domingo, 22 de febrero de 2009

Jesús Caudevilla Pastor y los silencios de Benedicto XIII

Jesús Caudevilla nació en Sabadell en 1953. De madre catalana y padre aragonés, desde su infancia la literatura ha sido su pasión. Es autor de varias ocho novelas, incluida la actual, Los silencios del Papa Luna.

Está considerado un experto en la figura de San Vicente Ferrer, de quien el pasado año publico Yo, Vicente Ferrer, el ángel del Apocalipsis.

Colabora con varios medios de comunicación, entre ellos, el semanario digital Vegamediapress.com


Una entrevista de Francisco Javier Illán Vivas
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Pregunta: Un lector de Los silencios del Papa Luna podría pensar que, esta novela, es lógica consecuencia de su anterior trabajo, sobre la vida de San Vicente Ferrer. Y justo es reconocer que Pedro Martínez de Luna y Pérez de Gotor tiene, en aquella, unas apariciones casi marginales.
Respuesta.- Las vidas de los dos personajes se entrecruzaron en numerosas ocasiones. Al finalizar “Yo, Vicente Ferrer” creí necesario profundizar en la época para acabar de dar una imagen más completa de esos tiempos. Y no se entendería esa época sin un personaje tan destacado como Pedro Martínez de Luna.


P. Permítame incidir sobre el tema. Teniendo en cuenta que ambas novelas han sido publicadas por Styria, con un diseño muy parecido. ¿Podría considerarse Los silencios del Papa Luna una continuación de Yo, Vicente Ferrer…? Y, si es así, o incluso no siéndolo, ¿qué diferencias hay entre ambas?
R.- Las dos novelas tienen características propias, y su lectura es independiente una de otra. Sin embargo no se puede obviar que se está reflejando una misma época. Pero la visión es diferente. Una desde el punto de vista de un predicador, un santo. La otra de un hombre que llegó a Papa y que defendió lo que consideró justo. Un hombre que por esa defensa cosechó numerosos enemigos.


P. Los reiterados encuentros que usted describe, entre esos dos personajes, Benedicto XIII y Vicente Ferrer, ¿fueron reales?
R.- Sí, todos esos encuentros están recogidos por la historia.


P. Los silencios del Papa Luna se trata de una novelización de la vida de Benedicto XIII. ¿Cuánto hay de real en la novela? Le pongo un ejemplo. El pasaje del intento de encuentro entre Benedicto XIII y Gregorio XII. Usted dibuja al aragonés como el “bueno” de ese intento de solución.
R.- En toda la novela he intentado ser riguroso con la historia. Su porcentaje de realidad es altísimo. Evidentemente se trata de una novela y los diálogos, y algunos personajes, son de ficción. Sin embargo todo ello lo he intentado recrear dentro de la realidad histórica.


P. Para escribir la vida de un hombre tan significativo en la historia de Aragón y de España, incluso de la Iglesia, y ya hablaremos de eso, le imagino investigando horas y horas.
R.- Una obra de tal calibre requiere mucho trabajo de investigación, de búsqueda de la información... Hay que recrear los hechos históricos, los lugares medievales que frecuentaron... Una tarea laboriosa si se quiere que sea rigurosa.


P. ¿Cómo era Pedro Martínez de Luna? ¿Puede entenderse un hombre diferente a Benedicto XIII?
R.- Pedro Martínez de Luna era un experto en Derecho Canónigo, profesor universitario, gran orador y erudito. Un hombre de principios, inteligente y sagaz. Lector e impulsor de la cultura. Sinceramente, creo que si le hubiesen dejado su pontificado estaría a la altura de los mejores. Como Benedicto XIII recogió la carga que depositaron sobre sus espaldas, y sus principios no le permitieron traicionar lo que él consideró su deber. Eso que iba en contra del Derecho Canónigo que tan bien conocía.


P. En su novela le describe, físicamente, como un hombre menudo.
R.- Sí, los datos que se tiene de él es que era una persona físicamente menuda pero de gran talla moral.


P. ¿Qué hay de real y qué de leyenda en los hechos que se describen cuando fue desenterrado en Peñíscola para trasladar sus restos?
R.- En muchas ocasiones es difícil de discernir entre la leyenda y la realidad. Y más si hablamos de hechos ocurridos muchos años atrás. Lo descrito cuando desenterraron su cuerpo es lo que cuentan las crónicas de la época. Pero, ¿quién tiene la certeza de que todo lo que se cuenta sea real o no?


