sábado, 25 de octubre de 2008

Pascual García nos habla de Los alimentos de la tierra

Con el poeta Pascual García dialogamos a propósito de la edición del Premio Loewe de 2007 en la que quedó finalista con el libro Los alimentos de la tierra.
Una entrevista de Mª Ángeles Moragues Chazarra., para Ágora, papeles de arte gramático, cortesía de ellos.


P.- ¿Qué debe tener un libro para conquistar al jurado de un premio?
Un libro debe tener sólo calidad literaria, conquiste o no conquiste a un jurado, eso no tiene la menor importancia, al menos yo no me lo he planteado nunca.

P.- ¿Contra qué o quién se rebela a través de su escritura?, o acepta, ¿a quién o a qué?
Mi lucha, si es que hay alguna lucha en mi obra, es contra mí mismo, contra la parte de dolor y de resentimiento que todos albergamos desde los primeros años de nuestra vida, pero es sobre todo una celebración de la existencia de las cosas elementales, del mundo en el que vivo, de los míos.

P.- Si esta obra implica una vuelta atrás en el tiempo, ¿qué ha recuperado con ella?
La literatura siempre es una vuelta en el tiempo. Escribimos sobre aquello que desaparece e intentamos recuperar el sabor de aquel tiempo, el aroma de los mejores años. La escritura permite que el tiempo se detenga como un milagro.

P.- ¿Ha escrito este título para huir de su propia biografía o para ratificarla?
Uno no puede huir de su propia biografía y tampoco puede ni debe rectificarla. Lo que haya de biográfico en este libro, y siempre ponemos algo de nuestra vida en las obras, procede de la memoria y ése es el espacio intocable de los sueños.

P.- ¿Cuál es la máxima de su poesía en este libro?
Los alimentos de la tierra, el libro que quedó seleccionado entre los finalistas del Premio Internacional de Poesía Fundación Loewe, pretende regresar a la tierra, a la infancia y a la más elemental de las verdades. El trabajo duro de mi pueblo, los alimentos que mi madre y mi esposa ponen en la mesa para comer, el sudor de los hombres aguerridos del campo, el futuro venturoso de los hijos, la bendición del sol y de la luz, mis primeros libros, los primeros recuerdos, el amor como una sustancia imprescindible para vivir.

P.- ¿Hay en este poemario alguna novedad con respecto a su anterior obra poética?
Me da la impresión de que este libro procede de una línea poética presente ya en Fábula del tiempo y más tarde en los dos libros siguientes: El invierno en sus brazos y Luz para comer el pan. Se trata de combinar el tono elegíaco con la celebración de los bienes cotidianos, ahondar en lo más sencillo y buscar la complejidad de su entramado para exponerlo con versos luminosos, sin miedo a la ruptura del encabalgamiento, porque no quiero que el endecasílabo discurra monótono, sino que sea únicamente un apoyo técnico para lo que pretendo decir, un cauce adecuado a mi discurso.

P.- ¿Qué finalidad tiene esta obra en verso en un mundo como el actual?
Si tuviera que ser sincero a ultranza, te diría que tal vez ninguna, como no la tiene la literatura en general o el arte. Y, sin embargo, para mí, para un pequeño grupo de amigos y para mi mujer, constituye un regalo, un modo de gozar de la palabra y de la imagen, del recuerdo y de las cosas, de los pequeños alimentos de una tierra lejana pero presente, casi una oración de gracias por lo que nos rodea, pero asimismo un inevitable repaso de lo que fuimos y de lo que todavía nos queda.

P.- Elija n poema de su último libro finalista del Loewe...
Debería elegir algunos, pero tal vez “Las monedas y el espíritu” constituye un buen ejemplo de lo que es la esencia del libro. El sentido materialista del dinero se eleva a categoría casi moral cuando se trata del producto de un trabajo duro y es cuanto tiene un hombre y una mujer para alimentar la casa y a los suyos. Es otra visión, más lírica del dinero, la visión de la pobreza. El otro poema sería “El alma, el agua”, en el que de nuevo se sublima lo material hasta la categoría de lo espiritual.

