domingo, 31 de mayo de 2009

Luis Leante nos habla de La luna roja


Luis Leante nació en Caravaca de la Cruz en 1963. Licenciado en filología clásica. Ha publicado el libro de relatos El criador de canarios (1996), y varias novelas entre las que destacan Paisaje con río y Baracoa de fondo (1997), El canto del zaigú (2000), El vuelo de las termitas (2003), Academia Europa (2003) y Mira si yo te querré, ganadora del Premio Alfaguara 2007. También es autor de literatura juvenil: La puerta trasera del paraíso (2007), y Rebelión en Nueva Granada (2008). Su obra ha sido traducida a más de veinte idiomas.

Conversamos a propósito de su última novela, La luna roja.

Una entrevista de Francisco Javier Illán Vivas.
--------------------------------------------------------------------------


Pregunta.- Quiero comenzar por esta cita de su novela, casi al comienzo, ...”y varias libretas con notas para una novela que llevaba aplazando una década”, es para mí uno de los puntos fuertes de La Luna Roja: comprender cómo se escribe una novela, conocer el proceso de gestación de, casi un mágico juego de espejos, de la que estamos leyendo.
Respuesta.- La línea principal de la novela es precisamente eso: una reflexión sobre el proceso que hay detrás de una novela. Hablo, por supuesto, desde mi experiencia aunque me consta que en la mayoría de los escritores hay unos lugares comunes que se repiten. Y en el proceso de gestación hay muchas libretas, muchas notas, muchas horas de reflexión sobre lo que uno va a escribir. Las ideas surgen casi siempre de forma espontánea, pero enseguida se contaminan con muchos otros elementos que van subiéndose a la novela de forma natural. Cuando me siento a escribir y redactar el primer párrafo, lo normal es que detrás haya horas, a veces años, de dedicación a esa idea. El proceso de escritura es la etapa final, y no siempre la que más satisfacción produce. Lo que yo quería contar es precisamente qué hay antes del primer párrafo, o de la página en blanco.


P.- El día de la presentación de la novela en Murcia, y lo he destacado en el comentario sobre la misma, dijo usted que aún le parecía un misterio que el autor se encerrase meses, o años, para escribir una novela, aislarse del mundo, de su familia, y vivir en ella las veinticuatro horas del día. ¿No es ese un motivo para volverse loco, al contrario de lo que piensa Emin, que escribe para no enloquecer?
R.- El proceso de escritura es, al menos en mi caso, un acto de aislamiento. Uno pasa de vivir en un mundo a hacerlo en otro donde eres una especie de dios. Sin embargo, tienes que convivir cada día con ese otro mundo real. Pero vives la realidad como si fuera un libro; y lo que estás escribiendo, como si fuera real. Es el mundo al revés. Cuando estás mucho tiempo así (puede ser entre uno y seis años los que dedico a una novela), terminas teniendo la sensación de vivir fuera del mundo. Y eso, a veces, produce serios conflictos. Yo me refugio en la literatura para vacunarme contra la realidad, pero desde fuera puede dar la sensación contraria: que estoy enloqueciendo. Es complicado explicarlo, porque entramos en el mundo de las sensaciones. Precisamente para eso, para tratar de explicarlo, escribí La Luna Roja. Lo cierto es que si alguien está conforme con el mundo que le rodea, vive sin conflicto y acepta todas las reglas, difícilmente tendrá la necesidad de escribir. La escritura es una forma de rebeldía, aunque en algunos casos pueda conducir a una “aparente” locura.


P.- Emin y René, los dos personajes principales de La Luna Roja. Le aseguro que había momentos, durante la lectura, en que no sabía si estaba ante dos personajes o ante uno solo.
R.- De eso se trata. Los dos protagonistas son como el positivo y el negativo de una misma fotografía. Tienen muchas cosas que los distancian, pero precisamente sus puntos comunes terminan por confundirlos. Son como dos líneas trazadas en el espacio que convergen y se separan continuamente. Y, cuando se unen, no es fácil diferenciarlas, porque son exactamente la misma cosa ante los ojos de quien las contempla.


P.- El escritor frustrado, y traductor cansado, René Kuhnheim, a quien su editora le acusa de llevar once años en la misma página de su vida, hay un momento que decide que escribirá “aquella historia que tantas cosas tenía en común con mi propia historia”. ¿Cuánto hay de su personaje, o de sus personajes, en Luis Leante, además del título del primer libro de ambos, El criador de canarios?
R.- Hay muchas cosas, a veces pienso que demasiadas, tanto en el traductor como en el escritor. Pero todo está modificado de forma artificial, podría decir, que es en lo que consiste la creación literaria. De otro modo, habría escrito una autobiografía en vez de una novela. Más que en la vida de los personajes, mi vida se refleja en el concepto que ellos tienen sobre la vida y la literatura; unas veces porque coincide con el mío, y otras por todo lo contrario. La novela es una mezcla de todo esto. Está construida con guiños constantes a la gente de mi entorno y a mí mismo. Si decidiera hacer un estudio sobre los personajes de la novela, podría demostrar que la gran mayoría de los personajes son reales, aunque sus circunstancias y características se mezclan. Es una especie de contaminatio, como la que hacían los comediógrafos latinos al adaptar y refundir varias obras de autores griegos.


P.- He citado a Leandro Davó, y aunque permanece casi siempre en segundo término, incluso olvidado, por el desenlace final, su relación con Aurelia, el inicial momento que aprovecha para invitar a René a su Club de Lectura, me parece de más importancia de la que realmente aparenta. Y con ello quiero decir: en su novela hay muchos mundos, muchas emociones.
R.- Leandro Davó es, junto a la polifacética Ángela Lamarca, uno de los personajes más reales de la novela. Leandro (nombre ficticio) es una persona a la que conocía hace años y que en la actualidad dirige un Club de Lectura en la Universidad de Alicante. Precisamente el Club de Lectura con el que arranca la novela. Yo asistí a una sesión exactamente igual a la que se narra en el primer capítulo, en el mismo lugar (el Museo de la Universidad), y en las mismas circunstancias. Todos los detalles que se cuentan en esa escena, incluida la gotera, la orquesta que ensaya al lado y la mujer que llega tarde y llama la atención del protagonista, son rigurosamente reales. Por eso Leandro desempeña un papel importante como motor de lo que luego se va a desarrollar.


P.- Derya, Orpa, Tuna, Berta, nuevamente vidas casi paralelas, que pueden confundirse.
R.- En la vida real, las personas se cruzan y se separan por un azar aparentemente caótico. Pero esos cruces ofrecen al escritor las mejores historias para disfrutar y hacer disfrutar a los lectores. Yo creo mucho en el azar, en los acontecimientos fortuitos que pueden cambiar la vida de las personas. Vamos, más que creer lo que hago es vivir convencido de que eso es así. Y, cuando escribo, se refleja en los libros. Si miramos hacia atrás en nuestra trayectoria, es fácil llegar a la conclusión de que nuestra vida es un cúmulo de acontecimientos y de personas que caminan paralelas a nosotros, se cruzan en nuestras vidas, se confunden y a veces desaparecen. Es más, yo pienso que eso ocurre cada día y a cada momento. Y, por supuesto, si la literatura tiene como punto de partida la realidad (aunque no tiene que ser así necesariamente), lo lógico es que eso se refleje en los libros y en las historias que los llenan.