P. La leyenda siempre le ha acompañado, ya incluso en vida. Se decía que guardaba en Peñíscola secretos que harían tambalear los cimientos de la Iglesia. Incluso hay quien considera que la sucesión de la rama de Aviñón sigue viva, en la Wikipedia, por ejemplo, se cita a Benedicto XL como su actual heredero.
R.- Son hechos que podían dar un morbo especial a la novela pero de los que yo he huido por carecer de base histórica. No entraba dentro de mi intención entrar en temas que podrían tener interés para un tipo de lector pero que no encaja en mi idea de novela histórica. En todo momento intento ser riguroso.


P. En el Epílogo de su novela observamos que Benedicto XIII no descansó ni muerto.
R.- Sí, la verdad es que los restos de este aragonés ilustre no tuvieron el reposo que se merecían. La realidad, a veces, supera la ficción.


P. Después de investigar y escribir sobre San Vicente Ferrer, muchos le consideran casi una autoridad en ese histórico personaje. ¿Le ocurrirá lo mismo con Benedicto XIII?
R.- Durante mucho tiempo he estado indagando en Vicente Ferrer y Benedicto XIII, y en la época que vivieron, pero ahora me planteo cambiar de registro y escribir otras historias. Como escritor no me gusta encasillarme en un tema concreto. Si bien nunca se sabe dónde me llevará la inspiración... Ahora puedo decirle que estoy escribiendo una novela, “Así éramos”, que describe el nacimiento del amor de dos jóvenes que se conocen en la lucha clandestina en los últimos tiempos del franquismo. Una historia real pero muy lejos de la edad media.


P. ¿Quiso realmente Benedicto XIII acabar con el Cisma de Occidente?
R.- Estoy convencido que quiso acabar con el Cisma pero no a cualquier precio. No podía pasar por encima de sus ideas. De la legalidad que, según él, le amparaba.


P. Creo que tras el aragonés, sólo dos españoles se han sentado en la Silla de Pedro, y si es así, fue por la enorme relevancia de su familia Borja Han pasado siglos. Dígame, ¿pudieron ser los acontecimientos que rodearon al pontificado de Benedicto XIII una traba para que otro español se siente en el trono vaticano?
R.- No creo. Lo que siempre ha estado en contra ha sido el hecho de no ser italiano. Y en los tiempos de Aviñón, francés.



P. ¿Debería ser rehabilitado, si es la palabra adecuada, por la Iglesia que tanto amó, Benedicto XIII?
R.- En estos tiempos en los que se pide que la Iglesia reconsidere posturas anteriores. Tiempos en los que numerosas voces piden que se haga justicia con los Templarios... Sería de justicia que a Benedicto XIII se le restituyese todo lo que le arrebató en el Concilio de Constanza, y que fuese acogido de nuevo en el seno de la Iglesia. Y esa petición se puede hacer tanto uno se considere creyente o no.


P. Escribir, y con ello, investigar, leer sus escritos, conocer su vida, sobre dos personajes de creencias tan firmes, ¿ha tenido influencias en usted?
R.- A estas alturas de mi vida ya tengo unas convicciones con raíces profundas. Difícilmente se modifican. Eso sí, esos personajes me han reafirmado que hay que luchar por lo que uno considera justo sin importar los obstáculos que van apareciendo en el camino.


P. No quiero terminar sin preguntarle por dos personajes muy simpáticos de su novela: Poñín de Mallén y su hijo Tomás. ¿Reales o licencias del autor?
R.- Son licencias que me he permitido, y que encarnan a esos amigos que todos queremos tener a nuestro lado. Seguro que Pedro Martínez de Luna tuvo a su lado alguno de estos amigos.


Ha sido un placer volver a charlar contigo.

domingo, 15 de febrero de 2009

Javier Vidal-Quadras nos presenta su fantástico mundo de los valores: Vábienlor

Javier Vidal-Quadras Trias de Bes nació el 25 de octubre de 1961 en Barcelona, donde reside actualmente. Estudió derecho y ejerce como abogado en esa misma ciudad. Está casado con Loles Torras Mercader, con quien ha tenido siete hijos: Miriam (1989), Javier (1990), Álvaro (1993), Alejandra (1995), Beatriz (1997), Belén (1999) y Pablo (2004). Ha sido profesor asociado de Derecho en las facultades de la Universidad Abat Oliba, Ramón Llul y Universidad Internacional de Cataluña.

Desde 1992 combina el ejercicio profesional con la moderación de cursos de orientación familiar en la Asociación Fert, de Barcelona, lo que le ha permitido conocer bien la realidad familiar. Es, además, Secretario general de la IFFD, federación con status consultivo en la ONU y Subdirector del Instituto de Estudios Superiores de la Familia de la Universidad Internacional de Cataluña y Director del Postgrado en Matrimonio y Educación Familiar, del propio IESF. Es miembro del consejo de redacción de la revista “Familia y Cultura”.