jueves, 16 de octubre de 2008

Patrick Ericson y los secretos de la Escala Masónica


José María Fernández-Luna, 1.962, un alhameño que ha conseguido algo que muy pocos han tenido el honor, publicar una novela, “La escala masónica”, con una de las editoriales más famosas del país, Vía Magna. “Soy una persona muy poco vanidosa”, -nos cuenta-, “me conformaría con que se vendiera esta edición, [5.000 ejemplares], y que se sacara una segunda edición. Como el propio título de la novela indica, creo que hay que subir los peldaños uno a uno y sobre todo hay que tener mucho cuidado con el último escalón que es el del orgullo”, -matiza con una sonrisa en la boca-. Atendiendo a sus palabras, y teniendo en cuenta que ha tenido que esperar ocho años para que le publiquen su primera novela, podríamos decir que también es una persona optimista, “mientras que estemos vivos hay tiempo para solucionarlo todo”, -señala-, no en vano afirma que una de las cualidades que más le gusta de su propia personalidad es su fuerza interior, “no me hundo por casi nada”.
José María Fernández-Luna ha decidido firmar sus novelas como Patrick Ericson por tres motivos fundamentalmente. “El primero de ellos es el de hacer un pequeño homenaje a sus dos hijos, Patricia y Eric”, -señala con orgullo-. El segundo tiene más que ver con demostrar que la calidad de una novela no se mide por el nombre de su autor sino más bien por la calidad literaria de la misma, el último de los motivos se encuentra a mitad de camino entre el capricho y la manía, “siempre he querido tener un nombre anglosajón y pensé que esta es la oportunidad ideal para ello”, -matiza con una sonrisa-.
Por Gerardo Cañavate Saura, para Revista sociocultural Entrelíneas.
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Fernández-Luna y la literatura
José María nos confiesa que su amor hacia la literatura le viene gracias, sobre todo, a una persona, su tía Concha Fernández-Luna, escritora de cuentos infantiles, de relatos breves, bibliotecaria en el Vaticano y amante de la literatura, “me influyeron mucho sus experiencias y encuentros con escritores como Alberti. También los cuentos que nos contaba de pequeños a mi hermana y a mí”, -comenta-, “a raíz de ahí uno de mis sueños de pequeño ha sido el de ser escritor”.
“Esta novela diría que es de misterio, un poco esotérica y, sobre todo, con un final en el que trato de enseñar algo a quien la lee, me gustaría transmitir amor por la sabiduría”, -así define Fernández-Luna su novela-. Dos años buceando en bibliotecas e Internet ha sido el germen de su primera novela distribuida por toda la geografía española, “durante el proceso de creación de la novela”, -nos cuenta-, “los personajes te van guiando para encauzar la novela en un sentido o en otro”.
Fernández-Luna admite aparentar ser una persona seria, sin embargo, para desquitarse nos comenta entre risas que ha hecho cosas escandalosas, “en una ocasión me subí a la barra de un bar a bailar disfrazado de Pedro Picapiedra”. Pero volviendo a asuntos serios, como es la literatura, afirma que la única vacuna que existe hoy día contra esa manía que tenemos los españoles de no leer es la de tirar la televisión a la basura, “hay que acudir más a las bibliotecas, participar más en foros de literatura”, -señala con ahínco-, “hay que leer de todo, no solo novela”, -continúa explicando-, “necesitamos aprender para llegar a ser mejores personas. Y aprendemos, sobre todo, leyendo”, -sentencia con rotundidad-.
“No creo en los concursos literarios”, -señala-, “hay una leyenda de que estos concursos están premiados de antemano. No sé si será así, pero en la mayoría de ocasiones se acierta el ganador si sabes quién se ha presentado al concurso”, -afirma-.

¿Es necesario tener un buen agente para poder llegar a algún sitio?
J. M: Yo creo que sí. En mi caso personal no tengo más que agradecimientos para mi agente porque las tres novelas que le he enviado en un plazo de 30 ó 40 días me las ha colocado las tres. Creo que sí que es necesario, pero también vender buenas historias.

¿Por qué debemos comprar y leer “La escala masónica”?
J. M: En primer lugar por que te engancha desde el principio, en segundo lugar, porque es una novela cuyas tres cuartas partes transcurren en la Región de Murcia y eso es muy poco frecuente. Como murciano he querido centrar un poco la novela en Murcia y espero que los murcianos la lean porque entre otras cosas narra la historia de una leyenda que corre en torno a la catedral de Murcia sobre la cadena de piedra que circunda la capilla de los Vélez y a partir de esa leyenda yo he creado esta novela. Y en tercer lugar porque la novela, ante todo, trata de enseñar algo. Espero que el que lo lea aprenda amar un poco más la ciencia, la filosofía, la historia: la sabiduría, en definitiva.

El libro salió a la venta el pasado 12 de mayo, ¿para cuándo una presentación aquí en Alhama?
J. M: La verdad es que no lo sé. Me gustaría presentarla aquí pero la editorial no va a hacer una presentación en un pueblo pequeño como Alhama. Personalmente, espero que nos pongamos de acuerdo con el Ayuntamiento para poder hacer una presentación de la novela en Alhama de Murcia.

¿Ha recibido algún tipo de ayuda económica o subvención por parte del Ayuntamiento?
J. M: Yo creo que nadie recibe ningún tipo de ayuda personal. Desde la Concejalía de Cultura han creado un importante certamen literario como es el Martínez-Mena. Además en los últimos años se están haciendo diferentes actividades literarias en Alhama sobre todo para festejar el Día del Libro. No es que se haga mucho, pero hay un club de lectura, [Macondo]. En definitiva creo que se apoya poco a la literatura, pero creo que poco a poco se están dando pasos importantes para que la literatura tenga la importancia que debe de tener.

Usted es una persona bastante tenaz, ¿La escala masónica es fruto de esa tenacidad?
J. M: Sí. Soy una persona que me empeño en mis propósitos, en mis ilusiones. Con la literatura me ha pasado lo mismo. Yo nunca he perdido la ilusión, nunca me he desalentado por que no me han publicado o por que no he conseguido algún premio. Yo ante los tropiezos me crezco y este libro sin duda es fruto de todos estos años luchando.

En septiembre publica su segunda novela, “Génesis, el ritual rosacruz”, háblenos un poco de ella...
J. M: Esta novela sí que es más histórica que “La escala masónica”. Se centra en el siglo XVIII y es del mismo corte que esta primera novela, porque prácticamente están escritas las dos casi a la vez. Solo te puedo decir que tiene un final muy sorprendente en el trato de demostrar que hay muy pocas cosas que nos diferencien al hombre y a la mujer.