P.- Porque La Luna Roja, que puede parecer una novela policíaca, que no lo es, o una de misterio, que tampoco aunque lo tiene y mucho, es una gran historia de amor.
R.- Lo de que pueda parecer una novela policíaca o de misterio es un juego más dentro de los juegos literarios y equívocos que se producen a lo largo de toda la novela. Como habrá visto, en este libro nada es lo que parece. Ni siquiera el amor. En realidad yo hablaría, más que de una historia de amor, de una historia donde tienen mucha importancia las pasiones, y entre ellas por supuesto está el amor. Lo mejor en estos casos es que cada lector la interprete según su criterio. Los libros tienen esa virtud: no son necesariamente obras cerradas de una única interpretación.


P.- En Mira si yo te querré también encontrábamos una bella historia de amor, y la relación con el mundo árabe. ¿Es ese mundo el único que mantiene el misterio o son imágenes atrapadas en el tiempo, como el libro de fotografías antiguas que tanto gustaba a René?
R.- Esta novela tiene poco que ver con el mundo árabe. Estambul es una de las ciudades más ricas que existen culturalmente desde griegos y romanos, hasta llegar al imperio otomano, porque se ha cimentado una civilización basada en el mestizaje. Lo único que une a esta ciudad con el mundo árabe es la religión, y precisamente esto es algo que no aparece en la novela, excepto cuando se cruza alguna mezquita en la descripción del paisaje. El misterio está en las personas, en el pasado, en los secretos que cada uno lleva dentro y que se van revelando a lo largo de la novela. Se parece más a ese libro de fotografías que todos llevamos en la cabeza y que a veces conservamos en papel.


P.- ¿Ha conocido a escritores que han sentido lo que Emin Kemal sobre Nerval: llegó a la conclusión de que el poeta francés le había robado sus pensamientos cien años antes de nacer?
R.- Sí, yo mismo tengo continuamente esa sensación. Lo que ocurre con la literatura es que muy pocas veces se mira hacia atrás. Pero si volvemos la vista al mundo clásico, o más cerca, al siglo XIX, vemos que muchos de los pensamientos e incluso los argumentos literarios están esbozados o desarrollados hace mucho tiempo. Finalmente, uno concluye en que las razones que mueven a alguien a escribir no son muy diferentes a lo largo de la historia. Y de esa base común surgen cosas que se parecen. Creo que hay mucha gente que al leer a un poeta, a un novelista, o a un filósofo descubre que aquellos pensamientos son también suyos. Es algo bastante frecuente. Pero a veces se puede llegar al límite cuando uno encuentra las palabras precisas que dan vuelta en su mente sin haberse materializado aún en el lenguaje escrito. Esto puede provocar una gran satisfacción o una enorme decepción. En mi caso ocurre lo primero, pero no deja de inquietarme.


P.- Hay una escena donde describe los sentimientos de todo autor ante su primera obra: René tocó el primer ejemplar y fue algo místico. Lo abrió, olió la tinta, lo miró desde todos los ángulos...
R.- Me parece que es algo común en todos los escritores. Yo sentí precisamente eso cuando tuve mi primer libro entre las manos a los veinte años. Y lo he vuelto a sentir hace un par de meses con esta novela. No sé si es algo místico, pero se parece. Al fin y al cabo, el libro es una criatura engendrada por el autor, y a veces la gestación y el parto son largos y complicados, con una mezcla de satisfacción e inseguridad difíciles de precisar.


P.- Y pocas páginas más adelante, un mazazo: René estaba orgulloso de su libro, hasta que descubrió que la gente arrancaba el prólogo de Emin Kemal y dejaba el libro en las estanterías.
R.- Eso es otro guiño a la realidad. Tengo dos amigos poetas que tuvieron una experiencia idéntica. Publicaron un libro de poesía escrito entre los dos (algo poco común entre los poetas) y visitaron a Luis María Panero en el manicomio de Mondragón para pedirle un prólogo para el poemario. Panero se lo escribió, y lo publicaron. El libro era extraordinario; es extraordinario, debería decir, porque los libros nunca mueren. Pero en una visita a algunas librerías de Madrid un librero les confesó que había encontrado varios ejemplares a los que los clientes les habían arrancado el prólogo para llevárselo. Me pareció algo tan inusual y tan relacionado con el espíritu de La Luna Roja, que decidí incluir esta anécdota en el argumento.


P.- Doctor Pasavento de Vila-Matas. ¿Por qué cita ese título en el imaginario Club de Lectura de Leandro Davó y no otro?
R.- Otro guiño a la realidad. Ese libro fue la lectura de una tertulia literaria a la que asisto desde hace años. Es una novela muy buena, a mi juicio, que provocó acaloradas discusiones entre los tertulianos. Llevamos años reuniéndonos para hablar de literatura, y después de mucho tiempo sigue recordándose aquella tertulia como algo mítico. Hasta el punto de que una de las participantes, que defendió la novela acaloradamente como yo, pasó a llamarse desde entonces y por su propia voluntad “Doctora Pasaventa”. Precisamente ella, la Doctora Pasaventa, es el personaje de Ángela Lamarca en mi novela. La historia es un laberinto literario y real, no sé si un juego de espejos o de espectros, pero un juego a fin de cuentas. Aunque sea un juego muy serio.


P.- He citado de pasada su anterior novela con Alfaguara, Mira si yo te querré, que supongo revolucionó su vida personal y profesional.
R.- Fue un cambio cuyas consecuencias aún estoy viviendo. Al principio me pareció que sólo afectaría a la literatura, y que la vida profesional seguiría su camino como antes. Pero lo cierto es que ha sido como un terremoto que me ha sacudido hasta los cimientos. Tuve que elegir entre tratar de seguir mi vida como antes, o aprovechar la oportunidad que se me presentaba. Y después de tremendas convulsiones, a veces terribles, decidí subirme a este carro literario. El tiempo dirá si me he equivocado o no.


P.- Alicante, donde usted vive, y Estambul, donde creo que pasó un periodo de vacaciones tras la batahola de la presentación mundial de Mira si yo te querré. ¿Decidió en ese momento el nacimiento de La Luna Roja, o existe la cafetería del mismo nombre?
R.- Los escenarios de la novela son tan reales que apenas tuve que molestarme en reinventarlos. En concreto, el café La Luna Roja existe, pero no se llama así. Lo encontré en uno de los callejones de Estambul, como detenido en el tiempo, inmerso en su decadencia igual que muchos barrios de la ciudad. Ese café fue el motor que me impulsó a escribir la novela; el café y lo que uno intuía entre sus paredes llenas de inscripciones antiguas y olor a humedad.


P.- A usted le gusta apasionar al lector. ¿Cómo escribe usted? Se lo pregunto por que ya hemos dicho que René llevaba años en la misma página, y que Emin lo hace con lentitud.
R.- Yo también estuve muchos años en la misma página. Esos años los defino como “la travesía del desierto”. Fueron años en los que escribí mucho, gané muchos premios y apenas publiqué nada. En realidad fue una travesía voluntaria, porque a los veintitrés años creía que ya era un escritor, y me di cuenta de que había que recorrer un largo camino iniciático y de aprendizaje para llegar a parecerme a un escritor. Después, todo fue más fácil, si es que hay algo fácil en literatura. No sé si apasiono al lector, pero lo que si es cierto es que me apasiono con lo que escribo, o trato de apasionarme. Si uno lo consigue, es más fácil conectar con el lector. De todas formas, yo nunca fui tan pusilánime con la literatura como René. Creo.


