domingo, 15 de agosto de 2010

Patrick Ericson pone a Adolf Hitler en el objetivo


Patrick Ericson es ya un habitual de la sección Hablando de libros, le hemos entrevistado en un par de ocasiones y sus libros publicados han sido comentados en Acantilados de Papel: La escala masónica; Génesis, el ritual Rosacruz, El ocaso de las siete colinas, Baile de dríadas...

Una entrevista de Francisco Javier Illán Vivas

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Pregunta.- Objetivo Adolf Hitler, la novela que nos ocupa, es una ucronía.
Respuesta.- En efecto, la novela en sí, al margen de poseer una trama ambientada en la 2ª Guerra Mundial con ciertos elementos detectivescos, es una historia que nada tiene que ver con la realidad. Tal y como nos dice el Diccionario de la Real Lengua Española, ucronía es la reconstrucción lógica, aplicada a la historia, que por supuestos unos acontecimientos no sucedidos, pero que habrían podido suceder. Esa ha sido mi labor en este libro, reinventar la historia, plasmar sobre el papel unos acontecimientos que, afortunadamente, no llegaron a hacerse realidad. Preguntarse qué habría sucedido si Hitler hubiese ganado la guerra es algo que muchos nos hemos planteado alguna vez. Solo que aquí, en la novela, los hechos alcanzan unos límites no sospechados.


P.- ¿Cómo surge la idea de esta novela?
R.- Hace dos años, en la Feria del Libro de Madrid, mi agente me comentó en una comida que mantuvimos que acababan de contratarle un ensayo sobre las armas secretas de Hitler. La conversación derivó en la posibilidad de que el III Reich pudiera haber ganado la guerra en caso de que el Führer les hubiese prestado más atención a los nuevos aviones, submarinos y demás armamento militar que sus científicos guardaban en sus carpetas. Hablamos también de que Hitler debería haber frenado su avance en el Frente del Este, y de otras estrategias que podrían haberle dado un considerable cambio a la Historia. Entonces le propuse escribir una novela en la que, efectivamente, todo lo que habíamos hablado se hacía realidad. De ahí nació la idea. Yo contaba con la ayuda histórica de mi agente literario y contaba también con la información que éste había ido compilando durante diez años. Fue una experiencia extraordinaria.


P.- El momento clave de tu novela, a mi entender, está en el 6 de febrero de 1943. Aunque tú lo sitúas un poco antes, en octubre de 1942.
R.-En efecto. Decidí situar el comienzo de la historia a finales del año 42. En aquel tiempo, Alemania dominaba gran parte de Europa. Había anexionado Austria e invadido Francia, Polonia y diversos países de los Balcanes. Era el momento idóneo para haber actuado con inteligencia, desarrollando nuevas armas con las que poder hacerle frente al “oso ruso” dentro de su madriguera. Ciertamente, Hitler era un gran orador y político, pero era un nefasto estratega. Si las decisiones las hubiesen tomado sus generales de campo, que eran quienes realmente dominaban el arte de la guerra, y no un hombre que actuaba impelido por la ciega ambición de conquistar el mundo, el resultado hubiera sido diferente. Hitler solo tenía en mente invadir la Unión Soviética y acabar con el comunismo. Dos grandes ejércitos se enfrentaron a lo largo de mil doscientos kilómetros de frontera, y murieron cerca más tres millones de personas de uno y otro bando, pero finalmente venció el más preparado a la hora de resistir las bajas temperaturas que se vivía en los campos de batalla. ¡Rusia, la inexpugnable!... Esa fue la tumba de Hitler.


