domingo, 28 de diciembre de 2008

Guillermo Carnero habla de su obra literaria

Una entrevista de Fulgencio Martínez para Ágora, papeles de arte gramático.


P. Me gustaría empezar preguntándote por la presencia de la alegoría en tu obra, tanto en Dibujo de la Muerte, como en Fuente de Médicis, y si la presencia de esa figura responde a una visión personal de la poesía, y en qué medida ves un cambio de tratamiento o continuidad en ambos libros respecto a su discurso alegórico.
Tendría que empezar diciendo, como si estuviéramos en una disputa medieval, que niego la premisa mayor, es decir, el empleo de alegorías. La alegoría es una metáfora continuada y sistemática, de antemano conocida por autor y receptor, de acuerdo con una tradición que asegura la inteligibilidad del discurso y la transmisión inequívoca de su significado. Por ejemplo, las figuras que representan a los grandes ríos (las partes del mundo) en la Piazza Navona en Roma, y que son por eso una alegoría de supuesta supremacía universal del Cristianismo. O las estatuas que suele haber en los monumentos funerarios de los hombres de Estado, representando a las artes, las ciencias y el comercio, es decir, diciéndonos alegóricamente que el difunto los fomentó y protegió. La alegoría es un lenguaje de decodificación asegurada, voluntad de difusión y alcance mayoritarios, y por eso intención generalmente propagandística, mesiánica o panegírica. La alegoría es un mecanismo productor de significado que, desde el creciente auge del irracionalismo desde mediados del siglo XIX, hay que considerar obsoleto, antipoético y, de hecho, salvo en obras de circunstancias, desaparecido.

Ahora bien, si cuando dices "alegoría" quieres decir "símbolo", entonces empezamos a estar de acuerdo. El símbolo tiene una parte de significado culturalmente compartido, pero está siempre abierto a insospechables significados emocionales. Siempre he dicho que la corriente de fines del XIX llamada Simbolismo ha sido para mí la mejor escuela de irracionalismo, y que la considero en eso superior al Superrealismo, demasiado extremo hasta llegar al autismo insignificante por trabajar frecuentemente con símbolos de alcance meramente individual y por lo tanto secreto, mientras que el Simbolismo manejaba y maneja símbolos de alcance colectivo, es decir, capaces de ser territorio de comunicación.

Puestas así las cosas, creo que siempre he escrito poesía simbólica; de hecho, "poesía" simbólica es, en el siglo XX, una redundancia.

P. Al hilo de ese "territorio" compartido con el lector. Mi siguiente pregunta apela a una reflexión tuya sobre la importancia que otorgas a la "función comunicativa" de tus textos.
Yo no creo en la poesía como escuela de dificultad, como ejercicio de ingenio o cosa semejante, ni tampoco como catequesis o pasodoble taurino sin sorpresa. Me parece tan errado (de yerro o error) el propósito de escribir oscuro, con el que se definía ―"trobar clus"― una corriente de la poesía trovadoresca, como herrado (de herradura) el de convertir la simpleza y la falta de profundidad en rasgo primordial buscando mayor audiencia. Creo que un poeta escribe para autonocerse y solucionar sus conflictos intelectuales, emocionales y de personalidad, y también que esa eventual solución es comunicable y compartible, porque todos estamos hechos de la misma pasta y la misma angustia. Nunca he añadido máscara ninguna a un pensamiento o emoción antes de escribirlos, pero no los he rechazado tampoco si venían desde la cuna con ella.

P. Una de tus preocupaciones estéticas, y también un gran tema de tu obra, es el propio lenguaje, la metapoesía, como se calificó a algunos de tus libros. Hoy (y vuelvo al tema de la comunicación) en que se vuelven a nivelar los lenguajes, el humano, el animal o el artificial se comparan bajo el rasero de sistemas de signos cuya función es la comunicación; y en que los jóvenes han aprendido muy bien y repiten acríticamente, que el mono también tiene lenguaje (claro: si entendemos que la única razón del lenguaje es comunicarse), como también lo tiene una máquina, y en fin en que sesudos lingüísticas analizan el lenguaje juvenil de los sms, sopesando sus virtudes aunque criticando, sin ironía, su distanciamiento de la complejidad sintáctica de un párrafo de Cervantes... ¿qué queda de ese debate sobre la metapoesía?, o si prefieres, formulo la pregunta de otro modo: ¿sobre la inteligencia como vía de expresión de la belleza?
Creo percibir dos cosas revueltas. La inteligencia se manifiesta en todos los actos de la vida y todas las formas de visión del mundo y de escritura, y no sólo en la producción de metalenguajes. Yo prefiero hablar de pensamiento, y de pensamiento emocional, es decir, aquel que, partiendo ineludiblemente de la emoción personalmente interrogativa y por eso significativa, desarrolla un discurso que tiene una lógica que no es la de la razón. En cuanto a la poesía que habla de sí misma, si escribirla es un problema personal, emocional, de autoconocimiento y autojustificación, de terapia y remedio, entonces es un asunto tan poético como cualquier otro. Nadie negaría que el amor es un asunto poético, y en un poeta el lenguaje es objeto de amor y de odio, puesto que necesitamos su colaboración para ser.


P. Escribes en Fuente de Médicis estos versos:


Oír en lejanía no me trae
más que la vastedad de la conciencia
que al ascender descubre su desierto.
Renuncio a su oquedad y a su distancia.