En el proyecto de creación de la novela supongo que habrá tenido que renunciar a muchas cosas y habrá tenido que hacer muchos sacrificios?
J. M: Sí, muchos. Hay un refrán que dice que un escritor es una persona que no ve el sol. Todo mi tiempo libre lo dedico prácticamente a escribir, leer, corregir y recopilar información. Todas las noches se me hace la una o una y media escribiendo y cuando llega el fin de semana alargo la noche un par de horas más. Escribir es algo que me gusta mucho y cuando haces cosas que te gustan las haces con placer. Prefiero emplear mi tiempo libre en la escritura antes que ir de viaje, ir a charlar con los amigos al bar... El coste de oportunidad de la vida, siempre hay que elegir... [risas].

Aún ignorando si su trabajo va a llegar a la gente...
J. M: Por supuesto, yo nunca esperaba publicar por que es muy complicado publicar hoy en día. La verdad nunca me lo había planteado en serio. Lo único que tenía claro es que me gustaba escribir y le he dedicado mucho tiempo y nunca he perdido la esperanza, ni la ilusión. Sabia que era realmente complicado publicar, pero cuando te empeñas en algo y luchas por ello tienes muchas posibilidades de conseguirlo.

Dé un consejo a todos aquellos que les gusta escribir, pero que se desesperan un poco porque su trabajo no se ve recompensado.
J. M: Sobre todo creer en uno mismo. Escribir por encima de todo. Y lo que es más importante no desesperar, tener constancia e ilusión.
Yo he llegado a escribir tres veces una misma novela que sigue sin estar publicada, lo importante es creer en lo que uno hace.

sábado, 11 de octubre de 2008

Joaquín Piqueras nos habla de sus conciertos y disconciertos




Joaquín Piqueras García nació en Alguazas (Murcia) en 1967. Poeta, narrador, ensayista y profesor de Literatura. Con su primer libro, Antología del desconcierto, ganó el premio al autor revelación del Libro Murciano del Año 2004. Concierto non grato ha obtenido el premio de poesía Martínez Baigorri. Ha sido también finalista del Premio internacional de poesía León Felipe. Estudioso de los insólitos de la poesía española. Redactor de la revista de creación literaria Ágora, papeles de arte gramático, es vicepresidente del Taller de Arte Gramático. Ha sido músico y letrista, cofundador, junto al dramaturgo Javier Mateo, del grupo Leviathan Teatro. Es, además, autor de cuentos y microrrelatos.

Una entrevista de Francisco Javier Illán Vivas.
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Joaquín Piqueras está prácticamente de estreno, ya que unas fechas antes del verano presentó su poemario Concierto non grato, premiado con el Martínez Baigorri de poesía. ¿No significa eso que el concierto ha sido grato?
Efectivamente, ha sido un “concierto muy grato”, en el sentido de que ha contado con receptores que han mostrado su gratitud hacia este poemario “desconcertante” decidiendo concederle un premio, lo cual para este autor supone una enorme satisfacción, y más cuando, como dijo otro poeta que también obtuvo anteriormente este mismo galardón, éste es uno de los pocos premios limpios y honestos que hay en este país. El reconocimiento y la publicación del libro han hecho que llegue a muchos lectores que han transmitido directa o indirectamente su satisfacción ante un concierto que temáticamente no es de lo más grato.


Un libro dividido en siete partes, como siete son las notas musicales, que aquí tienen un sentido desconcertante. DOlor, REvolución, MIedo, FAlacias, SOLedad, LApidario y SIlencio.
La estructura musical del poemario tiene su origen en la antítesis concierto-desconcierto (en la doble acepción de sorpresa y de desorden o caos, existencial y musical) – que, por cierto, remite al título de mi primer libro-. Cierto es que aquí las notas musicales adquieren la siniestra melodía del desconcierto del poeta ante la vida y un mundo que desgraciadamente, contradiciendo las conocidas palabras de Jorge Guillén, no está bien hecho.


El jurado destacó la diversidad temática y la intensidad mantenida a lo largo de la obra. Una intensidad que, en algunos momentos, es musical.
La música es esencial en este poemario, afecta a la estructura, a la imaginería, a la temática y sobre todo al ritmo de la obra. Y no sólo afecta a la obra como conjunto, sino a cada una de las partes: la melodía va subiendo en intensidad hasta alcanzar el clímax en algunos poemas especialmente intensos, sucediéndoles partes anticlimáticas, en las que entran el humor y la ironía amable. Esta misma estructura también atañe a la estructura versal de los propios poemas, en ellos encontramos crescendos y decrescendos, cadencias y anticadencias, estribillos, polifonías, y hasta partes propiamente musicales (por ejemplo, “Blues urbano en DO mayor”).