Ha sido un auténtico placer cruzar el puente Gálata con usted.

domingo, 24 de mayo de 2009

Marta Serrano nos habla de La huída de César

Marta Serrano Martínez nació el 7 de junio de 1985 en Murcia. Su primer cuento lo escribió con siete años y su primera novela, cuando apenas tenía doce. En su adolescencia ganó varios concursos literarios, pero dejó esta afición un poco apartada por falta de tiempo cuando acabó sus estudios en el instituto.
Es técnico superior en integración social y diplomada en educación social. Trabaja como educadora social en un centro de acogida de mujeres en riesgo de exclusión.
Con La huida de César resultó finalista en el VII Premio Hontanar de Narrativa Breve 2008.

Una entrevista de Francisco Javier Illán Vivas.
-------------------------------------------------------------------------


Pregunta.- Su primer cuento lo escribió con siete años y su primera novela, con apenas doce. ¿Qué buscaba? ¿Verse a través de la escritura para conocerse a sí misma?
Respuesta.- Cuando eres un niño no buscas nada, sólo haces las cosas que te gustan porque te gustan, sin más. No hay otra motivación. La escritura para mí era una afición a la que le dedicaba mucho tiempo, me gustaba inventar personajes e historias. Y aunque en el momento de escribir esas historias el fin no era conocerme, ni hacer de la escritura una catarsis, sí es cierto que leyendo hoy lo que escribía entonces puedo medir un poco mis estados de ánimo en esos momentos. Además, tampoco se puede decir que yo haya sido una persona muy sociable en mi adolescencia, más bien todo lo contrario. Soy bastante tímida, solitaria. Y la soledad es requisito indispensable para crear. Así que supongo que lo de escribir es algo que “me vino”, no lo busqué.


P.-Los personajes de esta novela tienen una visión descorazonada y llena de amargura del mundo.
R.- Están en ese momento que todos hemos tenido alguna vez de decir: todo es una mierda, ¿para qué intentarlo? Ellos no encuentran otra satisfacción en la vida que el estar juntos, compartir historias, cervezas y cigarrillos. Ese sentimiento de apatía ante el mundo que les rodea es común en los adolescentes, pero lo normal es que luego salgan de ahí y decidan moverse, cambiar cosas. Si no a grandes escalas, al menos sí en su vida. El problema es cuando un chico decide quedarse ahí, en el “no se puede hacer nada”. Porque no es cierto, siempre podemos hacer algo más. Y a ciertas edades lo que tenemos es lo que nos hemos buscado, porque hemos tenido tiempo para “hacer” y no hemos hecho nada.


P.- Se puede leer en la contraportada que todos experimentan diferentes formas de huir, aunque no saben de qué. ¿La juventud actual tiene algún horizonte desconocido?
R.- La juventud no tiene horizontes, no hay límites a ninguna edad. Los límites están en nuestra de cabeza. Y en este caso hablamos de jóvenes que huyen, de miedo al compromiso, a sufrir, a no saber lo que quieren en el futuro, miedo a que el amor no sea “para siempre”… pero los miedos no son algo que atañe sólo a los adolescentes. De adultos también tenemos miedos, sólo que son diferentes. Yo siempre digo que los miedos no se pierden con el paso del tiempo: se transforman en otros.


P.- Cuando te acercas a la gente, te hacen daño. Cuanto más te das a conocer, más vulnerable eres. Más saben de ti, y averiguan cuáles son tus puntos débiles... Descorazonadas palabras de César, el personaje de su novela.
R.- Pero son ciertas. Las personas que tienen el poder de hacernos daño son aquellas que más nos conocen, aquellas que queremos, que nos importan. Si intenta hacernos mal alguien que nos es indiferente, que no conocemos, o que conocemos pero no nos importa… esa persona no tiene ninguna capacidad de dañarnos, porque no es nadie para nosotros. A César le pasa eso. Alguien que quería alguna vez usó ese cariño para hacerle daño, por eso ahora no puede confiar en nadie. Porque tiene miedo de darse a conocer a la gente y sufrir otra vez. Un miedo muy respetable, por otra parte.


P.- Debo confesarle que me ha sorprendido la cantidad de tabaco que fuman los personajes de su novela.
R.- El hecho de que fumen tanto es simbólico. Encender un cigarro para los fumadores es como un momento de reflexión, exhalar el humo despacio, hacer pausas entre frases… Igual que lo de beber cerveza. Beber cerveza en compañía suele dar lugar a buenas conversaciones, buenos ratos. Aunque he de decir que yo no fumo.


P.- Por cierto, y se lo pregunto por qué asistí a un debate sobre cuando una narración es una novela o un cuento, ateniéndose a la extensión. ¿La huída de César qué es para su autora?
R.- La Huída de César iba a ser una novela. En mi cabeza tenía muchas ideas para continuar esta historia. De hecho la sensación que queda al terminar de leerla es que quedan cabos sueltos. Es como ¿ya está? ¿Esto es todo? Lo que ocurre es que lo que tenía escrito se ajustaba a las bases del Premio Hontanar de Narrativa Breve, creo recordar que eran máximo treinta folios, así que decidí presentarlo tal cual, porque por sí sola la historia tiene sentido. Pero si no me hubiesen publicado esta historia, la habría continuado y sería mucho más extensa. No sé, los personajes me gustan mucho, tanto César como Sofía, y me hubiese gustado… pero no importa. La historia acaba ahí, y cada cual que la interprete como quiera.


P.- En una reciente charla, Luis Leante comentaba que aún le sorprendía el misterio que llevaba a una persona a encerrarse meses o años para escribir una novela, aislarse de su familia, vivir la novela las veinticuatro horas del día. ¿Cómo es el proceso creativo de Marta Serrano?
R.- Pues es un proceso lento, supongo que como para la mayoría de escritores. Antes de escribir cualquier cosa las historias llevan mucho tiempo en la cabeza, imagino los diálogos, la situación, los personajes… y una vez que todo eso está definido me pongo a escribirlo. Pero no es cosa de un día, ni de un mes. Pero yo nunca utilizaría la palabra “aislamiento”. Porque creo que las relaciones sociales no son incompatibles con el proceso creativo. Hay que saber administrar el tiempo, como con el resto de cosas que tenemos en la vida.


P.- La huida de César, ya lo he comentado en su biografía, fue finalista del premio Hontanar de narrativa breve en 2008. Siempre he sentido curiosidad por conocer el proceso que lleva a una autora o a un autor a mandar una obra a un certamen literario.
R.- Nunca me había presentado a un concurso literario a nivel nacional. Había ganado varios pero siempre en la Región de Murcia. Y un día mirando bases de concursos literarios encontré éste en León, y me dije ¿por qué no? Al final me salió mejor de lo que esperaba, porque si hubiese ganado el primer premio me hubiesen dado un dinero en metálico que ya habría gastado. De esta forma no gané, pero a una de los miembros del jurado le gustó y decidió editarlo. Y ahora este libro es algo que me quedará siempre, eso es más importante que cualquier premio económico.


