana. ¿Cuánto hay de experiencia propia en ellos relatos?
Es un lugar común –pero no deja de ser cierto– que uno introduce mucho de sí mismo en sus escritos; a menudo, involuntariamente. Normalmente, los protagonistas de los relatos son trasposciones de mí mismo, aunque no una réplica exacta, claro. Pero, en gran medida, piensan, actúan y razonan como la haría yo en las mismas circunstancias… Sólo que, en los cuentos, todos esos rasgos están exagerados, a veces llevados hasta el esperpento.
P.- Está usted considerado como uno de los escritores más destacados de la actualidad. ¿Le supone eso una carga o un alivio cada vez que entrega un nuevo manuscrito a su editor?
La frase con que encabezas la pregunta es una exageración y está muy poco fundada, la verdad. Creo que no soy demasiado conocido fuera de ciertos círculos. Pese a ello, es cierto que me he alejado del estricto anonimato: hay unas cuantas personas a las que les han gustado mis libros anteriores. Te responderé, entonces, que sí supone para mí una cierta carga, en el sentido de que no quiero decepcionar a esas personas con mis nuevas entregas.
P.- Hablando de editor. Menoscuarto destaca en la contraportada de este libro que usted forma parte de una generación de narradores españoles que, asumiendo su propia tradición, bebe además de la literatura de las dos Américas. ¿Qué autores le influyen o le han influido?
No voy a citar nombres, porque la lista sería larga. Hablaré de “bloques” de escritores que me han gustado e influido: los sudamericanos de las décadas 40-70 del pasado siglo, los británicos a caballo entre los siglos XIX y XX, y algunos norteamericanos del siglo XX. Te hablo a grandes rasgos: hay muchos autores que no están en estos tres grupos y también me han gustado e influido.
P.- Creo que es usted de los pocos, poquísimos, autores que no cuentan con una ciberpágina o una bitácora personal. ¿Está reñido con las nuevas tecnologías?
No, no estoy reñido con ellas, aunque tampoco soy un amante del ciberespacio. Se me hace cuesta arriba leer blogs, formar parte de algún facebook, entrar en un chat, bajarme películas o canciones del e-mule o ver vídeos en Youtube. No sé si iré entrando poco a poco en ello: nunca digas de esta agua no beberé. Por otro lado, la verdad que llevar una bitácora personal me parece algo excesivamente narcisista, y no es que yo no sea narcisista, pero tampoco me apetece proclamarlo a los cuatro vientos.
P.: La primera vez que le entrevisté ya se lo pregunté, pero ha pasado el suficiente tiempo, como para volver a preguntarle cómo ve el futuro de los libros.
Es una incógnita total. Los libros, en cuanto que proveedores de historias o de información, creo que nunca desaparecerán del todo. Otra cosa es que se mantenga el formato actual, en papel. Cada vez empiezo a estar más convencido de que el e-book o libro electrónico terminará por implantarse. No entre los de nuestra edad, por supuesto: jamás podremos renunciar al libro clásico. Pero nosotros desapareceremos, claro. Habría que ser adivino para saber lo que ocurrirá dentro de tres o cuatro generaciones.
Ha sido un placer volver a charlar con usted.
El placer ha sido mío. Gracias por su paciencia.

Antonio Galera Gracia nació en Puebla de Soto, Murcia. Licenciado en Teología y doctor en Historia, ha colaborado como articulista en diversos medios de comunicación. Experto en Alta, Plena y Baja Edad Media, y con dedicación preferente al estudio de las órdenes religiosas y militares que existieron, es uno de los autores que mejor ha sabido dar a conocer los oscuros e imprecisos acontecimientos de la época medieval.
Es autor, entre otras obras, de El último secreto de los caballeros templarios, El evangelio de la hermana de Jesús, Los soldados del Cordero, Masones, una historia diferente. Como novelista ha publicado El último secreto templario y La cripta de los templarios herejes. Es coautor de las enciclopedias Codex Templi, Hispania Incongnita y Gran guía de la España Templaria, obras dirigidas por Templespaña, Sociedad de Estudios Templarios y Medievales, de la que fue su primer cronista general.
La verdadera historia de la Orden del Templo de Jerusalén es su más reciente obra publicada, que lleva como subtítulo A la luz de la documentación histórica.
Una entrevista de Francisco Javier Illán Vivas para Hablando de Libros
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Pregunta.- Por su bibliografía el lector puede comprender que estamos ante uno de los autores que más conocen los acontecimientos referentes a los Templarios. Además, he leído en su más reciente obra, que lleva usted unos cuarenta años investigándolos.
RESPUESTA.- Llevo exactamente cuarenta y cinco años reuniendo fotocopias de documentos históricos que he ido obteniendo de Archivos Históricos de España, Europa y del Archivo Secreto Vaticano. Igual que otras personas coleccionan monedas o sellos, a mí, tal vez por el amor que le tengo a la historia, me dio por coleccionar documentos que en mi vida literaria me están sirviendo para documentar y dar más veracidad a las obras que escribo.
De todas formas, hay que decir que yo no comencé mi vida literaria con los templarios. Mis primeros pasos en este difícil mundo de la publicación, se puede decir que fue literatura protesta. Me di cuenta que este mundo en que vivimos tiene muchas carencias. Hay Instituciones, tanto religiosas como sociales, que ejercen su poder entre aquellos que somos más débiles. Me di cuenta de que cada uno debemos de luchar para modificar y transformar estas imperfecciones con las armas que Dios nos dio como carismas personales.
Mi primer libro se titulaba «CURAS CASADOS. Desertores o pioneros», un ensayo sobre la Ley del Celibato Eclesiástico, donde se defendía que la mencionada Ley no es evangélica, ya que, excepto Juan, que era muy joven, todos los demás discípulos eran casados, e incluso tenían más de una mujer como podemos darnos cuenta si leemos a san Pablo 1Tim. 3. 2-6. Donde se dice: «Que el obispo sea intachable, marido de una sola mujer, sobrio, sensato... Pues si no sabe regir la propia familia ¿cómo se ocupará de la Iglesia de Dios?»