Aunque muchos poemas son bastante breves, incluso podrían parecernos sencillos, ha dado un giro más comprometido a su poesía, para expresar su desconcierto y descontento con lo que actualmente ocurre en el mundo.
El compromiso social ya estaba presente en Antología del desconcierto, pero como telón de fondo o como tema secundario, cobrando una mayor identidad una temática más personal: el tiempo, el amor, la muerte… En Concierto non grato los temas existenciales – que siguen estando- conviven con una mayor presencia del compromiso social. En mi último poemario, Orfeo desafinado, que ha quedado finalista en el VII Premio de Poesía “León Felipe”, la preocupación social vuelve a estar presente, pero el tema esencial es el amor. Hay, pues, un movimiento pendular en mi evolución poética entre compromiso existencial o personal y compromiso social, eso sí, sin abandonar en ningún momento a ninguno de ellos.
Por otro lado, la brevedad y la sencillez aparente son, según dicen los críticos, dos señas de identidad de mi estilo. Lo que ocurre es que en Concierto la sencillez – esa “maldita difícil sencillez” de la que hablaba Fonollosa – la he extremado, habida cuenta de que para que un poema realmente sea combativo y pueda despertar cierta conciencia social tiene que ser comprendido por el lector común; aunque éste se quede en un primer nivel de lectura, si el mensaje de denuncia llega – a pesar de que no detecte juegos irónicos, guiños intertextuales, paranomasias, piruetas formales, etc-, el poema habrá logrado su finalidad: una comunicación completa con el lector. Cuando en ocasiones me han invitado para recitar ante alumnos de Secundaria, he podido constatar cómo los poemas les llega, cumplen su función comunicativa con creces y además les hace reflexionar y debatir sobre problemas de candente actualidad: la violencia de género, la pena de muerte, la violencia escolar, la guerra, los desastres ecológicos…


Según las palabras de la prologuista, la poeta Raquel Lanseros, una ironía sagaz no exenta de un fino sentido del humor le permite explorar temas de contenido social sin dejar de lado una especial ternura de fondo.
Sí, efectivamente, creo que Raquel, que además de una gran poeta es una crítica perspicaz, ahí está muy acertada. La ironía y el humor hacen que la temática ingrata del poemario sea soportable y que además arroje nueva luz a los temas tratados. Una de las cosas que más suele sorprender de Concierto non grato es que se trate temas tan serios desde una perspectiva humorística e incluso muchas veces lúdica, pero precisamente ese tratamiento induce al lector a la reflexión, tras él puede haber a veces acritud e incluso rabia, pero siempre se percibe esa “ternura especial” de la que habla Raquel en el prólogo, que pienso que late en el fondo de cada poema y que provoca la adhesión – y no el rechazo- del lector.


¿Debe el poeta denunciar las ECOmentiras?
El mayor compromiso que tiene el poeta es con su propia poesía, pero en tanto que ser humano que vive en sociedad y que depende de un entorno físico, creo que también debe tener su compromiso ético y ecológico, y denunciar esas supuestas ecomentiras y ecoverdades disfrazadas forman parte de dicho compromiso. Compromiso estético-poético y compromiso social-ecológico no tienen por qué estar reñidos. La poesía, por muy pura que sea, siempre se nutre de la sustancia de la vida. La destrucción de la vida puede ser perfectamente un tema poético.


Tengo la sensación de que el poeta, la poesía, actual desea estar más en concordancia con el poder, ya sea local, autonómico o nacional, que comprometido en la lucha contra el cambio climático, por ejemplo.
Es una sensación que comparto. El poeta, a pesar de ser actualmente un ente social insignificante, está más preocupado por llevarse bien con el poder de turno, asegurándose así subvenciones, poderes editoriales…, que por luchar por los verdaderos problemas que aquejan al hombre. Y es que ser poeta experimental o experiencial y a la misma vez comprometido con la realidad de tu tiempo ahora no está de moda.


Quienes conocen su obra poética, destacan que usted ha desarrollado un estilo inconfundible, basado en el fragmentarismo, la esencialidad, la aparente sencillez, la brevedad conceptual, la lúcida mirada irónica y la verdad aforística o epigramática. ¿Se reconoce Joaquín Piqueras en esas definiciones?
Perfectamente. Cierto es que el autor una vez que da a luz su obra debe cortar el cordón umbilical que lo une a ella. Pero yo, lector, tal vez aventajado, profesor y crítico de literatura, me acerco a mi obra objetivamente y pienso que esas características definen en gran medida las composiciones de Joaquín Piqueras.


Haciendo un poco de historia, ¿qué significó para usted ser elegido como autor revelación del año 2004 en la Región de Murcia?
Para mí supuso una enorme satisfacción, todo un acicate para seguir adelante. Hay que tener en cuenta que yo escribía y escribo por necesidad y no adolezco de la “incontinencia editorial” de muchos autores, que quieren publicar a toda costa. No quiere decir que no quisiera en aquella época sacar a la luz mi primer libro, Antología del desconcierto, después de haber escrito tanto, sino que no constituía mi mayor preocupación. Los responsables de que publicara fueron mis amigos Javier Mateo y Fulgencio Martínez, ellos me convencieron de que saliera de mi particular malditismo. Y la verdad es que no me imaginaba, ni por asomo, que los resultados llegaran a ser tan gratificantes: tanto en lo que fue la edición del libro – su formato, las ilustraciones de Saura Mira, el prólogo de Fulgencio Martínez-, como en su posterior repercusión: numerosas críticas favorables y el premio como colofón a todo el proceso.


En su biografía destaca que ha sido letrista y músico. ¿Debemos entender que esa faceta de su actividad creativa la ha abandonado?
Digamos que conformaron una etapa de mi vida, una etapa inolvidablemente creativa. No obstante, aún toco el bajo y la guitarra acústica, y de vez en cuando compongo. También me gusta juntarme con los músicos con los que toqué en el pasado y desempolvar nuestras viejas canciones, así como hacer numerosas versiones de temas de nuestros grupos y cantantes favoritos. Por otro lado, las letras que a veces tarareo y compongo acaban convirtiéndose en poemas, y viceversa. No hay una frontera nítida, por lo menos en mi caso, entre letra de canción y poema.