Ha publicado
Después de amar te amaré, 2004; Hamo, un hombre en busca de sí mismo, 2006; y Vábilenlor, las últimas palabras, 2008.

Una entrevista de Francisco Javier Illán Vivas
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Pregunta.- En su biografía aparecen muchos adjetivos para definirle: escritor, orientador familiar, abogado, profesor… y padre de siete hijos. ¿De dónde saca tiempo Javier Vidal-Quadras para cubrir tantos frentes?
Respuesta.- Contrariamente a lo que parece, el tiempo no es rígido, sino elástico. Lo que importa en relación con el tiempo no es la magnitud, la cantidad de tiempo de que disponemos, sino la percepción que tenemos de él: no ‘dura’ lo mismo el tiempo del sufrimiento o de la enfermedad que el tiempo del gozo o de la salud. Los días se alargan o se acortan según nuestro estado de ánimo…, con una regla universal: para aquello que amamos siempre encontramos tiempo. Yo he tenido esa gran ventaja: casi todas mis actividades tienen un denominador común y un sentido rector: mi matrimonio y mi familia. ¡Y así es fácil aprovechar el tiempo!


P.- En
mi comentario sobre Vábienlor, ya dije que nada mejor que leer los datos biográficos del autor para orientarse hacia lo que vamos a encontrar en su interior. Por que toda la novela emana un enorme amor hacia la familia, lo cual es una novedad, a mi entender, en la narrativa de fantasía.
R.- Y, sin embargo, está en el trasfondo de toda novela y de toda obra humana. El hombre ‘es’ en la familia. La familia es el lugar al que siempre se vuelve, vuelve el héroe y vuelve el villano porque en la familia la acogida está asegurada. En la familia nadie es (o no debería ser) juzgado por lo que tiene o por lo que puede, no importan las habilidades, las posesiones ni nada externo a uno mismo. En la familia uno es amado por lo que es y también por lo que no es ni será jamás capaz< de ser. En estos tiempos de crisis contemplaremos un renacer de la familia, que actuará, siempre lo ha hecho, como colchón de la sociedad, recogiendo a sus miembros cuando la sociedad los rechaza.


P.- ¿Cuánto hay de Javier Vidal-Quadras, y de su familia, en Vábienlor?
R.- Todo y nada. Los personajes de carne y hueso están inspirados en mi propia familia. De hecho, la novela tiene su origen en unas cartas que empecé a escribir a mi hija mayor durante una estancia suya en el extranjero cuando contaba con trece años de edad. Solté la imaginación y surgió una historia que desembocó en Vábienlor. Cada personaje era un miembro de la familia. Pero después, como sucede con toda obra de ficción, los personajes fueron cobrando fuerza autónoma y la misma historia iba creando el perfil de cada uno. La novela, pues, está inspirada en mi familia, pero su discurso narrativo no guarda ninguna relación.


P.- Puedo suponer, que la opinión de su esposa y la de sus hijos habrán influenciado en el resultado final de la novela, en el manuscrito que entregó a Toromítico.
R.- Ciertamente. De hecho, el manuscrito final está bastante lejos de la primera versión, mucho más larga y cargada de contenido. Una vez decidí darle la forma definitiva de novela publicable, la sometí a una revisión profunda. Por ejemplo, la versión original estaba escrita en primera persona (¡era epistolar!), y la reescribí en tercera persona. Al mismo tiempo, iba contrastando los capítulos con mi mujer y mis hijos (aquellos que se interesaban, claro), y fui rebajando el tecnicismo de cierto vocabulario para hacerlo más asequible. También recibí la inestimable ayuda de algún que otro buen amigo. En fin, fue un proceso largo, sobre todo porque le dedicaba tiempos sueltos, y divertido. Puedo decir que mis hijos y mi esposa han participado en mi formación como escritor, al menos de novela juvenil.


P.- En Vábienlor el lector se va a encontrar a personajes muy bien definidos, con sus características personales. ¿Pretende con ello que los lectores infantiles y juveniles, hacia los que va orientada la novela, se fijen en ellos, los tomen como modelos?
R.- Me conformo con que les suenen. Son los valores (y los contravalores) de siempre, que forman parte de nosotros. Julián Marías hablaba de los ‘bárbaros verticales’ para referirse a los especialistas que tanto abundan en la sociedad actual: saben mucho, muchísimo de una sola cosa, dominan un área del conocimiento normalmente muy restringida, pero son unos bárbaros horizontalmente hablando, no saben nada más que aquello a lo que se dedican. Y una de las áreas más olvidadas es la persona humana. Dedicamos poco tiempo a conocernos, saber cómo actuamos, por qué, qué son los sentimientos, la voluntad, qué tendencias tenemos, etc. El auge de los libros de autoayuda se explica porque muchos niños crecen sin recibir una información y una formación suficiente acerca de ellos mismos, pero a menudo se olvida que esta es una sabiduría prudencial, no se aprende en los libros, sino en la vida y, primariamente, en la familia, en el entorno de un amor incondicional y seguro.