En el libro hay una renuncia a los sentidos. El diálogo en la soledad del corazón es sólo un eco que lacera, al invocar, por contraste la inmediatez del mundo otrora significativo.
Tu libro me hace pensar en The waste land, de T.S. Elliot. Tanto por su estructura dialógica, su desolada belleza, su búsqueda del significado perdido.
Si es así, si estás de acuerdo, podría preguntarte si admites también para Fuente de Médicis una interpretación antropológica, incluso sociocultural, más allá del "culturalismo" mal entendido y peor aplicado por otros poetas. En fin, tu libro nos hablaría sobre la situación espiritual del hombre en los albores del siglo XXI...
Fuente de Médicis es un ajuste de cuentas aconmigo mismo, una confesión general, un epitafio. La renuncia a los sentidos con la que termina es una forma de invocar a la muerte, como una apertura al revés, es decir una clausura, de los sentidos, parodiando el bautismo, por quien no cree en la vida que ha vivido ni espera ninguna otra. Yo creo que todos somos testimonio de nuestra época, lo queramos o no, y lo somos tanto más cuanto menos nos lo proponemos. Algunas personas tienen el destino de ser testigos de cargo o chivos expiatorios de su época; sólo el paso de mucho tiempo puede distinguirlos como tales. Eso es algo a lo que no puede renunciarse y que es inútil proponerse. Es probable que el libro tenga ese alcance supraindividual, o de testimonio de una época, como tantos otros lo han tenido. Pero no era esa mi intención ni podía serlo, porque jamás podré componer una alegoría.

domingo, 21 de diciembre de 2008

Blanca Andreu nos habla de su actividad creativa

De aquella niña de provincias que se vino a vivir en un Chagall y logró en 1980 el prestigioso Premio Adonais y en 1982 el Premio Mundial de Poesía Mística, Fernando Rielo con un no menos delirante poemario titulado Báculo de Babel, y en 2001, el Premio internacional de Poesía Laurèa Mela con La tierra transparente y en 1988 sacó a la luz en la editorial Visor Capitán Elphistone y Sueño Oscuro en 1989, consiguió algunos otros premios de importancia como el Gabriel Miró de Cuentos o el Ícaro de Literatura, el beneplácito de escritores de la altura de Francisco Umbral, que escribió el prólogo de la 3ª edición de su primer poemario y, entretanto, se casó en 1985 con uno de los más grandes novelistas españoles del siglo XX, el madrileño Juan Benet, queda hoy, desde la muerte de su esposo, una escritora retirada de la vida pública en La Coruña, que está considerada como el punto de partida de la llamada Generación postnovísima española. Fue, sin duda, un referente de la poesía de la década de los ochenta, una musa a la que le sobró belleza y esplendor poético, juventud arrebatada y talento a raudales.

Una entrevista de Pascual García. (Para Ágora).
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P. ¿Qué queda de aquella niña de provincias que se vino a vivir en un Chagall? Le pregunto. Su voz es grave y pausada:
R. Bueno, en realidad, nunca hubo nada de aquella niña, porque aquel fue un título que no puse yo. Lo puso la persona que rescató el libro de la papelera donde yo lo había tirado y lo envió al Adonais. Entonces cuando me lo dijo, yo estaba en un Colegio Mayor Masculino, en el de mi hermano y cuando me llamó a casa y me dijo que lo había enviado al Adonais, (estuvieron a punto de rechazarlo, porque claro, estaba escrito a máquina, pero todo lleno de manchas de café, tachones, estaba realmente impresentable). Me dijo que lo había titulado así y a mí me horrorizó, porque yo tenía veinte años y ya era una señora madura, y nunca me había llamado a mí misma niña, a los veinte. Eso por un lado. Por otro, Chagall, la relación que yo tuve es que vivía en una casa cercana a la Fundación Marchs, que era muy triste, un apartamento muy moderno años sesenta, y de las exposiciones que iba viendo, yo compraba los posters. Tenía uno de Chagall, pero también tenía otro de Lichenstein y de otros pintores, pero no es un pintor de mi preferencia, pero ahora como me han ligado a él y la gente que hace trabajos sobre mí se empecina en relacionarme con el pintor, y aunque expliques que no, da igual. No es un pintor por el que tenga una especial debilidad.

p. Sí eras una mujer muy joven en 1980 y obtenías, pese a ello, un prestigioso premio, el Adonais, hoy un tanto devaluado.
R. No, en el momento en el que yo lo gané era un premio que estaba semiolvidado, lo que pasa es que se produjeron una serie de coincidencias que movieron el libro muchísimo, porque yo era muy jovencita, porque en aquel tiempo había dos cadenas de televisión sólo y me sacaron en el Telediario a las tres de la tarde en una entrevista. No sé qué dije. A mí siempre me ha gustado utilizar palabras de argot, jerga, y a la gente le llamó la atención, pero no, era un premio que estaba de capa caída en aquel momento. Quizás les vino muy bien, porque se lo relancé, ahora sí que tiene prestigio, yo creo que sí. Lograr un Adonais tiene un sello todavía. Tenía, tal vez, un buen jurado, pues estaba Clauido Rodríguez y García Nieto. García Nieto, por cierto, prestó un gran apoyo a todos los escritores que empezaban, y esto deberían reconocérselo, como benefactor en el mundo de las letras.

P. Lo que está claro es que aquel libro y el que ganaría después el premio Mundial de Poesía Mística Fernando Rielo, Báculo de babel en 1982 eran dos libros diferentes, pero eran libros que traían un aire, una brisa, un ventarrón o un vendaval de poesía barroca, surrealista, con mucha música, muy bien escrita, con una sintaxis y un léxico absolutamente novedosos, que es lo que debe tener, creo yo, un escritor y una buena obra. Prácticamente la literatura es sintaxis y léxico. Tú traías unas imágenes que combinaban lo antiguo, lo clásico con lo radicalmente moderno, un surrealismo que no era el surrealismo al que estábamos habituados todos los lectores.
Me contesta con el empaque de quien ha reflexionado mucho acerca de este asunto:

R. Con respecto al surrealismo, hace poco en una entrevista ya lo dije, el surrealismo para un escritor actual es un instrumento del que no se puede prescindir, y yo no me refiero a que haya que hacer libros surrealistas, sino a que la metáfora surrealista, si tú no la utilizas es como si te faltara una mano. Es una puerta que nos abrieron los surrealistas franceses, que parecían más vacíos, y que los surrealistas españoles y americanos lo dotaron de corazón. Sobre todo Neruda y Federico. No usarlo es tener una carencia. Cuando yo escribí mis libros, no pensaba que eran surrealistas, pensaba que estaba usando una técnica, pero lo que quería era expresar sentimientos.