Poeta, autor de cuentos, microrrelatos, letrista, músico, ensayista. ¿Dónde se siente más como Joaquín Piqueras?
En todos estos géneros creativos me siento Joaquín Piqueras. Con todos me identifico, aunque actualmente dedique más tiempo a unos que a otros. Uno debe ser consecuente con lo que hace y con lo que ha hecho, si lo hace con honestidad y humildad.


Y conocedor como nadie de los insólitos de la poesía española. ¿Qué es un insólito en poesía?
Un poeta fuera de lo común que por lo general no ha sido apreciado en su justa medida en la época en la que le ha tocado vivir, por apartarse de la norma al uso, por la heterodoxia de su poética, por tener una vida o una concepción poética (o ambas a la vez) poco ejemplares, por hacer caso omiso y no integrarse en el “stablishment” de las letras, etc. El autor insólito suele ser un raro, un maldito, un incomprendido, un marginado…, no pocas veces un amante de los paraísos artificiales, un suicida, un escritor infectado por el virus de la vida. El insólito escribe por necesidad y no tiene – o tiene muy pocas y en pequeñas editoriales - cosas publicadas, y desgraciadamente su obra casi siempre es reconocida después de su muerte. Yo he investigado y he escrito sobre numerosos insólitos – tanto del pasado como actuales -, primero para el programa de la SER “A vivir que son dos días” y después para la revista Ágora. Algunos ejemplos de esos insólitos son Pedro Barrantes y otros poetas bohemios de principios de siglo de la llamada “poetambre” (como Buscarini, Pedro Luis de Gálvez. Vidal y Planas, Joaquín Dicenta, Vega Armentero, el murciano Eliodoro Puche, etc.), Pedro Casariego Córdoba, José María Fonollosa, Eduardo Haro Ibars, Diego Medrano, Eduardo Hervás, Luis Hernández, etc. La verdad es que siempre he tenido cierto instinto a la hora de elegir a mis insólitos, ya que el tiempo me ha acabado dando la razón y algunos de ellos han sido después objeto de diversos estudios y de buenas ediciones (como son los casos de Hernández, Haro Ibars o Fonollosa).


Por su trabajo como redactor en la revista Ágora, papeles de arte gramático, y en la asociación Taller de Arte Gramático, le reconozco como un conocedor de la poesía regional. En el número 14 de la revista, aparece un interesante artículo sobre un portal de internet, Las Afinidades Selectivas, donde al poeta invitado le preguntan por otros poetas. ¿Cuáles esos poetas que Joaquín Piqueras citaría?
Hay muchos poetas en Murcia, algunos bastante buenos, pero no me atrevo a hacer una selección. No quiero crear Desafinidades Selectivas.


Esta sección se llama Hablando de libros, y me gustaría saber cómo ve ese futuro el profesor de lengua castellana y literatura.
Bastante negro. Las nuevas tecnologías audiovisuales han ganado claramente el terreno a los libros, y, aunque muchos se empeñen en opinar que el gusto por la lectura de los clásicos literarios jamás será desbancado por la cultura audiovisual, la realidad cotidiana de las aulas demuestra que cada vez es más difícil enseñar Literatura, inculcar el gusto por la lectura, con todos los valores que ello comporta. Nos la habemos, impotentes, con un alumnado prácticamente analfabeto, inmotivado, con muchos problemas de disciplina, que no conoce lo que es el respeto ni la tolerancia, para el que la lectura y la enseñanza de la Literatura son sinónimos de tortura. Antes me he referido a los recitales que he hecho en los institutos, que verdaderamente han sido muy gratificantes, pero los alumnos que han asistido a ellos pertenecen a grupos que han sido previamente seleccionados por sus profesores. Sólo un 20 % del alumnado en cada nivel de la ESO lee algo, y en parte porque se le obliga. Esto va cada vez peor y las políticas de educación no ayudan, sino todo lo contrario. Pongamos por ejemplo la “brillante” idea de la Consejería de Educación de quitar una hora semanal a Lengua y Literatura en 1º de Bachillerato. Viva el don de la ignorancia.


Muchas gracias.
Muchas gracias a usted.

sábado, 4 de octubre de 2008

Ángel Almela nos habla de su Equipaje Elemental


Ángel Almela nació en Cieza, en 1955. Realiza los estudios de Magisterio, licenciándose en pedagogía y doctorándose en la Universidad de Murcia. Publica sus primeros poemas en la revista Caimán (1975-77). Funda, junto con otros jóvenes, el Grupo de Literatura La sierpe y el Laúd. En 1980 conoce al poeta Aurelio Guirao y, juntos, dirigen la revista literaria La sierpe y el Laúd hasta la muerte del poeta, en 1996. Desde 1980 viene publicando en diferentes revistas, antologías y homenajes, destacando El Silencio de un Latido (1984) y Sabor a mar (1991), con el que había ganado el Primer Premio en el IV Certamen Nacional de poesía del CSIC. Finalista del XI Premio nacional de poesía Ciudad de Jumilla (1990), en el III Premio nacional de poesía Francisco Sánchez Bautista. Mención especial del jurado en el II premio nacional de poesía Aurelio Guirao (1998). Coorganizador de los I y II encuentros de Jóvenes Escritores de la Región de Murcia, Murcia joven 1989 y 1990. Ponente en diversas actividades académicas, de animación a la lectura, recitales poéticos y un largo etcétera. Su último poemario publicado ha sido Equipaje elemental, Editora Regional, 2007.