P.- ¿Un personaje que me gustó especialmente es la reina Chares, su capacidad de entrega, y en la inquebrantable fe hacia que cualquiera puede rescatarla.
R.- Como fácilmente se deduce, Chares representa el amor, pero un amor fuerte, sereno, esforzado y entregado, no esa caricatura con que algunos quieren desdibujarlo. Y una de las características del amor auténtico es, precisamente, la vulnerabilidad. Lo constitutivo del amor es la entrega, y la entrega implica renuncia a uno mismo, ponerse en manos del otro, de quien se espera el mismo grado de amor. Eso hace Chares. No puede concebir otra cosa, y no blinda su amor cerrándolo a la entrega generosa porque sabe que un amor tal se negaría a sí mismo. En el fondo, el amor es la forma, el envoltorio de cualquier otro valor: sin él, la virtud se degrada en mero hábito, que es un primer estadio, pero insuficiente, una perfección fría e inhumana.


P.- A lo largo de la narración insiste en que una de las características del sistema de valores es que es sistémico y armónico?
R.- Recuerdo una consulta en mi despacho profesional: un padre joven con dos hijos pequeños decía haber descubierto su vocación y había decidido irse a un país del Tercer Mundo como misionero laico a ayudar a los niños pobres de aquel lugar. Quería disponer su patrimonio para dejar todo en vida a su mujer y a sus hijos, a quienes iba a abandonar por razón de su nueva vocación. Me hizo reflexionar: ¿qué falla aquí? La decisión es aparentemente generosa, tanto la de ir a ayudar a los niños de un país pobre como la de dejar todo a su familia, pero es una generosidad desordenada. En el fondo, pensé, es una forma de egoísmo: para ‘realizarme’ yo abandono a los míos, y concluí que los niños del Tercer Mundo no dejaban de ser, en ese caso, una excusa, un instrumento en beneficio de uno mismo. Después descubrí que ya San Agustín había hablado del ‘ordo amoris’, el orden en los amores. Por esta razón, una sola virtud, un solo valor no lo es, necesita el cortejo de todas las demás hasta desarrollar un sistema armónico y equilibrado: si solo fomentamos un valor (fortaleza, audacia, generosidad, justicia…), fácilmente se convierte en un arma al servicio de nosotros mismos y nos olvidamos de los demás.


P.- Tolkien nos enseñó, en su inmensa saga, la importancia del amor al medio ambiente, y nuestra locura consumista nos está llevando a una catástrofe medioambiental muy peligrosa. En su novela más reciente, como vengo diciendo, he encontrado el amor a otros valores: la educación, la cultura tradicional, la familia. En ese sentido me impactaron, como lector, las palabras de Eghon: un hombre que quiere y no puede. Esta es la historia de la Humanidad; deseos, intenciones, palabras grandilocuentes y vacías… ¿Y luego? División, disensión, guerra, soberbia... ¿Cree que, permítame definirlo así, la ignorancia actual hacia esos valores nos llevará a otros desastres imprevisibles?
R.- Creo que fue Chesterton quien advirtió, con su aplastante lógica y su habitual finura, que cuando se iba por el campo nunca debía retirarse una valla sin saber antes por qué alguien la había puesto allí. El abandono de los valores humanos y familiares (que no son tradicionales sino meramente humanos) producirá, está produciendo ya, frustraciones, heridas y sufrimientos profundos, muchos de los cuales pasarán inadvertidos, porque se llevan en silencio. La cultura dominante no admite hoy que se reconozca abiertamente que ciertas propuestas de estilo de vida conducen al desengaño y al fracaso. La persona humana es un ser proyectado al infinito, con un ansia de eternidad, de permanencia, capaz de compromisos duraderos, pero hoy casi nadie se atreve a decir esto; hay un miedo ambiental, porque eso no es lo que se lleva, no está de moda. Sin embargo, los índices más altos de felicidad se encuentran en quienes han decidido ‘olvidarse’, aunque solo sea un poco, de sí mismos para ponerse al servicio de otro u otros. Decía Kierkegaard que la puerta de la felicidad se abre hacia fuera, hacia lo otros.