Mi segundo libro se titulaba «Alabado seas por no haberme hecho mujer», un ensayo sobre el problema de la mujer visto desde el comienzo de los tiempos hasta nuestros días. Porque en un mundo donde la mujer es violada, maltratada, asesinada, lapidada, echado al rostro ácido por contradecir al padre o al marido, hay que dar gracias a Dios por no haber nacido mujer.
Mi tercera obra se titulaba «Cuentos Terapéuticos», un libro de cuentos cuyo contenido fue elegido para entretener, aliviar y ayudar a los lectores en sus inestabilidades personales y en sus ansiedades diarias. Fue publicado en el año 2000 y de él se hicieron ocho ediciones. Hoy está siendo tan masivamente pedido, que ya tengo contrato firmado con Grup Lobher editorial para que se publique una nueva edición del mismo, corregida y aumentada.
Mi cuarto libro se titulaba «El Largo como de un Policía Nacional), y en sus paginas criticaba abiertamente a la Organización Terrorista ETA.
Mi quinto libro se titulaba «El evangelio de la hermana de Jesús», un ensayo que fue minuciosamente elaborado entresacando pedacitos de todos los evangelios que hasta este momento fueron hallados: Canónicos, apócrifos, del Mar Muerto, tardíos, antiguos, esenios o recientemente descubiertos, todos fueron meticulosamente investigados para construir la verdadera historia de un hombre que vivió para hacer el bien y murió por desaprobar las riquezas de la iglesia y por defender a los pobres y a los desposeídos de este mundo.
Mi sexto libro se titulaba «El último secreto de los caballeros templarios», una novela histórica donde por medio de unas minuciosas investigaciones que duraron más de ocho años, demostraba la inocencia de todos los cargos que la historia fue amontonando sobre las espaldas de estos pobres caballeros, que han sido culpados, por la mayoría de autores de todos los tiempos, de sodomía, nigromancia y de prácticas diabólicas. Esta obra, por el interés que despertó en el ámbito templario, fue reeditada en el año 2005, por Styria. Tanto éxito tuvo, tanto la primera publicación como la segunda, que desde entonces las editoriales no quieren otras obras escritas por mí que no hablen de templarios. En este momento soy un escritor encasillado, pero hay que dar gracias a Dios porque puedo publicar todo aquello que escribo sin tener ninguna clase de problemas.
P.- ¿Estamos ante el libro definitivo sobre la historia de la Orden del Templo de Jerusalén?
R.- Si no lo estamos, porque afirmarlo sería demasiado presuntuoso por mi parte, sí que estamos por lo menos ante el libro mejor documentado que hasta el momento se ha publicado. Más de quinientos documentos templarios se dan a conocer en este libro. Y para que los lectores vean que no he arrimado el ascua a mi sardina, los documentos que se dan a conocer traducidos, son insertados al final de la obra en sus lenguas originales para que quienes quieran comprobar que mi traducción es literal y sin dobleces, puedan hacerlo comprobando original con traducido.
P.- Para una persona de mi generación, donde la historia se nos enseñaba muy marcada hacia los intereses de los principios que regían en España hasta 1975, leer, como puedo hacerlo en su libro, que entre las milicias cristianas y musulmanas hubo un pacto en Tierra Santa es casi inverosímil. Usted nos dice que no guerreaban los viernes ni los domingos, uno por ser festivo de los musulmanes y otro por serlo de los cristianos.
R.- En aquellos tiempos, aunque las batallas por ser cuerpo a cuerpo eran crueles y sangrientas, existía entre los contendientes un gran respeto. Lo que era acordado mediante palabra, nadie se atrevía a contravenirlo. Algo que se echa de menos en estos tiempos, donde los acuerdos son pactados mediante serios documentos, y casi siempre violados. En Tierra Santa, tal como afirmo en mi libro, siempre ayudado por las fuentes documentales, árabes y cristianos no guerreaban los viernes ni los domingos: los viernes por ser el día religioso de los musulmanes y los domingos por ser el de los cristianos, pero además, se acordaba disponer de unas horas de descanso al día para que cada una de las partes contendientes tuviesen tiempo suficiente de retirar a los heridos y de enterrar a los muertos. Y esto no fue algo que se hiciera solamente en Tierra Santa, también se llevó a cabo en los territorios españoles. Sin ir más lejos, en la batalla de Zalaca, por ejemplo, cerca de Badajoz, los soldados judíos eran tan numerosos que el rey Alfonso IV de Castilla y Yusuf Ben Tachfin, convinieron no batallar los viernes, sábados y domingos. Los viernes por ser la fiesta de los musulmanes, los sábados porque era fiesta de los judíos y los domingos por ser fiesta de los cristianos.
P.- Tengo entendido que toda orden religiosa profesaba votos de pobreza, castidad y obediencia. Usted cuenta en su libro cómo los Templarios se convirtieron en muy ricos, despertando la envidia de otras órdenes y del clero.
R.- Hay una gran desinformación sobre este tema. La Orden del Templo de Jerusalén, por medio de la buena administración de sus caballeros, se hizo inmensamente rica, pero sus miembros siguieron siendo pobres y profesando en todo su rigor el voto de pobreza. Ninguno de ellos se lucro nunca de las bienes de la Orden. Quines tengan la oportunidad de leer el libro que es objeto de esta entrevista, llegarán a la conclusión, por medio de los documentos que han servido para fundamentarlo, que si bien los caballeros de la Orden del Templo de Salomón no eran los monstruos diabólicos, sodomitas y sanguinarios que algunos escritores nos han querido hacer creer que eran en provecho propio, sí veremos que, como seres humanos que fueron, tampoco llegaron a ser los espíritus celestes que otros escritores han intentado mostrarnos.