P. Es que tú no eres una surrealista programática.
R. Cuando has hablado de lo novedoso, de la originalidad, en literatura y en poesía, yo creo que es imprescindible. Hay una tendencia a todas esas teorías sobre la normalización de la poesía y a mí me parece que contradicen la esencia poética, porque la poesía no puede ser normal entre comillas, no puede ser normal porque justo es lo que trasciende lo cotidiano. Entonces, a mí me parece un error mayúsculo que está haciendo daño, sobre todo a los jóvenes, porque cuando se ponen a buscar lo que hay, como esa tendencia es la que más reluce porque es la que está más apoyada institucionalmente, y desde los medios de comunicación, se creen que es así como hay que escribir, y no, no. El poeta, si se caracteriza por algo, es por su individualidad. Decía Baudelaire que el poeta era el único que tenía derecho al yo a la hora de escribir. Entonces el yo es como la huella dactilar. No hay ninguna igual, todas son distintas. Y si son iguales es que están adocenadas. Esa es la palabra, es decir, es que van por docenas. Toda esta tendencia de la poesía normalizada me parece aberrante y un gran mal para la lírica.

P. Lo que traían aquellos libros para nosotros, para los que empezábamos a escribir contigo era una especie de caos poético del que surgía un nuevo orden lírico, un orden que nos ayudaba a crear y nos fascinada.
R. Me gusta mucho eso que dices, porque recuerdo que en esos tiempos había una frase de Nietzsche, que a mi Nietzsche no me gusta particularmente, me parece muy enfático y un hombre equivocado. De hecho lo demostró al final. Su camino no era hacia la sabiduría, sino hacia el deterioro cerebral, pero había una frase que me gustaba mucho, que decía: es preciso llevar dentro de uno mismo un caos para poder poner en el mundo una estrella. Y luego también recuerdo otra de Rimbaud, que también valoraba mucho y que lo sigo valorando como poeta, pero esa frase la tenía como un emblema, decía: mi caos es sagrado. Se lo decía hasta a mi madre, cuando me mandaba ordenar mi habitación, le decía mi caos es sagrado.

P. En el fondo, fuiste una especie de Rimbaud femenino en aquel tiempo, ya no sólo por tus libros, sino también por tu imagen, que impactó y que de alguna manera ayudó a que los libros funcionasen, aunque los libros eran buenos de por sí, pero tu imagen era tambien novedosa, eras una chica, eras guapa, eras valiente y eras joven.
R. ¡Qué bonito eso de valiente! Como yo era muy ingenua entonces, en alguna entrevista dije que había habido factores extraliterarios, y Luis Antonio de Villena inmediatamente se agarró a estas palabas para meterlo en su antología, claro, eso por no hacer caso a un amigo que decía: no des armas a tu enemigo que las utilizará contra ti. Esos factores extraliterarios, yo creo que influyeron para que me leyera gente que no solía leer poesía. A mí me llamaba de pronto un albañil de Granada o una mercera de Mallorca, pero yo, por otra parte, pienso que los libros se sostenían, porque siguen ahí. Así es que se siguen leyendo.

P. Son libros todos los tuyos que se pueden seguir leyendo, que no se caen de las manos ni mucho menos, que se mantienen a pesar de estas adscritos a una cierta corriente surrealista, que no es el momento, porque ya es antigua, se trata casi de un movimiento clásico.
R. Es lo que te decía antes. Empezar a hacer surrealismo ahora es como descubrir la pólvora, pero son técnicas, que a pesar de ser muy antiguas, son útiles, pero ya las he encontrado en Virgilio y hasta en Homero si me apuras. O sea que los poetas desde siempre han dado saltos mentales apara encontrar una conjucción de palabras que no pueda ser explicada racionalmente, pero que, sin embargo, conmueva.

P. ¿Ésa es la revolución del surrealismo?
R. Sí, pero que eso ya lo han hecho los clásicos. Que es justo el mezclar elementos contrapuestos, un abstracto y otro concreto, uno material y otro espiritual, por ejemplo. Los que no usan ahora estas técnicas con la escritura normalizada, es una gente con una escritura muy plana, porque en realidad el ser humano no es monolítico. Tiene la razón y la sinrazón. Es toda la parte intuitiva y el hombre no puede funcionar sin esto, los grandes inventos proceden de dar estos saltos en el vacío.

P. Decía Umbral, que fue un maestro y amigo tuyo, en el prólogo de Una niña que se vino a vivir en un Chagall, pero en la tercera edición, en la publicada por Hiperión: Escritura en vuelo y en vilo, siempre en trance, siempre en peligro, escritura mística en el sentido de irresponsable. Pero claro, tú ganas el Premio de Poesía Mística, aunque quien lea este libro se dará cuenta de que aquí no hay nada religioso en el sentido tradicional de la palabra.
R. Bueno, ahí lo que hay es un afán de trascendencia.

P. Pero, como lo hay en todos los libros.
T. Bueno, yo me presenté a ese premio, porque no era imprescindible desde luego que el asunto fuese religioso, y porque está la figura del ángel planteado a lo largo de toda la obra, pero en esos tiempos yo no concebía la existencia de la divinidad. Entonces, es un libro de una mística invertida, porque también hay místicos ateos, Cioran, por ejemplo. En mi último libro, hay una parte que se llama Monasterio de la luz, que es un intento muy ambicioso de hacer poemas que concilien todas las religiones. Hay un salmo musulmán, hay poemas cristianos, hay un poema budista. Mi concepción del mundo ha cambiado mucho desde aquellos primeros libros hasta hoy, desde luego. De igual manera también podríamos considerar a poetas que yo sé que a mí me interesan en especial, como Claudio Rodríguez, poetas místicos.