P.- ¿Y quien cree usted que va ganando en esta eterna lucha, Vámalor o Vábienlor?
R.- Todo el que ha decidido emprender esta batalla la ha ganado, a pesar de las apariencias engañosas. Pero tendemos a olvidar que no se trata de una guerra cósmica, sino particular, individual, de cada uno de nosotros. Y también olvidamos que se trata de una victoria interior, que no tiene porqué tener reflejo en el éxito social o profesional. Aquí la victoria no consiste en no caer nunca, sino en levantarse siempre.


P.- ¿Es necesario que existan los Vámalors para que lo hagan los Vábienlors?
R.- En la novela, Auriga es capaz de generar vámalors en los hongos de instrucción, a través de un curioso mecanismo: primero los llena de vábienlors, después saca algunos y su lugar es inmediatamente ocupado por un vámalor. En la cultura clásica se sabía bien esto: el mal es ausencia de bien. El bien existe primero; cuando se degrada, surge el mal. El bien es positivo, afirmativo, el mal es negación, ausencia. Cuanto más Vábienlor, menos Vámalor.


P.: Todas las novelas de fantasía se caracterizan por la eterna lucha del bien y del mal. ¿Es practicar el bien la mejor manera de luchar contra el mal?
R.- Sin duda, aunque también hay que denunciarlo y enfrentarse a él cuando sea necesario. Uno de nuestros mejores poetas, Juan de la Cruz, lo expresó gráficamente: donde no hay amor, pon amor y sacarás amor. Una regla que casi nunca falla. Es conocida la anécdota del alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani, y el Central Park. Para eliminar las pintadas que afeaban los muros del parque, decidió no perseguir a los incivilizados pintores sino contratar una brigada de limpieza que cada mañana limpiaba lo que por la noche ensuciaban los gamberros, así cada día, hasta que consiguió que desistieran de su empeño. El bien es difusivo y cuantos más y con más empeño lo practican, más se extiende.


P.- Dice usted que para que los niños nos abran su intimidad hay que hacerles partícipes de la nuestra.
R.- Sin invadir el ámbito más recóndito de intimidad personal y matrimonial, no transmisible a los hijos, hay que explicarles nuestra vida, tanto la profesional como la personal y familiar. Es inútil esconderles nuestras debilidades, porque ellos las ven igualmente. Podemos, además, pedirles consejo (u oraciones, si somos creyentes) para problemas o contradicciones que nos afligen. También su corresponsabilidad: ¿quién no se ha sorprendido al ver a un hijo renunciar a pedir un regalo porque ha oído que en casa se va corto de dinero? Si nosotros nos apoyamos en ellos en todo lo que sea comunicable, ellos lo harán más fácilmente en nosotros. Esta regla vale para cualquier persona: si quiere que alguien le confíe sus cosas, empiece usted confiando las suyas.


P.- He leído que usted afirma que el amor verdadero, que personalmente me trae recuerdos de ese bellísimo amor que tan bien se define en La Princesa Prometida, no termina nunca. Para quienes no lo creen, ¿qué les recomendaría?
R.- Primero, que exploren sinceramente en el hondón del alma y se pregunten con honestidad si no es verdad que, a pesar de todos los temores y miedos que la sociedad arroja sobre el amor definitivo, ellos quieren amar para siempre a sus seres más queridos: marido, mujer, hijos, padres, hermanos, amigos íntimos. Después, que tomen la decisión de hacerlo porque la voluntad solo persigue los bienes que la inteligencia le presenta como tales. Y, por último, que se atrevan a dar un paso imprescindible: trasladar el centro de gravedad de su amor desde ellos mismos hasta la persona amada, del “yo” al “tú”. Cuando uno no ama para siempre y sin condiciones, se convierte en el criterio de valoración del otro: el otro vale en la medida en que cubre mis expectativas, está, pues, a mi servicio, lo utilizo. Cuando uno ama para siempre y sin condiciones, el amor se convierte en entrega: el otro vale por sí mismo, ¡vale la pena que exista, que sea lo mejor que está llamado a ser!, y yo me pongo a su servicio. Si esto se da, como debería ser, de manera recíproca, hay garantía de éxito.


P.: Y como esta sección se llama Hablando de Libros, el futuro de los mismos, ¿cómo lo ve el orientador familiar?
R.- El libro, el cuento, la narración, las crónicas… forman parte de nuestra naturaleza. Alguien dijo que si una persona hubiera podido contemplar la creación del mundo, pero no tuviera nadie a quien contarla, su dicha no sería plena. Pienso que es tarea de los padres descubrir el tipo de lectura que se adapta a cada hijo. No a todos gusta la novela ni, dentro de esta, el mismo tipo; habrá quien prefiera leer sobre descubrimientos científicos o sobre historia, novelada o no…, pero está demostrado que ante un buen libro que conecte con el interés y la curiosidad intelectual del lector, desaparecen todas las pantallas. Lo he podido observar en mis propios hijos…, hasta los menos lectores se han encerrado en un libro cuando hemos acertado en la elección. Pero hay una premisa ineludible: el ejemplo de los padres. Si no nos ven leer, ellos tampoco lo harán.