Yo he creído, y he mantenido siempre, que los templarios fueron simples hombres, con sus defectos y sus virtudes, con sus penas y sus glorias... Unos hombres cuya única misión en el mundo fue ir día a día acumulando riquezas non nobis; es decir, no para ellos, sino para mayor gloria de Dios, porque llegaron a entender a través del tiempo que la mejor forma de servir a Dios, cuando no la única, era desde el poder y desde la autonomía que proporcionaba el dinero, bajo cuyo sólo nombre vieron inclinarse a los reyes y a los papas... Hay que tener en cuenta que las riquezas que los templarios fueron a cumulando a través del tiempo, fueron aprobadas y alentadas por los reyes y los papas. Y esto fue así porque los monarcas necesitaban dinero para sostener sus guerras territoriales; los papas para sufragar los gastos de las cruzadas... Y los templarios, poseedores de inmensas fortunas y posesiones, se convirtieron en la diana perfecta de estas dos necesidades.
P.- A lo largo de su obra, nos presenta una enorme cantidad de documentos históricos, pero no se conforma con eso, incluso anima al lector a que lo compruebe él mismo. Más concretamente, cita en Decreto 1266/2006, de l8 de noviembre, por el que cualquier ciudadano puede acceder a los fondos documentales de los archivos tutelados por el Ministerio de Cultura.
R.- Por lo mucho que yo disfruto husmeando entre documentos, sea tal vez por lo que recomiendo que los demás lo hagan. Aunque quizás también lo recomiende para que, a través de las fuentes documentales que yo expreso en el libro, puedan los demás ver los documentos que yo he elegido para darlos a conocer y ampliar su información si así lo creen necesario.
P.- Un capítulo importante de su obra es el titulado Entre el mito y la realidad. Desde el principio del mismo usted nos dice que “la extinción del Temple fue un crimen provocado por la envidia”. Permítame citar otras palabras suyas, “en este océano de amor y odio, ..., es donde navegaron los de la Orden del Templo desde que adquirieron el poder, la riqueza, la sabiduría, la fortaleza, la gloria y las alabanzas, hasta su trágico final”.
R.- Lo peor que le podía suceder a una persona o asociación de personas en aquellos tiempos —y de este mal fueron víctimas los templarios—, era sobresalir por encima de las demás. Esto suscitaba envidia, y los que la sentían experimentaban lo difícil que era cambiar sus sentimientos. El mal de los que estaban por encima de ellos en sabiduría, riqueza o premios, les producía alegría, y su éxito les entristecía... Don Jacinto Benavente solía decir que «es tan fea la envidia, que siempre anda por el mundo disfrazada, pero que nunca es más odiosa que cuando se disfraza de justicia».
P.- Algo que también puede sorprender al lector que desconozca la historia es que, la Orden no estaba compuesta solamente por caballeros.
R.- Así es. Este detalle es desconocido incluso por algunos autores que dicen saber mucho sobre templarios. Para que los lectores puedan hacerse una composición bastante aproximada del porcentaje de hombres que convivían en una casa, bailía o encomienda, diremos que en una encomienda que hubiesen 100 hombres, el 70% estaba compuesto por sargentos, escuderos, soldados, especialistas en diversos oficios y hermanos que realizaban los servicios domésticos. El 30% restante eran caballeros. Es decir, que de cada 100 hombres, solamente 30 eran caballeros. Hoy en el ejército ocurre exactamente igual, los oficiales son muy pocos; el mayor número se encuentra entre los suboficiales, cabos y soldados.
P.- ¿Por qué era tan importante destacar, o aclarar, el lenguaje de las manos.
R.- El lenguaje de las manos y el criptográfico, ambos ideados por los templarios. Fue muy importante para estas milicias. Hay que tener en cuenta que además de soldados, los templarios también eran monjes y, como tales, también estaban sujetos al voto de silencio. Con este lenguaje se podían comunicar en caso de ver algún peligro. También a mucha distancia para que los caballeros pudieran dar órdenes a los soldados que tenían bajo su mando, y en cuanto al criptográfico, que en mi obra titulada «La cripta de los templarios herejes» doy a conocer pormenorizadamente, les valió para enviar mensajes que, aunque fuesen interceptados, no podían ser descifrados absolutamente por nadie, ni siquiera por el soldado que lo portaba porque solamente podían ser descifrados por los maestres. Como nota curiosa para sus lectores, y si usted me lo permite, podemos dar un enlace en el cual podrán admirar este lenguaje. AQUÍ podrán encriptar y desencriptar todas las frases que escriban tal como loa hacían los templarios hace setecientos años.
P.- Afirma usted que el Bafomet templario existió. Y en la lectura de los cargos contra la Orden fue uno de los más importantes argumentos.
R.- Así lo afirmo en el libro, pero para hacer honor a la verdad habrá que leer todo el capítulo. Allí, entre otras muchas cosas, se dice: A poco que ustedes hayan leído sobre la vida de los santos, habrán advertido que todos ellos trabajaban, vivían y dormían siempre ante una calavera para acostumbrarse a la muerte y no temerla, que es lo mismo que decir: para perder el miedo al demonio que es, y ha sido siempre representado como señor de la muerte. Y esto fue, sin lugar a dudas, lo que ocurrió con los caballeros templarios: que advirtiendo el gran temor que muchos de sus militantes sentían por la muerte decidieron vivir acompañados siempre por una calavera con objeto de que sus caballeros, sobre todo los más jóvenes e inexpertos, perdieran el miedo que sentían hacia la muerte y se familiarizaran con ella…
Luego, más abajo, y ya casi al final, se dice: El famoso Bafomet templario existió. Pero intuimos que si este Bafomet templario era malicioso y, por lo tanto, merecedor de que sus poseedores fuesen condenados a morir abrasados en la hoguera por herejes, nuestras catedrales, nuestras iglesias, nuestras ermitas..., en definitiva, todos los templos del mundo, estarían ausentes de imágenes y pinturas de santos y santas porque la mayoría de ellos hubiesen sido quemados por el hecho de hacerse acompañar tanto de noche como de día por una calavera, tal y como vemos en infinidad de cuadros…
P.- En el capítulo referente a Entre el dogma y la oscuridad, insiste en aclarar más incógnitas que necesitan respuestas, como el agnusdéi, los juegos o la Cruz Patriarcal.