P.- ¿Qué ha significado para usted quedar finalista del premio Hontanar de narrativa breve? ¿En qué le ha cambiado la vida, si es que lo ha hecho?
R.- La vida no me ha cambiado. Para mí ha sido algo bonito, una de esas cosas que deseas cuando eres niño pero nunca piensas que podrás conseguir. No es algo muy común, o fácil de lograr. Pero por lo demás mi vida sigue igual. Lo que sí ha cambiado es la gente conmigo. Yo he escrito desde siempre, y nadie había mostrado especial interés en leer lo que escribía. En cambio ahora, parece que lo que escribo de repente despierta su curiosidad. Y eso me resulta hipócrita. Porque yo escribo igual de bien (o de mal) ahora que antes de publicar La huída… Pero la gente sólo ha empezado a mostrar interés ahora. En esta sociedad la gente mira mucho los “reconocimientos” y todo eso. Y no debería ser así, porque hay mucha gente buena, con mucho que decir, que por desgracia nunca ha tenido la oportunidad de ver sus palabras publicadas.


P.- ¿Cómo se enfrenta ahora la autora a sus nuevas obras? ¿Con mayor responsabilidad?
R.- No, mayor responsabilidad no. Sigo escribiendo igual que siempre, sin pensar en que hay alguien al otro lado que puede juzgar lo que hago. Me parece más auténtico eso que intentar escribir algo con moraleja. Creo que escribir con la intención de transmitir, de dejar un mensaje en el lector, ir en plan moralista… es un error. Es subestimar al lector. Mis personajes hablan como hablaría cualquier persona de la calle, pero en ningún momento doy a entender cuál es el punto de vista correcto, donde está la verdad. Eso que lo decida cada uno. No creo en las verdades absolutas. Y tampoco confío en quien cree saberlas todas.


P.- No quiero terminar sin preguntárselo, aunque no pueda decírmelo, ¿a dónde huyó César?
R.- César probablemente esté con un nuevo grupo de amigos de los que acabará por huir cuando vea que se está acercando demasiado. Así que se irá mientras esté a tiempo de salir ileso.


P.: Y como esta sección se llama Hablando de Libros, el futuro de los mismos, ¿cómo lo ve la educadora social?
R.- ¿El futuro? Igual que ahora. Los libros van a estar ahí siempre. Para muchos serán parte de la decoración de la casa y los tratarán con total indiferencia, y otras personas los tomarán como parte imprescindible en su vida. Eso ha pasado siempre, pese a que ahora siempre dicen que la gente lee poco. Pero los que leemos seguiremos haciéndolo, por mucho que cambien las cosas a nuestro alrededor.

domingo, 17 de mayo de 2009

Lola López Mondéjar nos sorprende con la lengua muy viva


Lola López Mondéjar nació en Molina de Segura, Murcia. Es psicoanalista y escritora. Cultivó el periodismo literario en el diario La Opinión de Murcia. Ha publicado las novelas, Una casa en La Habana, Yo nací con las bossa nova, No quedará la noche y Lenguas vivas, así como un libro de relatos, El pensamiento mudo de los peces, que ha sido finalista del Libro Murciano del Año, llegando a la votación final y sólo un voto le apartó de alzarse con ese galardón. Además, pronto publicará el ensayo, Psicoanálisis y creatividad: el factor Munchausen.

Sus artículos y relatos han sido publicados en distintas revistas y volúmenes colectivos. Es también profesora en masteres de Psicoanálisis y de Arte-terapia y coordinadora de talleres de escritura creativa. Durante diez ediciones dirigió el festival de literatura La mar de letras.

Una entrevista de Francisco Javier Illán Vivas.
-------------------------------------------------------------------------

Pregunta.- Lenguas vivas, sexo explícito sin prejuicio alguno: “el doctor Beltrán es... y se esmera entre ellas limpiando mi coño con un algodón”. Desde el primer párrafo, para que no quede duda.
Respuesta.- Quería tratar la sexualidad humana con realismo, desde una perspectiva naturalista; describir los actos sexuales como si estuviese describiendo un edificio, un ambiente: sin ningún pudor, llamando a cada órgano como se le nombra coloquialmente, o incluso, como se hace durante la misma relación sexual, y acercarme así a la intimidad de los lectores sin cortapisas, como si estuviera hablándoles al oído en la penumbra de su cuarto.


P.- La protagonista de su nueva novela es una ama de casa que ejerce la prostitución, empeñada en contarnos sus avatares, con tres premisas: no utilizar lugares comunes, reconocer que lo más importante en el trabajo de escritora son las palabras y la importancia del sexo en el género erótico, para que esté “siempre tiesa”. Ella, o usted como autora, lo han conseguido.
R.- La protagonista es una mujer que evoluciona a lo largo de la novela en muchos sentidos: de ama de casa a prostituta, de ignorante a semi-ilustrada. Con esta mujer, que se inicia en la escritura trayendo a ella su modo coloquial de hablar, y acaba la novela con un lenguaje más refinado,
quería homenajear la capacidad de aprendizaje de las mujeres, su enorme plasticidad. Como escritora, su chulo le aconseja que no debe utilizar lugares comunes, pero ella lo hace sin parar porque los lugares comunes le parecen de una expresividad extraordinaria. Son lo más consensuado de una lengua, aquello de tenemos de más familiar, de ahí que no pueda desprenderse de ellos. Es un guiño a una norma de escritura que he querido transgredir: nunca hables de lugares comunes, justamente para señalar que la trasgresión de las normas forma parte tanto de la escritura como de la sexualidad.
Nuestra protagonista adora las palabras, podría decirse que las paladea, le producen tantas emociones como la sexualidad. De ahí el título del libro Lenguas vivas, que hace alusión al idioma que hablamos y también a la lengua como el instrumento erótico por excelencia en la sexualidad femenina. Las palabras son los vehículos privilegiados de nuestro erotismo.


P.- Literatura erótica desde la perspectiva de la mujer. ¿Es una novedad?
R.- Creo que Lenguas vivas muestra la sexualidad masculina desde la perspectiva de una mujer-testigo, nuestra prostituta, a la que le llaman poderosamente la atención los modos de ser de ciertos hombres. Ella muestra un abanico de clientes, un fresco multicolor de diferentes tipos de hombres de hoy, y expone para sus lectores con desparpajo sus secretos sexuales; muestra su sorpresa hacia ellos, y los describe con una enorme capacidad de comprensión, sin emitir juicios sobre lo que ve.
La literatura erótica escrita por hombres ha sido y es muy falocéntrica, todo gira alrededor del pene y de la penetración, no siendo así la que escriben las mujeres. Esto es así, a mi entender, porque una y otra pretenden dar cuenta de dos modos distintos de enfrentarse al hecho sexual. El erotismo femenino es más epidérmico y generalizado, menos focalizado en el coito que el erotismo masculino, de ahí que las palabras sean tan importantes para las mujeres, tan estimulantes como desencadenante de un deseo que tarda más en aparecer. La mirada, por ejemplo, que en el hombre es casi imprescindible para que se despierte el deseo, en la mujer es menos prioritaria. De ahí que nuestra puta diga que cuando se excita pensando en ella tiene los ojos cerrados.
Hoy parece que se está desarrollando una literatura erótica (incluso una industria pornográfica) que toma en cuenta a las mujeres como protagonistas, se ocupa de nuestras fantasías, no de las masculinas, y esto es de agradecer. En Lenguas vivas la sexualidad femenina está presente; aunque nuestra prostituta trabaje haciendo realidad las fantasías de los hombres, a veces puede conectar con sus propios deseos y exponer al lector las claves de su erotismo, como en la escena con Solomon sobre la mesa de billar; en la carretera, tras la visita del Fantasma, o con el cliente-niño que la quiere adolescente y colegiala, y le permite evocar su propia iniciación sexual.