Una entrevista de Francisco Javier Illán Vivas

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Repasando su biografía, no me puedo privar de preguntarle, ¿es ese su equipaje elemental? Le veo con muchas maletas.

Mi equipaje personal es sin duda una maleta muy llena de emociones, versos, compromisos, sentimientos, lecturas, poemas y más emociones, versos, compromisos,…. No sé si todo ello en una o varias maletas, pero evidentemente mucho equipaje es.

Ser joven en la segunda mitad de los 70 en España, era un momento propicio para el compromiso, y el mío lo fue por la cultura y la literatura, por ambas conjuntamente y por cada una de ellas por separado. Tuve la suerte de no estar solo, de tener en ese tiempo a otros que como yo apostamos por la libertad creativa, sincera y libre como una actitud de ruptura frente a la educación dirigista y parcelaria que habíamos recibido en el franquismo y a su desidia cultural. Juntos empezamos a cargar nuestros respectivos equipajes canalizando nuestras energías en esto que es vivir el momento que nos tocó, y de allí salieron compromisos que forman parte de mi historia personal, y que nos han hecho lo que luego hemos sido. Por eso afirmo que mi “equipaje” no está sólo en lo escrito, sino en lo vivido, porque no siempre uno puede escribir lo que vive. Es un equipaje vital, una forma de vida, y el libro “Equipaje Elemental” quería recoger una parte de esas vivencias como un homenaje a algunas de ellas.

P.: Siempre he oído hablar con mucho cariño de Caimán, es casi una leyenda.

Es verdad. El Caimán no sólo fue el nombre de una Revista casi clandestina que hicieron una serie de jóvenes en los 70 y de la que tan sólo salieron tres números, fue además un modo de ver la cultura y de entender el compromiso, y ello en la Cieza de los 70, por lo tanto en la España del final del franquismo. El grupo de gente que hicimos y salimos a la calle a vender cara a cara el Caimán, habíamos tomado partido hasta mancharnos (como dice Jesús Salmerón – miembro fundador-, citando aquel verso tan popular en aquellos años), tratando de “conjurar el miedo con la palabra” (Jesús Salmerón). Tuvimos esa valentía casi inocente y algo temeraria de propiciar que se abrieran nuevos caminos e inquietudes, y de aquellos polvos nacieron luego otros barros, personales y colectivos como por ejemplo La Sierpe y el Laúd.

Como puedes comprobar, hay nostalgia en mi contestación, y es que no puedo hablar de El Caimán sin dejar traslucir en el discurso una señal de nostalgia y alguna más de respeto.

P.: Muy joven fundó usted un grupo poético que pervive.

Bueno, como decía antes, el Grupo de Literatura LA SIERPE Y EL LAÚD nace de los restos de el Caimán, justo cuando empieza la década de los 80, y sí, sobrevive hasta hoy. Yo fui miembro fundador y elegido desde el mismo momento de su nacimiento Coordinador, pero junto a mí hubo gente sin las cuales no hubiera sido posible ni su creación ni su ya largo desarrollo; gentes que provenían de El Caimán como Jesús Salmerón, Paco Pino, Pascual Lucas y otros que se apuntaron a esta iniciativa cultural-literaria, como Bartolomé Marcos, Joaquín Gómez, Manuel Dato, Carmen Carrillo, … y muchos más que hicieron camino junto a nosotros y que aportaron al grupo un montón de proyectos, energías y creatividad, aunque quizás tuvo en el poeta ya desaparecido Aurelio Guirao el miembro que mayor impulso creativo y de calidad dio a La Sierpe, y que quizás ha propiciado lo que hoy es.

Somos el grupo decano de la Literatura Regional, y eso es un orgullo, pero sin duda somos también uno de los más olvidados de nuestra Región, sobre todo entre nuestros literatos. Quizás pagamos con excesivo rigor no haber nacido ni vivido en el “núcleo capitalino”, que todo lo devora y absorbe (incluidos ofertas, subvenciones, colaboraciones culturales, homenajes,…), y aunque estamos acostumbrados a ese olvido pues vivimos con él desde hace tanto, no deja de importunarnos tanta ambición, soberbia e injusticia….,y eso que no buscamos nada en concreto, quizás sólo el reconocimiento justo a una labor que nunca quiso ser bandera de nada pero que, visto ahora con perspectiva, ha hecho historia, con minúscula, pero Historia.

P.: Parece que en su vida es crucial en encuentro con Aurelio Guirao.

Lo es sin duda desde el punto de vista creativo. Lo conocí en 1979, y pronto supe que estaba ante lo que comúnmente denominamos un Poeta. Conocer a una persona de la entidad poética y humana de Aurelio fue para mí, y para todos los que entonces hicimos grupo con él, una oportunidad de aprendizaje, sobre todo literario. Yo digo siempre que tuve la suerte de ser amigo de los dos grandes poetas de Cieza, Aurelio Guirao y Mª Pilar López, y que de ellos he aprendido cosas tan importantes como la honradez literaria, el amor por la literatura, el compromiso con uno mismo y con la belleza, y la técnica poética. Aurelio fue un hombre de vida y poesía trágicas, pero siempre tuvo en La Sierpe y el Laúd ese abrigo cálido frente a sus conflictos internos y a sus dramas literarios y personales.