R.- Estas tres parcelas están siendo manipuladas por algunas asociaciones que se dan a conocer en Internet, con explicaciones maliciosas, esotéricas o interesadas. Para que los lectores sepan la verdad acerca de ellas es por lo que yo doy a conocer, con sus fuentes documentales, cuáles son exactamente sus significados y el cómo y el porqué adquirieron su importancia durante la historia.
P.- ¿Existió el documento Larmenius?
R.- Ese es un documento que, como yo demuestro en el libro, fue manipulado y dado como verdadera para que un montón de seudo órdenes templarias que pululan por Internet aseverando todas ellas ser los únicos y verdaderos descendientes del Temple, puedan lucrarse cobrando un verdadero dineral por investir caballeros.
P.- La bula Vox in excelso audita es, dice “no por unanimidad, pero sí por la decisión Apostólica...”. He observado que usted da bastante impor
tancia a ese apartado en la decisión final sobre el Temple.
R.- Le doy mucha importancia porque en este párrafo, que fue dictada por el papa Clemente V, está encerrado precisamente el hecho demostrable de que sobre los soldados de la Orden del Templo de Jerusalén, no había cargo alguno que pudiese ser usado en su contra. Allí se dice textualmente que la mayor parte del consejo llegó a la conclusión, casi unánime, de que a la orden del Templo se le debería de dar la oportunidad de defenderse a sí misma y que, de ninguna forma podía ser condenada sobre la pobre base de las pruebas obtenidas hasta el momento. Sólo una pequeña parte de delegados eclesiásticos, que a la luz de los documentos se puede observar que son la parte más allegada a las ambiciones del Papa, está de cuerdo en que a los templarios no se le debe permitir tal defensa, aduciendo para ello que los intereses en Tierra santa podrían sufrir perjuicio si esto se concediera.
Clemente V, desestimando la opinión de la mayoría, cosa totalmente desacostumbrada en un concilio, ya que sin democrático consenso no sería necesario concilio alguno, decide condenar la orden de los caballeros del Templo de Jerusalén, no por la declaración definitiva —ya que no tenían pruebas suficiente para ello—, sino por decisión Apostólica, o tal como reza en el documento original «...no per modum deffinitivae sententiae, sino per modum apostolicae provisionis...»
P.- Ya lo hemos mencionado anteriormente, pero quiero insistir en que usted afirma, al principio del capítulo XI: la Orden del Templo de Jerusalén fue condenada siendo inocente de todos los cargos que les fueron imputados. Su proceso duró seis años, los mismos que muchos de los templarios sufrieron de torturas, digamos, muy poco “cristianas”.
R.- De un documento cuyas fuentes documentales doy a conocer en el libro, el capellán del Coro de la catedral de Notre Dame, Johannes de Blanchefort, que fue legado por su obispo para que fuese a visitar al Gran Maestre que estaba en prisión desde hacía ya más de cinco años, dice los siguiente: «Me confesó que lo habían torturado durante tantos años, en tal proporción y de tal forma, que si le hubiesen exigido decir que él era el asesino de Nuestro Señor Jesucristo, lo hubiera confesado sin dilación por tal de acabar cuanto antes con ese insufrible y doloroso sufrimiento…»
P.- ¿Quién mandaba realmente en la Iglesia, Clemente V o Felipe el Hermoso?
R.- Históricamente, y eso queda muy bien documentado en el libro. Un hecho que nos demuestra que el rey Felipe el Bello a través del papa Clemente V, era el que mandaba en la Iglesia, es que lo primero que hizo fue ordenar a éste que trasladase la Santa Sede de Roma a Aviñón. Y, después, como también se puede ver en el libro, le exigió que le suprimiese la excomunión que contra él había decretado su antecesor el papa Bonifacio VIII.
P.- Reproduce usted un documento de Wenceslao Ayguals de Izco, donde pone a Felipe IV como un execrable monarca, de los más pérfidos y crueles que desolaron la Francia. Parece que su insaciable deseo de lujo y oro es la clave del proceso a los templarios. En ese sentido, usted afirma que “los monarcas necesitaban dinero para sostener sus guerras territoriales; los papas para sufragar los gastos de las Cruzadas...”, pero no sólo eso.
R.- Cuando digo esto, me estoy refiriendo a los monarcas normales. El rey Felipe IV, no lo fue. Los documentos dicen que desde muy niño este monarca era un déspota y que su ansía de dinero no tenía fin. Que para lograrlo no dudó en empobrecer a hombres muy importantes que le habían servido fielmente tanto en la paz como en la guerra, acuñar moneda incluso en aquellos territorios donde no tenía potestad para hacerlo y, en fin, quienes lean el libro, podrán ver todo lo que los documentos dicen acerca de este monarca.
P.- Hace usted una referencia a “La Santa Inquisición”, y lo pongo entre comillas por lo de Santa, donde nos presenta tres de sus instrumentos de tortura: la garrucha, la toca y el potro. ¿Cómo podía un religioso aplicar esos tormentos en nombre de Jesucristo?
R.- La Iglesia estaba salva de esta culpa. Los religiosos eran los que interrogaban, y los laicos los que aplicaban los castigos y torturas. Para salvarse de tan aterradores y doloras torturas, los reos confesaban todo lo que le ponían delante. Después, la Inquisición entregaba al recién juzgado a las autoridades seculares para que éstas cumplieran la sentencia de muerte, porque los tribunales eclesiásticos tenían expresamente prohibido ejecutar las penas capitales.