P. Lo que tiene tus poemas, en realidad es lo que debe tener siempre la buena poesía, es ritmo.
R. Es una cosa que se está perdiendo. Yo ahora como jurado de poesía, veo que los libros más modernos de los poetas jóvenes no practican la música, yo creo que esto es tal vez por no haber memorizado poemas rimados y ritmados, poemas con música. Pues sólo de lo que nos nutrimos podemos sacar luego al exterior. Entonces es triste, porque hay ideas pero no hay música. Es como poesía productiva. Lo de la sintaxis, es que los poetas tienen la obligación de pulir eso como si tallaran una estatua y conseguir una palabra nueva, una frase nueva. El poeta tiene que regenerar el idioma y estrenar de nuevo las palabras. El poeta tiene que fundar por segunda vez algo que ya está, que son las palabras pero otorgarles un nuevo sentido y estrenarlas de nuevo.

P. Tú eres una poeta clásica en el más puro sentido de la poesía, te revelas como una poeta antigua.
R. Ya lo decía Eugenio d´Ors, lo que no es tradición es plagio. Si tú no bebes en las fuentes, pues seguro que repites. Esa es otra pega que veo yo en la poesía actual moderna. Se leen unos a otros y, por tanto, se repiten.

P. ¿Cuales son tus fuentes, cuáles son tus maestros?
R. Shakespeare, Federico, Neruda, Eliot, la poesía grecolatina, la poesía inglesa. El primer poeta que leí fue Miguel Hernández, también me gusta Rimbaud. Hay poetas que a mí me abrieron la mente. El poeta tiene que estar desprovisto de prejuicios para que aparezca la musa, y sus influencias tienen que venir de todas partes. Si tú vas con una teoría previa de lo que quieres hacer, como esta poesía de la normalización, no sucede este fenómeno. Tú a la musa no le puedes poner condiciones. La poesía no puede ser lo que uno programe de antemano. Tú tienes que dejar tu mente libre.

P. Leí un artículo tuyo un tanto polémico sobre aquel famoso endecasílabo: "Tú me llamas, amor, yo cojo un taxi" de Luis García Montero.
R. Bueno es que en la prensa decía a propósito de este verso que era el mejor endecasílabo de los últimos treinta o cuarenta años. Pero bueno es que Pepe Hierro no ha escrito nada, Gamoneda no ha escrito nada, Claudio Rodríguez no ha escrito nada. Adónde vamos a parar. El que ha escrito eso tiene un gusto estragado, no sabe de poesía. Ese verso tú lo traduces y no es nada, por que lo único que tiene es ritmo. Claro, es una cosa muy prosaica. No maravilla, eso no puede funcionar. Sin embargo, coges un poema de Federico y funciona enseguida, perfectamente, en cualquier traducción. Hay individuos que hablan otras lenguas y están enamorados de Federico toda la vida y no saben español. Ya te digo, yo es que creo que esas teorías son dañinas para los jóvenes que escriben o que leen, porque son opresoras y retrógradas. Porque también están haciendo lo mismo que hacían los poetas de los 50, pero en un momento que no es necesario, porque en los cincuenta sí era necesario. En esta época de materialismo salvaje, lo que tienes que darle a la gente son alas, no la tienes que meter en el metro o en un taxi, la tienes que hacer volar, porque el grado de materialismo del planeta es inmenso para añadirle aún más.

P. Compruebo tu predilección por Miguel Hernández con el que también coincides en el origen.
R. Bueno, soy mestiza, gallega y oriolana. Y no te hablo de Rosalía, porque con ella no tengo esa relación que tengo con Hernández, pero de Miguel Hernández me gusta además lo que yo percibo como ser humano en sus poemas, la calidad amorosa.
El que más me interesa de los poetas españoles actuales es Gamoneda. Ya que estamos en Murcia me gustaría citar el último libro de Eloy Sánchez Rosillo. Me encantó también. Y luego hay un poeta que me influyó mucho, que es Sebastián Mondéjar, aunque no esté reconocido suficientmente. Y sin embargo lo veo un poeta puro.

P. Todavía eres muy joven, pero la verdad es que has escrito muy poco.
R. Bueno, he escrito mucho, pero yo uso mucho la papelera, que es otra cosa que los poetas deben utilizar. La poesía es una competición. Publicar un libro al año a toda costa para estar en candelero va en detrimiento de la obra y entonces la papelera es algo que hay que usar mucho, porque yo veo lo que la gente da por bueno, incluso poetas famosos, y no, no me puedo creer que tengan esas tragaderas o que se miren al espejo y se vean tan guapos. Yo pienso que es preferible tener mucho tiempo a la hora de publicar entre otras cosas porque se talan árboles para hacer libros. Hay que pensárselo mucho para poner en un papel algo que merezca la pena ser leído.

P. Como colofón me gustaría saber lo que estás haciendo ahora.
R. Pues mira, estoy haciendo mucho, estoy preparando un libro de relatos, que ya lo tengo muy avanzado, pero prefiero insistir y no sacarlo todavía. Luego tengo también una novela y un libro de poemas. El libro de poemas es lo que parece que va a salir antes.