Muchas gracias.

domingo, 8 de febrero de 2009

Rosa Gil se enreda entre vampiros y dhampiros

Rosa Gil, Madrid, 1975, creció en Cádiz y se aficionó desde pequeña a los libros y tebeos. Estudió periodismo en la Universidad de Navarra y ha trabajado para diversas editoriales y medios de comunicación, ahora mismo en Mujer hoy. Redescubrió su fascinación por la narrativa juvenil gracias a su trabajo como redactora en revistas infantiles.

Bruno Dhampiro es su primera novela, aunque ya avanza la continuación.

Una entrevista de Francisco Javier Illán Vivas.

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Pregunta: Su biografía dice que redescubrió la narrativa juvenil gracias al trabajo en revistas infantiles. Y, para empezar, lo que podría ser un tópico, pero también un riesgo, una historia de vampiros. ¿Soñaba con ellos en sus sueños infantiles?
¡Por supuesto! Los vampiros son tan fascinantes como aterradores. Pero de pequeña sólo veía su vertiente monstruosa y aun hoy recuerdo algunas pesadillas espantosas que me provocaron. Drácula y la película Jóvenes ocultos. Parte del proyecto de Bruno Dhampiro consistía en que la maldad del vampiro fuera voluntaria, no inherente a él. Así es posible centrarse en la parte fascinante: la capacidad de volar, la pertenencia a una “sociedad secreta”, la nocturnidad…


P. ¿Podría decirnos cuales han sido esas revistas infantiles que le sirvieron de inspiración?
La primera fue Megatrix, una publicación mensual que editaban Antena 3 y El Mundo. Yo trabajaba entonces en una revista de Historia y acepté el cambio porque me pagaban más, porque se trataba de un grupo mediático importante… En fin, por razones que no tenían nada que ver con el mundo infantil. Pero me empecé a divertir mucho y tuve la oportunidad de leer muchos libros para niños. Me sorprendió la calidad de algunos de ellos. Y también empecé a recordar esa forma tan peculiar que tienen de leer los niños, tan absorta y seria. Yo leía así de pequeña, tan concentraba que ni me enteraba cuando me llamaban.
La segunda revista se llamaba Explora y navega, y la editaba el grupo Vocento. Era un proyecto muy interesante, que huía del consumismo y se centraba en la ciencia, la literatura y la naturaleza. Duró muy poco, pero lo pasé muy bien. A raíz de todo aquello, volví a aficionarme a la literatura infantil. Y, algunos años después, pensé que, ya que no podía recuperar la lectura absorta de la infancia, tal vez estaría bien escribir algo que provocara ese efecto en otros niños…. Habrá que ver si lo he conseguido. ¡Lo he hecho lo mejor que he sabido!


P. Dice que su novela va dirigida a niños entre 9 y 13 años, y yo ya estoy un poco más crecidito. Pero, dígame, ¿Qué tiene Bruno Dhampiro que no tengan otros libros de literatura infantil?
Creo que uno de sus principales méritos es que la trama está bien cerrada. Al menos, yo he sudado tinta para intentar que todo cuadre, que los personajes sean coherentes con su carácter y que los misterios que se plantean se resuelvan de forma satisfactoria para el lector. De hecho, esto ha sido bastante difícil. Cuando tú tienes la solución de un acertijo, es complicado ponerte en la mente del lector, que aún está tratando de resolverlo… y más cuando el lector es un niño, que puede ser muy sagaz o muy ingenuo. Creo que algunos libros infantiles abusan de los finales facilones y eso es muy decepcionante. Yo he intentado tomarme a mis lectores en serio. También creo que Bruno Dhampiro tiene bastante sentido del humor. Además, da una vuelta de tuerca a un género clásico, algo que fue muy divertido de hacer. Pero no se trata de méritos únicos de mi novela, están en muchas buenas historias infantiles.