P.- ¿Realmente pudo haberse evitado la catástrofe- para los alemanes- de Volgogrado (Stalingrado entonces)? O, dicho de otra manera, ¿realmente era posible que los rusos no capturasen al VI ejército alemán, comandado por von Paulus?
R.-En el momento en que se desarrolla la historia de mi novela, von Paulus y su ejército ya estaban embolsados en Stalingrado, y les iba a costar trabajo salir de aquel infierno si no recibía la ayuda de algunas Divisiones Panzer y distintas Divisiones y Cuerpos de Ejército. El objetivo fundamental de la Operación Tormenta de Invierno, consistía en salvar al 6º Ejército de Paulus. Sin embargo, la ayuda de von Manstein no fue suficiente. A mi modo de ver, si Hitler se hubiera retractado y hubiese firmado la paz con la Unión Soviética, tal y como hizo en el verano del 39, y durante algunos años su labor se hubiera centrado en desarrollar los nuevos prototipos de aviones de caza, los soberbios submarinos eléctricos y las bombas teledirigidas denominadas V-2. ¿Se hubiera podido evitar la catástrofe? Sí, siempre y cuando la estrategia hubiese sido distinta.


P.- Esa batalla significó el final de la ofensiva nazi.
R.- Prácticamente. Solo hay que recordar que en Stalingrado, entre fallecidos y prisioneros, el ejército alemán perdió más de un millón de hombres, así como 1500 carros de combate, 1200 aviones y más de 10.000 cañones. Por supuesto, todas esas pérdidas vinieron a debilitar su gran ejército. A esas cifras hay que añadirle las bajas que tuvieron que sufrir a lo largo de toda la frontera, hasta la ciudad de Leningrado. La verdad, después de aquello la Wehrmacht no volvería a ser la misma. Tras la derrota de Stalingrado, Alemania comenzó a luchar a la defensiva. La guerra había dado un giro entonces. Todo se vendría abajo en cuestión de dos o tres años.


P.- Pero, volvamos a tu novela, en el sentido de que el objeto de la trama- a partir del intento de asesinar a Hitler- es qué hubiese ocurrido si... el jerarca alemán le hubiese dedicado más atención a los aviones de propulsión a chorro, como el Me-262.
R.- Hitler le prestó poca atención a los Me 262 y a otros aviones como el Me 163 Komet y el Horton 229 Nurfluger, y fue porque pensó que iba a ganar la guerra en apenas unos años. Decía que era una estupidez fabricar armamento defensivo, y que mejor harían diseñando nuevos bombarderos. Estos aviones que acabo de nombrar, por su rapidez de aceleración, por su capacidad de hacer giros increíbles en pleno vuelo y por su alta tecnología, podrían haber destruido el 50 % de los aviones aliados de la RAF y de la USAAF en cada enfrentamiento aéreo. Por supuesto, tales pérdidas hubieran resultado difíciles de encajar para las tropas aliadas. Si estos aviones se hubieran fabricado en serie a principios de la guerra, la Historia no sería la que hoy conocemos.


P.- No quedan ahí los avances bélicos, citas nuevos y modernos submarinos, capaces de pasar desapercibidos para el radar.
R.- Los submarinos alemanes del tipo XXI representaron un salto enorme en los avances de la Kriegmarine. Estos U-boote de motor eléctrico se deslizaban en marcha silenciosa. Ni siquiera se percibía a bordo el sonido de las máquinas, pues poseían un motor especial que accionaba el eje de las hélices por un sistema de embrague completamente silencioso, y tampoco originaban torbellinos en el agua. Gracias a su capacidad de bajar a grandes profundidades, los radares no conseguían localizarlos. En resumen, de haberse construido varios centenares de estos nuevos submarinos durante el comienzo de la guerra, y éstos hubieran navegado por las rutas aliadas, hubiesen ganado la Batalla del Atlántico y el desembarco de Normandía jamás se hubiese realizado, dando un nuevo giro a la guerra.