Cuando lo conocí yo tenía ya un bagaje poético fruto de mi formación y mis lecturas, pero Aurelio aportó a cada uno de nosotros, a mí mismo, un viento fuerte de honestidad que trascendió al grupo como tal; fue un humanista que nos abrumaba con sus propuestas y sus bellos puntos de vista, y hasta sus últimos días afrontó con esa actitud su vida.

P.: Hablemos de su último poemario. Nos dice usted que, entre el primer poema y el último, hay un equipaje, un equipaje elemental. Ahora, con el paso del tiempo, ¿qué prendas quedaron fuera de ese equipaje? Y, también, dígame, ¿cuáles dejaría ahora fuera?

En mi literatura hay siempre hueco para expresar mis emociones, pero no siempre uno puede llegar a tener la certeza de que todo está dicho. Por eso, está claro que hay “prendas” que no han podido entrar en el poemario “Equipaje Elemental”, poemario que no es el último escrito por mí, aunque sí el último publicado. Pero dicho esto, lo que deseo dejar claro es que todo lo que hay en él es, y por lo tanto, tiene mi aliento y mi emoción sin fisuras. Aunque no me gusta dar demasiadas explicaciones sobre mis poemas porque de alguna forma los estaría desnudando de su halo mágico, he tratado de decir mediante la palabra aquello que tenía necesidad de expresar, y lo he hecho en primer lugar para ser honesto conmigo mismo. Escribo poesía porque no puedo no hacerlo y porque como dijo Octavio Paz, es un instrumento para observarnos a nosotros mismos, pero a la vez añado: para ser honesto con lo que nos rodea.

En Equipaje Elemental la poesía nace del sosiego, del silencio, porque creo firmemente en la urgencia de estos factores para la creación artística, y la Portada del libro (que ha hecho mi hija, la pintora Ana Almela), expresa exactamente este sentimiento de intimidad, hacia dentro y también hacia afuera.

P.: Viento, barro, frío, sueños, manos, música... su libro es un canto al silencio, a la soledades, pero también a la luz.

Bueno ya te decía algo sobre ello en la anterior contestación. Esa Luz de la que hablas es para mí el sosiego, la reflexión, el pensamiento; en palabras de Emilio Lledó: “la intimidad del logos”. Pero eso no me obliga a encerrarme en mí mismo, a aislarme del mundo, ni mucho menos, y de ahí que entre el primer y último poema del libro diga en el prólogo que hay: viento, barro, frío, sueños, miradas, manos, música, tardes, noches, silencios, soledades, tiempo, despedidas, cartas, paseos y corazón. La vida es tan rica que difícilmente podremos recogerla en todos sus matices, pero Sí conseguir un cierto acercamiento a la verdad real.

P.: Deshora, Suicidio y Soliloquio. Sólo tres poemas tienen título (si no consideramos título los que van precedidos por un número) ¿Qué mensaje nos oculta el poeta?
Dijo mi amiga y gran poeta Dionisía García en la presentación de este libro en Murcia, que mi libro es un poemario de amor escrito como poema continuo. Y en cierta forma tiene razón, aunque reitero que no me gusta dar muchas explicaciones sobre mis versos. Yo, como creo que todos los escritores de poemas, buscamos un tono para nuestros versos, un clima, una forma de decir, y mi poética tiene el tono de la necesidad de expresar de una determinada forma lo que dice mi corazón, pero eso sí, un corazón que sueña y despierta, que goza y sufre, que reflexiona y divaga, que ve la realidad y la ensueña, que experimenta esa realidad y la transforma. Porque repito, yo pretendo ser honesto conmigo mismo, convencerme a mí mismo antes de dar el poema a los ojos del lector. Si yo no me convenzo, no podré transmitir nada al lector.

De ahí que los títulos de algunos poemas no tengan en sí más valor que lo que expresan, y su mensaje está en sus propios versos, y eso, querido amigo, no lo voy a desvelar yo con más palabras que las que llevan esos poemas. Está en su interior.

P.: ¿Qué aporta en la obra poética de Ángel Almela este Equipaje elemental?

Sin duda Equipaje Elemental es uno de los poemario de los que me siento más satisfecho, una obra completa y creo que lúcida, que corresponde a unos momentos concretos de mi necesidad poética. En mi obra poética representa un punto importante en lo que representa mi capacidad de expresión. Antes hubieron otros poemarios que han ido marcando un devenir personal de entendimiento, diríamos, con la poesía: al inicio nacieron de una excesiva influencia del surrealismo, luego pasaron por una iniciativa creativa de tonos existencialistas, para pasar después a una atmósfera más intimista.

Equipaje Elemental lo es. Dijo Jorge Juan Eiroa al presentar mi libro en Cieza, que mi poemario contenía “47 poemas que eran como 47 bombas tipo Al-Qaeda para el alma” y que provocaban “un derramamiento de emociones con inevitables víctimas y sus consiguientes efectos colaterales en la conciencia, en el sentimiento y en eso tan intangible y problemático que llamamos espíritu”…

No sé, es difícil para mí calificar mis versos.