P.- En la página 36 y 37 la protagonista nos desvela una teoría: a los hombres las mujeres no les importan lo más mínimo, sino que quienes les importan son los propios hombres.
R.- Aquí coincido plenamente con ella. Históricamente, los hombres se han tomado en cuenta sólo a ellos mismos. Es una experiencia común que sólo se lean entre ellos, se citen entre ellos, tomen en cuenta las opiniones de sus amigos, nunca de las mujeres. Si bien esto está cambiando, por suerte para nosotras.
El papel que las mujeres tenemos en la personalidad del hombre convencional es el de mera comparsa. Necesitan de nosotras, le somos imprescindibles porque “ser hombre es tener una o muchas mujeres”, pero como un sostén para su autoestima, como una propiedad; los hombres convencionales tienen enormes dificultades para tomarnos en cuenta como seres autónomos y deseantes.
En literatura, que es de lo que aquí se trata, las mujeres que los hombres representan en sus libros son siempre mujeres planas. En alguna novela erótica, La casa de las bellas durmientes, de Yasunari Kawabata, o Memoria de mis putas tristes, de García Márquez, por ejemplo, los protagonistas confiesan abiertamente que prefieren que las mujeres con las que gozan estén mudas y dormidas, pues de ese modo las tienen plenamente a su disposición, como objetos de su placer. La mujer callada, sumisa, es una mujer de plastilina, en la que el hombre puede esculpir, como Pigmalión, a la mujer de su fantasía que más le excite o interese.
Creo que cuanto más identidad tiene la mujer, cuando más habla, más se expone, menos interesante se hace para el hombre. Esto es un problema en las relaciones que las mujeres libres y poco convencionales mantienen con sus parejas en la actualidad, pues se quejan de que cuando ganan en satisfacción propia, menos amor pueden encontrar en el otro.
Los hombres tienen una tarea pendiente, a mi entender, y es aprender a amar a las mujeres de carne y hueso, aquellas que no son una simple extensión de sus fantasías, las que no están ahí sólo para satisfacer sus necesidades.


P.- Reproduzco otro fragmento que me gustaría comentar: “la fidelidad es un invento nefasto, contrario a la naturaleza humana”.
R.- La protagonista piensa que la fidelidad es una represión impuesta por la dominación masculina a las mujeres para garantizar la filiación. Dado que la paternidad es una ficción legal, pues el padre sólo está legitimado por la madre (si bien hoy podemos hacer pruebas de ADN), los hombres necesitaban garantizar su paternidad imponiendo la monogamia y una moral sexual que tenía en la fidelidad un pivote fundamental, para transmitir los bienes a sus hijos biológicos y no a los de otros.
Sin embargo, la doble moral sexual, dejaba libres a los hombres para ser infieles. Incluso, en algún momento, la Iglesia confiaba a las prostitutas la estabilidad de la familia, pues daban a los hombres lo que la moral no permitía a las esposas que les dieran. Si nos damos cuenta, el sujeto aquí es siempre el hombre, la mujer será puta o casta para satisfacerle a él.
El riesgo de la igualdad entre los géneros que hoy está en el horizonte de nuestras sociedades avanzadas comporta una disyuntiva interesante: o bien las mujeres se igualan a los hombres en su moral sexual, luego son también infieles como ellos, o los hombres aceptan negociar la fidelidad con sus parejas, asumiendo la misma restricción que antes sólo les afectaba a ellas.
Creo que este es un debate que nos afecta. La independencia económica de las mujeres les acerca a la libertad que antes disfrutaban sólo los hombres, y corremos el riesgo de heredar también sus prerrogativas. Lo cierto es que, sin represión, todos seríamos profundamente infieles, pues el deseo surge a lo largo de la vida estimulado por distintas personas. El único freno al deseo es nuestra concepción ética.
Sólo en el interior de cada pareja cabría gestionar esta pareja deseo-moral, a menudo contradictoria. Pero los hombres se sienten muy indefensos y perdidos frente a las mujeres libres, tanto como antes las mujeres se han sentido con la infidelidad de los hombres.


P.- El hombre no sale bien parado de su novela.
R.- Me llama la atención esta observación. Quisiera exportarla a las novelas de otros escritores, para poner el acento sobre el doble rasero que se aplica a la literatura escrita por mujeres y a la escrita por hombres.
¿Sale bien parada la Emma Bovary creada por Flaubert? ¿La mujer insatisfecha que busca en el amor romántico la salvación?; ¿o La Maga de Rayuela?, la mujer que Cortázar describe como tonta, infeliz y desgraciada; ¿o las mujeres que ama Gustavo Adolfo Bécquer?, ¿tal vez las amadas por Pablo Neruda, que le gustan calladas, ausentes? (Y tomo algunos de estos ejemplos del excelente ensayo de Clara Obligado dedicado al tema ¿De qué se ríe la Gioconda? O por qué las mujeres no están en el arte)
Las mujeres en la literatura no salen bien paradas casi nunca, sino que son meras proyecciones de los hombres, son lo que los hombres han deseado que sean. La Lolita de Nabokov es una niña cuyo destino sexual, el abuso de Humbert, ha producido escalofríos a muchas de sus lectoras. Hay que llegar a Coetzee, por ejemplo, para encontrarnos con personajes femeninos reales, de carne y hueso, como decía antes. Aunque, para la educación estética occidental, a menudo la aparición de personajes femeninos complejos (un escritor que logra hacerlo en nuestro país es Álvaro Pombo) no es plato de gusto, pues estamos acostumbrados a enfrentarnos en literatura con personajes femeninos de rasgos muy planos.
Que los hombres no salgan bien parados de mi novela es algo lógico, pues no pretendía idealizar al hombre sino mostrarlo en sus debilidades: los describo tal y como creo que son hoy, y no es para enorgullecerse. Los hombres que aparecen en la novela existen, algunos de los episodios narrados los he tomado de confesiones de amigos y conocidos, existen tal y como existían y existen aún mujeres como Emma Bovary. Otra cosa es que nos gusten o no.


P.- ¿No hay nada establecido en la sexualidad?
R.- Creo que en la sexualidad no hay nada establecido, como tampoco en la literatura debería haberlo. Es el campo de la libertad. Él único límite estriba en que la relación sexual es un encuentro con el otro, y éste existe fuera de nosotros mismos, luego el juego sexual ha de ser consensuado, consentido, gozado mutuamente, de otro modo sólo sería abuso.
De lo anterior se desprende que me refiero siempre a la sexualidad entre adultos y en idénticas condiciones de poder.