P.- Incluso, y sin ser ciencia ficción tu novela, nos hablas de aviones discoidales, capaces de alcanzar los 2000 km/ hora. Puede que esa velocidad ahora nos parezca poca, pero estamos hablando de la primera mitad del siglo XX.
R.- Así es, parece de ciencia ficción. Y sin embargo hablamos de unos aviones que, aunque jamás llegaron a entrar en combate, sí que es cierto que realizaron algunos vuelos de prueba. Las naves discoidales, auténticos platillos volantes propulsados por una nueva técnica basada en los motores de implosión, fueron diseñados por los científicos Schiever, Schauberger, Habermolh y el italiano Gioseppe Bellonzo. Esta aeronave, que podía superar la velocidad de 2000 k/h, y alcanzar cotas de altitud jamás sospechadas, giraba en torno a una cabina de pilotaje fija en forma de cúpula. Nadie sabe muy bien en qué consistía el motor de implosión (las SS mantenían en secreto el proyecto), pero según Viktor Schauberger aseguraba que funcionaba con energía gravitatoria utilizando los campos magnéticos que circundan el planeta. Los primeros prototipos fueron los RFZ-3 y los RFZ-4. Más tarde llegaron los Haunebu I, II, y III; y también los Vril I y II. Casualmente, los rusos y los americanos se llevaron consigo los planos de estas aeronaves. Y lo más curioso, es que dos años después comienzan a verse los primeros avistamientos OVNIS. ¿Casualidad? No lo creo.



P.- Aunque eso no es un secreto, también de la bomba atómica, que los americanos dejaron caer sobre Japón. ¿Llegaron a tenerla totalmente operativa los nazis?
R.-Tanto Mussolini como Goebbels, el “micrófono” del III Reich, hablaban de un arma supersecreta que guardaba Alemania y que vendría a darles la victoria final de la guerra. Esto fue a finales del año 44, cuando prácticamente Alemania agonizaba bajo el yugo aliado. Y parece ser que sí, que finalmente el científico alemán Karl Diebner y su grupo de físicos realizaron tres pruebas nucleares en el otoño del año 44. Esto fue en Turingia, cerca del campo de concentración de Buchenwald, y en la isla báltica de Rügen. Testigo de ello fue el periodista italiano Luigi Romersa, del diario Il Corrieri Della Sera. Incluso se habla de estas “mini-bombas” atómicas en el libro “Les armes secrètes allemandes” del científico, periodista y escritor Albert Ducrocq.


P.- No entiendo cómo, con el desprecio del pueblo nazi a quienes consideraban razas inferiores, no lanzaron la bomba atómica.
R.- La razón es bien sencilla. Alemania ya no podía, aunque quisiera, recuperar el terreno perdido. Tanto por el este como por el oeste, Alemania se encontraba atrapada por las fuerzas aliadas. Ya no tenía ejército, ni armas para luchar. Lo que le ocurrió a Hitler, según opinan quienes igualmente se hicieron esa pregunta, es que tuvo miedo de que Inglaterra gaseara al pueblo alemán como represalia. Si Alemania hubiese lanzado la bomba atómica contra Londres u otra ciudad británicas, lo único que hubiera conseguido habría sido enfurecer todavía más a sus enemigos. Si no lo hizo, fue por temor.


P.- No siendo, como no lo es, una novela bélica, sino una ucronía, hay momentos en que nos presentas muchos de los grandes sueños del Partido Nazi, de su Fürher, como es su sueño de construcciones gigantescas, enormes ciudades, avenidas kilométricas, edificios casi inimaginables para los arquitectos de aquellos años.
R.- Entre Adolf Hitler y Albert Speer, estaban unidos por un mismo sueño: Germania. La idea de ambos era derribar la mayor parte de las viviendas de Berlín y crear sobre sus ruinas una ciudad milenaria, faraónica, que habría de durar los mil años del Reich. Para ello se pensaba erigir un colosal edificio llamado Volkshalle (la sala del pueblo), que podría albergar a 150.000 personas en su interior y que estaría coronado por una cúpula de 200 metros de altura por 250 metros de diámetro (unas 6 veces las dimensiones de la Basílica de San Pedro en el Vaticano). También pensaba construir un arco de Triunfo tres veces más grande que el de París, y una enorme avenida de varios kilómetros de largo por más de 250 metros de ancho. Entre otras edificaciones estaban la Soldierhalle, la comandancia del ejército alemán, y el estadio Maerzfeld, con una capacidad para 400.000 personas. Todo un sueño arquitectónico que se inició pero que fue suspendido con el inicio de la guerra.