Para acabar quier o agradecerte tu tiempo y tu disposición a venir a Murcia y aceptar mi entrevista. Has sido muy amable.
Nos despedimos con un beso, que yo guardo como un recuerdo de juventud junto a los poemas de sus primeros libros, que leí a los veinte años con fervor.

sábado, 13 de diciembre de 2008

Francisco Javier Illán Vivas habla de literatura

Esta semana os quiero reproducir la entrevista que Javier Márquez, subdirector de Cambio16, mantuvo con Francisco Javier Illán Vivas, y que fue publicado la semana última de noviembre de 2008:



domingo, 7 de diciembre de 2008

Rudy Spillman nos habla de su obra

Nació en la ciudad de Buenos Aires, Argentina, el 7 de mayo de 1950. Estudió en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires hasta un año antes de finalizar la carrera, en que enfermó. En 1989 se radicó en Israel con su mujer y sus cuatro hijas, donde vive actualmente, en la ciudad de Eilat. Se dedica en forma permanente a la meditación hindú Vipassana, asistiendo a los seminarios en los centros de aislamiento y meditación que la entidad posee en el desierto del Negev. Ha escrito: "La Leyenda de Palameycora", "El Ente Dvorak", "Un Sueño de Vida" y "Acortando Distancias", en 1999; "El Caso Guli", en el año 2002, "La Fábula de la Jirafa y el Caracol" y "La Goma Reina"; "Pornocto y Rosirupta (dos almas en el Mundo del Nada Importa)", en el año 2003. "El Paraíso Escondido detrás de Nuestras Desgracias (Autoayuda Autobiográfica)", conteniendo un método con una técnica descubierta por el mismo autor y aplicada con éxito a su propia vida; y su continuación: "Recopilando Reflexiones ¿Hacia dónde nos dirigimos", ambos publicados en el año 2007; y "Una Cuestión de Tamaños", sátira tragicómica que incluye cierta dosis de romance místico, en 2008.

Se dedica a la literatura de ficción, ciencia ficción, terror, romance y cuentos infantiles, comprometido de manera especial, en temas sobre autoayuda, filosofía, psicología, meditación y humanismo desde un aspecto de la evolución individual.
Publica casi diariamente, artículos sobre los temas que le competen, en el blog "Libro Abierto" y otros medios de difusión.
Asimismo, ha publicado varios cuentos cortos, relatos y una serie de artículos sobre los temas que le ocupan.
Todos sus libros, relatos y artículos poseen descarga gratuita y se encuentran a disposición del lector interesado. Como así también, la posibilidad de compra de sus libros en papel.
Desarrolla su actividad a través de tres blogs, cuyos nombres se transcriben a continuación, con sus respectivos enlaces:
LIBRO ABIERTO (en idioma español):
http://libroabiertorudyspillman.blogspot.com
SHALOM SHALVA (en idioma hebreo):
http://rudyspillmaninhebrew.blogspot.com
THE PEACE PORTAL (en idioma inglés):
http://peaceportal.ning.com/profile/3of26z47a7p79


Miembro de la Asociación Israelí de Escritores en Lengua Castellana (AIELC). Miembro de Escritores Club (Agrupación de Escritores Independientes de Habla Hispana). Asesor de la Academia Filosófica Hebrea "Sinaí".

Una entrevista de Francisco Javier Illán Vivas
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P.: Leyendo su reseña biográfica, la primera reflexión es casi obligada. Empezó usted a escribir muy joven, pero tuvieron que pasar alrededor de veinte años para que sus escritos vieran la luz, salvándose de la destructora autocrítica.
Sinceramente, no sé. Es probable que con la madurez de los años se haya aplacado el autoritario ogro interior que me impedía cosechar las letras sembradas y por otro lado, quizás los esmeros y esfuerzos en mejorar mi calidad literaria, unido esto a los radicales cambios coyunturales en mi vida a partir del año 1989, hayan logrado domesticarlo y adormecerlo en parte.


P.: Me gustaría conocer un poco mejor sus gustos literarios. ¿Cuáles fueron sus primeras lecturas?
A muy temprana edad he comenzado leyendo a Kafka ("Metamorfosis"), luego me entusiasmé mucho con Ray Bradbury ("Las doradas manzanas del sol"). Leí algo, poco, de Jorge Luis Borges, más de Julio Cortázar. He leído a Sábato y muchos otros autores sobre los cuales no recuerdo su nombre, probablemente, por haber leído circunstancialmente alguna obra de cada uno de los mismos.
De joven, y durante largos años, he sido un lector que ha "picoteado" aquí y allá, de muchos autores disímiles, buscando un destino que no encontraba. Allí quizás esté mi origen polifacético como escritor.


P.: Y, actualmente, ¿a quien lee Rudy Spillman?
Definitivamente, considero que Hermann Hesse es "el escritor" por antonomasia y definición. Un pequeño ejemplar de "Siddhartha" descansa siempre en un rincón de mi dormitorio, dispuesto a abrirse ante mis ojos cada vez que encuentro la necesidad de redescubrir en palabras, descripciones de la libertad, sabiduría y profundo contacto con nuestra más auténtica esencia humana. El último libro que leí del autor fue "El Juego de los Abalorios", el que hizo profunda mella en mí.
También leo a Deepak Chopra ("Conocer a Dios"), John Steinbeck ("Las Uvas de la Ira"); tengo arrinconada la obra de Carlos Castañeda, de quien he leído "El Arte de Ensoñar" y por lo que he decidido guardarla celosamente a la espera de tiempos de mayor distensión. He leído últimamente un libro científico pero comprensible a nivel popular y que recomiendo con el mayor de los énfasis. Su título: "La enfermedad como camino", de Thorwald Dethlefsen y Rüdiger Dahlke.
Como podrá observar, continúo aún hoy salpicando mi mente de literatura de lo más variada. Quisiera leer más y escribir menos, pero hago exactamente lo contrario.