P.- Su obra es tan completa que usted, en la página 221, nos hace una relación de las órdenes en las cuales se puede ingresar actualmente.
R.- Esto lo hago sobre todo por los más jóvenes. Para que si quieren ser caballeros de alguna orden, lo hagan en aquellas que sí están aprobadas por los gobiernos y por la Iglesia. Aquellas donde no podrán ser engañados. Sobre esto, hace cosa de algún tiempo, un chico de 15 años se puso en contacto conmigo, y me decía que alguien le había escrito en nombre de una orden caballeresca, y que le decían que lo iban a nombrar directamente comendador, pero le aconsejaban que no se lo descubriese a nadie, ya que esta clase de actos había que hacerlos según el antiguo rito secreto de los templarios. Teniendo en cuenta que hay autores que han afirmado, sin dar las fuentes documentales, que los templarios sodomizaban a los candidatos y le besaban la verga, yo alerté al padre de esta criatura del peligro que corría. Dado, además, que lo citaban en un lugar para luego llevarlo a la supuesta encomienda. De ahí que yo haya dedicado este capítulo para advertir a los más jóvenes del peligro en que se encuentra.
P.- ¿Es real el grito de Jacques de Molay emplazando al Papa Clemente y a Felipe, en el momento de ser quemado? Tengo entendido que, al menos, se cumplió el emplazamiento. ¿O se trata de otra leyenda?
R.- No. Es leyenda. No hay nada documentado que demuestre su verdad. El emplazamiento se cumplió porque quién dio pábulo a esta leyenda jugaba con la ventaja de saber las fechas en que murieron los supuestos emplazados.
P.- Incluso se permite usted unos momentos como escritor o narrador en el capítulo X: Leyendas de la Orden de los Templarios; y en el XIII: Ejecución.
R.- Los ensayos históricos, en los cuales el autor tiene que dar a conocer muchos documentos históricos, pueden ser muy agradables de leer para personas que gusten del tema; pero, no lo es tanto para aquellos que no tienen mucho interés por ella. Para hacer más asequible la lectura, me vi en la obligación de crear este capítulo que, precisamente, por las leyendas, hace más asequible la lectura del mismo.
Y en cuento al capítulo XIII, que usted cita, sin apartarme nunca de las fuentes documentales, doy a conocer todo el proceso de ejecución de una forma novelada para que el lector pueda disfrutar y no se aburra.
P.- ¿Qué está preparando Antonio Galera en 2009?
R.- Este año tengo preparadas tres obras. «BULARIO DE LA ORDEN DEL TEMPLO DE SALOMÓN. Comentado y traducido», publicado por Grup Lobher. Desde el año 1312 —dentro de tres años se cumplirán siete siglos—, en que por Bula del papa Clemente V, la Orden del Templo de Salomón fue extinguida y despojada de todos sus bienes, nadie, absolutamente nadie, había logrado reunir, para darlas a conocer, todas las bulas que fueron publicadas por distintos Vicarios de Cristo en favor o en contra de los caballeros templarios. En esta obra yo he logrado reunirlas todas.
El segundo es una novela histórica que se titula: «La oculta ciencia de los templarios ancianos», que será publicada en breve por la editorial Akrón. Durante mi andadura por los archivos históricos de toda España, y más concretamente en los de la Corona de Aragón y del Vaticano, encontré pistas documentales que hablaban de un caballero templario que huyó de la batalla de Fraga presa del miedo y de la cobardía. Asimismo también pude verificar que este caballero, además de ser monje y guerrero, era también un consumado poeta. En esta obra, basándome en las mencionadas fuentes, desvelo la vida de este caballero medroso, monje, guerrero y poeta; hijo del conde de Osca, nacido en Montbrió, hoy conocido como Montbrió del Camp, provincia de Tarragona. Y, de igual forma, sirviéndome del Libro de las Ordenanzas Secretas de la Orden del Templo de Salomón, también doy a conocer la extraña e insólita técnica que los caballeros ancianos empleaban para convertir a un caballero cobarde en el más audaz y diestro soldado de las milicias templarias.
El tercero y último que este año publicaré, es el libro que referí anteriormente, cuyo título es «Cuentos terapéuticos», que será reeditado en breve por Grup Lohber editorial.
P.- Y como esta sección se llama Hablando de Libros, el futuro de los mismos, ¿cómo lo ve doctor en historia?
R.- El futuro de esta sección ha de ser triunfal. Los libros son, fueron y seguirán siendo en el futuro nuestros mejores amigos. Y así es comprendido y aceptado por todo el mundo. En este tiempo en que la crisis está haciendo estragos en algunas familias y en que el consumo de muchos alimentos ha disminuido, la venta de los libros sigue exactamente igual. Tal vez esto sea debido a aquello que solía decir Montesquieu: «No he sufrido nunca una pena que una hora de lectura no me haya quitado…»
Ha sido un auténtico placer descubrir la Orden del Templo de Jerusalén en su libro.
Gracias. Espero que haya otras muchas personas que puedan decir lo mismo.
Nacho Becerril, "Nachob". Escritor aficionado muy aficionado a escribir, lleva dos años publicando cuentos e historias en diversas páginas de Internet con mayor o menor fortuna.
Como buen hobby dedica al mismo más tiempo del que debería, y como resultado de su primer año se ha regalado un recopilatorio de relatos titulado "Un año de palabras", que a juicio de los elegidos lectores tiene tantos aciertos como ausencias de tildes.
Este segundo año de su vida literaria se ha empeñado en participar en el mayor número de certámenes, antologías y publicaciones que pueda, quedando finalista en varios e incluso ganando alguno de ellos. Ha sido seleccionado para la antología “Fabricantes de Sueños 2008” con su relato Vlad. En la actualidad, sigue siendo feliz escribiendo.