P.: No sólo de poesía vive el hombre. Además, usted dirige la revista La sierpe y el Laúd, con treinta años de historia y de publicaciones.
Sí, coordino este colectivo literario ciezano desde el inicio como ya dije, pero además, soy maestro, pedagogo, investigo sobre la Educación (actualmente estoy haciendo mi Tesis Doctoral), me gusta la música y el cine, me apasiona la lectura, me gusta el senderismo, me encanta el arte, me ilusiona el deporte,… Como bien dices, no es la Poesía lo único que me ocupa, de hecho es lo que quisiera más hacer y luego menos hago, porque el ritmo de la vida es a veces demasiado acelerado… ¡y queremos hacer tantas cosas!.

Pero sin duda, una de las que más me place es el trabajo en el seno de La Sierpe y el Laúd. En estos ya casi treinta años de vida del grupo ha habido evidentemente unas épocas de más actividad que otras. Recuerdo en los 80 cuando editábamos hasta tres publicaciones al año y hacíamos otros tantos actos literarios. Ahora, sin duda porque la edad y el tiempo exigen otro tipo de tareas, La Sierpe camina más tranquila, pero camina que no es poco para los tiempos que corren, donde la imagen lo devora todo y la inmediatez lo urge todo. Este año acabamos de publicar nuestra publicación número 30, y además lo hacemos con obra de contrastados escritores. Un esfuerzo que lleva el sello ya típico de nuestro grupo, y un orgullo más que nos place al ver que esto que se llama La Sierpe y el Laúd (“enigmático nombre”, como lo calificó en su día el ya desaparecido Segado del Olmo), sigue abriendo espacios literarios y siendo la excusa para algo que es definitorio en nuestro grupo: la amistad.

P.: En Cieza hay, que yo conozca, dos grupos literarios bastante activos: La Sierpe y el Laúd y la Asociación Pueblo y Arte. ¿Qué circunstancias se dan en la localidad para esta eclosión cultural y literaria?

No creo que se den circunstancias especiales, pero la realidad dice que hay en Cieza dos grupos literarios que trabajan en torno a la cultura literaria, y eso es una evidencia que existe en nuestra ciudad hoy. Ni hay una tradición que nos marcara líneas claras de continuidad, ni hay un contexto especial en Cieza. Lo que sí ha habido en el siglo pasado es algo un tanto especial: la conjunción en un mismo tiempo cronológico de tres grandes escritores; y si hay que buscar algo de explicación en esto que me preguntas quizás se debe a ello. Me refiero a los escritores Fernando Martín Iniesta, Mª Pilar López y Aurelio Guirao. Y la verdad es que algo de razón tiene que haber en este argumento porque todos ellos fueron luces que, al menos a nuestra generación, dieron resplandor y provocaron interés por la literatura y la creación artística. Y ello en una ciudad que, como el resto del País, no ha sido muy proclive a dar en un mismo lugar más de un literato de cierto prestigio y calidad literaria.

P. Esta pregunta la suelo plantear a casi todos los poetas que entrevisto. En el mundo de las prisas, de las PlayStation, del iPop, del cambio climático, ¿qué sentido tiene la poesía?

Me vas a permitir que ponga en mi boca las palabras que uno de los poetas vivos más importantes de la literatura española, como es Luis García Montero, dice en nuestra última publicación “El tiempo no tiene corazón”. Dice el poeta sobre la utilidad de la poesía:

La poesía sirve para conocernos a nosotros mismos, para conocer nuestras opiniones, para hacernos seres humanos en profundidad. La poesía, cuando piensa en profundidad sobre el ser humano, está tomando en serio al propio ser humano. Estoy totalmente de acuerdo con García Montero.

La Poesía tiene sentido hoy como la tuvo en el mundo clásico, en el Siglo de Oro, en el final del XIX, en los años de la postguerra mundial o en la postguerra civil española. Porque la Poesía, como decía Pepe Hierro, es como el viento, como el fuego, como el mar, y esos elementos soplan, iluminan y rompen en las orillas de las almas de la humanidad; lo hicieron y lo seguirán haciendo. Qué lo tiempos cambian, sí. Qué la tecnología cambia, sí. Pero la poesía seguirá siendo eterna por lo bello y por lo que dice, por ser un valor y ser valiosa, y porque nos hace más humanos a pesar de las tecnologías y de las ideologías.

P.: Y como esta sección se llama Hablando de Libros, el futuro de los mismos, ¿cómo lo ve el director de La Sierpe y el Laúd?

Considero que el Libro, como instrumento y vehículo de comunicación entre los hombres, es el invento más importante que hemos creado los humanos. Creo que el Libro, como concepto y como vehículo de conocimiento y comprensión de lo humano, es el corazón mismo de la vida y a ella le da sentido. Por eso, su importancia es tal que no se puede entender lo que fuimos y lo que somos sin él. Así que le auguro un futuro lleno de vida, porque en él nos va la nuestra. Además, se editan más libros que nunca porque entre otras razones también vivimos el momento histórico con menos analfabetos en el Planeta. Otra cosa es que el formato que conocemos como Libro pueda tener cambios significativos. Puede pasar. Pero el concepto no creo que tenga problemas de futuro.

Si algún día pudiera entrar en peligro, siempre habrá gente que como en Fahrenheit 451, los salve de su final.

Muchas gracias.