P.: En 1989 se traslada a Israel. ¿Qué le lleva a una región tan ligada a la cultura occidental pero tan convulsionada? Háblenos de Eilat.
Durante mi juventud en Buenos Aires y en mi condición de judío de la diáspora, experimenté en varias oportunidades una fuerte necesidad de llegar a Israel, colaborar en algún kibutz y alistarme en las filas del ejército, situación que nunca llegó a concretarse debido a que mi madre, q.e.p.d., era polaca (idishe mame), lo que se traducía en una especial forma de poder ejercer mi libertad: yo podía hacer todo lo que me viniese en gana, pero existía un lenguaje que pocas veces se traducía en palabras y que encerraba todas las apetencias y necesidades de mi madre. Esta poderosa energía flotaba en el ambiente entre ambos y solía ejercer a veces una influencia hipnótica en mí. De esta manera, ni ella me pedía que no la abandonase ni yo necesitaba responderle que me quedaría. Simplemente, me quedaba... y ella, complacida, sonreía.
Promediando mis casi cuarenta años de edad y habiéndose debilitado lo suficiente aquel control psicológico, logré finalmente cortar el cordón umbilical que me unía a ella y partí hacia las lejanas tierras bíblicas.
Nosotros los argentinos, nunca hemos sabido de guerras más que las que libramos con nosotros mismos, dentro de la familia, en el barrio, escuela, universidad, empleo, alguna otra institución o gobierno de turno, en especial cuando se trataba de una dictadura. Es por ello que a comienzos del año 1991, ya radicado con mi familia en Israel, la Primera Guerra del Golfo Pérsico nos sorprendió. Y fue cuando conocimos una nueva forma de vivir. No recuerdo haber sentido miedo. Pero hasta el día de hoy no sabría decir si no lo sentía o no contaba con el tiempo necesario para sentirlo. La actividad y el alerta eran constantes. El televisor o la radio permanecían encendidos las 24 horas del día. Ni bien comenzaba a sonar la aguda alarma que nos avisaba que un proyectil había sido lanzado y se encontraba al caer en nuestro territorio, contábamos apenas con un par de minutos para encerrarnos en una habitación hermética, colocar paños húmedos en las hendijas y respiraderos, ayudarnos mutuamente en la apropiada colocación de las máscaras, y lo más doloroso de todo el procedimiento, cual era ingresar a mi hija menor de dos años de edad, en medio de su incesante llanto en desaprobación, dentro de una cuna de plástico transparente y cerrada herméticamente hasta que el peligro pasara. Fueron tiempos en que la fisiología de mi organismo adoptó la costumbre de despertarme cada 20 minutos escuchando una alarma muchas veces inexistente, para luego continuar mi sueño. Pero como sucede siempre en la vida, esta etapa también pasó y todos volvimos a recuperar nuestra rutina.
Eilat, simbólicamente, es considerada por los mismos israelíes como una ciudad fuera del Estado de Israel debido a sus grandes diferencias con el resto del territorio. Su clima promediando los 40° C durante gran parte del año, ausente de lluvias de manera tal que los 7 a 10 días anuales que éstas puedan mojar sus calles son motivo de festejos, en especial por parte de los niños. Su fisonomía mostrando el área turística abundante en hotelería 5 estrellas bordeando las costas del Mar Rojo, en la parte baja de la ciudad; y los diferentes vecindarios de la población estable, ubicados en su parte alta; y ambos sectores encerrados entre las montañas y el mar, con un firmamento celeste que se rehúsa por lo general a cambiar de color, le otorgan un aspecto liberal y protector a la misma vez. Tres horas de viaje a través del inagotable desierto del Negev separan esta pequeña y hermosa ciudad de apenas 60.000 habitantes, del resto de la civilización.


P.: ¿Qué encuentra Rudy en Israel para que, por fin, sus escritos dejen de ser pasto de la autocrítica?

Una pregunta difícil de responder. Por un lado quizás, encontrarme en Israel y en especial en la ciudad de Eilat, rodeado de ese tan ansiado mar, montañas, sol eterno, profundo silencio alternado con los típicos sonidos de la naturaleza haya sido para mí como volver al útero de mi madre del cual no hubiese debido salir nunca. Por otro lado, la fisonomía del lugar y las latitudes donde me encontraba parecían actuar en cierto modo de musas inspiradoras que me permitirían empezar a escribir textos que el crítico censor que aún vive dentro mío ya no necesitaría desechar.


P.: Pronto nacen La leyenda de Palameycora, El ente Dvorak, Pornocto y Rosirupta, El caso Guli, Un sueño de vida, Acortando distancias y La laguna de los milagros. Digo pronto, pues creo que su primera publicación data de 1999, diez años después de vivir en Israel.
La única manera que encuentro de justificar el hecho de que hayan tenido que transcurrir tantos años en Israel hasta poder tomar la decisión de publicar mis obras, sea quizás al advertir que debí guardar celosamente, una y otra vez, mis ideas, sin animarme todavía a plasmarlas en el papel por temor a esa autocrítica compulsiva que me llevaría a continuar haciendo lo que siempre había hecho. Hasta que un día me decidí. Fue la primera vez que escribí y mantuve lo escrito sin destruir. Pero no sabría decir si mi nueva actitud se debía a una cierta evolución en mis capacidades literarias o a una adaptación a lo que yo era y siempre había sido como escritor.