Una entrevista de Francisco Javier Illán Vivas para Hablando de libros.
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Pregunta.- La primera pregunta, a la vista de su libro, es casi obligada. Además, teniendo en cuenta que hace breves fechas Luis Leante fue objeto de noticia y, no precisamente por la literatura, sino por el Ojo. Dígame, ¿por qué escogió El-ojo-que-todo-lo-ve como avatar? Y lo cito como Juan Ángel Laguna Edroso lo nombra en el prólogo de Un año de palabras.
Respuesta.- Esto de los avatares es algo muy curioso. Encontrar una imagen que te defina, o al menos te identifique, es siempre un compromiso, pero en mi caso fue harto difícil, porque siempre he huido de etiquetas. Pero al cabo de unos días me di cuenta de que mi actitud durante esa etapa de mi vida era de expectación, observándolo todo, aprendiendo. Yo sentía que era tiempo de asimilar, tanto como escritor como por persona, ese doble e intrigante mundo que se abría ante mí: por un lado la creación literaria, y por otro la posibilidad de compartirla gracias a la red.
Posteriormente comprendí que esa actitud abierta nunca debe desaparecer, y que se compagina perfectamente con mi afinidad por el elemento argumental en los relatos (“yo sólo cuento historias...”), con lo que decidí mantenerla, hasta ahora, en que ya es indisociable de nachob.
P.- Un año de palabras es su primera obra publicada en papel. Cuando escribí sobre ella dudé en definirla, ya que el lector encontrará cuento, novela corta, pensamientos, incluso ensaya escribiendo. ¿Cómo se ve a sí mismo José Ignacio?
R.- A mi me gusta mucho un termino que utilizó precisamente Juan Ángel en uno de sus artículos de opinión: protoescritor. Alguien que adora la escritura, que sueña con ser escritor, y que se esfuerza día a día por conseguirlo. Que lo consiga o no ya es secundario, porque yo soy de los que opinan como Llach que Itaca no es un lugar donde llegar, sino una senda que recorrer. Es en el camino donde se disfruta y se realiza uno, y lo mejor que en realidad te puede pasar es no llegar nunca. El día que diga soy escritor, parecerá que he dejado de avanzar, de crecer, y que sólo me queda tumbarme y morir.
En todo caso ‘Un año de palabras’ es un recopilatorio que recoge todo lo que escribí en el primer año en el que me convertí en nachob. Es un camino de superación y conocimiento personal, y por eso hay un poquito de todo. La crónica de cómo la red nos permite poner en contacto nuestra aficiones y sueños, y obtener la retroalimentación necesaria para poder continuar y disfrutar.
P.- Trescientas setenta y siete páginas, casi lo hemos dicho antes, para abarcar muchos de los géneros (narrativa, terror, fantasía, ciencia ficción). Recuerdo que en Sedice.com le llamaron trovador, juglar, bardo. ¿Hay algún género donde el autor se encuentre más cómodo?
R.- Más que género tengo un estilo definido, muy dado a la narración y menos al diálogo. Suelo tender a ser muy expositivo, un contador de historias. Incluso a veces puede que condense demasiado la acción en aras de un mayor impacto del argumento. Muchas veces me han dicho que de mis relatos se podrían sacar novelas, e incluso que a veces parecen resúmenes de estas. Pero, en primer lugar, no me creo aún preparado ni con tiempo para afrontar tal envergadura de reto, y, por otro, me gustan más los relatos que las novelas. Parafraseando a un clásico de la novela negra, lo que no se puede matar de una bala no se puede matar, lo que no se puede contar en un relato, no merece ser contado.
Yo busco una historia que valga la pena, me da igual el género, y luego trato de encontrar la mejor manera de hacérsela llegar al lector, de que le transmita las emociones y sentimientos que produce en mí. ¿Cómodo? Cuando siento la historia, cuando se mete dentro de mí, y sé que vale la pena. Entonces.
P.- Me gustaría hablar de algunos relatos en concreto. Por ejemplo, Reflejos de un espejo cóncavo. Háblenos de este relato y del espejo que había en casa de sus padres.
R.- Este ha sido uno de los relatos que más he rehecho en mi vida. Probablemente se debiera al hecho de que no tenía en sí un argumento, sino que sólo pretendía reflejar una emoción que siempre me transmitieron los espejos, y el recuerdo de una historia de miedo que contaba cuando niño a mis amigos cuando dormían en mi habitación y se miraban en el espejo que hay en ella.
Esa es otra de mis características, y es que doy muchas vueltas a los relatos, los rehago una y otra vez, tratando de pulirlos, sacarles todo su jugo, buscarles la última vuelta, el giro final, el sentido más profundo. Es difícil que me conforme si no estoy satisfecho, e incluso muchos de los relatos que componen el libro ya han sido retocados posteriormente a su publicación.
P.- En Ratas, usted experimenta con el tiempo, es un relato contado hacia atrás en el tiempo.
R.- Como buen estudiante he tratado de aprender y practicar en todos los campos. Ya he comentado que me encantan los relatos, más que la novela, y creo que formalmente permiten jugar mucho con ellos a la hora de contar una historia, que no siempre tiene porque ser lineal. Enredar con el tiempo, con dos o más acciones a la vez, dejar que la historia vaya desarrollándose poco a poco, hasta que al final acabe cuadrando, encajando, y adquiera un sentido completo e incluso nuevo, me parece que es lo que un autor debe aportar a sus lectores.
No se trata sólo de contar algo divertido, sino hacerlo de un modo entretenido, que enganche al lector y no lo suelte hasta el final. Una de las cosas más bonitas que me han dicho es que mis cuentos atrapan y no quieres soltarlos hasta que los acabas. Tal vez por eso me llamen bardo. Quiero, necesito, agarrar al lector y decirle ¿quieres que te cuente algo? ¿quieres que siga?...