P.- Dígame, aunque debería preguntárselo a la protagonista de Lenguas vivas, “con la edad, uno de los mejores placeres es adormecerse al sol, sin querer, así, sin más, dejando que la somnolencia se apodere de uno”? ¿Estamos hechos para cosas tan sencillas?
R.- Creo que la sexualidad está muy sobrevalorada en nuestra cultura. Es un impulso que va perdiendo fuerza con los años. El placer sexual se transforma en placer textual (leer, escribir), intelectual o sensual, pienso en el ligado a comer y beber, por ejemplo, a escuchar música o contemplar un paisaje. Los placeres sencillos son muy ricos, y con los años los más asequibles y gratificantes.
Sin embargo, es verdad que el ser humano ama lo extraordinario, pues siempre parece necesitar más de lo que la vida le ofrece. Pero lo extraordinario no tiene que estar forzosamente ligado a lo sexual.


P.- Y yo que sospecho que su profesión de psicoanalista siempre se ve reflejada en su obra literaria.
R.- Lo que pasa es que tengo como modelo escritores y escritoras que caracterizan a sus personajes en profundidad, como Sándor Marai, Iris Murdoch, Coetzee, cierto Kafka, Joyce Karol Oates o Alice Munro, entre tantos otros. La literatura es más sutil que el psicoanálisis, más fiel a la complejidad de la vida, y yo me limito a intentar mostrar esta complejidad en la medida que puedo.
No me resisto a citar a Marai, que no era psicoanalista, para demostrar mi afirmación anterior, en un fragmento del diálogo entre los dos protagonistas de su novela El último encuentro:
“En el fondo de cada relación humana existe una realidad palpable, y esa realidad no cambia, por muchos argumentos o astucias que se utilicen. La realidad era que tú me odiabas, que me habías odiado durante veintidós años, con una pasión cuyo fervor caracteriza sólo las relaciones más intensas, como... sí, como el amor. Me odiabas, y cuando un sentimiento, una pasión, se apodera por completo del alma humana, al lado del entusiasmo arde el deseo de venganza también... Porque la pasión no conoce el lenguaje de la razón, ni sus argumentos. Para una pasión, es completamente indiferente lo que reciba de la otra persona....
Tenemos que soportar que nuestros deseos no siempre tengan repercusión en el mundo. Tenemos que soportar que las personas que amamos no siempre nos amen, o que no nos amen como nos gustaría. Tenemos que soportar las traiciones y las infidelidades, y lo más difícil de todo: que una persona en concreto sea superior a nosotros, por sus cualidades morales o intelectuales. Esto es lo que he aprendido en setenta y cinco años de vida, aquí, en medio de este bosque. Pero tú no has podido soportarlo –dice en voz baja”.
Sandor Marai, (1.900- 1.989), El último encuentro.
¿Sospechamos aquí de su profesión como analista o de su perspicacia como escritor? Podría citar cientos de ejemplos semejantes.


P.- La protagonista, ¿cumplió su sueño de poner una tienda de lencería fina y de ropa interior masculina?
R.- Pues no sé. No creo que ganase ningún concurso porque el premio La sonrisa vertical se extinguió por sí sólo hace unos años, justo al ir desvaneciéndose la frontera entre la literatura erótica y la literatura sin apellidos. Hoy encontramos erotismo y sexo explícito en cualquier novela, sin catalogarla de erótica, de ahí lo innecesario, tal vez, de prolongar este premio.
En fin, creo que mi protagonista se quedó sin su tienda, pero que está contenta porque ha llegado a muchos lectores con su novela.


P.- No puedo despedirme sin preguntarle cómo se llama ella.
R.- Casi nunca le pongo nombre a las protagonistas de mis historias. Aún no sé por qué, pero creo que pretendo facilitar que el lector o la lectora se identifique con ellos. Además, Lenguas vivas tiene estructura de diario, o de monólogo interior, según se prefiera entender; es muy oral, y es muy difícil que uno se llame a sí mismo por su nombre propio cuando habla o escribe en primera persona.


P.- Además del contenido de su novela, me ha agradado especialmente la portada que, tras cerrar el libro, creo que no podría haber sido otra. Hábleme de ella.
R.- Lo hago con sumo placer, ya que se trata de un diseño de mi hijo Pablo Matías, que es diseñador digital, en quien confiamos a la hora de hacerle este encargo. Ha sido un éxito, a juzgar por los comentarios elogiosos de los lectores. La modelo es una compañera de curso suya. Casi puedo decir, con orgullo de madre, que me ha costado que la novela esté a la altura de su portada. De modo que va a repetir con el diseño de la ilustración de la portada del libro de ensayos que saldrá este próximo mes de junio.


P.: ¿Qué será lo próximo que nos deparará la pluma de Lola López Mondéjar?
Hay una novela que está buscando editor, una novela completamente diferente a Lenguas vivas, pues me gusta asumir riesgos, bucear en diferente estilos, estructuras y temáticas. Ojala que pronto pueda llegar a los lectores.


Ha sido un placer volver a charlar con usted.
Gracias por la atención que desde siempre vienes prestando a mi obra.

domingo, 10 de mayo de 2009

Charlando sobre la necesidad del mito con Luis Alberto de Cuenca


Luis Alberto de Cuenca (Madrid, 1950). Profesor de Investigación del C.S.I.C., posee una importante obra como poeta, ensayista y traductor. Su libro de poesía La caja de plata (1986) obtuvo el Premio de la Crítica y ha sido recogido junto a la mayor parte de su obra poética en Los mundos y los días, cuya tercera edición fue publicada en 2007. Su último promario, La vida en llamas (2006), fue galardonado con el Ciudad de Melilla. En 1987 obtuvo el Premio Nacional de Traducción por su versión del Cantar de Valtario.

Ha sido director de la Biblioteca Nacional y Secretario de Estado de Cultura, y en 2006 obtuvo el Premio de Literatura de la Comunidad de Madrid.

Su obra se ha traducido al francés, alemán, italiano, inglés y búlgaro.

Mi segunda entrevista. Fotografía de Toñy Riquelme.
------------------------------------------------------------------------------
Es extraño y bastante nuevo para mí, hacer una entrevista al autor de un libro, que reeditado ahora, fue escrito hace casi 30 años. Lo escribió, y utilizo sus propias palabras, un imberbe y apasionado muchacho y ahora comparto este tranquilo espacio con un maduro y atractivo, añado yo, Profesor de Investigación del CSIC. Sin embargo, no podemos retrotraernos a ningún otro tiempo que no sea el aquí y el ahora. Así que estás son las preguntas que me sugiere la lectura de “Necesidad del mito” reeditado ahora por Nausicáa, gracias a la colaboración del Ayuntamiento de Molina.


P.- Escribes bellas poesías, canciones de letras cachondas, te gustan los dibujos animados, traduces a los clásicos, eres adicto al solitario vicio de los tebeos, has sido director de I.F. del C.S.I.C, de la Biblioteca Nacional, Secretario de Estado de Cultura... ¿qué cóctel es éste?
Respuesta.- El cóctel de mi vida. Es agridulce. Lleva frutas y alcohol de quemar. Unas veces me lleva al paraíso, otras me proporciona unas resacas insufribles.


Pregunta.- ¿Cuál el tu necesidad del mito o, de otra forma, qué significa el mito en tu vida?
Respuesta.- Lo mismo que en la vida de todos: la posibilidad de encontrar respuesta al enigma del mundo, por imposible e inverosímil que sea esa respuesta.


P.-¿Algún personaje o mito en especial en tu vida?
R.- A juzgar por lo que trabajo, el mito del obrero infatigable en la URSS de los años veinte del siglo pasado. He tenido un mes de abril de aúpa.