P.: El paraíso escondido detrás de nuestras desgracias, ¿es una confesión personal o una catarsis?
El Paraíso Escondido detrás de Nuestras Desgracias marca un antes y un después en mi vida literaria. Una confesión no, en todo caso, el profundo y repentino deseo de compartir con la humanidad (o los que dentro de ésta aceptaran mi invitación) extraordinarias experiencias que me han sabido traer tanto bienestar. Catarsis sí, absolutamente, como lo es en cierta medida el resto de mi obra y la meditación, disciplina que vengo practicando ininterrumpidamente durante los últimos treinta años.
¿Porqué digo que marca un antes y un después? El Paraíso... es mi primer escrito que no relata una historia aunque en cierto modo ofrezca "flechazos" de la mía propia pero no con la intención de que se conozca mi vida sino para mostrar una forma verídica de hacerse bien y hacerlo a los demás. Esto, dicho, parece tan obvio y sencillo de lograr y sin embargo las sociedades hoy nos alejamos tanto de nuestros verdaderos objetivos. Mi inclusión como persona en la conjugación verbal que utilizo en la última oración no intenta decorar la redacción de esas líneas. Siento exactamente lo que escribo. En mis escritos sobre autoayuda lo enfatizo: soy un lector más de mis propios escritos, pero no en el sentido de un falso narcisismo literario, sino porque creo haber recibido cierta información de "alguna parte", de cómo son algunas cosas pero ello no significa que yo personalmente haya logrado todo lo que pregono. Es por ello que siempre digo que yo también soy un lector, un alumno más junto con los que quieran recibir las enseñanzas. No pareciera ser muy conveniente decir lo que estoy diciendo frente al lector potencial. Pero uno de los tantos principios que intento transmitir es el de "evitar vender nuestra imagen" como inicio de una libertad auténtica. Quien me acepte, en todos los aspectos deberá saber realmente quien soy.
Unos años antes de escribir este libro, de pronto, tomé conciencia de que venía utilizando una técnica de autoayuda desde aproximadamente los cinco años de edad, tiempos en que ni siquiera el vocablo "autoayuda" aún existía. Y quizás debido a que en aquellos momentos entraba lentamente en la edad en que a uno le resulta más fácil recordar acontecimientos lejanos que hechos ocurridos ayer, empecé a recordar cada vez más nítidamente, de qué manera utilizaba la técnica sin saberlo. A medida que agudizaba mi memoria mi mente se iluminaba más. Recordé detalles que me parecieron increíbles. La técnica la había utilizado siempre desde aquella temprana edad pero a partir de mi descubrimiento lo haría en forma consciente. Uniendo el pasado con el presente y vislumbrando un futuro promisorio me encausé en la tarea de recopilar toda la información que pudiera. Luego de transcurridos cuatro años, escribí el libro. Poseía todo el material almacenado en mi cabeza. Viví entonces largas épocas de incertidumbre y particular molestia al corroborar que sabía todo lo que me había sucedido pero no encontraba la forma de relatar mi experiencia. Hasta que sucedió. En algo más de tres meses publiqué el libro. Resultaron ciento dos páginas concentradas. Obvié relatar todas mis experiencias. Apenas algunas bastarían. Deseaba rescatar la técnica que ayudara al lector y no que éste se confundiera con el resultado detallado de mis experiencias que podían o no coincidir con las suyas propias. Como podrá observar, después de publicar este libro, nada fue igual para mí, a la hora de sentarme a escribir.


P.: Antes de entrar a comentar su última obra no me resiste a preguntarle, ¿dónde se encuentra Rudy Spillman? Entiéndame, usted ha escrito novela negra, cuentos infantiles, romance, ciencia ficción, psicología-policial, filosofía y autoayuda. Parece como si todo ello hubiese sido un camino para encontrarse. ¿Ha tenido que llegar al desierto de Negev para encontrar de forma definitiva su mundo como autor, incluso como persona?
Debo reconocer a esta altura de mi vida, mi aspecto polifacético y autodidacta como autor, amén de la riqueza o pobreza literaria de mis escritos, aspectos que no seré yo quien juzgue. El individuo, en general, crea muchas veces de forma inconsciente, una lista en la que vuelca "cómo debe ser la persona" y luego vive toda su vida intentando cumplir con las premisas allí escritas. Salvando principios básicos que pudieran dañar los derechos de los demás, es decir, en lo que atañe a mi persona exclusivamente, yo siempre intento hacer al revés. Es decir, trato de descubrir quién y cómo soy sin epítetos ni calificativos. De esta manera confeccionaré una lista con "lo que hay" y no con "lo que quiero que haya o creo que debiera haber". Creo que éste es un mejor punto de partida, a partir del cual conociéndose tal cual uno es serán mucho más auténticos y viables los cambios que uno desee emprender. Ello respondería al aspecto polifacético, como Ud. bien dice, que poseo como autor. Lo que mi mente ha creado lo he volcado en el papel. Puedo haber sido severo con la crítica pero no me preencasillé como autor de ciencia ficción, novela amorosa, autoayuda, filosofía, humanismo o cualquier otro rubro literario. A lo que me surgía le daba igualdad de posibilidades. Intento ser auténtico en la creación y no prefabricar temas de acuerdo a especulaciones que no respondan a quien realmente soy.
Sí, de la misma manera que una fotografía debe pasar el proceso obligado del revelado para poder ser apreciada en todas sus cualidades, virtudes y defectos, así quizás me haya sucedido a mí, y el desierto del Negev, como Usted bien dice, haya actuado de cuarto oscuro que permitiría mi revelado como autor y mi redescubrimiento y evolución como persona.


P.: Preséntenos su última obra, Una cuestión de tamaños.
Se trata de una novela corta de ritmo ligero que incita al lector a continuar leyendo buscando descubrir los hechos antes de que sucedan. Y se equivoca porque la historia es simple pero extraña a la vez. El desarrollo del relato acompañado de una suave comicidad bordea el misticismo romántico y trae a sus tres protagonistas principales a una encrucijada final difícil de resolver.
Junto con Pornocto y Rosirupta (Dos Almas en el Mundo del Nada Importa), es del tipo de historias que más me agrada relatar, pues me permite introducirme en el relato mientras escribo, de manera tal que difícil me resulta advertir que el mundo al que pertenezco es otro.
Además, respecto de esta novela, debo decirle que su misticismo trasciende el mundo de lo irreal para introducirse en mi propia vida privada. El brote de inspiración nace como un torbellino, luego de varias horas de haber sufrido la pérdida parcial y focalizada de la memoria, de esto, hace ya algunos meses. Una vez repuesto, escribo Una cuestión de tamaños y Tarea concluida, en apenas unas jornadas. Algo inédito en mis antecedentes literarios.


P.: ¿No representa un giro en ese camino emprendido hacia el humanismo en su evolución del desarrollo del individuo?
No, para nada. Fíjese que quizás aquí, la confusión provenga de lo que cada uno pretenda significar cuando alude a "la evolución del desarrollo del individuo". Pienso que si el mundo se llenara de "Pornoctos y Rosiruptas" o de "Arnestos y Jimenas", al humanismo no le quedaría tarea por cumplir.