P.- Aunque para un simple humano como yo, que no comprende de donde sacas tiempo para escribir tanto, y documentarte tanto, la figura de Hitler es abominable, ¿has descubierto alguna anécdota, algo curioso de su figura, su personalidad, que nos acerque más al monstruo?
R.- Hubo varias cosas que me sorprendieron de Hitler. Una de ellas es que era un vegetariano moral; es decir, no comía carne porque no soportaba el trato que se les daba a los animales. De hecho, creó leyes para la defensa de los animales, algo increíble si tenemos en cuenta que jamás le importó enviar a la muerte a seis millones de personas en los campos de exterminio. Otra anécdota que me sorprendió, fue que en cierta ocasión, discutiendo con su cuñada Gretl, Hitler le dijo que si dejaba de fumar le regalaba un palacio. Gretl, sonriendo, le dijo que no había nada mejor que el placer de fumarse un cigarrillo. Entonces Hitler le dijo estas palabras: “El día que yo sea el dueño de Europa, ordenaré que los paquetes de cigarrillos lleven inscritas unas frases que diga: Fumar mata… o Fumar provoca cáncer”. Curiosamente, es lo que hoy en día vemos en dichos paquetes de cigarros. No sé, me resultó inquietante. Es como si en verdad fuera un visonario.


P.- Y, casi sin solución de continuidad, una expresión que creo es inevitable utilizar contigo, nos presentas otra novela. O, mejor dicho, otras novelas.
R.- En efecto, acaba de salir publicada la novela “La memoria de Lucifer”, de Hera Ediciones. Es una historia fantástica que camina entre el misterio, el terror y la leyenda del ángel caído. Transcurre en Toledo, aunque hay un capítulo en el que me he permitido la licencia de introducir a mi pueblo, Alhama de Murcia. Luego, en septiembre, saldrá publicada la novela “Anochece en Irak”, en Editorial Guadalturia. Y un mes más tarde, en octubre, saldrá a la venta una novela de la cual no puedo hablar nada, pero que dará mucho de qué hablar. Lo siento, pero la editorial me ha aconsejado que guarde silencio. Sus motivos tendrán.


P.- Recuerda a nuestros lectores dónde pueden encontrar a Patrick Ericson en la red. ¿Le dedicas mucho tiempo a ella?
R.- Bueno, pueden encontrarme en mi blog
(del que confieso lo tengo un tanto abandonado últimamente debido al exceso de trabajo, promociones y presentaciones. Es el siguiente: El imperio de las palabras.


P.- Aconséjanos una película.
R.- “Belleza prohibida”, del director Richard Eyre.


P.- Una obra de teatro.
R.- “Las criadas”, de Jean Genet.


P.- Y una canción.
R.- “After Midnight”, de J. J. Cale.


P.- En un mundo donde se publican tantos, ¿es posible aconsejar un libro?
R.- Eso es algo más difícil, pero hay tres libros de los que guardo muy buenos recuerdos: “El perfume”, “La familia de Pascual Duarte” y el poemario “Las canciones de Bilitis” (poemas en los que me basé para escribir Baile de dríadas)


P.: Estoy convencido que los ingenieros alemanes nunca pensaron que podría existir el iPad, o el lector electrónico de libros. ¿Acabaran estos artilugios con el libro tal y como lo conocemos hoy?
R.- Posiblemente, pero dentro de muchos años… por lo menos en Europa. Sí que es cierto, y de esto me enteré hace unos días en la Feria del Libro en Madrid, en Estados Unidos supone un 70 % el uso del iPad, que es mucho. Cada vez más, y sobre todo en los jóvenes, que son el futuro, se utiliza este medio. Reconozco, aunque con tristeza, que el libro pasará a ser un objeto de culto. Pero bueno, no hay mal que por bien no venga. Si es así, por lo menos dejaremos en paz a los pocos árboles que todavía siguen en pie.



Un placer y, como no puede ser de otra forma en tu caso, hasta la próxima lectura, que espero disfrutemos como la actual.
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