P. Quiero volver a la revista infantil. Por su relación con ese sector cultural habrá conocido cuales son los gustos de los lectores. ¿Se incluyen en Bruno Dhampiro ese aprendizaje?
Sin duda. Cuando yo trabajaba en Megatrix, recomendaba muy a menudo los libros de Harry Potter, porque a los niños siempre les encantaban, aunque no fueran aficionados a la lectura. Intenté averiguar qué tendría aquella saga para gustar tanto y creo que, como resultado, en Bruno Dhampiro hay mucho de Harry Potter. Pienso que siguen siendo unas historias muy buenas, aunque al final tanto libro y tanta película hayan provocado cansancio. Creo que a los niños les gustan los misterios bien resueltos, los personajes redondos, los villanos redomados, los momentos divertidos, los pasadizos secretos… y, por supuesto, los niños que resuelven el enigma allá donde los adultos han fracasado.


P. Permítame esta comparación. El orfanato Memorial Adelaida y Augustus Jarque de Mistyville poco tiene que ver con el hospicio donde oficiaba el Sr. Bumble.
Así es, y está hecho con toda intención. Me hacía ilusión retratar un orfanato donde los niños no vivieran martirizados, donde se les tratara con cariño y crecieran con cierta normalidad. ¿Por qué no? Quincey, por suerte para sus jóvenes pupilos, es la antítesis del Sr. Bumble. Y, ya que menciono el personaje, me gustaría mencionar que desciende de los cazavampiros más famosos de la literatura, aunque su apellido se ha “españolizado” con el tiempo.


P. ¿Dónde está Mistyville?
Cuando empecé a escribir, situé geográficamente todos los escenarios del libro. Más adelante me pareció que aquello no aportaba mucho a la historia y eliminé las referencias explícitas. Mistyville está inspirada en los pueblos de la costa de Galicia. Mi padre es gallego y yo he pasado todos los veranos de mi infancia en su pueblo, así que tengo mucho cariño a sus bosques y sus paisajes.


P. ¿Y Noxdom?
Noxdom está más al norte, en algún punto del sur de Francia.


P. A lo largo de toda la novela me encariñé con un personaje que es como una tormenta inquieta, como un torbellino, Sabbat. No sé, pero me preguntaba, y le pregunto, ¿cuánto hay de Rosa Gil en Sabbat?
Muy poco, y lo digo con gran pesar. Sabbat es la niña que a mí me habría gustado ser: valiente, vivaz y un poco iconoclasta. Yo fui una niña más bien tímida y apocada. Me pasaba la vida con las narices metidas en un libro y sufría mucho porque siempre me elegían la última en los juegos por equipos, porque en gimnasia pertenecía al pelotón de los torpes y porque me daba miedo meterme en el mar cuando había olas grandes. Me habría encantado tener el arrojo y el desparpajo de Sabbat, así que volqué toda mi admiración en ese personaje. Tengo mucho más del carácter apacible de Bruno y del “listillismo” y despiste de Dan.
Curiosamente, Sabbat no estaba pensada como protagonista. La introduje como un personaje secundario, más cómico que importante, para que Bruno y Dan tuvieran una pequeña “maestra” en costumbres vampíricas cuando llegaran a Noxdom. De pronto me di cuenta de que la estaba incluyendo en todos los capítulos porque me había enamorado perdidamente de ella, y mi dúo protagonista se convirtió en un trío. Desde el primer momento, Sabbat nos ha llevado a Dan, a Bruno y a mí por donde ha querido.


P.: Ahora mismo Digital + está proyectando
Moonlight, y True Blood, donde los vampiros conviven con los humanos, beben una especie de vino o de cerveza que apaga su sed... A esos títulos podemos añadir muchos más, series, películas, etc. etc. ¿No hay exceso de vampiros sueltos por el mundo? ¿Cómo se alimentan tanto vampiro suelto?
Sí, es curioso cómo funcionan las modas. Cuando yo empecé a escribir Bruno Dhampiro, en 2004, los vampiros estaban de capa caída (nunca mejor dicho) y todavía vivíamos la gran fiebre de Harry Potter. Supongo que aquello flotaba en el ambiente.


P. Dijo usted en una entrevista que los vampiros no son tan malos como los pintan. Pero, no sé, Drácula no era una hermanita de la caridad, por ejemplo. Ni los vampiros de John Carpenter se caracterizaban por ir regalando caramelos a los niños.
Lo bueno de los vampiros, y una de las razones por las que creo que volvemos a ellos de forma recurrente, es que tienen muchos registros posibles, y el cine y la literatura los están explorando todos. Anne Rice incidió en su faceta sexual (algo que ya había hecho Le Fanu con Carmilla), Stephanie Meyer en la romántica, Blade en la violenta… Son los monstruos clásicos más interesantes que existen: los zombies son demasiado tontos como para ser personajes en sí mismos (siempre aparecen en masa, de otra forma no darían ni miedo); los hombres lobo son interesantes hasta que llega la luna llena, porque entonces sólo tienen una forma posible de actuar; Frankenstein tampoco es un ser que tenga mucha vida interior y los fantasmas, que también me gustan mucho, pueden intervenir poco en el mundo de los vivos. Los vampiros son seres tangibles, con una historia y una personalidad, con poderes extraordinarios, capacidad de decisión y una maldición que pesa sobre ellos. Supongo que por eso estamos viviendo esta oleada vampírica.