P.: Estoy convencido de que su mente creativa no está en descanso. ¿Qué escribe en este momento?
MediMente. Es el último de mis desafíos. Todo comenzó con un modesto curso de meditación sin pretensiones que inicié en "Libro Abierto". Al poco tiempo decidí que se convertiría en un volumen publicado aunque me tomara tiempo. Pero no podía defraudar a mis lectores, por lo que continué con el curso hasta el día de hoy mediante la publicación de artículos individuales. Llevo publicados, el prólogo y los trece primeros capítulos. Quedan algunos más para terminar su primera parte, teórico-práctica. Entonces iniciaré la segunda y última parte, netamente práctica, incluyendo "Diez Viajes Fantásticos al Interior del Alma".
La aventura empezó en marzo del corriente año y finalizará en algún mes del año entrante. El proyecto es ambicioso porque no responde a ningún estereotipo de los conocidos, todos abundantes en una amplia bibliografía repleta de conocimientos milenarios. Sin desmerecer el profuso contenido intelectual de toda la bibliografía existente en el tema, he querido volcar, intentando no guardar nada, todos mis conocimientos y experiencias que datan de treinta años atrás, como un simple meditador que ha llegado a conocer en algo los mecanismos prácticos de la disciplina, a los que ha decidido agregar temas filosóficos relacionados con la misma.


P.: No sé si para los asiduos y desconocidos lectores de esta sección usted es un autor conocido o no, pero como pretendo que le conozcan tan bien como sus lectores en Israel, quiero que nos cuente la relación especial que tiene usted con Internet a la hora de la publicación y distribución de sus obras.

Como Ud. bien sabe, el internet no tiene fronteras y a nadie le es requerido pasaporte para transportarse de un país a otro e introducirse en los hogares desde el propio. Este pequeño detalle me ha permitido recibir desde marzo del año 2007 en que me inicio en el blog "Libro Abierto", la complaciente animosidad de lectores llegados de 54 países. Para su sorpresa le diré que la mayor afluencia de público proviene de Gran Bretaña, secundada muy de cerca por España, con una diferencia entre ambos que no llega a superar los 300 lectores. Israel se encuentra en 7° lugar. Parece ser que en la red también se da aquello de que "nadie es profeta en su tierra". Con más razón, si su tierra no es la natal y el idioma es otro.
No sabría decirle si mi relación es especial. Espero que no, porque la mía es muy buena y desearía que muchas otras personas gozaran de una relación similar.
Publico mis obras en Lulu, Scribd y últimamente, también en Bubok. Debido a que soy autodidacta, pero no sólo como escritor, toda mi actividad la he aprendido solo, a fuerza de paciencia y perseverancia y a sabiendas de que aprendo bien pero con mucha lentitud, lo que me permite aunque sea tarde, siempre llegar. Mis amigos consideran que sé mucho de lo que hago y yo les respondo que sé muy poco pero bien. Nada mejor que un ejemplo para aclarar el concepto:
La empresa Lulu ofrece una innumerable cantidad de servicios. El 95% de los mismos me es por completo desconocido. El otro 5% lo domino casi a la perfección. Es el que necesito y utilizo. No dispongo del tiempo para aprender las cosas que no utilizaré.
La promoción y distribución no son temas que me agraden, por lo cual gustoso recibo la valiosa colaboración de mi mujer.
Debido a que ésta no es el tipo de preguntas que disfruto en especial, espero haber podido cumplir con sus expectativas con mi respuesta.


P.: Su bitácora podemos leerla en castellano, en hebreo y en inglés.
No se trata de la misma bitácora. La primera en aparecer y la principal es "Libro Abierto" en idioma español. Con el tiempo debí abrir en esa misma página, un "Rincón en Hebreo" y un "Rincón en Inglés" hasta que todo quedó demasiado apretado allí. Nació así la idea de abrir otras dos bitácoras: "Shalom Shalva", en hebreo y cuyo título sugiere un juego de palabras, ya que "shalom" significa "hola" y también "paz"; y el significado de "shalva" es "tranquilidad"; y una bitácora en inglés, que no es del todo propia, puesto que la he creado dentro de un grupo denominado "Peace Portal" (Portal de Paz).


P.: Dígame, ¿Cuántas horas diarias le dedica a la escritura, a las bitácoras y a otros sitios de internet?
Puedo un día dedicar 8, 10 o 12 horas y al siguiente no hacer nada. Mis tiempos son muy relativos. Mi dedicación es completa cuando me dedico. Y esto es aplicable en todos los órdenes de mi vida.


P.: ¿Esa realimentación (feed-back para los ingleses) con los lectores le es beneficiosa para su actividad creativa?
Personalmente, no creo que una respuesta positiva por parte de los lectores pueda tener influencia en la actividad creativa del autor. Pero sí estoy convencido que al menos en mi caso la respuesta de los lectores ha sido, es y siempre será el factor condicionante de mis escritos. El lector es el que me lleva de la mano hacia la publicación evitando que destruya lo escrito.


P.: Y como esta sección se llama Hablando de Libros, el futuro de los mismos, ¿cómo lo ve Rudy Spillman?
Yo veo un futuro, en especial en la literatura de consumo, desprovista de "best sellers" y del salto de escritores noveles al repentino estrellato. No veo moneda de intercambio en la literatura. Veo lectura para todos los gustos, muchos escritos que nunca nadie leerá pero que estarán allí publicados en el mercado, abundantes obras maestras de la literatura que se perderán de momento entre la extrema abundancia de obras, cada vez más falta de tiempo para poder descubrir y distinguir calidades. El libro-papel agotando sus fuerzas en un intento por combatir con la literatura virtual, quedando finalmente arrinconado sin desaparecer pero viendo envejecer sus arrugadas papiro-páginas, se dejará envolver por la telaraña digital. Tendremos todos acceso a un diminuto "chip" tecnológico que almacenará miles de libros de nuestro gusto que nunca alcanzaremos a leer. Pero todo esto ocurrirá en un tiempo en que nuestra generación ya no podrá enterarse si hemos tenido la suerte de habernos equivocado los que compartimos estas apreciaciones.

Muchas gracias.
Gracias a Usted.