P.- Y tal vez, relacionado con ello, has pasado por diferentes mitos (personajes de la mitología) en tu vida?
R.- Cada ser humano es, de alguna manera, un esqueje de todos los personajes mitológicos. Dios lo planta el vástago en su jardín y los mitos vuelven a crecer.


P.-¿Algún momento que consideres iniciático de tu vida?
R.- Cuando tenía trece años y devoré las Obras completas de Shakespeare, traducidas por Astrana Marín, que me habían regalado mis padres por sacar matrícula en reválida.


P.- ¿Tienes preferencia por alguna mitología en especial? (y por qué no: ¿Tienes preferencia por la mitología de alguna cultura en particular?)
R.- Me interesa, sobre todo, la mitología germánica. Luego, la grecorromana. Junto a la mitología de la antigua India, son los principales corpora mitológicos de nuestra tribu.


P.- Recuerdo haber leído una entrevista en la que contabas que tu padre te leía a Rubén Darío. En Necesidad del mito citas un cuento, Orlando. Además de poesía, ¿alguien te contaba cuentos de pequeño? Y no me refiero a cuentos literarios, sino de tradición oral. ¿Cuáles eran tus cuentos preferidos?
R.- Una criada de la provincia de Zamora que tuvo mi abuela nos contaba cuentos terroríficos de tradición oral a mi hermana y a mí antes de irnos a la cama. Pasábamos un miedo espantoso. De ese miedo inicial surgió, tal vez, mi pasión por lo fantástico. Entre los cuentos de Grimm y de Andersen, prefieron los de Grimm. Me gustan más los Volksmárchen que los Kunstmärchen.


P.- Cuando contemplo fotos tuyas, tomadas en tu casa, además de cientos de libros, observo que hay cantidad de figuritas de héroes de tebeos. Háblame de esa afición, de esas figuritas.
R.- Son mis fetiches. Me protegen. Me sirven de amuletos contra la soledad, contra el terror que supone estar vivo.


P.-¿En qué orden ocurrió tu evolución creativa? Poesía, cuentos, tebeos, mitos...
R.- In principio erant… los tebeos. Luego, los libros. Los mitos estuvieron siempre, porque ellos viven en la poesía, en los cuentos, en los tebeos: en todas partes.


P.- Después de mencionar una frase de Valdemar Vedel “En todo pueblo joven y vigoroso la guerra es una necesidad vital” y otra de Bertran de Born “Barones, antes de dejar de hacer la guerra,/empeñad castillos, villas y ciudades./…/Pues vale más morir que sobrevivir vencido.”, dices: “y lo que es más hermoso: jamás hubo- hay, habrá- un porqué ni un para qué. Sólo el héroe y su honor, un campo de batalla y una espada desnuda y cuellos que cercenar”. ¿Esta opinión es fruto de su juventud, conclusión de todo lo que ha leído, resumen del héroe? ¿No se cansan los hombres de hacer la guerra, sólo por ser hombres o para demostrar que lo son?
R.- Mi frase es fruto del entusiasmo épico de la juventud. Ahora la habría escrito de forma menos rotunda, menos apabullante. Lo de la guerra, en cambio, sigue ahí –quiero decir, vigente–, pues por desgracia no depende de que los hombres se hagan o no los gallitos de corral, sino que es algo consustancial a la especie humana.


P.- Una duda, ¿qué ocurriría si no hubiese un adversario/ enemigo al que abatir?
R.- Siempre lo habrá, no sufras por eso.


P.- ¿Cuál es el papel de la mujer en la mitología, además de madre, recompensa del héroe o tentación?
R.- Todas esas cosas y muchas más. La mujer es el cofre que guarda el tesoro y la heroína que lo descerraja. El origen y el objetivo. Sin ella no hay mitología que merezca la pena visitar.


P.- ¿Es imprescindible llegar espada, como Xena, para ser considerada en el estatus de heroína? ¿Sin espada no hay heroicidad?
R.- El status heroico no está determinado por las armas que uno –o una– lleve en la mano o en el cinto, sino en la grandeza de su espíritu, en la nobleza de su corazón.


P.- ¿Qué nos puede enseñar El Mito, en mayúscula, en estos tiempos de crisis de identidad por la que atraviesan la mujer y el hombre, sobre la feminidad y la masculinidad?
R.- Mucho. Freud, por ejemplo, operaba con mitos en su asedio a los intríngulis del alma humana. Platón, también.


P.- ¿Qué mitos recomendaría, en estos tiempos para la infancia, la adolescencia, la madurez, el hombre, la mujer...?
R.- Los viejos mitos germánicos y grecorromanos. Los mitos de siempre.


P.- Estuve charlando el otro día con Eduardo Segura, y hablamos sobre esta entrevista. Me pidió que te preguntase ¿por qué vericuetos culturales ha llegado El Mito a tener ese sentido peyorativo, en nuestra cultura, tal como mentira o cuento chino?
R.- A partir del siglo XVII, y, sobre todo, a partir del positivismo decimonónico, el racionalismo empieza a hacer de las suyas. De ahí esa acepción peyorativa del término ‘mito’. ¡Un abrazo para el gran Eduardo!


P.- El capítulo dedicado a la mitología política me ha llamado mucho la atención. A ver si lo he entendido bien: si inventamos una mitología adecuada al momento histórico, utilizamos una buena campaña de marketing y conseguimos un buen líder, ¿se podría hacer una revolución? ¿es esto lo que intentan hacer los partidos políticos? O bien con intereses aparentemente diferentes ¿la publicidad?
R.- En un régimen democrático, los partidos políticos no pretenden hacer la revolución, sino ganar las elecciones. Las revoluciones siempre tienen una vocación totalitaria. Y en los totalitarismos la propaganda es fundamental.


P.- Hay una frase en su libro “El hombre es el único ser consciente de su paulatina e ineluctable destrucción, de su muerte”, y una cita de Constantino Cabal “Toda la mitología (…) ha nacido de la muerte”, o la lectura de uno solo de los versos de Gilgamesh “¡y doquiera que pongo mi pie está la muerte!”. Todo esto me pone los pelos de punta y me lleva a reflexionar sobre lo importante, lo que hace única y valiosa la vida. ¿Qué nos puede ofrecer El Mito como respuesta a la angustia humana ante el tiempo?
R.- Mito y religión son dos términos muy próximos desde el punto de vista semántico. La religión está hecha de mitos y de ritos. Ella sí proporciona respuestas. Pero es preciso tener fe.


P.- En su libro afirma que el mito no es otra cosa que la Palabra, por excelencia. Me viene a la cabeza, cuando Sam le dice a Frodo en “El señor de los Anillos”: “Qué cuento hemos vivido, señor Frodo, ¿no le parece?. ¡Me gustaría tanto oírlo! ¿Cree que dirán: Y aquí empieza la historia de Frodo Nuevededos y el Anillo del Destino? Y entonces se hará un gran silencio (…) ¡Cuánto me gustaría escucharla! Y cómo seguirá, me pregunto, después de nuestra parte”. O como también lo expresa de una manera sencilla y rotunda Akrites: “Y después ve, mi hermosa señora, a/ escuchar lo que dicen los vecinos…” ¿Es nuestra manera de conseguir la inmortalidad?
R.- Contar historias: he ahí lo que nos separa del resto de los animales. Nuestro camino a la inmortalidad como especie (lejos, por tanto, de la inmortalidad personal a la que aspiraba Unamuno, pero inmortalidad al fin y al cabo).