He de reconocer que siempre he sido un buen contador de anécdotas y que al calor de un bar con una cerveza en la mano me salen las mejores historias. En esas situaciones, no hay mejor premio que el brillo en los ojos de la persona a quien se la estas relatando, ese sentimiento de haber conseguido que todo, salvo lo que le estas diciendo, ha desaparecido para ella.
P.- Es usted un escritor que le gustan los finales efectivos, pero sorprendentes. El Tirano y No hay prisa, que me parece un relato excelente, son claros ejemplos de ello.
R.- Empezar siempre es más fácil, porque el lector aporta su propia imaginación a un argumento apenas insinuado. Pero conseguir rematar un relato es la guinda que hace que sea recordado. Muchos relatos acaban decepcionando al lector, y eso es porque prometen más que dan. En este sentido hay relatos que encaro como una corrida de toros, una faena en la que hay que templar al lector y conducirle, con su connivencia, pero sin que él lo sepa, hasta donde quieres llevarlo, para luego dejarlo con un buen sabor de boca. Es un juego en el que si consigues la complicidad del lector, puedes llevarlo al carrusel afectivo que el relato te produce a ti mismo. Por eso no hay que tener prisa (sic), sino saber mantener el ritmo hasta el final.
P.- David Rodrigo, otro de los prologuistas de su libro. Y creo que sería conveniente aclarar que ha escogido un breve prólogo para cada relato, para cada parte de su libro. Bien, decía, que me parecen muy acertadas las palabras de David Rodrigo en Dios es un cruel amante: muchas veces se puede encontrar una pequeña gotita de genialidad encerrada en un envoltorio de diamantes. Una minúscula joya.
R.- Este relato es uno de mis favoritos. Esta basado en hechos reales, juntando varias historias, y me dolía simplemente escribirlo. En su momento fue un relato un poco incomprendido, que se tacho de melodramático, y eso me chocaba porque precisamente era el más real de todos. Y eso es doblemente triste. Pero es gracias a criticas y comentarios como los de los compañeros de la página como se consigue aprender y avanzar. Por eso el libro es también un homenaje a ellos y a todos los que nos comunicamos día a día gracias a la pequeña ventana abierta al mundo que tenemos la suerte de poder disfrutar en nuestros propios hogares.
P.- ¿Veremos alguna vez realizada esa posibilidad que nos adelanta en el relato de ciencia ficción De hombres y de máquinas, a Arnold Schwarzenegger interpretando el papel de Ricky en Casablanca?
R.- Eso es seguro. La realidad virtual acabará imponiéndose a la real, por un simple proceso evolutivo. Somos básicamente química, y desde comer chocolate hasta implantarnos electrodos, la búsqueda artificial de la felicidad forma parte de nosotros mismos. Con la tecnología actual, a saber adonde llegaremos.
Desde luego, a poder elegir los protagonistas, argumentos y finales de cualquier película (¿no recordáis la moda que hubo hace años de colorear artificialmente cientos de largometrajes en blanco y negro?), y, un poco más adelante, a poder vivirla nosotros mismos. Nos convertiremos en parásitos de emociones ajenas, y pagaremos para poder sentir un amor arrebatado correspondido o la sensación de triunfo de un campeón olímpico. El mercado del ocio nos ofrecerá convertirnos en Nerón cantando a una Roma en llamas, Dartañan abatiendo enemigos con su espada, Luke Skywalker a punto de destruir la estrella de la muerte o la masa en pleno ataque de furia. Y, entonces, ¿quién querrá despertar?
P.- Vlad comienza, de la mano del prologuista Manheor, con una cita de Sócrates: el germen de la imaginación nace de la capacidad de ofrecer nuevas visiones sobre temas eternos. Esta novela corta trata de personajes que, ahora mismo, en el cine, en la televisión, en la literatura, tienen una presencia casi monopolizante.
R.- Este relato surgió como un reto personal para presentar en el certamen Ociojoven de relatos cortos. Me plantee escribir cuatro relatos independientes para presentarlos a sus distintas categorías, pero que estuvieran conexos, que hablasen del mismo personaje desde estilos distintos (narración, teatro, primera persona, etc...) y desde géneros distintos (fantasía/histórica, terror, sentimental y ciencia ficción). Y muy pocos personajes se pueden prestar a ello salvo alguno tan intenso y atemporal como Drácula. Otra cosa es tratar de abordarlo de manera original, cosa que siempre se trata, aunque con desiguales resultados.
Se puede contar lo de siempre de distinta manera, o algo nuevo de la manera de siempre, o algo nuevo de distinta manera, o simplemente, algo bello o emotivo...
Otra cosa son las modas, o ese miedo a arriesgar que los seres humanos tenemos, y que, probablemente, sea una buena virtud, al menos para sobrevivir como especie. Tan importante como la temeridad de ciertos individuos para hacerlo.
P.- Dígame, ¿tiene toda ópera prima las mejores virtudes y los peores defectos?
R.- Tiene todo lo que uno es capaz de dar en ese momento. Y como arriesgas más, y sabes menos, vas más a carne viva, sin piel, dispuesto a todo pues poco tienes que perder. En ese sentido si que puede ser más auténtica.
Yo ahora cuido más lo que hago, y puede que eso le reste la pureza y audacia de mis primeros intentos. Aunque intento contrarrestarlo riéndome mucho de mi mismo y abandonándome todo lo que puedo a la locura y a los delirios libertinos.
P.- ¿Cuánto hay de experiencia propia en los relatos, en el contenido de este libro?
R.- Lo que uno hace es reflejo de lo que uno es. No en las historias, gracias a dios, pero si en las emociones que se traslucen tras ellas. Su concepto moral y sentimental, lo que en ellas se transmite, es lo que hay en mi. Horda es un compendio de lo que a mi me resulta épico y emotivo, y cada relato reproduce algo que a mí me gusta o emociona. Soy mi primer lector, y por tanto me tiene que gustar el primero a mi.