P. Bruno no es un vampiro, es un dhampiro.
Efectivamente. Cuando empecé a escribir, tenía claro que el protagonista sería un semivampiro, ignorante de su verdadera historia, que de un día para otro descubre quiénes fueron sus padres, ve cómo despiertan en él unos poderes extraordinarios y descubre que es una presa para ciertos vampiros malvados. Pero cuando empecé a documentarme descubrí que el semivampiro ya estaba inventado desde antiguo, en la tradición centroeuropea, y que recibía el nombre de dhampiro. En las leyendas, el dhampiro es el hijo de un vampiro con su viuda; normalmente detesta a su padre y tiene el poder de detectar a los no-muertos, por lo que se convierte en un excelente cazavampiros. Bruno, evidentemente, no responde a esta descripción, pero me encantó adoptar el término. Curiosamente, ha sido muy poco utilizado en esta fiebre vampírica de la que ya hemos hablado. Cuando estaba a mitad del libro, me llevé un susto de muerte: descubrí que había una serie de cómics titulada Dhampyr. Por suerte, el dhampiro protagonista tenía los atributos clásicos. Era un cazavampiros de la vieja escuela, entregado a la causa de la estaca, el crucifijo y el agua bendita.


P. ¿Si los vivos no estamos muertos, somos NO-Muertos?
¡Eso espero!


P. ¿Tendrá Bruno nuevas aventuras?
Sí. Bruno Dhampiro es el primer tomo de una trilogía. Aún tiene mucho que descubrir acerca de su familia, tanto humana como vampírica, y muchas aventuras que correr junto con Sabbat y Dan. ¡¡Y no olvidemos que cierto villano sigue en paradero desconocido!! Actualmente estoy trabajando en la segunda entrega.


P. Antes de dejar a este simpático personaje, tengo entendido que será publicado en otros países.
En breve saldrá la edición alemana y estoy impaciente. Tengo muchas ganas de ver la nueva portada. Aunque el ilustrador de la edición española, Fernando Vicente, hizo un trabajo espectacular. Captó muy bien el carácter del personaje y le dio un aire entre tierno y gótico que, creo, era muy difícl de conseguir.


P. Me gustaría conocer su experiencia como escritora. Sobre todo por que tengo entendido no es fácil llegar a la agencia Carmen Barcells y, menos aún, que decida representar literatura infantil.
Bruno Dhampiro es mi primera novela publicada. He escrito relatos antes y empecé otra historia larga, pero Bruno es mi mejor esfuerzo. Cuando terminé el manuscrito de Bruno me encontré un poco en un callejón sin salida. Primero lo envié a un concurso literario, sin éxito. Después lo mandé a todas las editoriales en las que pude pensar, y no encontré respuesta. Y cuando ya estaba pensando en proponerlo como serial veraniego a algún periódico, un conocido me dijo que tenía un amigo que trabajaba en Carmen Balcells, y que podía mandar mi novela en mi nombre. Me llevé una gran sorpresa cuando aceptaron leerla y una mayor aún cuando quisieron representarla. Fue el momento que lo cambió todo, sin duda. Todo fue muy sencillo a partir de ese momento.


P. Y un poco más su experiencia como periodista. De esa forma podremos seguirla todos los días, o todas las semanas.
En este momento de mi carrera sería todas las semanas, en efecto. Trabajo en la sección de actualidad de la revista femenina Mujer hoy, que funciona como suplemento del diario ABC y de muchos periódicos regionales. La verdad es que casi siempre he trabajado en revistas y suplementos (Historia 16, Metrópoli, el Magazine de El Mundo, Crónica), pero también he colaborado con editoriales como Santillana (en su división de formación online para empresas) y La esfera de los libros, como editora y redactora de presentaciones y proyectos.



P. Y como esta sección se llama Hablando de libros, el futuro de ellos ¿cómo lo ve la actual autora de literatura infantil?
Creo que estamos atravesando un momento fabuloso, lleno de imaginación y de ganas de explorar nuevos mundos.Supongo que en algún momento volverá el realismo social infantil, que era lo que se llevaba hace unos años. Pero, de momento, podemos disfrutar y dejar volar nuestra fantasía.


Muchas gracias.