P.- Uno de los autores más citados en el libro es Mircea Eliade. Puesto que te has hecho más sabio desde que escribiste el libro, ¿qué más autores citarías ahora para compartir con los lectores algo de tu sabiduría y de la de ellos?
R.- Hablando de mitos, sigue siendo imprescindible Eliade. Que lo acompañen Jamer G. Frazer, Georges Dumézil y Joseph Campbell, si te parece bien.


P.- ¿En qué estás ahora? ¿Preparas algún libro nuevo?
R.- En 2010 espero que vea la luz un nuevo poemario, El reino blanco. El título está inspirado en un pasaje de El libro de Monelle, de Marcel Schwob. Y en otoño de este año de 2009 verá la luz un CD de Loquillo, con música de Gabriel Sopeña, dedicado a mi poesía, que quizá se titule La rosa del veneno y que albergará entre doce y quince poemas míos.


Un auténtico placer haber charlado contigo.
El placer, y lo digo muy de veras, ha sido mío. ¡Qué cuestionario más completo el tuyo! Mil gracias por las molestias que te has tomado en su confección.

domingo, 3 de mayo de 2009

Gema Martínez Soto sobrevive a la añoranza

Gema Martínez Soto, Alcantarilla, hace apenas 59 años. Es miembro de la asociación literaria Las Torres y de la asociación de mujeres “Isabel González”.
Ha aparecido en diferentes antologías: Pez de colores, Poemas de amor y otros momentos, Primer libro de cuentos Azalea, Encuentro de escritura y La literatura femenina en Las Torres de Cotillas.

Sobrevive la añoranza es su primer poemario en solitario.

Una entrevista de Francisco Javier Illán Vivas.


-----------------------------------------------------------------------------
Pregunta.- Para Gema Martínez Soto la poesía no es algo nuevo, aunque acaba haga unos meses que publicó su primer poemario en solitario. ¿Recuerda cuando comenzó su camino poético?
Respuesta.- Es cierto que aunque desde niña fui una enamorada de la literatura, siempre me incliné por la poesía, empecé a escribir en serio ya bastante mayor, quizás fue porque no tuve de jovencita ni de niña, las oportunidades que se me ofrecían muchos años después. Una vez que encontré el espacio adecuado para dedicar algún tiempo a ello, gracias a Dios, fue cuando comencé a asistir a las clases de unos cursos literarios hace unos catorce o quince años, casi todas las compañeras de estos cursos formamos una asociación llamada “Azalea” ya desaparecida, todas ellas y yo, escribimos los libros ya mencionados arriba de esta entrevista, fue un tiempo con una transcendencia muy notable en mi vida, y aunque cada poesía hayan sido trocitos arrancados de mi vida, aquellas que escribí entonces y van escritas en el libro “Sobrevive la Añoranza” les tengo un especial cariño.


P.- ¿Qué es para usted la poesía?
R.- Poesía para mí, es lo la forma más hermosa de plasmar lo que sientes y ves, de todo lo que te rodea puede surgir una poesía, con palabras armoniosas y sencillas, esto acompañado del sentimiento que te pueda inspirar el momento podrías componerla o algunos versos de ella, recordemos al gran poeta Miguel Hernández que hizo “Nana de la Cebolla” y resultó una obra maestra.


P.- ¿Qué representa Sobrevive la añoranza en su creación literaria?
R- Digamos que fue un deseo reprimido durante mucho tiempo, representa la llegada a una inesperada estación, casi al final de una etapa de mi vida muy importante donde me esperaba una satisfacción jamás sentida.


P.- Destaca Salvador Sandoval que usted , como poeta, sabe conjugar perfectamente el verbo AMAR en todos sus modos, tiempos, números, personas y voces.
R.- Le estoy muy agradecida a mi buen amigo Don Salvador Sandoval por esos elogios que me hace en prologo del libro “Sobrevive la Añoranza” pues ellos me hace sentir más poeta, de todas formas ¿cómo puede contradecir una aspirante poeta ante la opinión de un gran maestro cómo es él? Solo puedo decir que siempre ha estado presente el amor en mis poesías porque creo en el, en todas sus facetas porque para mí, es la esencia del ser humano para mover el mundo.


P.- Un poemario que cuenta con ilustraciones interiores de Anastasio Martínez y la portada es de José Díaz, basado en Fabrice de Villeneuve. ¿Nacieron esas ilustraciones de los poemas?
R.-Las ilustraciones interiores tuvo mucho que ver Ricardo Montes, él me fue de gran ayuda porque entre los dos vimos los más adecuadas para este libro, ya que, casi todas son figuras de mujer y eso me ha identificado más en el libro. Y el de la portada, quise que mi marido lo dibujase, y de ese modo llevaría el libro algo de él, ese fue mi deseo, así que basándose en este autor hizo el dibujo que por cierto, me gusta mucho, en él se refleja un rincón precioso donde me gustaría escribir.


P.- Como vemos en su biobibliografía, usted cultiva además la narrativa breve, los cuentos.
R.- Efectivamente, también me gusta estos temas incluso mi marido me anima para que los escriba, y quizás lo haga, pero por ahora lo mío es la poesía, más tarde ya veremos.



P.- ¿Dónde se encuentra su creatividad literaria un campo más placentero para expresar lo que quiere decir al lector, en la poesía o en el relato?
R.- Siempre en verso, es la forma literaria que mejor me se expresar poéticamente y así lo expongo para quien los quiera leer.


P.- La actividad cultural de Gema Martínez no se reduce sólo a escribir. Es miembro activo de dos asociaciones literarias: La Asociación Literaria Las Torres y la asociación de mujeres “Isabel González”.
R.- Son las dos actividades que más absorben mi tiempo, pero aun así disfruto haciéndolas. Son muy diferentes, en la primera escribo, leo en cada recital, preparamos el siguiente que se hace mensualmente, de qué autor o autores y como se va a hacer.
La de la mujer, preparamos todas las semanas charlas de información, sicología, salud, viajes culturales, de todo lo que puede interesar a la mujer en general. Cuando realizo estos trabajos cuento siempre, por supuesto, con los miembros de ambas directivas.


P. Esta pregunta la suelo plantear a casi todos los poetas que entrevisto. En el mundo de las prisas, de las PlayStation, del iPop, del cambio climático, ¿qué sentido tiene la poesía?
R.- Creo que en este mundo hay gustos para todo, por decirlo de alguna manera, pero tengo que reconocer muy a pesar mío que siendo tan hermosa esta clase de literatura, no tiene los oyentes que nosotros los poetas quisiéramos que tuviera, aunque en los recitales y concursos de poesía que celebra nuestra Asociaciones en Las TORRES de Cotillas vamos observando cada año, más público de todas las edades y sexos, participante y oyentes en ambos temas, lo cual me alegra enormemente.


P.: Y como esta sección se llama Hablando de Libros, el futuro de los mismos, ¿cómo lo ve Gema Martínez?
R.- Creo que nos vamos concienciando cada vez más lo importante que es la lectura, y así deberíamos trasmitirlo a las nuevas generaciones, colegios, padres, y cómo no, abuelos, todos debemos colaborar en ello, para que leer un libro sea, una afición primordial en nuestras vidas.


Muchas gracias.