P.- ¿Qué autores le han influido? Y no me refiero sólo a los clásicos, que también, sino a esos desconocidos o menos conocidos que se mueven por la red, por Ociojoven, por Sedice, por ¡¡Ábrete Libro!!.
R.- Aquí ya me pierdo, porque tendría que contestar todos y ninguno. El ojo que todo lo ve siempre está abierto para aprender, para imbuirse en todo lo que le rodea, la sociedad y el tiempo que le ha tocado vivir. Pero me resultaría difícil encontrar puntos de referencia concretos o conscientes. Si que es verdad que en un momento dado notas más la influencia de algo que acabes de leer o conocer, pero estar en constante evolución hace que enseguida lo fagocites y lo incluyas en tu propio acervo.
Eso sí, como ya he dicho, es gracias a los comentarios y opiniones de los demás como uno quiere y puede continuar.
Otro fenómeno que si he observado que gracias a leer relatos de compañeros con espíritu critico y constructivo, surgen muchas ideas, solventas muchas dudas y aprendes de sus aciertos y errores. Como una gran escuela virtual de donde puedes sacar tanto como metas, y donde la generosidad es ampliamente recompensada.

P.- Se define usted en su bitácora como un autor reciente, de hace un par de años para acá, y ya hemos visto que toca casi todos los géneros y modos literarios. ¿Ha escrito poesía?
R.- No me siento capacitado para tal dominio del lenguaje, ni de las emociones. Soy mucho más prosaico, mucho más dado a la fábula. No suelo leer poesía, reconozco su mérito, pero simplemente yo voy por otros derroteros.
P.- Tal vez esta pregunta sea un tópico. Pero creo que a nuestros lectores les interesará saber cómo ve el mundo de la literatura fantástica y de ciencia ficción.
R.- Creo, que al igual que otras artes creativas, nunca se ha hecho tanto y tan bien. La universalización de la educación y las comunicaciones, las nuevas tecnologías y el acceso generalizado a la información ha hecho desaparecer la escasez o limitaciones de otras épocas. Hoy en día hay mucha gente preparada y entusiasta que sabe escribir, un mercado muy asequible y gran facilidad para que las ideas se transmitan y germinen.
Por eso para mí el problema no está en la oferta sino en la demanda. Basta acudir a una librería, o darse un paseo por la red, para ver la increíble variedad y número de libros tanto en estos géneros como en cualquier otro. Y, al igual que nos pasa con la música o el cine, el problema no está en acceder a ellos, sino en elegir y hacerlo bien. Por mucho que avancemos, en este campo, y hasta que descubramos como descargarnos vía USB esta información directamente en el cerebro, sólo podemos leer un libro, escuchar un disco y ver una película a la vez, con lo que el límite de nuestro consumo está en nuestra condición humana (tengo un relatillo sobre como la autentica revolución en la longevidad no se producirá viviendo cuatrocientos años –como se prevé-, sino cuando consigamos aplicar la velocidad de los procesadores artificiales a nuestro cerebro, y leer la enciclopedia británica, y reflexionar sobre lo que en ella se dice, todo en cuestión de milésimas de segundo, Cuando podamos contar toda nuestra vida a un conocido vía cable en un suspiro –al final, todos seremos uno o, más bien, legión-).
Es en esa dificultad de elección donde se produce el problema. Estamos hablando de un mercado que tiende a la saturación, y donde se aplican cada vez más agresivas técnicas comerciales y de marketing para conseguir lectores, y, consecuentemente, el refuerzo moral y económico que suponen. Las grandes empresas del sector tratan por todos medios de demostrar que sus productos son los mejores y convencer para que sean consumidos en detrimento de los demás: publicidad, control de las distribuidoras, uso abusivo de los espacios en las tiendas, llegando incluso al recurso dudoso de la critica y los premios subvencionados.
Éticamente puede ser reprochable pero en realidad este tipo de prácticas se ven a todos los niveles, incluso en los certámenes y publicaciones de aficionados más humildes (es común ver relatos publicados con comentarios con manifiesto halo de autobombo, o simplemente mirar como funcionan las votaciones de los concursos abiertos a las mismas que no ejercen ningún tipo de control previo). Yo he visitado páginas para pedir reseñas donde se me indicaba que directamente les hiciera llegar yo mismo la que quisiera. ¿Cómo fiarse entonces de su fiabilidad y honestidad?
Es ahí donde la red, además de este papel de globalización y comunicación que tanto hace avanzar a la creatividad, puede tener un papel fundamental. Y es gracias a personas como Paco y otros que cada día se esfuerzan en conocer y dar a conocer lo que pasa en este mundo, como podemos tener datos suficientes con los que tomar decisiones con buen criterio.
Suelo comentar que puede que el mejor relato jamás escrito repose olvidado en un cajón de la mesilla de una atribulada ama de casa. Y puede que sólo gracias al milagro de la red un día podamos disfrutarlo y aprender de él.
P.: Y como esta sección se llama Hablando de Libros, el futuro de los mismos, ¿cómo lo ve?
R.- Con las salvedades señaladas con anterioridad, creo que leer siempre se leerá. El lenguaje oral y escrito sigue siendo nuestra forma fundamental de comunicarnos, y mientras no podamos conectarnos y transmitirnos la información con ceros y unos, necesitamos hablarnos y leernos para poder realizarnos como seres humanos.
Otra cosa es el formato papel... Pero eso sólo tiene importancia para los que ya hemos superado esa etapa de la vida donde crees que aún dispones de todo el tiempo del mundo, apreciamos más como este nos arrastra sin remedio hacia ese lugar donde dicen que más allá sólo hay monstruos, y la melancolía nos impregna como lluvia en otoño (como veis, uno no puede dejar el vicio de novelar ni aunque quiera)
Muchas gracias.
Gracias a ti por esta oportunidad, y un fuerte abrazo a todos.